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Todo lo que tenés que saber sobre el «Puerta a Puerta» I: Régimen de Courier.

Estos últimos días se vino hablando mucho de «la vuelta del puerta a puerta», un tema que volvió al tapete desde que Abad, el máximo responsable de AFIP, comentara que este sistema se iba a volver a instaurar. Finalmente en el día de ayer, 27 de julio, se publicaron las resoluciones generales que reglamentan el sistema.

Vamos a hacer aca una análisis básico de la RG 3916/16 que establece las pautas para el régimen especial aduanero de Courier, que es, en sí, el verdadero y tradicional «puerta a puerta».

El courier es básicamente un régimen aduanero simplificado que le permite a ciertos operadores postales denominados «couriers» tramitar las formalidades aduaneras de importación y exportación para ciertas mercaderías y bajo ciertas condiciones. Esto hace que, por ejemplo un particular como vos o yo pueda hacerse de un bien importado sin tener que pasar por las penurias y gastos asociados a un despacho de aduana tradicional, y que los couriers puedan entregarte el producto en la puerta de tu casa.

En principio hay que decir que sigue siendo un régimen limitado (tal como lo era incluso antes de las restricciones), si bien es un poco más amplio que su versión anterior. La primer condición es que la operación sea sin finalidad comercial, con lo cual lo que traigas por courier no lo vas a poder revender (al menos legalmente).

En cuanto a cantidades y valores no hay gran variación: siguen teniendo un tope de 50 kgs. y USD 1000 de valor FOB por operación. Ahora se ha agregado un límite de tres ítems del mismo producto, que antes no existía. La cantidad de operaciones también está más restringida, ya que hay un máximo de 5 envíos por año por persona, mientras que antes se permitía una operación por día por CUIT.

El ámbito donde sí la nueva versión del régimen es más abierta que su antecesora, es la de las intervenciones previas. Anteriormente una mercadería para la que aplicaba la intervención de un tercer organismo cualquiera no era apta para ser importada por courier. A partir de ahora, las mercaderías que se ingresen bajo el régimen simplificado estarán exceptuadas de las intervenciones del INAL (alimentos), Lealtad Comercial (verificación de la autenticidad de las marcas), y del régimen de identificación de mercaderías (las estampillas que ves por ejemplo en los electrónicos importados). Tampoco se requerirá la tramitación de las licencias de importación que pudieran aplicar según el tipo de mercadería de que se trate, ni aplicarán las prohibiciones económicas que la Aduana pudiera dictar sobre algún producto en particular.

Sin embargo, anteriormente cualquier intervención previa inhabilitaba la operación courier, y la obligaba a pasar al régimen general. La nueva norma es muy taxativa en cuanto a qué intervenciones quedan exceptuadas, pero siendo una modificatoria de la que originalmente implementó el sistema, interpreto yo que la intervención de cualquier otro organismo no indicado en el párrafo precedente restringe la operación tal como lo hacía antes. Serían ejemplos productos que requieran certificados de ANMAT o de SIMELA para ser importados: en mi opinión estos no podrán venir por courier. Un gris importante es el de los productos con Seguridad Eléctrica porque todo lo que se enchufe a la red de corriente eléctrica requiere este certificado, y por lo tanto, según interpreto, no podría venir por courier. Quedarían entonces fuera del régimen las laptos, televisores, equipos de audio, etc.

Por otro lado, en un mundo informatizado donde los controles online son mucho más eficientes, quién traiga mercadería por este régimen queda obligado a confirmar la recepción del artículo dentro de los 30 días del arribo a través de la web de AFIP (www.afip.gob.ar). Recién cumplido este requisito se habilitará la posibilidad de un próximo envío courier.

Algo de lo que no se habla (o de lo que se habla mal) es de los impuestos. Leí por ahí que esto implicaba importar sin pagar impuestos. FALSO. El courier paga a la aduana los aranceles e impuestos previstos por el régimen general, y te los incluye en el precio del servicio. No es gratis, y la recaudación es exactamente la misma que se obtendría de un importador regular. Esto depende de cada producto, pero en general puede representar porcentajes mucho mayores al 50% de arancel único que uno paga sobre el excedente de la franquicia, cuando se trae algo desde el exterior al volver de un viaje (cuestión que te expliqué en este post y en este otro).

