Archivo por meses: julio 2019

Historia del día en que los gremios aeronáuticos nos tomaron de rehenes.

El viernes 5 de julio llegué a Aeroparque pasadas las 7 de la mañana para abordar el vuelo AR1502 que despegaba a las 8:25 de la mañana con destino a la ciudad de Córdoba. Iba a ser una jornada de trabajo en la ciudad del fernet pero de repente y sin previo aviso hubo que modificar la agenda una, dos, y la verdad no se cuántas veces.

Si bien mi vuelo figuraba en horario la gente en la sala de embarque se agolpaba sobre las pantallas de información en las que de a poco empezaban a aparecer las cancelaciones. Cada vez que el personal de las líneas aéreas anunciaba por los parlantes que el vuelo X había sido cancelado, los pasajeros afectados parecían recibir un golpe en la boca del estómago: suspiros, caras de sorpresa mezclada con decepción y algún que otro resoplido eran la regla general. No era la niebla ni una tormenta descomunal que impedía la salida de los aviones. Esta vez la famosa «meteo» no tenía nada que ver, sino que las cancelaciones y demoras se debían pura y exclusivamente a actividad gremial.

Pero ojo, no se trató de un paro en reclamo por recomposición salarial, ni tampoco de una huelga presionando a las empresas y el gobierno para que garanticen la seguridad operacional de la industria aeronáutica argentina. El motivo del caos que se vivía en Aeroparque era una «Asamblea Informativa» que el mismo 5 de julio APLA (el sindicato de los pilotos) anunciaba con el siguiente comunicado:

De esta forma APLA dejó en tierra a una buena cantidad de pasajeros porque sus pilotos estaban ocupados informándose sobre la situación de la industria aerocomercial argentina (o en todo caso la visión del sindicato sobre la misma). Si bien la asamblea finalizó a las 8 de la mañana, las operaciones no se reanudaron en ese momento ya que pegadito a la asamblea de APLA comenzó la de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, sindicado que agrupa a los tripulantes de cabina. La cuestión es obvia: sin pilotos y TCPs el avión no puede salir.

Hagamos un paréntensis acá para hablar de los gremios, su rol en la sociedad y en fin, su importancia. Es una realidad innegable que el mundo en el que vivimos (y trabajamos) hoy es producto de la acción de los sindicatos. La historia demuestra con sobrados ejemplos que sin estas organizaciones que balancean el poder del empresariado, los trabajadores pocos derechos tendríamos, y más que colaboradores de una empresa seríamos sus esclavos. Leamos sino un poco sobre la revolución industrial y cómo eran las jornadas y condiciones laborales en aquellos tiempos. Y aún hoy en día hay mucho que hacer, tanto negociando con las empresas como con los gobiernos, ya sea para seguir encontrando mejoras como para mantener las condiciones actuales, a la vez que se mejora la productividad.  Hasta aquí la función de un gremio en una sociedad, para cuya consecución tiene diferentes herramientas, incluído el derecho de huelga que es válido, genuino y legal.

El problema viene cuando con estos ideales se mezclan la política y mezquinos intereses individuales y/o grupales, punto en el que una organización que está pensada y creada para defender los derechos de un grupo amplio de trabajadores pasa a accionar en beneficio de lo que a algunos pocos les importa. Y ese parecería ser el caso de estas asambleas repentinas que, según los comunicados, apuntan a informar a los afiliados, pero cuyo objetivo claro y real fue joderle la vida a miles de pasajeros, ser la noticia del día y meterle presión al gobierno. Porque, vamos muchachos! ¿Informar a los pilotos? En pleno siglo XXI, la era de las comunicaciones, organizar una juntada en un horario pico de un viernes previo a un fin de semana cuasi largo solamente para informar algo parece un chiste de mal gusto, y no se lo cree nadie. Los volantes y carteleras existen desde que se creó la imprenta, pero ponele que hoy en día nadie los lee. Están internet, particularmente redes sociales, intranet, whatsaap, blogs, podcasts… Hasta asambleas presenciales organizadas en turnos para que participen aquellos pilotos que en ese momento no deban estar al mando de un avión; y que a la vez los que están volando tengan la oportunidad de asistir en otro turno y no perderse la información. Formas ingeniosas de informar a los afiliados de forma confiable y sin joder al pasajero hay. Sólo hace falta un poquito de ingenio, y, por supuesto, la intención de no joder a nadie.

Pero faltaba la jugada del millón: las asambleas de los dos gremios en lugar de superponerse y así minimizar el impacto a los pasajeros, se sucedieron cosa de dejar en tierra a la mayor cantidad de gente posible. Entonces muchachos no, a los usuarios no nos sirven las disculpas por los inconvenientes originados cuando las cosas fueron malintencionadas.

Y vuelvo al punto de la importancia de los gremios, su acción en la sociedad y su legitimidad. Cada uno podrá tener su opinión política, su visión sobre la política aerocomercial (o cualquier otra) de este u otro gobierno, y su idea sobre lo atinado o no de llevar adelante un paro. No voy a quejarme de cuando piden el aumento salarial que les corresponde, y mucho menos si dejan un avión en tierra porque consideran que no están dadas las condiciones de seguridad para operar. Al contrario, aplaudo y agradezco que así sea y que mantengan a la industria aérea como la más segura de las formas de transporte. Pero es imposible que me convenzan de que la única forma de comunicar efectivamente lo que los pilotos y tripulantes deban saber, sea frenar los vuelos de todo el país y arruinarles el fin de semana a miles de usuarios. En realidad, con medidas como esta lo único que logran es desacreditar la credibilidad del gremio ante la socidedad.

