Archivo de la categoría: Bélgica

La singular experiencia de viajar por Bélgica en tren.

La cuestión ya me la había adelantado mi vecino de asiento en el vuelo desde Barcelona cuya crónica podés leer haciendo click aquí: en palabras de un belga muy buena onda, Bruselas es una ciudad fabulosa pero Bélgica tiene mucho más para dar, así que hay que tomar el tren y recorrer Brujas, Gent y Amberes. Luego mi corta estadía en la capital belga me lo confirmó, así que con una pareja de argentinos que conocí haciendo el walking tour, y con quienes también estuvimos probando cervezas trapenses en Delirium, nos fuimos hasta la estación Bruselas Central y averiguamos las opciones.

Aca tengo que hacer un pequeño paréntesis para decir que los belgas son unos genios: no conozco otra nacionalidad que sea tan atenta con los turistas. En la ventanilla de la estación central nos atendió un pasante que estaba expendiendo boletos en ese momento, y lejos de «vendernos un ticket» estuvo más de media hora escuchando nuestras ideas y asesorándonos en inglés (que no es ninguno de los tres idiomas oficiales del país, por cierto). Incluso, cuando tuvo un momento, salió de su oficina y se acercó a nosotros que deliberábamos en medio del hall, para ver si  habíamos entendido y seguir aconsejándonos.

El punto era que, si bien queríamos visitar las tres ciudades, hacerlo en un mismo día volviendo a Bruselas por la noche era demasiado. De hecho, ahora que sé de qué se trata, mi consejo es un día por ciudad, y si es posible pasar una noche en cada una. Pero nosotros no teníamos ni idea ni tiempo, así que terminamos descartando Amberes ya que era la única que quedaba hacia una dirección diferente. Tanto Brujas como Gent tendrán sus posts en el blog más adelante, ahora concentrémonos en el viaje en tren.

Como descartamos Amberes quedaron sòlo dos estaciones, que sumadas al viaje de vuelta a Bruselas hacían 3 pasajes per cápita. Siendo tres personas, eran un total de 9 viajes, por lo que nos servía la opción que el pasante nos había sugerido: el T-10. Se trata de un ticket válido por diez viajes, mucho más barato que un pasaje individual, y el que hay que ir llenando a mano con los datos de cada viaje. Importante completarlo en el momento, ya que si el guarda pasa controlando los pasajes y no lo tenés completo (aún cuando tengas el ticket en el bolsillo) te cobran una multa de EUR 75 por persona.

Ahora pasemos a la red ferroviaria belga. Para los argentinos, acostumbrados al típico dibujo de abanico donde cada línea de tren es única y exclusiva y no se conecta con el resto, el entramado europeo puede ser algo difícil de entender. Sucede que allá sí están todos conectados, y por lo tanto no todos los trenes hacen las mismas paradas ni el mismo recorrido. Por eso, en la cartelería no sólo tenés que mirar el próximo tren en salir, sino que es importante revisar que vaya a parar en la estación a la que querés ir. Y en segundo lugar, a qué hora llega a esa estación, ya que te puede pasar que vaya por otra vía y pase por 500 estaciones antes, mientras que el que sale 10 minutos después va mucho más directo y llega antes.

Otro punto a tener en cuenta es que en Europa el tren no es todo igual. Existen diferentes clases, tal como en el avión, pero si no prestás atención puede ser algo difícil de identificar. Como se ve en el ángulo superior izquierdo del T-10, nuestro pasaje era de segunda clase. Al regreso, agotados por la tremenda caminata que habíamos pegado durante todo el día, subimos al tren con mis amigos argentinos y caímos en las butacas. En ese momento, casi dormidos, no lo notamos, pero eran muy diferentes a las que habíamos ocupado a la ida, eran mucho más cómodas. Estábamos sentados en la primera clase y no nos enteramos hasta que el guarda nos lo advirtió. Estuvimos a punto de pagar la multa (que no es ni más ni menos que el pasaje en primera desde la estación en la que subiste hasta el punto en el que te enganchan), y cuando digo «a punto» es ya con la tarjeta de crédito en la mano para dársela. Sólo cuando le preguntamos cómo distinguir una clase de la otra, el tipo nos dio el beneficio de la duda y nos perdonó. Y claro, nos explicó: en la puerta de acceso a cada vagón hay un número pintado dentro de un círculo: un 1 para la primera clase; un 2 para la segunda. Raudamente levantamos todo y nos cambiamos de vagón antes de que el guarda de arrepintiera.