Habrá que ver cómo funciona en la práctica, pero el régimen de courier no implica ningún golpe a la industria local. Es un régimen acotado, que maneja un volumen marginal de las importaciones. Quizá (ojalá) sirva para que algunas industrias tengan que ajustar sus precios en rubros donde los márgenes son criminales, como ser el de la ropa, que de  hecho es uno de los items más interesantes para comprar por courier, justamente por la diferencia injustificada de precios en el mercado local. Pero decir que esto impacta en la industria local, el trabajo de los argentinos y la economía, es hablar pavadas. La cantidad de gente que compra por internet en Argentina es poca, a eso agregale que no todos tendrán una tarjeta de crédito habilitada para comprar en el exterior, ni querrán gastar en divisa, ya sea por desconfianza del tipo de cambio o porque no tienen el excedente de bolsillo para pensar en eso. Ahora sumale la desconfianza normal de la cadena logística internacional si tuviste un caso de que te robaron algo del equipaje despachado cuando vos mismo viajabas en el mismo vuelo. Por último considerá que el courier es un servicio caro: si pensas viajar al exterior mejor esperar a ese momento para comprar y traerlo como equipaje.

El régimen de courier comenzó a proliferar por la falta de productos importados en el mercado. Como no se conseguía, consecuencia del cepo a las importaciones que fueron las DJAIs, todos comenzaron a comprar en China por internet. Y allí fue cuando el gobierno anterior tuvo que ponerle límite al courier también. Ahora con un comercio exterior más liberalizado (aunque sigue estando fuertemente administrado) la necesidad de comprar afuera baja. Donde sí va a pegar fuerte esto es en las compras por internet de bagayo. ¿O pensabas que eso que no conseguías en ningún lado estaba disponible en Mercado Libre porque había ingresado legalmente al país? Si ahora lo podés comprar legalmente, ya sea aca o afuera, ¿para qué ir a hacerle el negocio a ese que viajó, se lo trajo de contrabando y te lo vendía ilegalmente?

Para finalizar, un consejo: Antes de comprar nada, lo mejor será llamar a una empresa de courier y consultar si es factible traer el producto que querés, desde el país que querés. Aprovechá y pedí también que te coticen el envío, y que te indiquen si ese valor incluye los impuestos de aduana, o sin son aparte, así te das una idea del precio final. Una vez que tenés confirmado que esa mercadería puede ingresar por courier, ahí sí, sacá la tarjeta y dale para adelante. Pero hacelo dentro de algunas semanas, porque la nueva resolución entra en vigor dentro de un mes!

Te dejo acá el video de AFIP explicando las novedades:

Si algún lector tuvo experiencias en el pasado que quiera compartir, o a medida que vayan haciendo nuevas con el régimen actualizado, los comentarios son bienvenidos.

Mañana vamos a revisar el régimen postal, que también se reglamentó hoy en el paraguas del «puerta a puerta».

Contratación de Fletes Internacionales: Los riesgos de simplificar lo que hay que profesionalizar.

Hace unas semanas atrás La Nación publicó esta nota sobre una plataforma online para la cotización y contratación de fletes internacionales, al mejor estilo de las que ya funcionan exitosamente en el rubro del turismo. Según la nota, todo un avance en el transparentamiento de los precios del comercio exterior para evitar los manejos que realizan los agentes de carga de acuerdo al cliente, momento, poder de negociación, competencia, etcétera. En mi opinión personal, un intento de commoditizar un servicio que debiera ser todo lo contrario: de alto valor agregado.

Quienes trabajamos en comercio exterior hay algo que tenemos muy en claro: los errores salen caros; muy caros. Por lo tanto las operaciones deben estar bien planificadas, y en este rubro muchas veces aplica el famoso dicho «lo barato sale caro». Personalmente creo que «buscar precio» únicamente, en comercio exterior es un grave error, y esta plataforma online, si bien tiene muy buenas intenciones, apunta justamente a eso. A diferencia de los pasajeros que pagaron diferentes tarifas para un mismo trayecto en avión, y a los que se les da el mismo menú, con la carga no sucede los mismo: a menudo la diferencia de tarifa responde a una diferencia abismal en el servicio que se le dará a cada uno, pasando por seguimiento activo, manejo de la información y la documentación, días libres o de crédito, tratamiento prioritario, y un largo listado de etcéteras.