Una actitud muy triste y lamentable si pensamos que, al final de cuentas, todos ustedes no viven en realidad de las empresas que les pagan los salarios, sino de los pasajeros que día a día elijen a esas empresas para viajar, y pagan por ello, financiando así sus salarios. Esos mismos pasajeros a los que el viernes 5 de julio dejaron de a pié.

Qué hacer y qué visitar en Navarro. Una recorrida por la ciudad.

Ubicada a unos 125 kilómetros del centro porteño la ciudad de Navarro presenta muchas cosas para hacer y descubrir. Dependiendo de los intereses personales de cada uno hay un gran abanico de opciones para aprovechar. Tanto que en nuestro caso ameritó dos visitas para conocerla un poco más a fondo.

Al nombrar esta localidad de la pampa bonaerense uno piensa casi instantáneamente en su laguna. Este enorme espejo de agua casi que define a la ciudad y le da vida, tanto en la actualidad como a lo largo de la historia. De hecho, la Guardia San Lorenzo, primer asentamiento militar del cual luego derivó el pueblo, se estableció en las márgenes de la laguna que era la fuente de agua, tanto para ellos como para el pastoreo de los animales. Hoy en día en sus orillas se encuentra el camping municipal que, como pudimos comprobar durante nuestra visita, es el centro de la vida navarrense en los meses de verano.

Pero a diferencia de otros lugares por Navarro además pasó la historia y dejó huellas importantes que, para bien o para mal, hasta definieron a la Argentina como país. Sin dudas, en este aspecto resalta el Parque Dorrego, sitio histórico en donde el gobernador de Buenos Aires fue fusilado por orden del general Juan Lavalle, luego de derrocarlo y vencerlo en batalla. Navarro aún llora esta desgracia y homenajea a Dorrego con esculturas en la plaza central que, por supuesto, lleva también su nombre.

Ya no tan oficial, pero igualmente histórica, es la vida del gaucho Juan Moreira, vecino del pueblo que tuvo un pasar trágico, entremezclado con amores disputados por un acérrimo y poderoso enemigo y su carrera como guardaespaldas de personalidades políticas. Todo ello rodeado de un halo de muerte y asesinatos. En Navarro aún puede visitarse la pulpería que Moreira frecuentaba en aquellos años.

Los espacios verdes están bien cuidados y son ideales para disfrutar en días de sol. El Prado Español cuenta con juegos para niños y mesas bajo la sombra de los árboles, todo en un ambiente cerrado que da una seguridad extra a los que quieran ir con chicos y relajarse. La Plaza Dorrego está muy linda también, y con algo de suerte al caminar por ella te podés encontrar con alguna banda ensayando para su próxima presentación.

Por supuesto que el centro de la ciudad cuenta también con sus atractivos. Allí frente a la plaza, justo al lado del Palacio Municipal puede conocerse la iglesia San Lorenzo Mártir, inaugurada en 1870 y en cuyo interior hay un cristo con más de 400 años de antigüedad. Un poco más allá se encuentra la réplica del Fortín San Lorenzo, en cuyo predio está también la antigua estación de ferrocarril, hoy convertida en pulpería – museo.

Si de trenes hablamos, Navarro tiene el privilegio de contar con dos estaciones en lugar de una, con la particularidad de que ninguna de ellas está en funcionamiento. La perteneciente al Ferrocarril Belgrano estuvo en actividad hasta el año 1993 en que el gobierno nacional decidió el cierre del ramal, pero a pesar de eso se encuentra en muy buen estado y alberga al Museo Ferroviario a cargo de Tito Martino, un imperdible para todo amante de los rieles que esté paseando por estos pagos.

Caminando las calles de la ciudad uno se encontrará también con distintivas esculturas de hojalata, como la que ya mencionamos del Coronel Dorrego en la plaza homónima. Juntas conforman el denominado «Camino de las Esculturas», y a la del prócer se agregan las del Gaucho Fierro, la del bombero frente al cuartel, y la del Indio Pampa entre otras. Aunque oficialmente no forma parte de tal circuito, apenas uno ingresa a Navarro será imposible no reparar en la enorme escultura «El Tambero» ubicada en la rotonda de acceso.

Si uno lo piensa es algo lógico ya que las principales actividades económicas de esta localidad son la producción lechera y la cría de porcinos. Sin embargo, como buena excusa para visitar la ciudad en fechas específicas, entre las fiestas populares de índole gastronómico que se celebran se destacan la «Fiesta del Buñuelo Navarrense» en octubre y la «Fiesta del Asador Navarrense» en noviembre y que había acontecido pocos días antes de nuestra primer visita.

Igualmente, aunque no haya fiesta popular agendada, pasar el día en Navarro no reviste ningún inconveniente. Por supuesto que uno puede llevarse la vianda de casa para disfrutarla al aire libre en uno de los tantos espacios verdes de la ciudad, pero la oferta gastronómica también es amplia y variada. En nuestro caso optamos por hacer un mix cultural, almorzando en el restaurante Almacén Museo La Protegida. Muy recomendable el lugar, la comida, y la charla con su dueño que es un gran conocedor de la ciudad y su historia.

A menos de dos horas de auto desde el centro porteño, Navarro es una excelente opción para cambiar de aire y pasar un día diferente, empapándose de historia o disfrutando el aire libre.