Archivo de la categoría: Aviación y Comex

Volando de regreso desde Santiago con KLM: Reporte del KL702.

El vuelo de regreso desde Santiago de Chile comenzó a las corridas ya que salimos del hotel algo demorados y en la recepción no nos pudieron conseguir un taxi en el momento: la demora era de al menos 30 minutos así que la alternativa de salir a la calle y parar un auto allí se convirtió en la más adecuada. Así lo hicimos y tengo que decir que tuvimos mucha suerte, conseguimos un taxi casi al instante y prácticamente no había tráfico en la ruta por lo que la recorrimos muy rápidamente y llegamos al aeropuerto pasadas las 9.30 hs, para abordar un vuelo que despegaba a las 11:50. Podemos decir que bastante bien.

Check in en SCL

Lo que sí habíamos hecho era la tarea ya que el día anterior habíamos tramitado el check in on line, así que una vez en el aeropuerto lo único que tuvimos que hacer fue entregar el equipaje, para lo cual nos encontramos con una ENORME cola en el mostrador de baggage drop. Con los boarding pass que imprimimos en las máquinas de autoservicio del aeropuerto en la mano avanzábamos lentamente mientras de reojo controlábamos el numeroso grupo de adolescentes vestidos todos iguales que hacían check in a un costado.

B777 KLM en EZE

Finalmente llegamos, pesamos las valijas (todo milagrosamente en orden luego del exhaustivo reparto de bienes que habíamos hecho en el hotel para no excedernos) y pudimos pasar al área de scanners antes que la delegación de adolescentes. El control de seguridad fue bastante rápido, lo que me dejó tiempo suficiente para recorrer el aeropuerto en busca de un kiosko donde gastar los últimos pesos chilenos que me habían quedado en el bolsillo. Compré una gaseosa y unos snacks que me sirvieron de desayuno que, por supuesto, con el apuro no había podido tomar en el hotel.

Aeropuerto SCL desde el aire

A la hora indicada para el comienzo del abordaje estábamos en el gate y luego de una breve espera ya estábamos abordando el B777 que, esta vez, sí era de los más modernos. Se trataba del PH-BVN bautizado «Tijuca National Park» que fuera entregado «0 horas» el 27 de marzo de 2015, es decir, un avión con apenas un poco más de un año. Y eso se notaba a simple vista por dentro, por lo que vale la pena hacer una breve recorrida por el avión para mostrarles los asientos de la clase turista con apoyacabezas regulable en altura.

Asientos Turista B777 KL

Las mesitas que se pliegan en dos mitades y son muy cómodas, como por supuesto las pantallas amplias y de gran definición, que además son touch.

Pantallas del nuevo B777 KL

Y una foto sacada al pasar por Business Class cuando estábamos desembarcando.

Business Class B777 KL

Volviendo a la clase turista de la que casi todos los mortales somos usuarios, el sistema de entretenimiento del B777-300 de KLM se lleva un puntaje excelente. Muy buena oferta de películas, música y hasta de videojuegos, además de tener accesible un interesante sistema de navegación que te muestra datos del vuelo, con imágenes desde diferentes perspectivas del avión y hasta una simulación de la visión de los pilotos, en tiempo real con respecto al vuelo.

Star Wars en pantallas

La pantalla cuenta además con conexión USB donde se puede por ejemplo cargar la batería del celular, y por supuesto con el espacio correspondiente a los auriculares que te entregan los TCP. También desde la pantalla se controlan las luces y las llamadas a los tripulantes. En mi caso conecté los auriculares y opté por Last Vegas, una peli que hacía rato quería ver. El sistema me advirtió que el tiempo de vuelo no era suficiente para terminarla, pero aún así la miré, calculando que como todavía estábamos en el gate, los minutos pendientes hasta el despegue estaban a mi favor.

Controles en la touch screen

 Volviendo al vuelo en sí y al servicio de KLM hay que decir que en este vuelo se reinvindicaron con respecto a lo que les conté sobre el vuelo de ida que pueden leer haciendo click aquí. Las TCP fueron muy cordiales y amistosas, y hasta una de ellas al ver la portada del Libro Vulgar de @forbitchingonly nos lo pidió prestado para mostrárselo a sus colegas. «The story of my life» nos diría con una sonrisa otro tripulante que pasaba justo en ese momento. Anotaron la dirección del blog y todo, así que podemos decir que V ya tiene lectores holandeses. Y ya con todos estos trámites hechos, despagamos de esta manera:

Levantamos vuelo para meternos dentro de las nubes, y cuando volvimos a salir por sobre ese manto blanco, el comandante viró hacia la izquierda, con dirección hacia la coordillera, y de regreso a nuestro país.