El primer y más importante paso es siempre determinar el nivel de servicio que uno necesita, y a partir de allí buscar proveedores que puedan justamente darnos eso. Una vez que tengamos identificada una paleta de proveedores que puedan darnos lo que necesitamos sí podremos ir en busca del mejor precio dentro de la misma. Todo, por supuesto, dentro del marco presupuestario del que dispongamos: no será lo mismo lo que pueda destinar una multinacional con operaciones diarias, al budget que pueda tener disponible una PYME que embarca una vez por mes. Tampoco serán iguales las necesidades ni exigencias de una y otra.

Otra cosa importante a considerar será el respaldo que nos brinde el agente de cargas, especialmente en el exterior donde el importador / exportador depende de él casi exclusivamente, y, en particular, cómo se maneja a la hora de resolver problemas. Es casi un hecho que no existe operación de comercio exterior sin problemas, y sus costos relativos están siempre en manos del forwarder y el despachante, que puede minimizarlos o aumentarlos hasta niveles insospechados.

Este tipo de plataformas buscan resolver el problema de elegir el mejor precio para mover una caja de un punto A hasta un punto B, pero se olvidan que ese transporte es una porción muy pequeña del todo, que hay un montón de servicios adicionales que impactan sobre el costo total y por supuesto, no preveén ninguna eventualidad operativa cuando en la realidad las hay a diario, y su resolución es lo que realmente vale.

Si pensamos en el transporte marítimo, por ejemplo, símbolo mundial de la standarización por excelencia a través del famoso contenedor, la comparación de precios debería ser muy fácil y productiva. Sin embargo, el giro del buque determinará la terminal en que se operará, y el forwarder a su vez decide en qué fiscal consolidar. Esto no sólo afecta los costos directos, sino que también impacta sobre los procesos en cada punto, las demoras que pueda tener cada plazoleta por cuestiones de infraestructura, ubicación geográfica de las mismas, entre otras cosas que determinarán el verdadero costo de una operación, por lo que analizar únicamente los gastos de transporte termina siendo miope.

Cuánto más se complejiza la situación para un transporte aéreo, donde la standarización no funciona tan bien, debiendo diferenciarse el servicio en fuselaje angosto y ancho, el servicio en avión de pasajeros y en cargueros, y los diferentes tipos de cada uno con sus diferentes capacidades. Durante años he visto errores importantes a la hora de cotizar servicios aéreos manteniendo una fluida comunicación con el cliente, imagínense el desastre que puede llegar a derivar de una cotización surgida de un frío formulario enviado por la web. Lo más probable es que, de esta forma, quién pida una cotización pensando en bananas, reciba una oferta pensada para las peras. Y una vez activada una operación, los costos de modificarla para encauzarla suelen ser altos.

En definitiva, en mi opinión el concepto con el que se crea la plataforma es erróneo. A través de ella se quiere «simplificar» el proceso de compra de fletes. La realidad es que el comercio exterior es un proceso complejo, y lejos de simplificarlo, lo que hay que hacer es comprender esa complejidad a fondo y saber manejarla. Imagínense que se le pida a un ingeniero de la NASA simplificar el diseño, construcción y conducción del próximo transbordador espacial. Salvando los años luz que hay con este ejemplo exagerado, lo que hay que hacer en comercio exterior es buscar gente capaz de entender y conducir al «transbordador» y no intentar que cualquiera se siente a los controles y pueda manejarlos.

Por eso, mi recomendación a los exportadores e importadores argentinos: Señores, no simplifiquen; profesionalicen. Asesórense antes de salir al mercado externo, contraten profesionales especializados en lugar de pretender que el contador coordine las cargas internacionales, planifiquen antes de actuar. De esta forma se lleva las operaciones de comercio internacional a otro nivel, los procesos se hacen más eficientes, satisfacen necesidades reales e impactan positivamente en los costos de toda la cadena de suministro.

El camino para bajar los costos no es simplificar; sino profesionalizar. Y no hay que ver el proceso por partes, sino como un todo.

En Argentina actualmente hay mucha oferta de carreras relacionadas con la logística y el comercio exterior, y trabajando con gente de todos lados del mundo les puedo decir que los profesionales argentinos del rubro tienen muy buen nivel. Es hora de aprovecharlo. Bastante se ha hecho en estos años, pero aún falta muchísimo por hacer.