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Efecto Boomerang: El problema de los vouchers por vuelos cancelados.

A medida que las operaciones aéreas se reactivan, el canje de vouchers por parte de los pasajeros plantea un nuevo problema para las líneas aéreas.

Si bien en los últimos días se han vuelto a prender algunas alarmas ante la posibilidad de ciertos rebrotes de Coronavirus en Europa, el viejo continente hace ya algunas semanas que ha relajado las normas de confinamiento y las restricciones de viaje y ha comenzado, de algún modo, un retorno a la «nueva normalidad».

La industria aérea no ha sido ajena a este proceso, sino que muy por el contrario, logró comenzar a reactivarse una vez que la Unión Europea decidió autorizar los viajes dentro del bloque económico y luego, incluso, con algunos países extra-comunitarios. Así durante julio los vuelos internacionales intra-Europa fueron el motor de la recuperación del sector, alimentado principalmente por el movimiento de familiares y amigos que viajaron para encontrarse con sus seres queridos, mientras que los viajes corporativos aún no muestran un repunte de importancia.

Si bien en principio esto es un alivio para una industria que sufrió gravemente el impacto de la pandemia, también mostró el problema que el sector enfrentará en el corto plazo. En honor a la verdad, un problema autoimpuesto.

Cuando las fronteras se cerraron y los aviones quedaron en tierra sin poder volar la ola de cancelaciones masivas de vuelos derivó en que las líneas aéreas tuvieran que enfrentar el problema de devolver a sus clientes el dinero de los pasajes ya comprados, en un contexto de total incertidumbre donde no se veía forma alguna de conseguir ingresos con los que cubrir los costos fijos que aún debían afrontarse. Ante esa situación la mejor respuesta fue la de entregar vouchers a los pasajeros para que pudieran utilizarlos en el futuro. Así en lugar de tener que desprenderse del efectivo, las líneas aéreas asumían su responsabilidad posibilitando a sus clientes cambiar el pasaje cuando se retomaran las operaciones.

Según lo que publicó IATA la semana pasada, lo que se ha estado viendo hasta el momento en Europa es que la gran mayoría de los pasajeros que volaron internacionalmente lo han hecho sin comprar nuevos pasajes, sino que han cambiado el voucher que ya tenían de antemano por el vuelo que les había sido cancelado. De esta forma, las líneas aéreas se enfrentan al problema de tener que transportar a estos pasajeros sin que por eso les ingrese nuevo efectivo, mientras que por el otro lado deben afrontar todos los costos de la operación. La herramienta que sirvió para desacelerar el desfinanciamiento en su momento ahora se torna en el motor del mismo.

Obviamente, no es algo que los directivos de las compañías aéreas no supieran que iba a pasar, pero lo complejo está en predecir cuán rápido se va dar en cada caso, es decir, cómo se va a distribuir a lo largo del año esa gente que tiene vouchers para canjear. La respuesta, al menos en Europa, pareciera ser que más que distribuirse se están concentrando sobre el reinicio de operaciones, lo que potencialmente puede generarles un problema de cash flow adicional a las empresas.

Como si esto fuera poco, también se está viendo un cambio drástico en las conductas de reserva por parte de los clientes. Mientras que antes de la crisis eran más los que compraban con anticipación sus vuelos, en la actualidad el 41% de los pasajeros confirman su reserva apenas 3 días antes del vuelo. O sea que planificar se vuelve casi imposible, y no solo la demanda (para decidir por ejemplo qué equipo o frecuencia programar a un destino), sino que tampoco es posible estimar cuánto efectivo se obtendrá de operar un vuelo, ya que es probable que la mayoría de los pasajeros se suban canjeando un voucher.

Así, la vuelta a la actividad presenta un nuevo desafío para las finanzas de la industria de pasajes aéreos, que aún no sabe cuánto tardará en volverse a estabilizar.

La Carga Aérea alcanzó en abril su máximo histórico en factor de ocupación.

En su análisis del mercado de carga aérea del mes de abril publicado la semana pasada, IATA indica que la demanda de flete aéreo siguió la tendencia a la baja que ya mostraba, llegando a una contracción del 27.7% interanual, el peor registro en los últimos 30 años. La Asociación atribuye esta performance tan negativa a un doble efecto provocado por el COVID-19 en la economía global: la disrupción de la producción de bienes causada por las cuarentenas en diversos países, en paralelo con la abrupta caída de la demanda de parte de los consumidores, por el mismo motivo.

