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Almuerzo en La Nueva Manukita, en Carlos Keen.

En septiembre pasado tuvimos festejos de cumpleaños familiares y para hacer algo distinto organizamos un almuerzo en Carlos Keen, localidad especializada en el tema como podés leer en este post. El dilema, lógicamente, era decidir a dónde ir en particular, cuestión nada fácil sobre la que armé este otro post con algunos consejos.

Portada Carlos Keen

Después de algunas averiguaciones nos jugamos por La Nueva Manuquita, una casa de campo reconvertida en restaurant. La reserva ya estaba hecha con anticipación pero el día del evento amaneció lloviendo y con el agua entró la duda. Sin embargo, luego de un par de idas y vueltas, y comunicación telefónica mediante para chequear el estado de los accesos al lugar y reconfirmar la reserva, decidimos salir a la ruta igual. Y a la luz de los resultados debo decir que fue una jugada ganadora, no sólo porque después salíó el sol y pudimos disfrutar del día al aire libre, sino porque además se comió muy bien.

La Manuquita Salon

En ese momento el precio era de $170 por persona si mal no recuerdo, y lo más importante es que todo lo que nos informaron por teléfono se cumplió en los hechos. Hoy, según la web del local, el precio ascendió a $200 por persona, con excepción de los chicos que desde los 5 hasta los 11 años pagan $90.

Arbol

El menú es muy rico y completo. Arranca con una entrada de fiambres variados y una empanada casera por persona. Es una buena entrada pero que te deja seguir comiendo luego cuando llega el plato principal. Este consta de dos opciones, ambas libres, es decir que repetís todas las veces que quieras (o que puedas). Las alternativas son pastas caseras, o una parrillada bien surtida que incluye algo de achuras, vacío, asado e incluso cerdo. Además, incluido en el precio tenés el postre. Yo opté por el clásico postre de vigilante (queso y dulce, en mi caso de batata) que estuvo compuesto por dos gruesas fetas de cada uno, algo difícil de terminar después de todo lo que se había comido. Para tomar el menú incluye una gaseosa de 1,25 litros cada dos personas, y si querés optar por alguno de los vinos de la carta (que tiene precios razonables), eso se paga aparte.

Pájaro

Para comer está el salón interior donde antes estaba seguramente el comedor de la antigua casa, o sino cuenta también con una galería cerrada. Claro que cuando el día está lindo y febo brilla en el cielo, lo ideal es sacar las mesas afuera y comer al aire libre a la sombra de alguno de los árboles.

Maquinaria Agrícola

El lugar tiene mucho verde y más allá de los ruidos de los comensales, si te alejás un poco el silencio se disfruta. Ideal para bajar un cambio, caminar tranquilo por el césped y oxigenar las ideas, siempre teniendo cuidado de esquivar las flores rojas que tanto atraen a las abejas. Habría que ver si en plena temporada, con el lugar lleno de gente, este efecto de “cuelgue” también se da.

Abeja

En realidad lo dudo, porque como tiene pileta y en verano la habilitan para los visitantes, me imagino que los gritos de los chicos disfrutando el agua deben cambiar el ambiente tan tranquilo del lugar. Pero bueno, si hace calor, no vamos a quejarnos por tener una pileta a disposición, ¿no? Y sino, los nenes también pueden darse una vueltita a caballo.

Paseos en caballo

El otro agregado del lugar es el mate con las tortas fritas que prepara la dueña, ideal para ir tempranito y desayunar allá respirando olor a campo. Nosotros como salimos tan tarde no llegamos para esa experiencia, pero la señora se copó y nos preparó unas tortas fritas espectaculares para la merienda.

Verde en La Manuquita

La atención fue muy buena durante todo el día, que incluso se alargó con los mates y nadie hizo ningún problema. El inconveniente estuvo después, en la ruta de vuelta, que un domingo a la tardecita ya empieza a estar bastante cargada, por lo que mantener el relax conseguido en el campo se vuelve todo un desafío. Paciencia, y a jugar con el embrague, que la gran ciudad es así.

