Archivo por meses: mayo 2020

De Chilecito a La Mejicana: El cablecarril más largo del mundo.

La ciudad de Chilecito es la segunda más grande de la provincia de La Rioja, y casi que podemos decir que «esconde» (a causa de la poca promoción de la que goza) una de las obras más monumentales del mundo.

Instalaciones de la Estación N°2 del cablecarril

Hacia principios del siglo pasado esta zona del país vivía una frenética actividad minera con su epicentro en el Famatina, donde la explotación se desarrollaba a gran escala para la obtención de oro, plata y cobre, entre otros minerales. Allí se encontraba la mina conocida como La Mejicana, ya que era una vieja y muy rica explotación que luego de un período de abandono fue redescubierta por un mexicano. Ubicada a 4600 m.s.n.m. La Mejicana producía tal cantidad de material que el transporte a lomo de mula para descender del cerro ya no era posible. Así, con el impulso del legislador riojano Joaquín V. Gonzalez, el estado argentino se embarcó en la construcción del cablecarril.

Las vagonetas pesaban 200 kg y cada una podía transportar 500 kg de material.

La tarea se lanzó a licitación, que finalmente le fue adjudicada a la empresa alemana Adolf Bleichert & Co., basada en Leipzig, una de las más prestigiosas del mundo en lo que a «vías aéreas» se refiere. De esta forma el entonces presidente Julio A. Roca le encargó a los alemanes la construcción del que, en aquél momento, sería el cablecarril más largo y alto del mundo. Una verdadera maravilla de la ingeniería que se levantaría a lo largo de la ladera de la montaña, en un clima y terreno inhóspitos, en apenas 18 meses.

La Estación N°9 se encuentra a 4350 m.s.n.m. y posee un sistema de tolvas para cargar de piedras las vagonetas.

La obra recorre 35 kilómetros y consta de 262 torres en total, muchas de ellas de diferentes alturas, dependiendo del punto exacto del trayecto en que deberían ser instaladas. Las torres eran unidas por el cable en sí, que en realidad no era uno sino dos: El más grueso era fijo y funcionaba como la guía de las vagonetas que corrían por él. El segundo, más angosto, era el cable de tracción y por tanto tiraba de ellas para lograr que se desplazaran por la guía.

Toda la estructura se fabricó en Leipzig y se transportó desarmada en barco y tren. El ensamble se hizo en Chilecito.

Durante el trayecto se emplazaron un total de 9 estaciones, estando la primera en Chilecito y la última muy cerca del socavón de La Mejicana. Seis de ellas estaban equipadas con motores que funcionaban quemando leña de quebracho en sus calderas, y hacían funcionar el sistema del cablecarril. De esa forma las vagonetas, con una capacidad máxima de 500 toneladas cada una, lograban moverse de estación en estación. En la N°9 las cargaban con la roca que sacaban de la montaña, mientras que la N°1 se ubicaba junto a la estación del ferrocarril, medio con el que el material era transportado hasta el puerto de Rosario, donde la empresa inglesa que explotaba la mina lo hacía embarcar con destino a Inglaterra.

El cablecarril era accionado por motores a vapor instalados en las estaciones 2, 3, 4, 6, 7 y 8.

La estación 2 tenía la particularidad de poseer un desvío del cablecarril, que se dirigía a los cercanos hornos de fundición de Santa Florentina, donde los obreros procesaban el material que les llegaba desde la cima de la montaña y lo convertían en lingotes y medallones de metal. Luego ese material volvía a la estación 2, desde donde se lo conectaba para terminar el descenso hasta la estación del tren. Claro que, en ocasiones, cuando los hornos (que supieron ser los más importantes del país) no daban a basto, el material se embarcaba en bruto hacia Europa.

Hoy en ruinas, Santa Florentina fue el centro de fundición de metales más importantes del país y tenía mil operarios.

El sistema fue utilizado por los ingleses desde su inauguración el 1 de enero de 1905 hasta 1914, momento en que a causa del comienzo de la Primer Guerra Mundial los europeos abandonaron la explotación. A pesar de que se sabe que el cablecarril terminó subutilizado, ya que la mina nunca llegó a producir la cantidad máxima que las vagonetas podían transportar, los registros muestran que en el año 1908 se llevaron 19376 toneladas de mineral a la fundición Santa Florentina.

Unos 1600 obreros trabajaron en su construcción. Entre las estaciones 4 y 5 se construyó un túnel de 159 metros.

Luego de la retirada de los ingleses otras empresas argentinas siguieron explotando el cablecarril, hasta el año 1926 en que fue final y definitivamente abandonado, debido a que su funcionamiento ya no era rentable.

La velocidad del cablecarril era de 2.5 metros por segundo y el trayecto completo se hacía en 4 hs.

Siendo una obra única en el mundo, en el 1982 fue declarado Monumento Histórico Nacional, y existe actualmente un proyecto para que la UNESCO lo declare asimismo Patrimonio de  la Humanidad. Sin embargo, luego de un intento de revivirlo con fines turísticos que terminó con un trágico accidente, el cablecarril es hoy en día un imponente e inmóbil testimonio del pasado que dispara la mente de quien visite Chilecito a 100 años atrás, cuando estas tierras vivían la fiebre del oro.