Virando hacia la coordillera

En cuestión de instantes estuvimos sobre los Andes, con una vista realmente privilegiada de la cadena montañosa, que desde el aire hace que el suelo se te acerce de repente. Con las nubes, la imagen es increíble, porque parece el agua de un mar rompiendo contra las rocas de la costa.

Cruzando los Andes

Llegó el momento del servicio y esta vez opté por el chicken, que sí, vino completo. Vamos a ser sinceros y decir que un sandwich de pollo nunca será la gran cosa, pero que tuviera todo el relleno ya era todo un cambio con respecto al vuelo de ida. Por supuesto, no podía faltar tampoco la Stroopwafel, que esta vez, ya sabiendo de qué se trataba, no duró ni un minuto.

Chicken Sandwich

Casi sin que nos diéramos cuenta el piloto anunció que estábamos iniciando el descenso sobre Ezeiza. Obvio, todo en holandés, pero la jefa de servicio a bordo se encargaba de traducir todas las indicaciones (incluidas las intervenciones de los inquilinos del cockpit) al inglés y al español. Así iniciamos la aproximación a la pista 11 de Ezeiza y, estando sentado en la ventanilla izquierda, tuve una visión exclusiva del «spotter point» donde tantas veces me había apostado a gatillar mi Canon. Pero lamentablemente nadie nos esperaba cámara en manos para inmortalizar nuestra llegada…

Spotter Point RWY 11 EZE

El touchdown fue bastante suave, y por supuesto no se hicieron esperar los pagofacileros que se levantaron como si tuvieran un resorte instalado en sus aposentos. Por mi lado, con toda la tranquilidad que me había infundido Pink Floyd luego de que Last Vegas hubiera terminado, esperé y fui de los últimos en desembarcar, lo que me permitió hacer un par de tomas con el avión vacío para este reporte.

AR en espera en cabecera 11

Al igual que en el vuelo de ida, en Ezeiza bajaron todos los pasajeros, incluidos los que seguían hasta Amsterdam con sus respectivos equipajes de mano. La cola en la Terminal C para ingresar al area de «pasajeros en tránsito» era enorme, mientras que migraciones estaba casi desierto. En aduana, la cuestión fue parecida, con muy poca gente, y aquí teníamos el tema de la cámara sin declarar que les conté en el post de ida, pero los guardas ni pidieron ver papeles ni equipaje, y pasé sin novedades.

Frenando en EZE

Así finalizaba un muy buen vuelo, como cierre de un muy lindo viaje. Lo que no finaliza es este blog, que tiene mucho más para contar, así que te espero por aca el lunes que viene para compartir un nuevo post!

Visitamos la Torre de Control del Aeropuerto Internacional de Santiago de Chile.

En realidad, el día que llegamos a Chile para participar de FIDAE estaba planeado para ser muy tranquilo. La idea era llegar, alojarnos, y caminar un poco la ciudad. Pero eso estuvo lejos de la realidad porque, por un lado nos llegó la invitación de Airbus para recibir al A350 que cruzaba la coordillera detrás nuestro, como te conté en este post; y por otro lado, porque también habíamos sido invitados a conocer la torre de control. Claramente, uno de los puntos más altos del viaje (y no por lo elevado de la torre, sino por lo poco habitual de poder hacer una visita allí).

Bandera desde la torre

Una vista inusual: la bandera chilena, pero desde arriba.

Uno de los integrantes del grupo que viajó es controlador aéreo de la torre del Aeroparque Metropolitano, y en contacto con sus colegas chilenos coordinó la visita a la torre trasandina para poder estrechar lazos, empaparse de la forma de trabajo de unos y otros, y en la medida de lo posible generar un vínculo que desemboque en colaboración continua entre los dos países, con el foco puesto en un único punto: la seguridad de las operaciones aéreas. Los otros tres miembros del grupo, simples mortales (léase aquí: spotters, avgeeks, apasionados por la aviación), por supuesto estábamos fascinados con la invitación.

Touchdown Austral

Aterrizaje argento en la 17R: El E-190 de Austral toca tierra en Santiago de Chile.

Llegamos conducidos por nuestra anfitriona chilena, y subimos a la torre para encontrarnos con una gran sala circular con equipos distribuidos a izquierda y derecha, una mesa en el centro y amplios ventanales recubiertos por cortinas para amainar la luz del sol que te encandila.

Controladores

En el centro se descansa. Atrás, a la izquierda se controlan los rodajes, a la derecha los despegues y aterrizajes.

