Profesional en comercio internacional especializado en logística aérea, amante de las letras, la historia, los aviones y los viajes. Proyecto de fotógrafo amateur. Ahora también bloggero.
El sábado amaneció lindo y como teníamos ganas de cambiar un poco de aire, empezamos a buscar dónde ir a comer fuera de la ciudad. Carlos Keen (polo gastronómico al norte de Buenos Aires del que podés leer en el link) es siempre un clásico, así que fue una de las opciones a revisar. Allí encontré justo lo que buscaba: un lugar donde pudiera comer parrilla al aire libre y con distancia social. Llamé, reserve para ese mismo día, y apenas una hora después estábamos ya en la ruta.
El Nene de Keen es un restaurante de campo que ofrece un menú fijo en modalidad de tenedor libre, es decir que pagás un precio fijo y comés hasta que no das más. Y cuando digo que es un restaurante de campo no es porque ellos se definan así, es porque en serio, es de campo…
Si bien tiene lugar adentro, en pandemia están utilizando el parque, donde hay un sector techado y luego mesas dispuestas a la sombra de una frondosa arboleda. Como corresponde a estas épocas, las mesas están separadas por una buena distancia, lo que evita el amontonamiento de gente. El único faltante que encontramos para estos tiempos, fue que te provean de alcohol en la mesa, pero a esta altura del partido ya eso no nos es un problema porque voy con mi alcohol en gel portátil a todos lados.
El menú es fijo, pero super abundante. Si algo te puedo asegurar, es que no hay forma de que te vayas de este lugar con hambre. La entrada consta de una empanada de carne por persona, y una pequeña y exquisita picada. Todo acompañado con unas berenjenas en escabeche que no se quedan atrás.
Después llega la parte interesante. La parrillada no solo es sabrosa, sino que es de las más variadas que haya yo visto en cualquier restaurante. Un detalle no menor es que la sirven en brasero, por lo que la comida se mantiene siempre caliente. Y en cuanto al contenido, es realmente de lo mejor: chorizo, morcilla, chinchulín y riñones, como para ir arrancando con las achuras. Después hay una selección de carne de vaca y de cerdo. Todo en su punto. El asado se desprendía solo del hueso, que quedaba casi totalmente limpio sin esfuerzo.
Pero la cosa no termina ahí. Otro detalle de categoría: la parrillada incluye verduras: papa, calabaza y batata. Buena opción por si hay algún vegetariano sentado a la mesa, aunque conmigo está perdido porque las verduras azadas me gustan tanto como la carne. Para acompañar, elegimos papa fritas y ensalada mixta, aunque hay también otras opciones. De hecho, si sabía que el brasero iba a traerme papa, quizá hubiera cambiado las fritas por alguna de las otras alternativas.
Además de la parrillada (o como alternativa) también podés pedir pastas. Si todo esto todavía te parece poco, podés repetir. Pero dudo que puedas, porque es todo bastante abundante. Probablemente te sobre, pero tampoco por eso tenés que preocuparte: Lola se encarga.
El precio incluye una bebida sin alcohol grande cada dos personas, aunque también podés comprar vinos o extras pagando aparte. El postre, también incluido, tiene opciones clásicas: flan, budín de pan, casata (de 4 gustos) o, mi preferido, almendrado.
Después de comer llegará el momento de ralajarse y disfrutar del campo. Para eso hay unos livings de madera donde podés sentarte a descansar o tomar mate, amén de las sillas plegables que te hayas cargado en el auto. Los futboleros tienen a su disposición una canchita para organizar un picado si el sol no pega tan fuerte, y para los más chicos hay hamacas y algunos juegos de plaza. Si querés, también podés irte al pueblo y luego volver, porque a las 16:30 hs sale la merienda con tortas fritas.
La atención es impecable y tanto las instalaciones como el parque se mantienen muy limpios. Una excelente opción para salir de la rutina, visitar el campo y comer rico y mucho, a apenas un poco más de una hora de capital federal. Lo más recomendado es llamar y reservar, para lo que te dejo acá el link a la página web con los datos.
Y ahora sí, ya está todo listo. Buen provecho y a disfrutar!