Aerolíneas Argentinas se fusiona con Austral y… abre una Unidad de Cargas.

En el día de ayer se conoció oficialmente la noticia sobre la fusión de Aerolíneas Argentinas con Austral, dos líneas aéreas que si bien pertenecían al mismo grupo de empresas estatales (y a las que solía nombrarse genéricamente como «Aerolíneas») en realidad eran dos empresas separadas.

La decisión llega derivada de la crisis en que el Coronavirus ha inmerso a la industria aeronáutica mundial, y a la cual nuestro país y su línea de bandera por supuesto no son ajenos. En este contexto es que finalmente se toman medidas con objetivos que a todas luces son sanos: buscar la eficiencia y con ello el ahorro de costos y la maximización de los ingresos. A estos puntos me permito agregarle algo presente en toda fusión: la búsqueda y aprovechamiento de sinergias.

En eso hizo justamente hincapié el presidente del grupo, Pablo Ceriani, cuando en una carta al personal recalcó que el año pasado se registraron pérdidas por USD 680 millones, y que este año, sin ingresos durante varios meses al no poder operar vuelos regulares, el déficit será aún mayor, y el esfuerzo del Estado Nacional para sostener la situación está «al borde de ser imposible». En palabras de Ceriani, eso hace imperioso que la compañía opere con su máxima eficiencia, y por tanto la duplicación de estructuras y procesos no tiene razón de ser.

En honor a la verdad, que la duplicación de estructuras y procesos no tenga sentido no es algo relativo a la situación generada por la pandemia, y en general cuando un grupo empresario mantiene compañias separadas se debe a que cada una se dedica o especializa en cuestiones diferentes. De lo contrario la tendencia natural es la fusión para eliminar esas ineficiencias que ahora el Grupo Aerolíneas pretende atacar, cuestión en la que si no avanzó hasta ahora tiene más que ver con decisiones políticas que con razones económicas o empresarias.

Seguramente la empresa como tal saldrá beneficiada (y con ello también el Estado Nacional que la financia y los contribuyentes argentinos que aportamos a ese financiamiento con nuestros impuestos). Pero sin dudas será un proceso difícil, y como en cualquier fusión habrá ganadores y perdedores. Si bien Ceriani habla de que en el proceso se preserven los derechos de los trabajadores, hay una realidad que no se le escapa a nadie: La eliminación de la duplicación de estructuras implica o poner esos trabajadores «duplicados» en otra función, o bien eliminar el puesto de trabajo.

En ese sentido la dirección de la línea de bandera se propone avanzar en dos proyectos que aportarán a generar mayores ingresos y que, seguramente, deberían además crear nuevos puestos, aunque al ser tan específicos habrá que ver cuántos de los que pertenecen a estructuras duplicadas estarán capacitados para tomar otros roles. Esas dos medidas son crear una unidad de negocios de mantenimiento, algo muy interesante y que le permitiría a Aerolíneas brindar servicios a otras compañías aéreas que operen en el país, y crear una unidad de negocios de carga que aproveche las experiencias adquiridas en las operaciones especiales a Shanghai, cuya viabilidad económica ya analizamos en este post al que accedés desde este link.

Y acá paro la pelota para destacar lo extraño de este último anuncio, porque Aerolíneas Argentinas ya tiene (siempre tuvo, al menos desde que tengo memoria) una división de cargas. Es verdad que la empresa no tiene flota carguera, pero como ya expliqué en un post anterior, los aviones de pasajeros transportan también carga, y son los empleados de la división cargo de Aerolíneas, con los que trabajo desde hace más de una década, los que se encargan de vender y organizar el espacio en las bodegas de sus aviones. Ni hablar del trabajo que tienen cada año durante la temporada de arándanos, cuando sus vuelos, además de ir llenos de pasajeros que van a vacacionar a Miami, salen atestados de fruta.

Habrá que esperar un poco para tener mayores precisiones al respecto de a qué se refieren los directivos cuando hablan de crear una unidad de negocios de carga. Evidentemente tienen pensado reestructurar la ya existente, seguramente potenciarla. Incluso quizá estén pensando en dotar a la línea de bandera con aviones cargueros, lo cual ya es palabra mayor y habrá que analizar en detalle la conveniencia o no, siendo que el mercado argentino hasta el momento tenía una alta sobreoferta de bodega aérea, lo cual durante los últimos años provocó que las tarifas de salida desde Argentina cayeran cada vez más y que a los operadores que traían cargueros a Ezeiza se les hiciera muy difícil llenarlos.

Claro que todo esto tenía lugar antes del Coronavirus. Ahora es incluso incierto qué líneas aéreas sobrevivirán la crisis, y de ellas, cuáles operarán en Argentina y con qué frecuencia. Una cosa es segura: al menos en el mediano plazo la oferta de bodega aérea disminuirá con respecto a lo que estábamos acostumbrados, el factor de ocupación en las bodegas será más elevado y con ello, las tarifas se irán al alza. Las líneas, tanto Aerolíneas como cualquier otra, deberán monitorear de cerca la situación, hacer sus mejores estimaciones y, llegado el momento, tomar las decisiones adecuadas. Porque si de algo no hay dudas, es que una vez pasado el COVID-19 todos deberemos adaptarnos a un mundo nuevo.