Archivo por meses: julio 2017

Una tarde en Carmen de Areco para conocer su misteriosa Torre del Silencio.

Cabecera del municipio que lleva su mismo nombre, y ubicada a unos 140 km de la capital federal por la Ruta Nacional 7, Carmen de Areco se presenta como un excelente destino para aprovechar un sábado o domingo de sol y escaparse del cemento de la gran ciudad. Eso mismo hicimos nosotros y luego de una parada intermedia en el particular pueblo de Heavy llegamos a esta hermosa localidad del oeste bonaerense.

Debe sus orígenes a la orden de construir un fuerte para contener a los «indios» que en esas épocas habitaban estas pampas, impartida por el Virrey Vértiz en 1771, lo que daría lugar varias décadas después a la creación del partido de Carmen de Areco que termina dándole el nombre a la localidad.

Se trata de una ciudad medianamente grande pero tranquila, con mucho aire a campo. Se le nota al recorrer las calles casi desiertas al mediodía, y en los rostros relajados y sin apuro de la gente que va saliendo a medida que avanza la tarde dominguera.

La primer parada fue la plaza central, frente a la cual se ubica la iglesia que fuera apadrinada por el mismísimo Bartolomé Mitre, y bajo cuyo altar se encuentran sepultados los restos de algunos ciudadanos ilustres de los que pueden leerse los nombres en las placas conmemorativas al costado de las puertas. Una vez que los novios la desalojaron (sí señores, la gente aún se casa) pudimos ingresar para apreciar tranquilamente su interior.

Carmen de Areco es un lugar ideal para ir a pasar el día, llevarte una vianda para comer en alguno de sus espacios verdes y por supuesto cargar el termo y las facturas para matear a la tarde. Pero también hay otras actividades para hacer, y en particular la que nos había llamado la atención era conocer la Torre del Silencio, para lo cual tuvimos que visitar un lugar poco usual: el cementerio.

También fue poco usual la hora de la visita, ya que se estaban acercando ya las 18, hora en que normalmente cierran los cementerios, y el de Carmen de Areco no es excepción. Por suerte esto ayudó ya que había poca gente, aunque claro que tuvimos que asumir el riesgo de que no se dieran cuenta que estábamos allí y nos dejaran encerrados hasta el día siguiente…

Todo valía con tal de conocer la misteriosa Torris Silenti, la que se divisa fácilmente incluso desde afuera del muro perimetral del cementerio ya que es la única construcción que sobre sale tanto. Flanqueada su entrada por dos balas de artillería alemana, la torre no es ni más ni menos que el edificio funerario de la familia Percivaldi. Sin ser demasiado grande, resulta imponente al estar emplazado en el cementerio, y resalta sobre todo lo demás. En su interior hay un palomar que no vale la pena mostrar en fotos por el nivel de mugre que presenta. Esto se entiende perfectamente porque sobre esta torre recae un misterio inexplicable: entrar resulta imposible ya que la puerta permanece cerrada con llave, y la llave se encuentra en su interior…

Habiendo despuntado el vicio del misterio irresoluto, y habiéndose hecho ya tarde para visitar el Monasterio de San Pablo que está algo más alejado, decidimos volver hacia el centro de la ciudad para registrar un clásico fotográfico infaltable: la estación de ferrocarril, hoy convertida en terminal de ómnibus.

En su momento contaba con un enorme tanque de agua para cargar las locomotoras a vapor que empujaban las formaciones que pasaban por el pueblo. Hoy aún queda la infraestructura, aunque supongo que ya no se le da ningún uso. Eso sí, para la foto queda de maravilla.

Frente a la estación se encuentra El Molino. Desconozco qué sería ni si sigue funcionando, pero el contraste de las luces del atardecer lo hacía merecedor de una foto.

Antes de emprender el regreso cruzamos la ciudad en dirección al río Areco para conocer el camping. Se trata de un muy lindo lugar, ideal para pasar el día y prender el fuego para un asadito, pero aunque en su nombre incluye la palabra «balneario», de tal no le queda nada ya que al menos en ese tramo el río está muy sucio y bajar a bañarse está expresamente prohibido. Una lástima, realmente. En contraposición, y con muy atinado juicio, la administración del camping resolvió esta falencia con una enorme pileta de natación, que al menos fuera de temporada se la ve como de lujo.

Como ya dije, Carmen de Areco es una opción que nos dejó totalmente satisfechos. Recomendable para quien quiera sacar a pasear a los chicos. Quedaron pendientes varias visitas, como las del monasterio ya mencionado y el Museo Histórico Familiar, así que es más que seguro que esta localidad ameritará una segunda visita para cumplir con ellas.

Por lo pronto, así se ven los atardeceres desde la estación del ferrocarril. Si andás de paseo por la RN 7, tomá el acceso a Carmen de Areco y comprobalo vos mismo.

Conocemos el hermoso pueblo de Brujas con un Walking Tour.

Es increíble cómo una película puede enamorarte de ciertos lugares sin que hayas siquiera pasado cerca nunca en tu vida. Pasa por ejemplo en Medianoche en París con todo el manto histórico-cultural que te muestra, y en particular a mi me pasó con Escondidos en Brujas, que más allá de la buena historia que cuenta, me fascinó con sus escenarios de otra época. Desde ese momento quise conocer este pequeña ciudad belga, y finalmente el año pasado pude cumplir ese anhelo.

Viajé desde Bruselas en tren con una pareja de argentinos que conocí durante el viaje y recorrimos Brujas por un día, o mejor dicho, por unas horas. En estos casos, como ya conté en otro post, una de las mejores alternativas es la de los Walking Tour gratuitos, así que sin data previa nos dirigimos directamente hacia la plaza principal y miramos alrededor: allí estaba el paraguas azul, que incluso marcaba el tour en español, en este caso en las manos de Laura.

