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Una rápida visita al Wings Over Miami Air Museum.

Estando de visita en Miami hace unos años atrás me acerqué hasta el Miami Executive Airport con un fin bien claro: visitar el único museo aeronautico que había encontrado en la ciudad. Sin embargo problemas climáticos me obligaron a cambiar el día programado para la excursión, y entonces al llegar descubrí que el objeto de mi viaje estaba cerrado. Como no hay mal que por post no venga, tal como pregona un famosísimo bloguero de viajes, de ese fallido surgieron los artículos sobre el monumento a la Bahía de Cochinos y sobre el otro museo que me fui a visitar, el Gold Cost Railroad Museum. Pero claro, me había quedado con las ganas y no estaba dispuesto a darme por vencido.

En noviembre pasado volví a pasar por Miami y, por supuesto, reincidí en el intento de conocer el museo, que esta vez fue exitoso.

Luego de pagar la entrada me indicaron la puerta que debía traspasar para comenzar la visita, y allí me metí en un ambiente más bien oscuro donde el museo homenajea a los militares y, en particular, a las mujeres que durante la Segunda Guerra Mundial conformaron las WASPs (Women Airforce Service Pilots), que no eran ni más ni menos que organizaciones civiles de mujeres piloto que durante la contienda se dedicaban a realizar vuelos de prueba, vuelos ferry de traslado de aeronaves vacías, o incluso a entrenar otro pilotos, con la misión de liberar a los varones de esas tareas para que pudieran ir a combatir al frente. Una  historia interesante para todo entusiasta de la aviación y del rol de las mujeres en nuestra sociedad, y que hasta ese momento para mi era totalmente desconocida.

 

Luego de ver algunas puestas en escena de guerra y motores y partes de avión diseminadas por aquí y allá, se llega al hangar propiamente dicho, que en sí es el plato fuerte del museo. Allí se concentra una buena cantidad de aviones, tanto militares como civiles, bajo el techo de chapa que resulta demasiado pequeño para la población que alberga. El resultado es un tanto decepcionante, en el sentido de que los aparatos están bastante amontonados, por lo que sacar una foto limpia de alguno es realmente difícil, y el rudimentario sendero armado con cuerdas no se interna entre los aviones sino que los rodea, con lo cual a algunos de ellos no se los puede apreciar de tan cerca como uno quisiera.

La estrella del museo es una muestra de los que les digo. Se trata del hermoso y enorme F-14D Tomcat que con orgullo el Wings over Miami mantiene bajo su techo. Por lejos el avión más moderno y grande que tendremos oportunidad de observar aca (y a este sí que lo tenemos bien cerquita), pero entre su tamaño y la falta de espacio en el hangar sacarle una foto exclusiva es un absoluto imposible. Es por eso que en la que elegí sale con la otra joyita del museo: una réplica del Demoiselle construido en París por Alberto Santos-Dumont.

El Demoiselle es considerado el primer avión del mundo en ser fabricado en serie y ya en 1909 se ofrecía con 3 motorizaciones diferentes (en algunos casos eso es más que las opciones que tenés hoy en día para comprar un modelo de auto). Mientras que el que se exhibe aquí es una réplica, el F-14 dista mucho de serlo. El Tomcat Bureau Number 164342 fue entregado a la Armada norteamericana en 1991, estuvo embarcado en el USS Theodore Roosvelt y combatió en la Guerra de Irak. Hoy descansa en Miami.

Un detalle interesante es que casi la totalidad de la coleccion del Wings Over Miami Museum está en condiciones de volar; y de hecho a algunos de sus ejemplares se los hace despegar de forma regular los fines de semana. Sin ir más lejos, el día que recorría el hangar cámara en mano un fuerte ruido de motor me sorprendió desde la plataforma, y al acercarme a la puerta pude ver a otro de los habitantes del museo que, luego de dar una vuelta, había regresado para aterrizar sano y salvo.

Además de crear el ámbito necesario para que los visitantes puedan apreciar los aviones, el hangar del museo funciona activamente como centro de mantenimiento, lo que puede notarse al recorrerlo ya que hay por todos lados herramientas y elementos que así lo sugieren. No será extraño entonces ver a alguien ir y venir, trabajando en los diferentes aparatos.

Apto para los fanáticos de la aeronautica, el Wings Over Miami Museum está algo alejado de la ciudad, y más aún si te estás alojando en Miami Beach, pero en auto se llega con no más de 20 minutos desde el centro. Se lo puede visitar de miércoles a domingos, entre las 10 y las 17 horas. Lunes y martes permanece cerrado.

El Museo Regional de Querétaro.

Con sus características paredes color naranja ladrillo combinadas con columnas amarillas, el Museo Regional de Querétaro se ubica en el edificio que alguna vez fuera el antiguo Convento Grande de San Francisco construido en el Siglo XVI, la primera construcción religiosa de la ciudad y que incluso funcionara como catedral de la misma entre los años 1865 y 1922.

Los misioneros que construyeron y habitaron este convento formaban parte de la orden fundada por Francisco de Asís, que los llamaba hermanos menores frailes menores pues su propósito era que dieran ejemplo de humildad y pobreza. Así es como los franciscanos iban de pueblo en pueblo predicando, despojados de todo bien material y pidiendo limosna para garantizar su subsistencia.

El convento, conocido en su momento también como «La Gran Ciudadela» era una construcción realmente enorme, que abarcaba zonas mucho más amplias que las que tiene actualmente. La actual Plaza Constitución era en su momento la huerta, mientras que por su lado el atrio en un momento de la historia se transformó en el Jardín Zenea. Sin embargo, el dato más curioso sea quizá el del Gran Hotel, levantado donde antiguamente se ubicaba el cementerio del convento. Lo curioso es que, según se cuenta, el nuevo dueño del terreno no se molestó en limpiarlo antes de construir el hotel, por lo que el mismo se emplazó directamente encima de las tumbas. No es de extrañar, entonces, que se cuente que por la noche cuesta dormir en aquellas habitaciones debido a los ruidos extraños que se escuchan entrada la noche.

Con el correr del tiempo el edificio tuvo diferentes usos entre los que se destaca el que se le dio durante las Guerras de la Reforma: en aquellas épocas funcionó como cuartel militar. En 1928 el gobierno toma poseción del inmueble para establecer allí el Museo de Arte Religioso Colonial y una Escuela de Artes y Oficios; y finalmente en el año 1935 se lo destina a su uso actual como sede del Museo Regional.

Hoy en día pueden visitarse allí diferentes salas abiertas al público, entre las que se destacan la Sala Querétaro Hispánico con detalles de las culturas precolombinas que habitaron esta zona del territorio mexicano antes de la llegada de los españoles, y la Sala del Sitio, dedicada particularmente al convento que la alberga, contando los detalles de su construcción, su historia y la importancia que tuvo para la ciudad.

Para nuestra visita fue una desilusión que en ese momento no se pudieran visitar las salas dedicadas al Querétaro Virreinal y a la Historia Mexicana, ya que al menos para mi eran de las más interesantes y las que motivaban de alguna forma la visita, pero esos cierres eran temporales por lo que si alguno pasa por el museo seguramente ahora pueda conocer estas salas también.

Lo que sí me hizo agua la boca fue el inventario de la Segunda Librería del convento, expuesta en un cuaderno abierto cuyas páginas registran en letra manuscrita los diferentes libros que había en existencia.

Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, la entrada al museo en su momento costaba MXN 60 por persona, pero entiendo que si todas sus salas están accesibles, bien vale la pena pagar el precio. Se lo puede visitar de martes a domingos, entre las 9 y las 18 horas.