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Reporte del vuelo entre Amsterdam y Madrid con Air Europa; y de cómo entré en la Unión Europea en 5 minutos.

El jueves pasado les conté cómo fue el vuelo hasta Ámsterdam, pero el viaje no terminaba allí ya que mi destino final era Madrid. Si bien como ya les conté en el post anterior, en el vuelo de KLM yo ya había chequeado la puerta de conexión, como buen argentino desconfiado de que los sistemas funcionen bien, al llegar revisé las pantallas de información del aeropuerto, para darme cuenta de que, si bien ese segundo vuelo de conexión era operado por Air Europa, fruto de la colaboración dentro de la alianza Sky Team en los monitores figuraba con varios números, entre ellos el original UX1098; pero también aparecía como KL3393.

El gate que me habían informado en el avión de KLM era el correcto, y tenía menos de una hora para llegar hasta él. Sin perder más tiempo me puse en camino siguiendo las indicaciones de «conexión», y llegué a un control de seguridad bastante intenso, donde laptops y tablets hubo que pasarlas fuera de las mochilas, y a todo el mundo se le hizo body scan. Adicionalmente algunos equipajes de mano (entre los que por supuesto se encontraba el mio) estaban separados para controles adicionales. Así es como me pidieron que abriera la mochila, y sin mirar ni tocar, le pasaron un papel por dentro que luego va a parar a una máquina que si se pone verde está todo bien; pero si se prende la luz roja… Por suerte mi mochila dio «verde»

sobre-el-motor

En ese proceso perdí una buena cantidad de tiempo, y cuando llegué al control de pasaportes y vi la cantidad de gente que había me di cuenta de que era imposible que llegara al gate a tiempo. Me acerqué al personal del aeropuerto apostado allí y le indiqué que tenía apenas 20 minutos para abordar, y luego de constatar la hora la mujer me hizo seguirla por el sector VIP y mágicamente era el primero de la fila. El agente de migraciones estaba notificado por la mujer de mi urgencia, y sólo me preguntó a dónde iba, motivo del viaje y cuánto tiempo me quedaba, todo mientras revisaba mi pasaporte argentino y lo sellaba. Gracias a la demora en seguridad había ingresado sin tener que mostrar ni un sólo documento más que el pasaporte, en menos de 5 minutos. Un verdadero lujo.

Lo que nadie sabía (ni yo mismo), era que el vuelo estaba 20 minutos atrasado. De eso recién me enteré cuando llegué al gate C24. Tuve unos minutos de espera allì hasta que finalmente comenzaron a llamar para el abordaje. Enseguida se armó la tradicional fila… que ahí quedó. No se entendía muy bien, pero habían anunciado el comienzo del abordaje hacía unos minutos ya, y nadie avanzaba. El tema quedó aclarado cuando por los altavoces informaron que la puerta se había roto y no se abría, así que nos cambiaron a la puerta de al lado, la C22. Ahora sí, el sistema europeo había fallado. «Esto en Ezeiza no pasa…» pensé para mis adentros

gate-c24El proceso de embarque fue tal como nos tiene acostumbrados Aeroparque. Todos arriba de un micro y nos fuimos a andar por la plataforma hasta llegar a la posición remota donde el A330-200 nos esperaba estacionado. Era el EC-JZL bautizado como David Bisbal.

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La diversión se terminó cuando llegué a mi asiento: el 35K, teóricamente ventanilla desde la que esperaba fotografiar el viejo continente desde el aire, pero en la práctica se trataba de una ventana ciega. Eso, las pantallas pequeñas, el hecho de que era un vuelo al estilo low cost sin servicio abordo (lo que tomes o comas lo tenés que pagar aparte), y el sueño que traía por lo mal dormido del vuelo intercontinental, definieron que me preparara para dormir. Llegué a ver el video de seguridad, notando la particularidad de que, aunque estaba proyectado, las azafatas estaban en el pasillo señalando las salidas de emergencia, pero sólo las salidas, nada más.

ventanilla-ciegaAhora sí, bastante malhumorado por mi mala suerte me dormí casi todo el vuelo, despertándome con el anuncio de que estábamos iniciando el descenso en Madrid. Algo que también me llamó la atención fue que los TCP no pasaron a chequear la cabina como normalmente hacen siempre antes del aterrizaje. Preparándome para el touch down intenté poner mi asiento en posición vertical, pero no volvía, así que lo tuve que forzar con la mano. El Bisbal es un avión de 10 años de antigüedad, y la verdad que se le notan…

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Una vez en tierra, mientras rodábamos hasta la puerta asignada, la jefa de servicio abordo comenzó a dar la información de las puertas de conexión de los vuelos que partían en los próximos 90 minutos. Los enumeró uno por uno, por altoparlante, en español e inglés. Es info útil, y está muy bueno que te la den, pero oralmente se hace un poco tedioso, en especial para mi ya que Madrid era mi destino final. Supongo que lo mismo le paso al pasajero de adelante que, si bien conectaba, su vuelo no figuraba en el listado. La TCP a la que le consultó, después de rechequear, le dijo que no sabia por qué, que era raro, y que chequeara los monitores de información al llegar.

Así llegué finalmente a la primer parada de mis vacaciones. Ubiqué la valija en la cinta bastante rápidamente y me dispuse a salir del aeropuerto para comenzar a disfrutar de España.

Volando a Amsterdam en el B777 de KLM.