Luego de aprovisionarnos con agua y algo para ir picando por el camino nos sumamos al grupo que se iba juntando momentos antes de que el tour diera comienzo, allí mismo en la Grote Markt como se conoce a la plaza principal. Así Laura nos contó que en la antigüedad Brujas fue un importantísimo centro de comercio de telas, y que el edificio que teníamos frente a nosotros, el campanario, en aquellos remotos tiempos había servido como almacén para las mercaderías.

En realidad no hablamos de un edificio, sino de tres. El que funcionó como almacén fue el primero y más viejo, luego se levantaría la torre cuando Brujas alcanzó la categoría de «villa», y finalmente se agregó la última parte, que en lugar de ser cuadrada es octogonal. Pagando la entrada uno puede subir a la cúpula para tener una de las mejores vistas del pueblo, aunque claro, no hay ascensor, así que habrá que aguantarse la enorme cantidad de escalones en espiral.

Como el tour sería interminable si nos dejaran subir en ese momento, seguimos camino y para eso dimos media vuelta, con lo cual divisamos en el centro de la plaza las estatuas de Jan Breydel y Pieter De Koninck, dos héroes locales que se destacaron en la defensa de la ciudad a las órdenes del duque de Flandes contra las tropas francesas que los habían invadido, allá por el 1300.

Algo más allá, cruzando la plaza, está el histórico Café Craenenburg, donde el pueblo mantuvo cautivo a Maximiliano de Austria cuando estaba aún en ejercicio del título de Conde de Flandes que pertenecía a su hijo Felipe el Hermoso, pero que por aquellos años era apenas un niño y no podía ejercer. Pero para enteder por qué Maximiliano terminó preso por su propio pueblo debemos remontarnos aún más en el tiempo, al punto en que Brujas era uno de los centros de comercio mundiales más importantes, y a cuyo puerto llegaban embarcaciones de todas las nacionalidades.

 

El negocio de las telas era muy redituable y el Conde quiso tener un mayor control sobre el mismo, lo que provocó la rebelión del pueblo que contestó apresándolo y cortándole la cabeza a su hombre de confianza y gobernador de Brujas: Pieter Lanchals. El apellido de este último buen hombre puede traducirse como «cuello largo» y por ello, en venganza por lo sucedido, Maximiliano terminó ordenando que el puerto de Brujas desapareciera y fuera reemplazado por cisnes, a los cuales la ciudad quedaba obligada a alimentar y cuidar. Sin puerto, no hubo más barcos, y por lo tanto, terminó el comercio y el esplendor de este lugar.

Hoy en día Brujas es muy turística y no sólo pueden verse aún los cisnes que según la leyenda instaló el Conde, sino que además hay mucha actividad cultural, por lo que no es nada raro ver escenarios montados constantemente en la plaza principal.

Por supuesto, también se puede encontrar chocolate belga, y del mejor. Los locales que venden el chocolate original están marcados con el sello distintivo correspondiente, por lo que te recomiendo buscarlo en caso de que andes por aquellas latitudes en busca de un buen chocolate.

Laura se encargó de guiarnos por pasadizos realmente estrechos, de esos en los que no te meterías en ningún lugar desconocido de Argentina u cualquier otro país del mundo.

Y finalmente gracias a ella salimos indemnes, con las manos llenas del chocolate más rico que haya yo probado, y con algunos euros menos en el bolsilli, claro…

Otro dato de importancia que nos dio Laura durante el tour fue el inicio de la bolsa de valores. Alejándonos de la Grote Markt se llega en un momento a la casa Ter Beurze, una taberna donde en el siglo XIII los mercaderes se juntaban y comerciaban sus títulos de propiedad. Ese fue el comienzo de lo que hoy en día se conoce como «La Bolsa», y por supuesto, si alguna vez te preguntaste por qué carajo se llama así, ahora ya te habrás dado cuenta de dónde viene el nombre.

Nada que ver con el Museo de la Papa Frita, que es lo que funciona hoy en ese mismo edificio histórico. No podía ser diferente ya que la papa frita es un invento belga.

Si seguimos caminando llegaremos en algún momento a la plaza del Ayuntamiento, donde está ubicada también la Iglesia de la Sangre de Jesús, que si viste la película que te mencionaba al principio del post sabrás de qué se trata, pero que aún así amerita un post exclusivo que ya publicaré próximamente.

Por el mercado actual pasamos rápidamente mientras hacíamos el tour, pero no se lo ve tan esplendoroso como suponemos habrá sido la Grote Markt de antaño. Eso sí, menos mal que no estaban vendiendo pescado en ese momento, porque según Laura cuando es así uno lo nota simplemente al respirar.

Al teatro de la ciudad, por su parte, se lo reconoce fácilmente porque frente a él está emplazada la estatua del Papageno, o Pajarero, mítico personaje de la obra «La Flauta Mágica» de Mozart.

Donde estaba el puerto antes de que el Conde de Flandes se lo llevara a otra localidad, hoy queda un pintoresco paisaje de canales y puentes que lo cruzan. Ideal para disfrutar de un buen «cuelgue» contemplando la escena sin más preocupaciones.

Así va terminando el walking tour por esta hermosa ciudad belga. Recomendable visitarla, y también recorrerla bajo esta modalidad. Pero antes de irnos, por supuesto no podía faltar la postal de Brujas, la foto del punto más fotografiado de la ciudad.

Ahora sí, terminamos el recorrido. Hay mucho más material sobre Brujas y Bélgica en general, así que si te gustó este paseo, te invito a pasar por los próximos posts para seguir conociendo estos lugares increíbles.