Archivo por meses: abril 2020

El Museo de los Instrumentos Musicales de Bruselas

Cuando uno visita Bruselas, en el 2 de la Rue Montagne de la Cour inevitablemente un edificio le llamará la atención por su característica fachada totalmente vidriada y con estructura de hierro forjado. Se trata del Old England, una construcción Art Nouveau levantada en el año 1899 y que hoy en día alberga a uno de los imperdibles de la ciudad: el Museo de Instrumentos Musicales.

El MIM de Bruselas cuenta con 4 pisos en los que se distribuye la exposición que incluye 1121 instrumentos musicales, aunque esto es una solo una pequeña parte de la colección, de la cual forman parte unas 9000 piezas. Para recorrerlo uno podrá tomar el antiguo y pequeño ascensor (si tiene paciencia y tiempo para esperar en una larga cola para subirse a él), o bien como hicimos nosotros, subir por las escaleras a su alrededor. Cada piso tiene su temática particular.

La muestra será un viaje por distintas épocas y lugares. Hay desde instrumentos de la Edad Media hasta los más modernos sintetizadores y bajos eléctricos. Incluso una serie de campanas, de diferentes tamaños y con sonidos distintos. En cuanto a la zonas geográficas se pueden ver obviamente instrumentos de origen europeo, pero también de otros lugares del mundo como África, Oriente y América. El más llamativo, sin lugar a dudas, es el candelabro de serpientes.

Especial mención merece por supuesto la parte de la muestra dedicada a los teclados. Por su extensión y cantidad de elementos, se nota que en el MIM le dan importancia a estos instrumentos, y no es para menos, porque lo que se ve allí es realmente asombroso.

Quizá sea por que los teclados son un instrumento considerado de invención europea, o quizá por la importancia que tuvieron en las iglesias y cortes cuando se originaron, y desde donde se esparcieron hacia el resto de la sociedad. O quizá ocupen tanto lugar en la exposición simplemente por sus tamaños, al respecto de lo cual la muestra se encarga de destacar el esfuerzo constante a través de los años para hacerlos más y más chicos y portables. Como así también la manía de agregarle un teclado a todo instrumento que anduviera dando vueltas.

Pero sin lugar a dudas, lo que más resalta en el MIM es el arte asociado a estos fascinantes instrumentos de teclas. Sus formas increíbles y llamativas, y por supuesto las asombrosas pinturas que se les agregaban aprovechando la amplia superficie de los pianos de cola y clavicordios. Muchos de ellos son verdaderas obras de arte que bien merecerían estar encuadradas y colgadas en algún museo de arte.

Claro que el museo, como dijimos, no es solo teclas. También hay cuerdas, entre las que destacan la familia de violines.

Vientos de todos los tamaños.

Y también percusión, en este caso proveniente de otras culturas, generando un contraste importante que le da dinamismo a la exposición.

No los nombran para nada, pero en una zona del museo es imposible no recordar a los Beatles en su época más psicodélica y experimental… Casi que cierro los ojos y lo estoy viendo a George Harrison sentado allí!

Una buena idea para recorrer el MIM será pagar el servicio de audioguía, que por solo EUR 2 nos permitirá conocer cómo suena en realidad cada uno de los instrumentos que estamos observando. La entrada general cuesta (al momento de esta publicación) EUR 10, y tanto los mayores de 65 años como los estudiantes de arte tienen descuento. Dos puntos destacables del MIM en cuanto a sus precios: los menores de 18 años entran gratis, y los desempleados pagan solamente EUR 4.

Si te da hambre durante la visita, en la terraza hay un restaurante desde el cual se obtienen unas buenas vistas panorámicas de la ciudad. Y por supuesto también hay un gift shop para que puedas llevarte a casa un recuerdo de la visita a este edificio por el que pasan aproximadamente unas 125.000 personas cada año.

Si disfrutas de la música, definitivamente es una visita más que recomendable cuando vayas a Bruselas.

