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Alojamiento en Barcelona: Be Ramblas Guest House.

Luego de haber pasado por Madrid, Barcelona me pareció una ciudad un tanto cara, tanto en las actividades como en el alojamiento. Así es que opté por quedarme en el Be Ramblas Guest House por dos razones principales: su excelente ubicación a escasas cuadras de Las Ramblas, y su precio económico.

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Se trata de un alojamiento aceptable, aunque con una contra importante: la habitación es extremadamente pequeña, muy angosta como se puede ver en las fotos, y al menos cuando entré yo tenía algo de olor a encierro, que resolví fácilmente abriendo la ventana. Claro que como daba a la calle, aún cuando no es una arteria principal a la noche se hacía un tanto ruidoso y entonces para dormir había que cerrarla. El calor agobiante en el verano de Barcelona no era un problema porque el cuarto estaba equipado con aire acondicionado, y para entretenimiento también tenías TV, aunque claro que yo casi no la prendí en mi corta estadía.

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El gran punto a favor, más allá de su ubicación privilegiada, es la limpieza de excelente nivel. El cuarto aparece todos los días impecable, incluso con toallas nuevas todos los días, y el baño, aunque compartido, estaba siempre diez puntos. Por otro lado el personal es muy cordial y están disponibles para responder a las consultas que tengas, e incluso para imprimirte los boarding pass para tu vuelo de regreso, aunque esto tiene un costo adicional de 20 centavos de euro por página. La prueba de fuego la tuve cuando me iba, ya que mi vuelo era de madrugada, así que pedí que me reservaran un taxi para las 4:30 am. Al volver de cenar le pregunté a la chica si me había conseguido el taxi, y me respondió que se lo dejaba encargado al muchacho que estaba a la madrugada para hacer el pedido. No me dio mucha confianza, pero finalmente el auto estuvo disponible a las 4:25, así que la comunicación entre ellos funcionó muy bien.

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Algunas desventajas que presenta este alojamiento es la escasez de espacios comunes donde poder sociabilizar con otros viajeros, una característica casi innata de los hostels. En este caso el único lugar con esta particularidad era la recepción, además del muy pequeño ascensor (disponible sólo desde el primer piso al que hay que subir por escalera obligatoriamente), los pasillos y el baño compartido, no apto para sociales. Otro detalle es que no hay locker donde guardar los valores. En mi caso use mi valija con combinación, pero en realidad es una molestia estar guardando documentos, electrónicos y demases en la valija cada vez que uno sale a caminar por ahí. Eso es algo que deberían revisar, si bien el espacio es muy reducido no debería ser un imposible colocar algún compartimiento de seguridad pequeño, porque por más que la habitación no sea compartida lo mejor es no tentar a nadie, incluidas las mucamas que limpian la habitación.

El Be Ramblas no será un lugar que  yo vaya a recomendar para estadías medianamente largas, o si planeas pasar algún tiempo en la habitación, por ejemplo trabajando o escribiendo posts para el blog. El espacio es tan reducido que lo hace muy incómodo. Pero para apenas dormir una o dos noches, luego de pasar todo el día caminando la ciudad, podemos decir que es aceptable, aunque dista mucho de ser acogedor.

Un tradicional chocolate con churros en San Gines.

¡Feliz Año Nuevo! Lunes 2 de enero, calor de verano en una Ciudad de Buenos Aires aún adormilada  por la comilona y los brindis del 31, que por supuesto se extendieron en parte hasta el 1ro. No es momento de publicar un post de chocolate líquido espeso con churros, o sí?

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Bueno, en realidad eso mismo es lo que vine a hacer. Es que del otro lado del Atlántico, en el hemisferio norte es invierno, y las bajas temperaturas madrileñas invitan a degustar una tasa de chocolate caliente; cuánto más tradicional si es en la Chocolatería San Ginés como primer desayuno del año entrante, en la madrugada del 1 de enero!

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Aunque cercana a la famosa Puerta del Sol, la tradicional chocolatería abierta en 1894 era conocida antiguamente como «La Escondida» por estar ubicada en un pasadizo algo escurridizo que se desprende de la Plaza Mayor: el pasadizo San Ginés que le da nombre. Su chocolate, hecho con receta propia, es famoso y se puede degustar a cualquier hora del día, cualquier día del año, incluido el 1 de enero ya que el local está abierto las 24 horas de los 365 días del año.

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Por supuesto que habrá que acompañarlo con los tradicionales churros, finitos y alargados a diferencia de los que conocemos en Argentina, y con una contextura y sabor particulares. Por ser un lugar tan famoso, que incluso ya se «auto-exportó» a Colombia, e incluso a destinos tan extremos como Japón o China, la verdad que no me pareció nada caro: el chocolate con churros cuesta EUR 4, y si no hace frío hasta va a ser difícil que te lo termines.

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Algo novedoso para mi fue el sistema de atención. Uno debe acercarse a la caja para hacer su pedido y abonar. A cambio se recibe un ticket y ahí ya se está listo para buscar una mesa y sentarse. Recién en ese momento uno de los mozos se acerca y toma el ticket para hacer el pedido y traerlo posteriormente. Algo rebuscado, pero pintoresco. Tan pintoresco como las paredes del local, repletas de fotos de personalidades que pasaron en algún momento por el tradicional local. Logré identificar a algunos, e incluso me pareció reconocer a lo lejos, en una pared de enfrente a donde me encontraba, la foto de un Diego Armando Maradona bastante joven. Había gente tomando su chocolate ahí, así que no me pareció prudente acercarme a ver si realmente era él, pero casi con total seguridad que sí.

Así que ya sabés, cuando estés por Madrid, podés hacer como el Diego y tomarte un buen desayuno en uno de los lugares más tradicionales de la ciudad.