Mis últimas vacaciones comenzaron a bordo del vuelo KL702 que, operado por el B777-300 matrícula PH-BVP, me hizo cruzar el Atlántico hasta el viejo continente. Con apenas 6 meses de antigüedad, este avión es de los más nuevos de la flota y eso se nota porque el interior está impecable.

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Llegué a Ezeiza con tiempo y me acerqué a las terminales de autoservicio de la Termical C donde opera KLM para imprimir mi boarding pass. Ya había hecho el check in online en casa, pero me había quedado pendiente el vuelo de conexión a Madrid, que era operado por Air Europa. Desde la máquina pude imprimir ambos boardings, y enseguida me dirigí hacia los mostradores para despachar el equipaje, donde el personal de la aerolínea me confirmó la buena noticia de que mi valija la retiraba en Madrid directamente.

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Antes de entrar al área de embarque pasé por el mostrador de aduana para declarar la cámara réflex y el lente que me estaba llevando al viaje. Esta declaración es necesaria para no tener problemas luego al regreso, comprobando así que nos la llevamos desde Argentina y que no es un artículo nuevo por el que debamos pagar el arancel de importación al regreso. Normalmente adelanto el trámite por internet, pero esta vez la web de AFIP no estaba funcionando así que el guarda de aduana tuvo que hacer todo a mano.

El abordaje fue por el gate «antispotter» 18, donde el avión queda estacionado detrás del free shop por lo que conseguir una foto potable de su fuselaje completo resulta prácticamente imposible. Igualmente no tuve mucho tiempo para quejarme porque siendo que volaba en uno de los últimos asientos del avión, fui uno de los primeros en subir.

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El B777-300 PH-BVP de KLM en el Gate 18, ubicado atrás del free shop.

El vuelo iba lleno, pero eso no impidió que disfrutara de volar en ventanilla con el asiento del medio vacío. Mi vecino de asiento aparentemente era muy amigo del jefe de abordo y pasaron buena parte del embarque charlando en un idioma que no reconocí. Una vez que el abordaje finalizó, el TCP lo hizo cambiar de asiento a uno libre que había en la fila central sobre el pasillo, y en consecuencia me di el lujo de volar mucho más cómodo.

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Los hangares de Aerolíneas Argentinas y el sector de Chivatos, vistos desde el aire.

Minutos después despegamos por pista 35, lo que me permitió tener algunas vistas privilegiadas de la Autopista Ricchieri, el aeropuerto y los hangares de Aerolíneas y Chivatos desde el aire.

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Barrio Uno y Autopista Ricchieri, vistos desde el aire. Más atrás, el Aeropuerto de Ezeiza con sus dos pistas.

Durante los primeros minutos del vuelo me dediqué a disfrutar de la vista, y luego comencé a explorar el sistema de entretenimiento, donde me encontré con una serie de videos «desde el cockpit». Los mismos pilotos de KLM te muestran allí diferentes cuestiones relativas al vuelo, como ser el funcionamiento del piloto automático, o un aterrizaje en el inmenso Jumbo B747 en el pequeño y famoso aeropuerto de Saint Martin. Obviamente me los devoré uno atrás de otro hasta terminarlos.

cockpit-videosComo siempre, el menú de KLM vino super completo. Para la cena pedí la opción de carne, que venía con puré y una ensalada de aceitunas a modo de entrada.

comidaLuego de la cena, y teniendo en mente este post de Floxie sobre el síndrome de la clase turista (que recomiendo leer atentamente), le pedí permiso a mi compañero de fila y salí a estirar las piernas caminando un poco por la cabina del avión. En el galley del medio, donde ya estaba todo listo para que uno se sirviera algo dulce o para tomar, me crucé con los TCP que iban ofreciendo el duty free en vuelo, y que por supuesto con el muy buen humor que caracteriza a la gente de KLM quisieron venderme algo; lo que fuera. Quedé en que si estaban en mi vuelo de regreso a Buenos Aires les compraba algo, pero ellos estimaron que volver a Argentina tan pronto era bastante improbable.

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Durante la noche, en el galley la tripulación deja listos dulces y bebidas para que los pasajeros se sirvan.

En el galley trasero del B777, al final del avión, hay un buen espacio donde uno puede quedarse estirando las piernas sin molestar. Eran varios los que estábamos allí, incluyendo una pareja de alemanes que hablaban con los tripulantes, charla a la que no tardé en sumarme. La conversación se extendió bastante, hasta que las luces de la cabina se setearon en modo nocturno, momento de volver a los asientos para dormir un poco.

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Llegando a Ámsterdam.

Durante la noche la tripulación pasó ofreciendo un sándwich de jamón y queso y la tradicional galletita holandesa; y luego de eso el siguiente servicio sería el del desayuno: huevos revueltos con papas y tocino y una ensalada de frutas. Estaba claro: en ese vuelo, hambre no íbamos a pasar.

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La sombra del B777-300 de KLM sobre el campo holandés, mientras aproxima hacia el aeropuerto para aterrizar.

Llegando ya a Amsterdam KLM ofrece un servicio a los pasajeros que realizan conexión a través del sistema de entretenmimento, donde se puede acceder a la información del gate de conexión. Revisé mi caso y allí encontré que el vuelo UX1098 que debía tomar yo partía de la puerta C24.

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Antes de llegar uno accede a la información sobre puertas de conexión a través del sistema de entretenimiento.

El aterrizaje fue muy suave y tuvimos un buen rato de carreteo hasta la posición asignada. Así finalizó un excelente vuelo con KLM. A partir de allí debería correr para llegar a mi vuelo de conexión, pero eso es tema de otro post.