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Reporte del LA-622: Vuelo sobrevendido entre Santiago y México.

La escala en Santiago iba a ser en teoría de unas 3 horas, pero como el LA-532 se había demorado un poco se hizo algo más corta. Igualmente tuvimos tiempo para buscar dónde tomar algo y probar alguna de las amenidades del aeropuerto chileno, principalmente el wifi gratis que realmente funciona muy bien.

El Nuevo Pudahuel (como se lo denomina al aeropuerto) está muy bien preparado para cumplir sus funciones. Locales comerciales por todos lados que amenazan con destruir cuanta tarjeta de crédito pase por allí, pantallas táctiles de información, buena cantidad de asientos con puestos para recarga de celulares y laptops y hasta un espacio de juegos para los más chicos, con temática aeronáutica. Gran parte de la oferta gastronómica está concentrada en una especie de patio de comidas donde, inédito al menos para mi, los cocineros realizaron una coreografía al ritmo de las palmas de los pasajeros.

Ya sobre la hora de embarque nos acercamos al gate 15 donde se dió una situación inesperada, aunque bastante usual durante la temporada alta. Nuestro vuelo estaba sobrevendido, así que el personal de tierra de Latam buscaba voluntarios que quisieran quedarse a dormir en Santiago a cambio de una compensación económica. Un par de personas se acercaron al mostrador para llegar a un acuerdo, y el resto comenzamos el abordaje.

La aeronave que nos esperaba era el B787-9 matrícula CC-BGC que con menos de 3 años de antigüedad tiene un mayor espacio para las piernas que sus hermanas versión -8, al menos eso fue lo que surgió de comparar el avión del que recién me había bajado con este al que me subía ahora.

Mientras el resto de los pasajeros seguían abordando apareció taxeando por plataforma un B777 de Alitalia. Si bien no lo sabíamos a ciencia cierta, ante la fuerte probabilidad de que fuera la misma aeronave que hacía instantes había trasladado al Papa Francisco hasta Chile, salió foto a pesar de la noche, los reflectores del aeropuerto y el reflejo propio del interior del B787.

Ya despegados fue el turno de la cena, así que debuté con el nuevo menú para vuelos largos que implementó Latam hace poco. Producto de un buen trabajo de marketing, se lo muestra más que interesante, con una presentación muy cuidada y platos de estilo gourmet que buscan realzar la categoría, pero sinceramente mi opinión es que sólo es eso: un laburo de marketing bien hecho, ya que la comida en sí no estuvo ni cerca de satisfacerme.

La novedad es que ahora uno puede elegir. Entre las opciones había ravioles de queso con salsa de tomates y albahaca, salmón con risotto de cereales andinos, tomates cherry y espárragos, y por último pollo asado con bocados de quínua y habas. En mi caso elegí los primeros que resultaron imposibles de individualizar y separar: los ravioles venían convertidos en una masa uniforme de pasta que hubieran sido una vergüenza para cualquier cocinero que medianamente se precie de ello. Además, es eso que ves en la foto y punto, ni un pancito para empujar el último raviol te dan (si fueras capaz de hallarlo en el plato, claro). La cena resultó escasa y de mala calidad. La antigua y querida bandeja era más burda si se quiere, pero al menos uno no se quedaba con hambre…

Luego de comer me dispuse a investigar un poco el sistema de entretenimiento. Latam ofrece una amplia variedad de películas y series para ver en vuelo, incluyendo películas no demasiado viejas y con buenas críticas; mezcladas con opciones para el olvido. Así que hay de todo, y algo que te interese seguramente vas a encontrar. Para nuestra sorpresa hay varias comedias argentinas disponibles, que, claramente no fueron de mi elección. En cambio la música responde al sistema cada vez más de moda de evitar poner a disposición discos completos de los artistas, y se los reemplaza con playlists de diferentes temáticas que, en mi opinión, al buscar ser aptas para una gran diversidad de público no terminan de complacer a nadie.

Mientras sobrevolábamos el océano llegó el momento del desayuno cuyas opciones eran el clásico omelette con papas asadas (en serio eso califica como «desayuno»?), o crepés rellenos de manzana. Por descarte, ya que la segunda opción me resultaba odiosa, elegí el omelette, aunque no soy nada amigo de engullirme ese tipo de platillos a tan tempranas horas de la mañana. Se podía acompañar con yogurt o frutas frescas, y opté por estas últimas.

Casi no tengo fotos del arribo de madrugada a México porque el sistema de iluminación interna del B787 hace que ante la oscuridad de la noche en el exterior, en las fotos salga más el reflejo interno que las luces de la cuidad. Pero lo que sí dí en retratar con una foto fue el extraño sistema para dormir de nuestra vecina de asiento, que estimo equivale a cuando uno pone el cartelito de «no molestar» en la puerta del hotel…

Igualmente hay que decir que la «pasajera fantasma» se despertó a tiempo para tomar su desayuno, y acto seguido volvió al «mode ghost» ante la lamentable falta de antifaces para conciliar el sueño…

Ya estábamos aterrizando, así que con esta anécdota de color cierro el reporte del vuelo a México. Quedan por delante todos los posts de este increíble viaje por tierras aztecas, así que estate atento a las próximas publicaciones!

El LA-532 de Ezeiza a Santiago: Reporte de un vuelo lleno de emociones.