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Consejos para elegir dónde comer en Carlos Keen

Como te conté en este post que podés leer haciendo click aquí el pueblo de Carlos Keen se especializó en el turismo gastronómico y hoy es una muy buena opción para hacer un día de campo incluyendo una buena comida.

Ahora, son tantas las opciones que se presentan, que seguramente será difícil elegir una. Como primer consejo cabe destacar que en días lindos el pueblo suele llenarse de porteños que se escapan del cemento y la ciudad, así que si uno ya tiene decidido el local en el que va a almorzar no es mala idea hacer la reserva telefónica con anticipación (que puede ser el mismo día por la mañana) y así evitar una probable larga espera.

En cambio si uno va sin destino fijo, ya en la ruta de ingreso al pueblo irán apareciendo lugareños ofreciendo alternativas y repartiendo volantes. Después de un rato de dar vueltas haciendo consultas, uno se da cuenta de que casi todos los lugares ofrecen opciones parecidas: tenedor libre (generalmente de parrilla) con alguna bebida incluida y que rondan los $200 por cabeza. Entonces ¿cómo elegir alguno?

Bueno, hasta que encuentres un lugar que te guste tendrás que probar suerte, como en cualquier otro lado. Pero lo que sí está claro es que hay dos grandes categorías: los locales que están alrededor de la estación, que para atraer gente suelen tener precios en apariencia más baratos (pero tampoco con grandes diferencias); y las estancias cuyo valor agregado es pasar un día de campo, incluso con opción a comer a orillas del río. Algo a tener en cuenta es que si elegís esta última opción, seguramente te pases el día en la estancia; en cambio los restaurantes cercanos a la estación son ideales para los que quieren darse una vuelta por la feria después de comer.

A continuación, algunos consejos a tener en cuenta a la hora de elegir un lugar, que por supuesto no son exclusivos de los restaurantes de Keen sino que se pueden ajustar a la elección de cualquier local en cualquier lugar.

Preguntá y Repreguntá.

Casi todos los locales tienen alguien repartiendo folletos en la calle. No te quedes solamente con el papel porque a la hora de comparar te van a faltar datos. Preguntá todo lo que quieras saber, y específicamente cómo se compone el menú, el precio por persona y qué incluye y qué va aparte.

Una vez en el lugar, y hasta sentado en la mesa, nunca está demás reconfirmar todo lo que te ofrecieron en la calle y los puntos por los que te decidiste por ese lugar. No sería la primera vez que, con tal de engancharte, te ofrecen algo que después a la hora de pagar la cuenta no era tan como lo pintaban. Pero el que te lo ofreció (y te engañó) no está ahí, así que ¿a quién vas a reclamarle? En cambio si ya comprometés al mozo va a ser mucho más difícil que después pueda desdecirse en tu propia cara.

Las muy buenas entradas son engañosas.

No es por mala fe, sino que obviamente es parte del negocio, pero la realidad es que seguramente te encuentres con lugares que te ofrecen entradas espectaculares, muy completas y realmente deliciosas. ¡Y de verdad lo son! El problema es que de tan completas suelen ser contundentes. Y después de semejante entrada apenas si te entra el plato de carne o pasta. Ni hablar de aprovechar el “modo tenedor libre” y repetir. Entonces la entrada puede ser la mejor del mundo pero convengamos una cosa: si vos querías ir a comer una buena picada no ibas a ir a Carlos Keen. Te fuiste hasta ahí por una parrillada de antología y si antes de empezarla ya estás lleno no lo vas a disfrutar.

En todo caso, siempre podés elegir un lugar por lo poderoso y rico de la entrada que te ofrece, pero que esa sea una elección tuya y a consciencia, cuestión que luego no te recrimines por no haber podido probar el cerdo simplemente por el hecho de que no te entraba bocado.

Mirá las mesas de afuera antes de sentarte.

