Archivo por meses: enero 2015

Hasta los colectivos encuentran la tranquilidad en Villa Ruiz.

Hace más de cien años atrás, don Lorenzo Ruiz donó las tierras necesarias para el establecimiento de una estación del Tranway Rural, tren que en aquella época corría tirado por caballos, que quedaría inaugurada a unos 80 kilómetros de Buenos Aires en mayo de 1889, siendo esto también el puntapié inicial para el desarrollo del pueblo que llevaría su nombre.

Estacion

El andén de la estación de Villa Ruiz en pleno atardecer.

Hoy en día Villa Ruiz es un tranquilísimo poblado rural al que ya no llega el tren, como a tantos otros lugares de nuestro país. Sin embargo, la estación sigue allí, en pie, y lista para recibir a los turistas y vecinos que se acerquen a tomar unos mates o a aprovechar su arquitectura para una rápida sesión de fotos.

Plaza

La plaza es amplia y simple. Detrás se divisa la iglesia.

Se trata de un pueblo pequeño a escasos kilómetros de Carlos Keen, al que se puede acceder recorriendo la ruta que parte desde este pueblo gastronómico y que en algún momento del pasado fuera el Camino Real al Alto Perú. En un punto la ruta se termina y sólo queda la vía, y más allá de ella, un camino de tierra. Esa es la señal para saber que llegaste a Ruiz.

Fin del mundo

Cuando la ruta desde Carlos Keen se termina, es porque llegaste a Villa Ruiz.

Es ideal para ir a «colgar» una tarde luego del almuerzo y bajar un par de cambios al margen del resto del mundo. Y está a apenas una hora de Buenos Aires, y escasos minutos desde Keen. Frente a la estación se encuentra el Club Social y Deportivo, que cuando pasamos estaba en plena actividad de artes marciales, pero aún así, te podés encontrar con las chicas del pueblo aprovechando la tarde para hacer un poco de ejercicio al aire libre, caminando al rededor del predio de la estación, entre paso a nivel y paso a nivel.

Interseccion

La arquitectura del pueblo es de otra época.

La arquitectura con ladrillo a la vista te remonta a otras épocas, y la tranquilidad que se respira por las calles de este pueblo tan cercano parecen incluso transportarte a otro mundo, uno en el que tenés el extraño derecho a tomarte una pausa, reflexionar, o bien, simplemente disfrutar el momento. Uno de esos lugares donde el futuro pareciera no importar, donde se respira sólo presente, aunque con un poco de olor a pasado.

Calles de Ruiz

Las calles de tierra del pueblo transmiten tranquilidad.

Esa misma sensación te la da ver los caballos caminando serenamente por las vías por las que en algún momento pasó el ferrocarril; y la maquinaria agrícola descansando a la vera, aprovechando ella también el sol de un fin de semana primaveral.

Caballos en la vía

Como en el 1800, las vías son transitadas por los caballos.

Casas detras de las maquinas

Máquinas campestres delante de las construcciones del siglo pasado.

Adentrándote en las calles del pueblo se llega a la plaza principal, frente a la que se alza la iglesia, que es bastante moderna según se puede apreciar, y con justa razón, ya que fue construida en la década del 60. Caminando un poco más allá, el alambrado demarca el comienzo de los campos sembrados y la frontera del caserío.

Iglesia

La capilla data de 1963 y contrasta con las construcciones de principios de siglo.

Ahora bien, si la tranquilidad y la arquitectura del siglo XIX no te son suficientes, si querés una rareza, algo diferente que te emocione como a un chico, te comento que en Villa Ruiz también vas a encontrar algo de eso. Tendrás que estar muy atento para descubrirlo porque es en la punta por donde entraste al pueblo, hacia el otro lado de la ruta, donde a la vera de la vía se amontonan los fierros viejos.

Cementerio Buses 2

Al otro lado de Villa Ruiz se encuentra el cementerio de colectivos.

La línea 57 tiene varios ramales, uno de ellos une Palermo con Luján por Acceso Oeste, y es justamente en Villa Ruiz donde tiene su cementerio de colectivos. Decenas de viejos bondis (como les llamamos a los buses en Buenos Aires) se apiñan uno al lado del otro y te atraen como si tuvieran un imán.

Cementerio Buses

Los ex línea 57 retozan al sol sin ninguna otra cosa que hacer.

Asientos con tapizados rotos, motores con telarañas y años de no encenderse, y chapas desgastadas con viejas publicidades, (algunas vigentes aún hoy, otras ya caducas) se mezclan con los pastos que crecen sin control alguno, y bajo la escudriñadora mirada del caballo que pasta al lado y hace las veces de celoso y malhumorado guardia cuando alguien ajeno empieza a meterse cámara en mano entre los colectivos.

