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El Hombre Controlador del Universo

Últimamente vengo hablando mucho de murales, ya sea por la visita al barrio Wynwood Walls de Miami que es una especie de museo a cielo abierto, o por la imponente obra pintada en una de las paredes de la Freedom Tower, en la misma ciudad norteamericana. No podía seguir dejando de lado entonces el post que había prometido cuando hablé sobre el Museo de Bellas Artes de México.

En lo que a mi personalmente respecta, El Hombre controlador del Universo de Diego Rivera es el mural más impactante que haya visto. El tamaño (cubre toda una pared del museo), su segmentación (con el significado de cada parte) como su historia en sí misma lo convierten en una obra realmente extraordinaria.

Para entender el por qué la historia de este mural es tan singular hay que saber que si bien fue pintado en el Museo de Bellas Artes de CDMX a encargo de esta institución, no fue allí donde todo comenzó, sino que debemos remontarnos a la ciudad de New York, en Estados Unidos, y más precisamente al Rockefeller Center. Man at the Crossroads fue una obra encargada por la famila Rockefeller, una de las más ricas del mundo, a la que no le gustó nada que Rivera incluyera en la obra la figura del líder comunista Vladimir Lenin. Así las cosas, con los patrones pidiendo al artista que lo eliminara de la pintura, y Rivera negándose a hacerlo, el encargo no prosperó, y los vestigios de aquél mural fueron destruidos. Sin embargo, a partir de los registros fotográficos Rivera pudo retomar el trabajo en México, y concluirlo en 1934.

Obviamente, Lenin perduró sobre la pared (faltaba menos después de armar semejante quilombo):

Lejos estoy yo, ignorante absoluto en cuanto a arte se refiere, de poder hacer un análisis de la obra de Rivera, por lo que sólo me quiero remitir a destacar lo que todo ojo humano advierte sobre esta pared, y a mis propias impresiones.

Este mural, en sí, es algo que impresiona, porque si uno lo observa detenidamente descubrirá que no hay una única temática, sino que por el contrario la obra está claramente fragmentada, como si perfectamente pudieran ser varias, pero a la vez estas partes tienen sentido al unirse y convertirse en una pieza única. Claro que para terminar de comprender tuve que investigar un poco cuál era el significado de la obra, pero aún así, no hace falta mucha imaginación para entender que las partes están unidas entre sí a través del hombre, que está en el centro de la obra.

 Ya dijimos anteriormente que Lenin quedó incluido en la obra final, pero no es él el único representante del comunismo, sino que hacia la derecha del hombre central (mirándolo uno de frente), otros personajes sostienen una explícita bandera roja, además de una declaración que reza «La liberación de los trabajadores solo será obra de los trabajadores mismos«. En realidad, no había muchas chances de que a los Rockefeller les fuera a gustar esta obra, verdad?

Hacia el otro extremo del mural, hay dos partes que me llaman poderosamente la atención. Una de ellas está plenamente ligada a esta declaración de principios, aunque es totalmente antagónica: el mensaje de protesta social de Rivera es clarísimo cuando uno hace foco en esta pequeña área que retrata a la policía reprimiendo una manifestación popular.

El extremo izquierdo superior de la obra es, simplemente, espeluznante, y me mantuvo varios minutos en muda contemplación. La imagen es fuerte y muestra aviones y tropas de infantería, avanzando hacia el combate, provistas de máscaras de gas en clara alusión a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), tan cercana en la memoria colectiva de la humanidad en el momento en que Rivera pintó el mural, y en la cual se comenzaron a utilizar estas armas letales.

Más abajo, se ve la imagen de una pantalla con lo que parece ser una radiografía, como queriendo representar el avance de la ciencia médica, como queriendo contrarrestar en algún punto tantas pálidas incluidas en una misma pintura. Luego, investigando un poco, descubriría que el que está retratado allí al lado es nada más y nada menos que el mismísimo Charles Darwin.

Hay mucho más análisis para hacer, pero por supuesto son detalles que al menos yo sólo pude percibir y entender tras leer sobre el tema. Sin embargo, estos puntos remarcados en este post llaman la atención al instante de ver la obra, sin saber absolutamente nada de la misma ni de su autor, y dan cuenta que estamos ante una genialidad. Es increíble descubrir y percatarse de que todo ese caos tiene sentido, y de que todo lo que allí se representa está creado, motivado y controlado por el propio ser humano.

Es como un resumen detallado de la humanidad, su historia y sus consecuencias, tanto nefastas como esperanzadoras. Y una advertencia que nos insta a obrar mejor, para lograr un futuro mejor.

Jornada de Spotting en La Casa de la Aviación, CDMX, México.

Como no podía ser de otra manera, si en el último post del 2018 les conté que hacer este blog me apasiona, el primer post de 2019 no podía no ser de #spotting. El año pasado lo comenzamos con un viaje a México sobre el que pueden leer en el blog (todos los post consolidados en este link), y en ese viaje visitamos la Casa de la Aviación (en ese momento llamada Casa de Juan Juan), que por supuesto también tuvo su nota exclusiva (link al post).

Pero aún estaba faltando el post con las fotos tomadas ese día a orillas de las pistas 23 del Benito Juarez. Aquí, una selección de ellas.

Arrancamos con los dueños de casa y su B737 matriculado N368AR en pleno despegue cuando ya caía el sol en Ciudad de México. Aeroméxico es el «propietario» indiscutido de este aeropuerto donde te cansarás de ver sus aviones llegar y partir, uno detrás del otro.

Aviones de todos los modelos y tamaños, desde el pequeño Embraer 190 con su «punta de flecha»

hasta el flamante B787 con su característica terminación en los motores Rolls Royce.

Pero por supuesto, en este aeropuerto operan cualquier cantidad de líneas aéreas, de varias nacionalidades, así que no pueden faltar en este post los vecinos de American Airlines representados por un B737-800.

Y por supuesto se hacen también presentes los competidores regionales. Latam por un lado con un B767 aún luciendo livery de la vieja LAN

y su más encarnizada compentencia regional que sigue creciendo a gran velocidad: Avianca, despegando con un A319.

Pasemos ahora a algunos colores de los que no vemos habitualmente por Buenos Aires, como el kelper pintado en la cola de Alaska Air.

O los colores de MAGNI.

El A320 de Jet Blue que está claro, ama a New York.

O el 320 Michael de Volaris que promociona un sitio web de viajes y sus 18 cuotas sin interés.

Y para el final dejamos los platos fuertes, porque en la realidad también hubo que esperarlos y estar atentos para fotearlos. Así finalmente llegó el A340-600 de Iberia.

Se lo ve hermoso al girar para despejar la pista.

El hermoso B747 Freighter de Cargolux con logo de DB Schenker, que luego de una larga espera encaró hacia cabecera 05 y despegó de esta forma.

Y por supuesto, el grandote que nos tuvo en vilo toda la tarde, a la espera de su aparición en el horizonte, proveniente de París: El majestuoso A380 de Air France.

Ya conocida por los pilotos, algunos de los cuales incluso la frecuentan para comer o tomar algo, La Casa de la Aviación cuenta con un gran cartel identificatorio que la hace fácilmente reconocible desde los aviones que taxean por aquella punta del aeropuerto. No es raro entonces que algunos pilotos se tomen el tiempo de saludarte mientras estás allí cámara en mano.

Un gran lugar para pasar un buen momento y fotear aviones.

Así arrancamos el 2019, a pura fotografía aeronáutica. Los espero todos los lunes y jueves, para seguir compartiendo experiencias, viajes y lugares. Todo en un mismo lugar: ¡Ahicito Nomás!