Una tranquila pasada por la vereda mirando las mesas que están fuera (ya que mirar hacia adentro del local es más complicado) nunca está de más cuando se trata de un tenedor libre. Hay que buscar señales inequívocas, como por ejemplo la forma en que sirven la parrillada. No es ningún secreto que para mantener la carne caliente en todo momento durante la comida se debe usar un brasero. Si ves que la parrillada la están sirviendo en una bandeja simple tal como la que usan para las papas fritas, eso tenés que tomarlo en cuenta. O bien vas a terminar comiendo la carne fría, o bien le pedís al mozo que te la caliente un poco. Así que, si me van a ofrecer parrilla, ¡por favor me la traen en brasero!

Mirá las mesas de al lado.

Al momento de elegir el plato no está mal mirar disimuladamente lo que presentan las mesas de alrededor que ya están comiendo. Una situación para lo que esto es muy práctico es la elección de la bebida. Normalmente, los menúes incluyen una bebida cada dos personas, donde por ejemplo podés elegir entre una gaseosa de 1,5 litros o una jarra de vino de la casa. Está claro que al asado se lo acompaña con vino, y los llamados “de la casa” no son gran cosa pero tampoco suelen ser malos, así que para acompañar puede andar. La pregunta es, ¿a qué le llaman jarra en este lugar? Si alguien en el salón tomó esa opción la jarra estará ahí arriba de la mesa dándote información relevante, al menos en cuanto a capacidad. Por lo menos para mí, no sería la primera vez que eligiera la gaseosa grande porque lo que ellos llaman “jarra” para mi en realidad se parece más a un “pocillo”. En tal caso, para mí, es mejor optar por la gaseosa y en todo caso pagar una botella de buen vino aparte.

Si el mozo duda, andá por lo seguro.

El razonamiento no es muy complejo: no es buena señal que el mozo dude cuando le consultamos algo básico. ¿Es abundante la parrillada? ¿Tal plato es como para compartir? Si la respuesta arranca con un prolongado “ehhhh….” o si es muy compleja y da muchas vueltas, lo más probable es que en realidad sea un “no” que no se anima o no puede decirnos. Antes de quedarse con hambre o sed, o terminar gastando más de lo pensado por tener que pedir un refuerzo extra, es mejor pedir otra cosa.

Por supuesto que seguramente haya muchas otras cosas que se puedan, o incluso deban, tomar en cuenta al momento de elegir dónde comer. Son bienvenidos los comentarios ampliando el post o ilustrándolo con experiencias personales.

Próximamente les estaré dejando mis impresiones personales sobre lugares que he probado yo mismo para que tengan más información sobre los mismos y puedan tener una guía para decidir si es donde quieren almorzar o no.

Carlos Keen: Pueblo gastronómico de un abogado que nunca lo conoció.

Domingo, 10 de la mañana. Mientras calentás el agua para el mate abrís la ventana y te encontrás con un sol espléndido. Es uno de esos días que invitan a preparar un buen asado pero además, estás con ganas de aires de campo. ¡Listo, no lo pienses más! Es el momento de visitar Carlos Keen.

Estacion Carlos Keen

La estación de tren, hoy sede de la feria de artesanos.

Llegar es fácil y rápido. Tan solo basta con agarrar el auto y recorrer el Acceso Oeste (Ruta Nacional #7) hasta el kilómetro 72. A la altura de Luján está la bajada y tomando la ruta hacia la derecha ya no te podés perder porque ese camino, luego de curvas y lomos de burro pero sin bifurcación alguna, desemboca directamente en la estación de tren del pueblo.

Calles de Keen

Construcciones muy antiguas alrededor de la estación.

El surgimiento de la localidad se dio como fue común en los pueblos de Buenos Aires, de la mano del desarrollo del ferrocarril, cuando en 1875 se proyectó la prolongación del ramal y se construyó el tramo Luján – Pergamino, lo que determinó la instalación de un tanque de agua para aprovisionar a las locomotoras y, al ir creciendo el poblado, la necesidad de una estación.

Vias de Keen

Las vías abandonadas que llevas hasta Keen.