Como les comenté en el post anterior (al que acceden desde acá), la distribución masiva de las vacunas contra el COVID-19 a muy bajas temperaturas implica una serie de desafíos importantes para la industria de carga aérea. Por eso los preparativos resultan clave, pero antes que nada, lo mejor es entender qué opciones hay para controlar la temperatura a la que se mueven las mercaderías.
En ese sentido, lo más importante a saber es que existen dos soluciones para el transporte de productos refrigerados por avión. La primera es la pasiva: embalajes especialmente diseñados para, con la ayuda de geles o hielo seco, mantener la temperatura de los productos en su interior en determinado nivel, de forma constante y por un determinado período de tiempo. Este tipo de embalajes son los más utilizados para mercaderías que necesitan temperaturas extremadamente bajas (como las vacunas que requieren almacenarse a -70°C), y necesitan que se reponga el elemento refrigerante luego de determinado lapso de tiempo.
Los embalajes pasivos mantienen la temperatura solo por un tiempo determinado. Un manipuleo ágil es clave. Foto: Lufthansa Cargo.
La otra solución es la activa, que se refiere a contenedores especialmente equipados con motores que mantienen temperaturas constantes en su interior. Hay diferentes tipos de equipos en cuanto a prestaciones y capacidad, pero los más modernos directamente van conectados a la red eléctrica, mientras que los más antiguos funcionan con grandes cantidades de pilas (de esas que compras en el supermercado) que deben ser cambiadas después de una cantidad dada de horas de uso. El elemento refrigerante que usan estos contenedores, es también el hielo seco.
Los contenedores refrigerados RAP t2 tienen capacidad para almacenar hasta 8.22m3 de carga entre -20°C y +20°C. Foto: Envirotainer.
Para el manejo de ambas soluciones es clave contar con personal especializado, en general, entrenado bajo las normas GDP (Good Distribution Practices) y/o CEIV Pharma (la certificación desarrollada por IATA específicamente para el transporte de productos farmacéuticos por vía aérea). Pero además del conocimiento teórico, a la hora de distribuir millones de dosis de vacunas, será clave la experiencia. En general, todas las líneas aéreas tienen experiencia en el manejo de este tipo de cargas, ya que se trata de uno de los productos que más viajan por avión, pero así y todo algunas han considerado importante realizar pruebas orientadas específicamente a las necesidades de las vacunas para el COVID-19
En ese sentido se pronunció American Airlines, que durante noviembre ha realizado algunos vuelos de prueba desde Miami hacia distintos puntos de Sudamérica utilizando equipos Boeing 777-200. En estos vuelos se simularon las condiciones requeridas por las vacunas, a fin de poner a prueba los empaques térmicos como así también los procesos operativos para el manipuleo de las mercaderías. Porque sí: al maestro lo hace la práctica. Vale aclarar que la flota de American es enteramente de pasajeros, con lo cual las vacunas vuelan en los compartimiento de carga, bajo los pies de los viajeros.
American Airlines utilizó contenedores AKE y pallets de avión en las pruebas que realizó en vuelos hacia Sudamérica. Foto: American Airlines
Adicionalmente, American ha establecido una red de locaciones con personal especializado en el manejo de embarques críticos en cuanto al mantenimiento de la temperatura, que ya previamente estaba familiarizado con la logística de productos farmacéuticos. En estos puntos, American logra incluso monitorear el estado de los embarques desde que se descargan del avión hasta que ingresan a los depósitos refrigerados, un segmento crítico porque durante la operación en pista, las mercaderías están a la intemperie total.
Por su lado, Delta ha tomado una serie de medidas para mejorar su capacidad de transporte de refrigerados, con la mira especialmente puesta en esta operación histórica. En primer lugar estableció procesos para que las vacunas tengan la más alta prioridad para abordar sus aviones, y adicionalmente creó un Control Tower centralizado para vacunas, que funciona las 24 horas monitoreando estos embarques.
Si bien sus capacidades para la distribución dentro de los Estados Unidos son importantes, Delta ha afianzado su red internacional a través la coordinación con otros carriers como Air France/KLM y Virgin Atlantic.
