El Cañón del Atuel: un río escurriéndose entre diques y rocas.

Una de las maravillas más sobresalientes que presenta el paisaje mendocino es el Cañón del Atuel, una extensión de más de 30 kilómetros de montañas entre las cuales el río homónimo fue tallando su camino. Este es un recorrido que todo aquél que esté parando en San Rafael no puede perderse por nada del mundo.

Comienzo en Nihuil

En nuestro caso estábamos con el auto que habíamos alquilado en Mendoza, lo que facilitó en mucho el traslado. La gran ventaja del auto es que uno puede ir haciendo el recorrido a su tiempo, parando donde se le de la gana, y por el tiempo que uno quiera. La desventaja es por supuesto que falta la explicación del guía, que muchas veces suma mucho.

Al fondo Villa El Nihuil

Así es que sabemos que el agua y el viento accionaron por largos años sobre las rocas hasta ir tallando diferentes formaciones rocosas en la montaña, como ser el Museo de Cera, el Sillón de Rivadavia y Los Monjes, entre otros, y aún cuando uno divise el cartel sobre la ruta que identifica cada una, será difícil divisar la forma propuesta sin ayuda externa.

Camino de cornisa

Igualmente, esos terminan siendo detalles minúsculos, porque ya por la inmensidad del Cañón vale la pena la excursión. Con o sin guía, las imágenes serán impactantes, aún si sucede como a nosotros que fuimos durante un período de emergencia hídrica en la provincia, y por lo tanto al río se lo veía bastante seco.

Rio a la vera

Eran kilómetros y kilómetros de roca sin poder divisar dónde estaba el río que le daba nombre a todo ese paraje. Cuando finalmente se comenzaba a ver el agua azul-verdoso era señal de que nos estábamos acercando a alguna de las centrales del complejo hidroeléctrico Los Nihuiles, que generan unos 220 megavatios de electricidad.

Represa Hinisa

El Cañón puede recorrerse en un sentido o en el otro. Nuestra elección fue comenzar por El Nihuil para finalizar en la zona de Valle Grande, conocida por ser el centro de actividades de turismo aventura de San Rafael. Allí es donde se practica rafting, canopi y cuanta actividad se te ocurra que puede hacerse con el río como atractivo.

El lago

Todo esto en plena temporada, claro está. En marzo, como fuimos nosotros, no sólo pasa que la temporada amaina, sino que además, por encontrarse en emergencia hídrica la provincia, cada gota de agua es vital para pasar el invierno. Por ese motivo el dique de Valle Grande permanece abierto suministrando caudal de agua al río durante el verano, pero finalizado febrero, la compuerta se cierra para no malgastarla.

El dique

Yo hace muchos años atrás he ido a pasar unas vacaciones con amigos a esta zona de Mendoza y recuerdo los puestos a orillas del río repletos de gente dispuesta a hacer principalmente rafting (actividad que recomiendo hacer en el Río Atuel si vas con la familia porque es muy tranquilo, pero si querés un poco más de adrenalina claramente tenés que buscar hacerla en el Río Mendoza). En esta ocasión me embargó una profunda sensación de depresión al ver las estructuras vacías, sin kayacs, ni remos, ni clientes. Ni que hablar del lecho del río seco.

El dique seca el rio

En este punto corresponde hacer un paréntesis para habilitar una crítica a los trabajadores del turismo mendocino. Tengo una anécdota de un matrimonio con el que compartí la excursión a La Payunia en Malargüe, quejándose de cómo los estafaron en un hotel de San Rafael: cuando llegaron les ofrecieron cambiar su habitación por una con vista al río por (creo) $100 más, y obvio, la pareja aceptó. El problema estuvo en que cuando abrieron la ventana el río no existía: estaba seco obviamente. Esas avivadas por sacarle al turista unos mangos más y que hacen pasar a todo el mundo un mal momento (porque lógicamente se te van a ir a quejar) y determinan que nunca más vuelvan a tu establecimiento ni lo recomienden, la verdad es que son inentendibles. Por eso, el mensaje para la gente del turismo sanrafaelino es: #avivadasno!

Volviendo al paisaje del dique Valle Grande, el contraste es realmente elocuente, casi increíble. De un lado del paredón el río está totalmente seco, mientras que del otro lado el lago artificial muestra todo el esplendor del que este paisaje es capaz.

lago desde el dique

Más allá de estos sentimientos, y de que tenga mucha o poca agua, la recorrida por el Cañón del Atuel es un imperdible si estás en esta zona. Contártelo en palabras es imposible, y aunque las fotos van a quedar cortas y con gusto a poco, el jueves próximo se publica la galería de imágenes para que puedas darte una mejor idea de lo que impresionante del paisaje. Y por supuesto, para que si no lo conocés, por fin te decidas a ir.

¡Te espero por acá el jueves!

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