Lo que sí resulta curioso es el nombre que se le dio a la estación en 1881, y con esto, al pueblo en sí. Carlos Keen fue un abogado nacido en Flores en 1840 que se alistó en el ejército, luchó en la guerra contra Paraguay y murió durante le epidemia de fiebre amarilla en 1871. No sabría decir si fue por sus méritos en el campo de batalla o por su amistad con el gobernador de la Provincia de Buenos Aires Dardo Rocha, pero lo cierto es que la administración del ferrocarril decide bautizar la estación del Km. 16 con su nombre, siendo que nunca había estado en ella ni tuvo relación alguna con su construcción.

Estacionamiento

Después del almuerzo la estación se llena de gente.

Hasta la década del ’30 el pueblo vivió su apogeo de la mano del ferrocarril que traía tránsito y actividad económica, incluyendo un molino harinero y producción cerealera y lechera que se transportaba por vía férrea.

Arte en Carlos Keen

Obras de arte en la estación de Keen.

Esto se revirtió principalmente cuando el trazado de la nueva ruta nacional 7 (hoy Autopista del Oeste) a 10 Km del pueblo hizo desaparecer el tránsito hacia San Antonio de Areco, y con ello desaparecieron también los alojamientos, los surtidores de nafta y demás comercios que vivían principalmente de ese flujo de gente. Tampoco ayudó la baja de las frecuencias en los trenes de pasajeros que se empezó a dar en 1935. De a poco, la actividad del pueblo decrecía y mucha gente comenzó a buscar oportunidades en otros lugares.

Fabrica de Fideos

La fábrica de fideos San Carlos 308 todavía funciona.

Las cosas mejoran un poco en la década siguiente con la instalación en el pueblo de la fábrica de dulces Gusi y más adelante, en 1958, de la fábrica de fideos San Carlos 308, que aún en la actualidad funciona. Sin embargo el gran éxito que determina el resurgimiento de Carlos Keen se da en las últimas décadas cuando se convierte en uno de los primeros pueblos en desarrollar el turismo gastronómico en las cercanías de la capital federal.

Iglesia

La Iglesia San Carlos Borromeo contra el cielo.

Hoy los establecimientos gastronómicos son numerosos y los hay de diferentes estilos, desde los clásicos restaurants y parrillas alrededor de la estación hasta estancias que te ofrecen, ademas de un buen asado que en general es en modalidad de tenedor libre, la experiencia de pasar un “día de campo” almorzando al aire libre rodeado de mucho verde, algo que para quienes viven en un departamento en pleno centro seguramente sea más que valorable.

Iglesia completa

Por su parte, la estación sigue siendo el centro neurálgico del pueblo, por no decir que es el pueblo mismo. Ya en desuso desde los años ’70, ahora aloja a los artesanos que ofrecen productos variados a los visitantes.

Feria de artesanos

Hoy la estación aloja una feria de artesanos.

En el interior del edificio, bien preparado para pasar el invierno con una vieja estufa a leña que pareciera seguir funcionando como el primer día, se puede apreciar una muestra de cuadros con temática campestre. Alrededor de la estación, a falta de una plaza principal (otra de las particularidades de Carlos Keen) se levanta el pueblo, incluyendo por supuesto a la infaltable iglesia en honor al patrono San Carlos Borromeo.

Estufa

La estufa dentro de la estación.

Lo que sí no resulta tan fácil es volver desde Carlos Keen, ya que el Acceso Oeste no tiene subida hacia capital en ese punto, por lo que tendrás que pasar por debajo de la autopista y tomar la primer bifurcación hacia la izquierda, en dirección a Luján. A la entrada de la cuidad recién está el acceso a la autopista, pero en este momento la rotonda está en construcción, y como suele suceder en nuestro país, la señalización es pésima. ¡Así no hay GPS que aguante! En el video siguiente (con modificación obligatoria del audio por motivos de copyright) se ve la salida correcta de la rotonda hacia la autopista.

En breve volveremos a tomar la ruta 7 hacia Carlos Keen para hacernos de más datos sobre su actividad gastronómica y pasarte algunos consejos.