Rotary Bus

El distrito 4855 de Rotary Club buscaba nuevos socios a través de la línea 57.

Ahora sí, cubierta la cuota de turismo aventura en las llanuras pampeanas de Villa Ruiz, podemos encarar la ruta de vuelta antes de que caiga la noche, remontándola desde el kilómetro 17 hacia un nuevo destino del que surgirá un nuevo post.

Km17

Los veo en el próximo pueblo que se cruce en nuestro camino.

Almuerzo en La Nueva Manukita, en Carlos Keen.

En septiembre pasado tuvimos festejos de cumpleaños familiares y para hacer algo distinto organizamos un almuerzo en Carlos Keen, localidad especializada en el tema como podés leer en este post. El dilema, lógicamente, era decidir a dónde ir en particular, cuestión nada fácil sobre la que armé este otro post con algunos consejos.

Portada Carlos Keen

Después de algunas averiguaciones nos jugamos por La Nueva Manuquita, una casa de campo reconvertida en restaurant. La reserva ya estaba hecha con anticipación pero el día del evento amaneció lloviendo y con el agua entró la duda. Sin embargo, luego de un par de idas y vueltas, y comunicación telefónica mediante para chequear el estado de los accesos al lugar y reconfirmar la reserva, decidimos salir a la ruta igual. Y a la luz de los resultados debo decir que fue una jugada ganadora, no sólo porque después salíó el sol y pudimos disfrutar del día al aire libre, sino porque además se comió muy bien.

La Manuquita Salon

En ese momento el precio era de $170 por persona si mal no recuerdo, y lo más importante es que todo lo que nos informaron por teléfono se cumplió en los hechos. Hoy, según la web del local, el precio ascendió a $200 por persona, con excepción de los chicos que desde los 5 hasta los 11 años pagan $90.

Arbol

El menú es muy rico y completo. Arranca con una entrada de fiambres variados y una empanada casera por persona. Es una buena entrada pero que te deja seguir comiendo luego cuando llega el plato principal. Este consta de dos opciones, ambas libres, es decir que repetís todas las veces que quieras (o que puedas). Las alternativas son pastas caseras, o una parrillada bien surtida que incluye algo de achuras, vacío, asado e incluso cerdo. Además, incluido en el precio tenés el postre. Yo opté por el clásico postre de vigilante (queso y dulce, en mi caso de batata) que estuvo compuesto por dos gruesas fetas de cada uno, algo difícil de terminar después de todo lo que se había comido. Para tomar el menú incluye una gaseosa de 1,25 litros cada dos personas, y si querés optar por alguno de los vinos de la carta (que tiene precios razonables), eso se paga aparte.

Pájaro

Para comer está el salón interior donde antes estaba seguramente el comedor de la antigua casa, o sino cuenta también con una galería cerrada. Claro que cuando el día está lindo y febo brilla en el cielo, lo ideal es sacar las mesas afuera y comer al aire libre a la sombra de alguno de los árboles.

Maquinaria Agrícola

El lugar tiene mucho verde y más allá de los ruidos de los comensales, si te alejás un poco el silencio se disfruta. Ideal para bajar un cambio, caminar tranquilo por el césped y oxigenar las ideas, siempre teniendo cuidado de esquivar las flores rojas que tanto atraen a las abejas. Habría que ver si en plena temporada, con el lugar lleno de gente, este efecto de «cuelgue» también se da.

Abeja

En realidad lo dudo, porque como tiene pileta y en verano la habilitan para los visitantes, me imagino que los gritos de los chicos disfrutando el agua deben cambiar el ambiente tan tranquilo del lugar. Pero bueno, si hace calor, no vamos a quejarnos por tener una pileta a disposición, ¿no? Y sino, los nenes también pueden darse una vueltita a caballo.

Paseos en caballo

El otro agregado del lugar es el mate con las tortas fritas que prepara la dueña, ideal para ir tempranito y desayunar allá respirando olor a campo. Nosotros como salimos tan tarde no llegamos para esa experiencia, pero la señora se copó y nos preparó unas tortas fritas espectaculares para la merienda.

Verde en La Manuquita

La atención fue muy buena durante todo el día, que incluso se alargó con los mates y nadie hizo ningún problema. El inconveniente estuvo después, en la ruta de vuelta, que un domingo a la tardecita ya empieza a estar bastante cargada, por lo que mantener el relax conseguido en el campo se vuelve todo un desafío. Paciencia, y a jugar con el embrague, que la gran ciudad es así.