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Conocemos el Club de Pescadores en la Noche de los Museos

El sábado pasado se realizó una nueva jornada de la Noche de los Museos en la Ciudad de Buenos Aires y para esta ocasión hubo muchos planes previos, que como suele suceder con los planes, no se cumplen. Con horarios de cena atrasados y cantidad de gente yendo y viniendo por todos lados en el centro casi desistimos de visitar ningún museo, cuando vimos en la APP del evento que el Club de Pescadores participaba de la jornada cultural. Y hacia allí nos dirigimos.

Esculturas

Fue una decisión totalmente acertada, en especial si consideramos que el club en sí no está abierto al público sino que es de acceso exclusivo para sus socios, con excepción de esa noche en que abre sus puertas para todos los visitantes. Además es bien sabido que al ingresar allí uno está entrando a una pieza de historia de la Ciudad de Buenos Aires.

Fragata

El interior del club es muy confortable, con espacios amplios y altos que evocan a otras épocas. Las esculturas y la decoración hacen pensar en el buen gusto tanto de sus fundadores como de sus socios actuales. Las salas donde se reunen sus comisiones están decoradas con vitrinas que muestran partes de la historia del club, como así también diferentes implementos utilizados en la pesca, además por supuesto de los trofeos de los que se hizo la entidad a lo largo de los años, todo tal como si se tratara de un verdadero museo.

Niños de la mano

Lo que sí es un museo propiamente dicho es el Acuario que se construyó en 1942 y que tiene peceras con las más diversas especies que habitan en los ríos, incluyendo tortugas, anguilas  y la temible piraña. Este museo se mantiene abierto al público y puede visitarse pagando un bono de $20.

Acuario

Para llegar al acuario habrá que ingresar por un pasillo revestido de ambos lados por cañas de pescar, y cuando digo cañas lo digo literalmente, ya que no son de las modernas que ves en las casas de pesca, sino que dispuestas una al lado de la otra, parecen un muy pintorezco machimbre de madera.

Pasillo con cañas

Muchas de esas cañas, incluso, están firmadas con lo que supongo serán los nombres de sus dueños.

Cañas

Y otra de las cosas que puede visitar el público general todos los días es la confitería dispuesta en el primer piso del club. A la hora que estuvimos allí ya estaba cerrada, lógicamente, pero según nos dijeron los socios allí presentes es un muy lindo lugar para disfrutar de una vista privilegiada del Río de la Plata en días soleados.

Club desde el muelle

Lo que sí no se puede visitar si uno no es socio, además de las salas y demás instalaciones, es el muelle. Y que por supuesto, es la atracción principal de un club de pescadores y el motivo primordial por el que nos fuimos hasta allí aquella noche: Queríamos disfrutar del muelle y hacer algunas fotos nocturnas.

El muelle

Hoy son unas seis cuadras de internarse en el Río de la Plata, producto de la ampliación del Aeroparque Jorge Newbery, ya que con estas obras en el aeropuerto, en el 2006 el Club debió ceder el antiguo estacionamiento, y en compensación se le agregaron 100 metros más de muelle, además de la construcción del actual estacionamiento sobre pilotes, ganando terreno al río.

Muelle y la ciudad

Se trata, en definitiva, de una entidad centenaria. Surgió en el año 1903 cuando los pescadores tomaron el antiguo Muelle de los Franceses que había sido abandonado por las empresas carboneras francesas, y lo restauraron para utilizarlo en la práctica de su pasión: la pesca deportiva. Este es el motivo de que el club haya adoptado los colores de Francia como propios. Desde ese viejo muelle con una única y precaria construcción para guardar los implementos hace más de 100 años atrás, hasta las elegantes instalaciones de la actualidad, el Club de Pescadores de Buenos Aires tiene sobre sus espaldas largas jornadas de historia.

Extremo del muelle

Más recientemente, el 11 de junio de 2001, el Club de Pescadores fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Excelentísimo Sr. Presidente Fernando de la Rua. Así lo indica una placa en la fachada del club. Lo que no dice la placa es si un par de meses más tarde el club le envió al Presidente de la Nación alguno de sus implementos, como este que vemos aquí abajo y que muy bien le habría venido a Fernando. Calculamos que no, y que por eso se terminó pidiendo un helicóptero…

Salvavidas

Caminar por su muelle en una linda noche ventosa fue un extraño privilegio. Eso sí, por supuesto, hubo que hacerlo sin tacos altos…

Tacos altos no

 Un lugar distinto por donde Ahicito se dió el gusto de pasar. Si tenés oportunidad y te gusta la pesca, o bien, te gustaría un simple paseo nocturno muelle adentro, el Club de Pescadores es una opción a tener en cuenta en la próxima edición de la Noche de los Museos.