© International Air Transport Association, 2020 . [Air Cargo Market Analysis – Apr 2020]. All Rights Reserved. Available on IATA Economics page.

La tendencia a la baja en la demanda se vio en todo el mundo, pero si ponemos el foco sólo en los vuelos internacionales vemos que por regiones hubo performances dispares, siendo Latinoamérica y Medio Oriente las dos cuyas demandas más cayeron (por encima del 35%) mientras que Norteamérica y África se mantuvieron con una baja que ronda el 20% en ambos casos.

© International Air Transport Association, 2020 . [Air Cargo Market Analysis – Apr 2020]. All Rights Reserved. Available on IATA Economics page.

Sin embargo abril vio también la casi evaporación de los vuelos internacionales de pasajeros y a miles de aeronaves de fuselaje ancho (las más utilizadas para el transporte de mercaderías en sus bodegas) estacionadas en diversos aeropuertos alrededor del mundo. El resultado fue el colapso de la capacidad de carga que, a nivel global, cayó un 42% interanual, y si consideramos únicamente los aviones de pasajeros, la caída llega a un impactante 75%.

Air New Zealand fue una de las aerolíneas que utilizó sus aviones de pasajeros para transportar carga exclusivamente

A diferencia de lo que pasa con la demanda, la situación de la oferta varía de región en región, dependiendo de la posibilidad que hayan tenido las líneas aéreas de aumentar los servicios cargueros, o hasta de transformar aviones de pasajeros en cargueros, ya sea removiendo los asientos de la cabina o, simplemente, volándolo sin pasajeros pero con sus bodegas atestadas de mercaderías.

© International Air Transport Association, 2020 . [Air Cargo Market Analysis – Apr 2020]. All Rights Reserved. Available on IATA Economics page.

Como se ve claramente en el gráfico, si bien todos los carriers buscaron incrementar su capacidad carguera (prácticamente única fuente de ingresos durante la pandemia), estuvieron lejos de compensar la falta de vuelos de pasajeros. El resultado de esta ecuación fue el récord histórico en cuanto a ocupación, que en abril llegó a un 61.4% en vuelos internacionales, con muy altos índices en Asia (72%) y Europa (65%). No son de extrañar entonces las dementemente altas tarifas que se vieron para mover carga desde los países asiáticos durante los meses de abril y mayo, incentivadas también por la gran cantidad de equipos de protección que China comenzó a distribuir hacia todo el mundo.

© International Air Transport Association, 2020 . [Air Cargo Market Analysis – Apr 2020]. All Rights Reserved. Available on IATA Economics page.

En el otro extremo quedó Norteamérica, con un leve incremento en su factor de ocupación que registró apenas 5 puntos de crecimiento con respecto al 2019. IATA atribuye esto a la gran disponibilidad de oferta carguera a través de las flotas propias de los integradores logísticos, empresas de courier como FedEx y UPS con fuerte presencia en la región que aprovecharon el contexto para vender los remanentes de espacio en sus aviones a los agentes de carga, para los cuales la capacidad ofrecida por las líneas aéreas tradicionales no era suficiente. De esta forma, además, se logró una mayor estabilidad de las tarifas aéreas para carga volando desde Estados Unidos.

En el caso de Latinoamérica el COVID-19 ha sido un golpe duro a la industria, en una región donde la ayuda gubernamental a la industria aérea ha mayormente brillado por su ausencia. Se trata de una región además con poca presencia de aviones cargueros, y que durante la pandemia no ha logrado revertir esta situación. Lamentablemente los productos que exportamos desde esta parte del mundo son esencialmente primarios, y por tanto si bien mueven enormes volúmenes no soportan precios de flete altos. En consecuencia a las líneas aéreas no les resulta atractivo traer un avión carguero hasta aquí, y prefieren posicionarlo en otras rutas más rentables. Así, el factor de ocupación de la región aumentó un 57% con respecto a abril 2019 en vuelos internacionales, presionando fuerte el nivel tarifario que también tuvo alzas importantes.