La otra pata importante de esta historia la conforman los aeropuertos. Puntualmente en Europa, Frankfurt, el hogar de Lufthansa, es el hub más importante para productos farmacéuticos, mientras que Schiphol en Amsterdam está en el segundo lugar. Allí opera la holandesa KLM, que posee actualmente 4 áreas de almacenamiento refrigerado en el aeropuerto, mientras que en enero espera poder inaugurar una quinta.
El Aeropuerto de Frankfurt tiene 12000 m2 dedicados a carga con control de temperatura. Dos tercios son de Lufthansa. Foto: Lufthansa Cargo
Pero quizá el ejemplo más relevante sea el que llega desde Francia, donde ACFA (Air Cargo France Association) ha comenzado a coordinar un trabajo en conjunto que apunta a mejorar dos aspectos clave: la velocidad de los procesos para minimizar los tiempos que las vacunas quedarán en la pista u otras áreas no refrigeradas; y la seguridad de los embarques, en el sentido de que sean manejados por expertos que garanticen el correcto manipuleo de la mercadería. En ese sentido, y tal como destacábamos en el post del lunes, ACFA está trabajando con todos los actores de la cadena logística, es decir terminales aeroportuarias, freight forwarders, operadores de rampa, aerolíneas, e incluso con la aduana francesa, la seguridad aeroportuaria y la Autoridad de Aviación Civil. Todos los involucrados, sentados en una mesa, pensando e implementando soluciones como un solo equipo.
Y en Argentina?
Al momento en nuestro país todavía no se han visto esfuerzos semejantes a los franceses para aunar criterios y esfuerzos de los diferentes actores. Por ahora, todo queda relegado a las iniciativas que pueda tener cada uno, tanto en cuestiones internas como en coordinación con el resto de los intervinientes en la cadena.
A diferencia de otros países, donde las compañías aéreas e incluso los forwarders multinacionales tienen instalaciones propias donde operan bajo sus procesos internos, en Argentina la relevancia del accionar de cada compañía puntual queda algo limitada, porque el manipuleo físico de la mercadería está centralizado exclusivamente en TCA, la Terminal de Cargas que es parte de Aeropuertos Argentina 2000. En cuanto a las operaciones de rampa (es decir la descarga del avión y el traslado de la carga hasta los depósitos de TCA) está centralizada en la estatal Intercargo, aunque existen dos excepciones: Aerolíneas Argentinas y American Airlines son las dos únicas líneas aéreas con servicios de rampa propios. Sin embargo la coordinación entre la aerolínea, el agente de carga y la terminal, será clave para operar con éxito.
Lo que es un punto positivo es la infraestructura en Ezeiza. Allí TCA cuenta con 47.827 m2 de cámaras frigoríficas, según la información publicada en su página web. Esa superficie está divida en lo que llamamos pre-cámaras (que mantienen una temperatura ambiente de entre 15°C y 25°C), y las cámaras en sí, con dos rangos de temperatura diferentes (2°C / 8°C por un lado y -20°C por otro). Por supuesto, la gran pregunta es si esta capacidad será suficiente para la cantidad de vacunas que se espera recibir, y en ese sentido TCA ya está trabajando en ampliar sus capacidades de refrigeración a través de equipos temporales. Adicionalmente, la terminal tiene una buena cantidad de toma corrientes para conectar contenedores refrigerados, y en caso de que se corte la luz (algo nada poco frecuente en Ezeiza), los generadores siempre están preparados para mantener funcionando los servicio básicos entre los que se encuentran los equipos de frío.
Manejar la cantidad de vacunas que se necesitarán para inmunizar a los argentinos contra el Coronavirus difícilmente sea factible concentrando todo en una sola mano. Es probable que el Ministerio de Salud centralice las importaciones de vacunas, lo que en principio simplificaría las cuestiones aduaneras, pero más allá del papeleo para liberar a plaza, se necesitará la ayuda de muchas personas de diferentes ámbitos para que la operación sea un éxito y las vacunas lleguen sin perder temperatura, y a la vez, sin paralizar el resto del movimiento del aeropuerto.
Con el correr de las semanas irán llegando las precisiones. Y ahí será fundamental la coordinación de esfuerzos, tanto desde el ámbito público como del privado. Algo lamentablemente poco visto en nuestro país, pero que hoy se presenta como una necesidad a partir de la cual, esperemos, podamos aprender y construir.