Galería Fotográfica: Visita en imágenes al Buque Museo ARA Irigoyen, en San Pedro.

Durante la visita a bordo del buque museo ARA General Irigoyen sacamos cualquier cantidad de fotos. En el post de  hoy te ofrecemos una selección para que puedas recorrer el barco en imágenes desde tu casa, casi como lo hizo Ahicito en San Pedro.

Al abordar el buque, así se ve la popa, con pabellón nacional al viento y el Paraná que se extiende por detrás.

Popa

Luego de haber pagado la entrada, el salvavidas te cierra el paso y te marca para qué lado comienza la recorrida.

Salvavidas entrada

Por el pasillo lo primero que se encuentra es la cocina, y luego se llega a la sala de audiovisuales. Por todas las paredes pueden verse fotos y diferentes textos y cuadros.

Cocina

Sala Audiovisuales

Uno de los cuadros nombra a los miembros de la última tripulación que navegó este navío.

Ultimos tripulantes

En la pantalla de la sala de audiovisuales, el momento #avgeek de la excursión: un documental sobre la aviación naval argentina.

Pantalla

Y si miramos por la ventana, volvemos a la realidad de San Pedro en el exterior, aunque un tanto sucia…

Vista exterior

El primer camarote del buque, casi apenas ingresando, está dedicado a la Virgen Stella Maris, la patrona de los navegantes.

Virgen

Si seguimos introduciéndonos en el barco encontramos una escalera de esas que estamos acostumbrados a ver en las películas. Angostita como es, habrá que treparla con cuidado.

Al 1er piso

Y así llegamos a uno de los puntos importantes del buque: la sala de oficiales.

Sala de Oficiales

Que por supuesto tiene su respectivo bar, el cual, suponemos, en momentos de navegación estaría bien aprovisionado.

Bar de oficiales

Las siguientes salas son temáticas, y están dedicadas una a la Guerra de Malvinas, y la otra a las expediciones antárticas.

Operacion Rosario

Sector Antartida

La siguiente puerta nos da acceso a otro de los puntos importantes del buque…

Comandante

El camarote del capitán además de ser mucho más amplio que el resto, está equipado con catre, escritorio y baño privado. (Nótese el detalle de la cortina de ducha con pescaditos, que no sabemos a qué capitán perteneció).

Camarote Comandante

Ducha capitan

Además está decorado con el retrato de Don Matías de Irigoyen y de Quintana (en honor de quién el buque fue nombrado), y cuenta con la lista de tripulantes para tomarles el presente de una forma un tanto anticuada, pero seguramente efectiva.

cuadro camarote capitan

La siguiente sala es por demás interesante: se trata de la de comunicaciones, con todo el equipamiento que se utilizaba en actividad.

Sala Comunicaciones

Y como en todos los órdenes de la vida, en el buque también hay prioridades…

Prioridad 2

Avanzando hacia la proa del buque (es decir su parte delantera) llegamos a la sala de navegación, donde los pizarrones indican los detalles del clima, y donde seguramente se utilizaban las cartas de navegación para decidir el itinerario a seguir.

Navegacion

Cartas Nauticas

Hacia el otro lado, un momento clave: el puente de mando desde donde se guía el destino del ARA Irigoyen, y la gran pregunta: ¿Cómo harían los marineros para ver por esas ventanitas diminutas en un mar tormentoso?

Timon

El timon

El instrumental es algo interesantísimo y como tal merece fotos aparte…

Instrumental

En particular, el «acelerador»…

Caja de velocidades

Y desde el puente de mando se tiene acceso a la cubierta exterior, en la que hay que manejarse con cuidado, y bajando las escaleras siempre de frente.

De frente

Desde allí se puede contemplar la artillería antiaérea con la que los norteamericanos combatieron a los aviones japoneses hace más de medio siglo atrás.

Cañon

Ametralladora

Y uno se puede subir a jugar, y a apuntar (en mi caso, con la cámara, por supuesto).

La mira

Intentando apuntarle a la luna, pero el giro del cañón no daba para tanto…

Apuntanto la luna

En cubierta, además, están bien preparados para el caso de que el fuego enemigo impacte en la estructura del buque. Estas mangueras, como cualquier otras, es mejor no tener que usarlas.

Mangueras en cubierta

Ya en la cola del buque, así se ve el paisaje por el hueco del ancla.

Ancla de popa

Y volviendo hacia la proa, así se ve la costa a través de la polea.

San Pedro allá

De esta forma llegamos al final de la travesía. Es hora ya de levantar las amarras y seguir viaje hacia otro destino.

Las amarras

Te espero el martes que viene, con un nuevo post de Ahicito. ¡No faltes!