Los trenes están impecables y muy buen cuidados. Es una experiencia totalmente diferente a tomarte uno en Buenos Aires, y por supuesto hacen tramos de larga distancia, pudiendo tomarte uno hacia otro país, por ejemplo. El precio sí es bastante caro, pero  hay que revisar qué opciones  hay porque, por ejemplo el T-10 que utilizamos nosotros, pueden generar un muy buen ahorro.

Bélgica es un país que me encantó. Los posts sobre Bruselas ya están publicados y podés encontrarlos agrupados en este link. Brujas y Gent son también increíbles, y pronto estarán on line las notas al respecto. Y Amberes es cuenta pendiente, y motivo suficiente para algún día volver.

RealtyCare Flats Grand Place: Excelente alojamiento en Bruselas.

Mi estadía en Bruselas iba a ser muy cortita, apenas dos noches. En un momento barajé la opción de ni siquiera pasar, pero un par de fotos de la Grand Plance por la noche me convencieron de incluirla en el itinerario, cuestión de la que no me arrepiento para nada, como ya les conté en este post que lancé en pleno viaje. Para esta parada buscaba algo muy tranquilo y céntrico, y así fue cómo dí con los apartamentos de RealtyCare Flats Grand Place en booking.com.

Al principio me generó cierta duda porque el ingreso no se ve. Los departamentos están ubicados en una calle peatonal, por lo que el taxi me dejó en la esquina asegurándome que esa era la dirección correcta, pero yo sólo veía locales. Recién al acercarme caminando unos metros noté la puerta con el número 14, y el cartel de bienvenida al lado del portero.

El sistema de ingreso es muy moderno, y en vez de llave usas un código que te envían por mail unos días antes de tu llegada. Además del código de acceso, allí te indican qué departamento te asignaron y el piso (que se corresponden ya que cada uno ocupa todo el piso) y los detalles de contacto. Además te adjuntan los planos del metro y de la ciudad, marcando claramente la ubicación del alojamiento. Como ves, es un mail super importante, y por supuesto, yo no lo había recibido (en realidad sí, pero en la vorágine de mails pre viaje se me pasó por alto). Por suerte, aunque en el lugar no hay personal presente, te podés comunicar con Olivier (quién está a cargo) a través del portero, que tiene un botón que te habilita comunicarte con él por 40 segundos. Si eso no te alcanza, deberás volver a tocar. En mi caso, fueron 2 toques los que necesité.

Aunque la escalera es muy angosta y costó subir la valija por hasta el tercer piso que me había tocado, tengo que decir que el departamento es genial. Cuando ingresás el lugar está reluciente, de hecho está recién limpiado. Yo llegué unas dos horas antes del checkin y me encontré a la chica en plena faena de limpieza. Le dejé la valija y me fui a almorzar. Cuando volví, ya en el horario correcto, el lugar estaba impecable (y la valija intacta).

Si bien se trata de un monoambiente, está muy bien pensado y equipado. La cocina es chiquita pero tiene de todo, empezás a abrir los diferentes compartimientos y encontrás vajilla, vasos, cubiertos y todos los utensillos necesarios para cocinar. Incluso los implementos de limpieza. Claro que en el corto tiempo que yo iba a estar ahí no tenía pensado hacer gala de mis dotes culinarias.

Hacia el otro lado encontramos un escritorio donde podés instalar perfectamente la compu, y donde Olivier te deja a disposición información sobre la ciudad, e incluso una agenda con las actividades que se van a realizar en esa época del año. Detalle no menor, dentro de uno de los jarrones vas a encontrar un adaptador universal, por si te olvidaste el tuyo y la ficha de tus equipos no se corresponde con los tomas de Bélgica.

De la enorme cama, ni hablar!

La ubicación es excelente. En pleno centro, a metros de la Bolsa y muy cerca de la Grand Place, está a mano de los principales transportes públicos, y a unas cuadras de caminata de la estación de trenes. Lo único que puede joder, es que el RealtyCare está en una zona de bares (de hecho está arriba de uno) y a la noche el bullicio de la gente divirtiéndose puede molestar un poco si uno quiere descansar. Pero la verdad que, al menos durante mi estadía, el bullicio belga no fue algo insoportable.

RealtyCare trabaja bajo el concepto de «privacidad» donde directamente no se meten durante tu estadía, salvo que vos lo quieras. Así, el servicio no incluye por default la limpieza del lugar, pero si vos vas a estar varios días, podés solicitar que una mucama pase en algún momento. Sino, es como si estuvieras en tu propia casa, y si bien no hay personal físicamente, Olivier está siempre muy atento a resolver todos los inconvenientes que se te presenten, como me pasó a mi a mi llegada.

En fin, una excelente opción para alojarse en la capital belga. Totalmente recomendable.