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Una parada blanca en medio de la ruta: Las Salinas del Diamante.

Cuando uno viaja por la ruta nacional 144 entre Malargüe y San Rafael, en la provincia de Mendoza, en un momento al costado de la ruta nota una gran mancha de color medio azulado sobre la superficie. Al instante uno piensa que se trata de alguna laguna perdida por ahí, pero al mirar con detenimiento el mapa descubre que no, no se trata de una laguna común y corriente sino que en realidad se está en presencia de las Salinas del Diamante.

Instalaciones desde la montaña

Las instalaciones de las salinas, vistas desde lo alto de la montaña de sal.

La historia del lugar es vasta: ya los aborígenes utilizaban la sal para comerciar a través del método del trueque, y luego de que en 1886 estas tierras fueran vendidas por el cacique Juan Goico la familia Remaggi Maturana desarrolló la explotación comercial de las salinas logrando incluso grandes avances tecnológicos para la zona, como ser la construcción de la actual RN 144 que pasa por la puerta del establecimiento, o la construcción de un ramal ferroviario que se utilizaba para transportar el producto final desde la estación Salinas del Diamante.

Orilla

Uno puede caminar sobre la laguna mojándose apenas los pies.

Lo interesante de esto es que, si bien las salinas son propiedad privada, desde el verano pasado la familia Remaggi, que aún administra el establecimiento desde 1916, decidió abrir las puertas al público y organizar un centro para visitantes que, además de fotos que reflejan el paso de la historia por aquellos pagos, incluyen un museo de sal, donde uno puede ver y comparar las diferentes texturas y colores de las sales, dependiendo de su origen.

Diferentes sales

Muestras de sal de los diferentes salares del continente, en el mini museo de la sal.

Por ahora, la visita es muy simple. Es con entrada gratuita y uno se presenta en el centro de visitantes donde recibe las indicaciones para recorrer el predio, que no son muchas. A partir de allí uno puede acercarse a la laguna, caminar por ella (es apenas una capa de agua sobre el suelo de sal), sacarse fotos en la montaña de sal y quedarse un rato a ver el trabajo de los empleados. Luego, cumpliendo con el compromiso asumido con nuestro anfitrión, volvemos al centro de visitantes donde muy predispuesto nos cuenta detalles sobre la extracción de la sal, y responde todas las preguntas que tengamos.

Laguna de sal

Al fondo se reflejan las montañas. En la orilla se aprecia la sal sobre la superficie del terreno.

Así uno se entera de que la sal es un recurso natural inagotable. Debajo de la superficie hay una «capa madre» que produce sal cuando caen las lluvias e inundan el terreno deprimido. Cuando el agua se evapora, la sal queda a la vista, y eso es lo que los obreros recogen. Es un proceso sin fin, siempre y cuando se respete y no se toque la «capa madre». Caso contrario, el terreno dejará de producir sal y el negocio se termina de un momento a otro.

Trabajando

Los trabajadores se valen de palas mecánicas para tamizar sal en grandes cantidades.

Por supuesto que ahí mismo están en exposición las diferentes variedades de sal que la empresa comercializa, y uno puede comprar una o varias de ellas y traérselas a casa para condimentar el próximo asado. Así estaban las cosas cuando las visitamos en marzo pasado, y se notaba que recién se estaban organizando y que, además, estaban en temporada baja. Seguramente si vos las visitás en el futuro se hayan organizado muchas más cosas para los turistas.

Los productos

Los productos de las Salinas están a la venta ahí mismo.

Salvo que seas un fanático de los salares (y te aviso que si conocés, éstas no se comparan con las impresionantes Salinas Grandes de Jujuy), ésta seguramente no sea una excursión por la que vayas a organizar un viaje o decidir un destino. Pero si tenés curiosidad y estás de paso por la ruta o en alguna de las localidades cercanas, como El Nihuil, es una buena alternativa para conocer algo distinto.

Montaña de sal

La enorme montaña de sal es una de las atracciones de las salinas.

De la misma forma, visitar Ahicito Nomás es una muy buena alternativa para la próxima vez que te conectes a internet. Te espero la semana que viene con un nuevo post. ¡Hasta entonces!

Galería fotográfica del Volcán Malacara.

Al sur de Malargüe podés visiar el Volcán Malacara, que debe su nombre al caballo homónimo que tiene la cara manchada de dos colores, y caminar por las coladas de lava hasta su interior, lo que lo convierte en una experiencia única en el mundo.

En este post tenés todas las fotos de esa caminata.

Por la colada

Mónica nos guiaba, aunque no nos dijo si  hay fotomulta para que el dobla en dirección equivocada…

Direccion Obligatoria

De a poco nos vamos metiendo entre paredes, y finalmente, al volcán directamente.

Entrada al volcan

Si mirás para atrás notás claramente la frontera entre «adentro» y «afuera».

De adentro para afuera

En el recorrido se presentan formas extrañas…

Formas en la montaña

Hay huecos por dónde meterse…

Huecos del volcan

Y hasta un puente de roca, por el que lamentablemente no se puede cruzar.

Puenta de Roca

Por momentos las paredes parecen tener rostros que te miran.

rostros en la pared

Bien adentro del volcán, las paredes son realmente altas.

Paredes altas

Y finalmente cuando mirás hacia arriba ves por dónde entra la luz del sol: el cráter.

El crater

Para llegar hasta allí, habrá que hacer algo de esfuerzo físico.

Trepando dentro del volcan

Para salir habrá que hacerse chiquito también….

Saliendo de las entrañas

Y finalmente luego de sortear rocas y más rocas, se llega nuevamente al exterior.

Saliendo del volcan

¡Ahora te quiero ver, porque la cosa empieza hacia arriba! Desde la cima se llega a ver la Salinidad de Llancanelo.

Salinidad al fondo

Pero por las dudas, mejor no te asomes mucho….

Riesgo de Caida

Con tranquilidad, emprendemos el regreso.

En bajada

Así pasó la galería fotográfica del Volcán Malacara, una excursión que tenés que hacer si pasás por Malargüe, y cuyos detalles ya te conté en este post de acá. Ahora sí, es hora de seguir viaje, y contártelo en el próximo post de Ahicito.

Sombras

¡Nos vemos la semana que viene!