Lufthansa cierra Germanwings por la crisis del COVID-19

No solo de vidas humanas se nutre el terrible COVID-19 al que apenas algunas semanas le fueron suficientes para cambiar radicalmente el mundo, sino que también mata empresas. La crisis sin precedentes desatada en la industria de la aviación abrió un nuevo capítulo la semana pasada cuando la alemana Lufthansa confirmó el cese definitivo de las operaciones de su subsidiaria Germanwings, dedicada al mercado de las low cost, quizá el área del negocio más impactada hasta ahora.

A320 de Germanwings. Sus colores ya no se verán en los aeropuertos europeos.

La situación de la industria no es fácil en estos días, y el conglomerado germano no es excepción. De hecho, en conversaciones con su división de cargas, se supo que ya han recurrido por ayuda al gobierno alemán, planteando un panorama desolador: Así como vienen las cosas, no habrá compañía aérea que sobreviva sin ayuda del estado. Si bien la canciller Merkel no solo escuchó, sino que incluso prometió ayuda gubernamental, Lufthansa ya ha puesto en marcha un plan para reducir costos e intentar sobrevivir.

La subisidiaria Eurowings seguirá operando, pero ya no realizará vuelos long haul.

Dentro del marco de este plan se encuadra el cierre de Germanwings, una empresa que ya venía golpeada en cuanto a reputación desde 2015 cuando un primer oficial suicida decidió estrellar el A320 que piloteaba contra los Alpes franceses, matando así a 150 personas. Con esta drástica medida al menos unos 1400 trabajadores (entre pilotos y auxiliares de vuelo) perderán su trabajo; motivo por el que Markus Wahl, presidente del sindicato que los nuclea, describió la decisión como «repulsiva y de sangre fría», entendiendo que a esta altura se trata de algo desmedido.

A380 de Lufthansa en Miami. El avión de pasajeros más grande del mundo será una de las bajas en la flota.

Sin embargo los directivos de la empresa ven la presente situación con verdadero pesimismo. Según sus cálculos pasarán meses antes de que las restricciones para viajes se levanten en su totalidad, y esto provocará que los niveles pre-crisis tarden años enteros en volver. En este contexto, Lufthansa no sólo le puso punto final a Germanwings, sino que también recortará las operaciones de largo alcance de su otra marca menor: Eurowings. Además acelerará el proceso de reducción de su flota, con lo cual en el futuro inmediato saldrán de la flota de Lufthansa 6 A380, 7 A340-600 y 5 B747-400, mientras que Lufthansa Cityline desafectará 3 A340-300. Claramente, los viejos cuatrimotores (que consumen grandes cantidades de combustible y por tanto son caros de operar) son los primeros en caer en desgracia.

Un A340-300 de Lufthansa en aproximación final al aeropuerto de Hamburgo. Otro de los que se quedan afuera.

Claro que el resto de las áreas del grupo no son ajenas a todo esto. Austrian y Brussels Airlines han comenzado también programas de reestructuración, mientras que Swiss demorará la entrega de nuevos aviones por parte de sus fabricantes.

Austrian Airlines también sufrirá una reestructuración próximamente.

Si bien estas noticias parecen lejanas aún, no podemos descartar que tengan un impacto en el mercado argentino. Antes del cierre de fronteras, Lufthansa volaba a Argentina una frecuencia diaria de pasajeros con sus flamantes B747-8i. Evidentemente cuando el mercado comience a reactivarse la aerolínea deberá reorganizar su flota y rutas, y por supuesto que eso dependerá de la evolución de la demanda. Habrá que ver si Ezeiza sigue siendo un punto tan atractivo para seguir viniendo de forma diaria, o si deberá ceder alguno de sus vuelos a otra ruta que esté performando mejor.

El B747-8i en su versión livery retro despegando de Ezeiza. Seguirá llegando a Argentina todos los días?

Lo que sí está descontado es que la recuperación de los vuelos en todo el mundo será lenta y dolorosa. Y que en el proceso, habrá liveries, colores y nombres que dejarán de existir.