El ambiente de trabajo en la torre es muy sereno y agradable, y si bien en general hay un aire distendido la responsabilidad de los controladores se nota a simple vista. Quienes están «on duty» no se desconcentran de su tarea y se mantienen pendientes de las indicaciones en las pantallas. Las vidas de todos los pasajeros y tripulaciones que llegan y se van de Santiago dependen de ellos. Quienes están en su momento de descanso nos dan una afectuosa bienvenida; pero la disciplina se mantiene: la voz no se eleva, quienes están trabajando deben comunicarse con los aviones en tranquilidad y de forma clara.

Lan y Sky en plataforma

Dos chilenos por excelencia vistos desde la torre: Lan y Sky en plataforma.

Desde la torre se tiene una vista privilegiada de la plataforma y de las dos pistas paralelas, 17-35 L y R, que en general se utilizan una para los despegues y la otra para los aterrizajes. Las diferentes posiciones de trabajo en la torre se corresponden a su vez con los controles que realiza cada uno. Con vista a la plataforma está quién autoriza los movimientos dentro de la misma y controla el parking en los gates y posiciones remotas, mientras que del otro lado de la sala se encuentran los controladores dedicados al rodaje de los aviones a través del aeropuerto, y a autorizar los despegues y aterrizajes, como así también coordinar las esperas. Por último, el día de nuestra visita había una cuarta posición activa, dedicada exclusivamente a las exhibiciones aéreas de FIDAE.

Vista a plataforma

Detrás de las computadoras, los controladores tienen una vista privilegiada de la plataforma.

Al jefe de la torre se lo veía muy ocupado yendo y viniendo con el celular y dándo indicaciones o pidiendo datos a su equipo. Eran días de mucho trabajo, ya que al movimiento habitual del aeropuerto se le sumaba el generado por la exhibición aérea de FIDAE, en un predio de la Fuerza Aérea lindero. Tan relevante resulta esto que, además del controlador exclusivo abocado a los movimientos de la feria, había dos efectivos de la Fuerza Aérea presentes en la torre, cuya tarea era la de coordinar las diferentes pasadas de aviones en exhibición con el movimiento comercial del aeropuerto. Con excepción del F-22 Raptor, cuya pasada se realizaba incluso sobre las pistas del Arturo Merino Benitez (y por lo tanto congelaba sus operaciones momentáneamente) el resto de las exhibiciones se realizaban en simultáneo con los despegues y aterrizajes regulares, requiriendo esto una especial coordinación.

Vista desde la torre

Hacia el otro lado de la torre el hangar de Lan alberga aviones para todos los gustos.

En un momento el jefe se hizo de un espacio para saludarnos y entablar una interesantes conversación con su colega argentino, donde se destacaron las deficiencias en materia de equipamiento y tecnología que tiene nuestro país, contra los inconvenientes de factor humano que se presentan en Chile, donde básicamente casi no existen programas de capacitación para los controladores. Resultan ser necesidades que se complementan, y si bien es difícil que Chile nos ayude a comprar un radar nuevo, sí resulta más factible que instructores argentinos crucen allá para dar los cursos de capacitación que les están faltando. En ese sentido esperemos que las conversaciones lleguen a buen puerto ya que eso redundará en un espacio aéreo más seguro para todos los que nos encanta sentarnos en un avión y volar.

Equipamiento

El complejo y completo equipamiento de la torre de control permite operar los aviones con seguridad.

Y si bien no estoy en tema, uno de los equipos que me llamó la atención es una especie de croquis de la plataforma, las calles de rodaje y las pistas, y en el cual se puede ver la posición exacta de cada aeronave. Desde esa computadora el controlador tiene certeza de dónde están los aviones; de si están cumpliendo sus indicaciones o no; y de esta forma se borra la posibilidad de que vuelva a suceder un accidente como el Los Rodeos, en Tenerife, el peor en la historia de la aviación (si no sabés de qué hablo, y tenés 45 minutos, hacé click acá).

Dreamliner remolcado

El B787 Dreamliner de Lan también es vigilado desde la torre de control mientras es remolcado.

No menos interesante, igualmente, (y menos para un spotter) es la puerta / ventana por la que se accede a la pasarela metálica que rodea la torre por el exterior. Con su piso enrejado a través del cual se ve el suelo 65 metros más abajo, no es apta para los que padecen de vértigo, y a la vez es el sueño de todo spotter. La vista es realmente privilegiada, y allí pasamos un buen rato disparando la cámara. Pero esas fotos son cuestión del post del lunes que viene…

Pasarela

Pasarela para #spotters #avgeeks de la torre de control de SCL, no apta para quienes sufren de vértigo.

El paso por la torre de control de SCL fue un verdadero placer; un sueño impensado, pero cumplido. No tengo más que palabras de agradecimiento para la gente de @ArgIntlSpotters que organizó el viaje, para los controladores chilenos que tan bien nos recibieron, y muy especialmente para @ControllersAep por la gestión y la invitación.

A todos ellos, ¡muchísimas gracias!