Volar, al menos para mi, es un placer apasionante. Trabajando con aviones he aprendido a quererlos al punto que hoy les dedico también mi tiempo libre a través de uno de mis hobbies: el spotting. En general disfruto de cada instante del vuelo, pero hay que decirlo, aunque todos tienen lo suyo algunos son más especiales que otros, y este que me dispongo a contarles en esta nota es uno de esos.

El LA532 marcaba el comienzo de mis vacaciones veraniegas y comenzaba el día anterior, cuando hice el checkin online para subirme a bordo del hermoso B787 de Latam que me haría cruzar la cordillera. Seguía por supuesto en Ezeiza, donde a pesar de haber llegado con 3 horas de anticipación (como corresponde) me esperaba una larga cola para el despacho del equipaje.

Llevaba conmigo (dentro del equipaje de mano, por supuesto) mi cámara reflex Canon que, con sus correspondientes lentes, yo ya había declarado en el formulario de aduana al que se puede acceder en la web de AFIP. Papel completo y en mano, sólo faltaba validarlo con el guarda de aduana apostado a un lado de los mostradores de check in en la Terminal A.

En ese sentido yo siempre recomiendo ser precavido y llevar el formulario ya completo e impreso, por duplicado. Esto hará que el trámite en aduana sea más ágil y le ahorra tiempo y trabajo al guarda que se sentirá más propenso a firmar el papel, mientras que si lo tienen que hacer ellos de cero me ha pasado que no lo quieran firmar porque «no hace falta». Nunca tuve problemas para volver a entrar al país con la cámara, pero una vuelta me pidieron el formulario de salida y, por supuesto, yo lo tenía listo y reluciente.

A un costado del puesto de aduana un cartel que «desinforma» a los viajeros al respecto de las franquicias, ya que no está actualizado con el último cambio de la del free shop que pasó a USD 500 tal como comentamos en este otro post.

Con tanta gente para hacer el check in nos demoramos más de una hora en completar esa fase, así que sin tener idea de cuánto íbamos a tardar adentro preferimos ingresar a la zona restringida sin perder tiempo. La precaución resultó no ser tan necesaria ya que tanto migraciones como seguridad fueron muy ágiles; sin embargo nunca está demás. Antes de entrar nos encontramos con el flamante local de Hard Rock Café en Ezeiza, inaugurado hacía muy poco.

Ya en zona de preembarque compramos unos jugos de naranja con medialunas a modo de desayuno, revisando por supuesto el precio previamente para no ser sorprendidos con una cuenta usurera. Mientras nos encaminábamos hacia el gate correspondiente me dediqué a sacarle fotos a los aviones en plataforma, y por supuesto la espléndida Reina de Lufthansa tuvo su retrato en la versión livery retro que tanto me gusta.

Ya sentado, mientras revisaba las fotos sacadas me llamaron la atención: «Qué es ese avión que viene allá? No reconozco los colores…» Se imaginarán que al levantar la vista no me daban las patas para correr hasta la ventana, setear la cámara y gatillar. Era el B737-800 de Norwegian que arribaba por primera vez al país, con el eximio Astor retratado en su estabilizador vertical. Lo «maté» a fotos desde la Terminal, y así lo comunicaba vía Twitter.

Y así salió la primer foto que le tomé a un avión de Norwegian Argentina:

Con semejante inicio el viaje se auguraba de la mejor forma. Tuve que dejar de fotear al «37» porque ya habían llamado a abordar. Así lo hicimos aunque el piloto informó por altoparlante que tendríamos una demora de media hora debido al intenso tránsito aéreo que había en Santiago de Chile. No era para menos, en ese preciso momento estaba llegando el avión del Papa Francisco al país vecino.

El despegue se realizó por pista 11 y enseguida los TCP comenzaron con el servicio de abordo que constaba de un sandwich de jamón y queso acompañado por un Bon o Bon «made in Chile» que tiene un sabor algo distinto al nuestro.

Ya saciada el hambre de los pasajeros (sin contar quizá a nuestra vecina de asiento oriental que le seguía dando a las mandarinas que se había llevado consigo), una de las tripulantes anunció que había un pasajero que quería decir unas palabras, y le cedió el intercomunicador. La propuesta de matrimonio a 30000 pies de altura sería entonces la segunda emoción del viaje.

Por supuesto que imaginando lo que se venía, hay video del momento clave donde incluso se ve que la novia abraza y besa a su amado, pero no atina a dar el «sí». Sólo en los segundos finales nos sacamos la duda…

El capitán anunció el cruce de cordillera unos doce minutos antes de comenzarlo, para darle tiempo a todos de ir al baño y volver a sentarse con los cinturones abrochados. Por mi lado me dio tiempo de preparar el celular para captar uno de los más bellos paisajes que puedan ver los ojos humanos: los Andes nevados desde el cielo.

Les dejo otra más, porque sobrevolar las montañas con luz solar lo amerita!

Casi inmediatamente después de que los Andes quedaran atrás, el avión hace su circuito de aproximación para encarar la pista 17L por la que aterrizamos.

Así finalizaba la primer fase de este vuelo, ya que el destino final era México y aún nos faltaba el tramo más largo. Pero eso es cuestión que queda para el post del lunes que viene!