Archivo por meses: julio 2019

Vuelos de ida y vuelta a San Luis: Reportes de los AR2482 y AR1487

Mis últimas vacaciones transcurrieron en la provincia de San Luis y para llegar hasta allí hubo que madrugar de verdad. Al menos en ese momento (marzo pasado) el único vuelo que llegaba por la mañana era el AR2484 que despegaba de Aeroparque a las 5:25 am. Lo se, es un horario horrible, que prácticamente no te deja dormir, pero a la vez tiene la ventaja de llegar temprano a destino, donde al menos se podrá aprovechar algo del día hasta que el sueño finalmente nos venza.

Normalmente si tengo que despachar equipaje trato de estar en el aeropuerto con la anticipación que corresponde, para el caso de vuelos de cabotaje como este, 2 horas antes del despegue. Pero claro, las partidas de madrugada siempre trastocan un poco los horarios, y más cuando el remisero se queda dormido y te pasa a buscar casi media hora más tarde de lo pactado…

Llegamos a Aeroparque a las 4:25, que es casi el tiempo con el que suelo llegar cuando no viajo por el día, sin equipaje. En el check in de «Destinos Norte» había bastante gente, pero por suerte corría bien, y estuvimos a tiempo.

Luego de pasar por los controles de seguridad sin demora, embarcamos por la puerta 11 desde donde los clásicos colectivos nos llevaron hasta la posición remota donde nos esperaba el Embraer 190 de Austral.

La gran virtud del E-190, a mi entender, es la comodidad para el pasajero. Con sus asientos anchos y mullidos en configuración 2-2 se convierte en un avión realmente confortable, y el pasajero no se siente tan apretado como normalmente pasa en la clase turista de los fuselajes angostos. A pesar de haber elegido otro asiento, en esta ocasión nos asignaron las salidas de emergencia, así que dispusimos de algo de espacio extra para las piernas, y por supuesto recibimos la charla de la TCA con instrucciones específicas, las cuales igualmente están convenientemente pegadas en la mesa rebatible.

El viaje es corto y a esa hora de la mañana cai rendido apenas nos despegamos del piso. Cuando aterrizamos en San Luis el día aún peleaba por ganarle a la noche. El aeropuerto puntano es muy pequeño y no cuenta con mangas. Descendimos por plataforma y retiramos los equipajes en una sala muy pequeña que sólo es apta para atender un vuelo a la vez.

Dos semanas después estábamos de vuelta en LUQ para abordar el vuelo de regreso a Buenos Aires. Ahora sí llegamos con tiempo de sobra, tanto que nos encontramos que en el stand de la rentadora aún no había nadie para devolver el auto alquilado. Esto es algo bastante común en los aeropuertos del interior, donde el personal trabaja en la ciudad y viene hasta aquí únicamente cuando llegan los vuelos. Por supuesto el muchacho llegó a tiempo e hicimos los papeles de devolución sin inconvenientes.

En esta ocasión el equipo asignado era un B737, con mayor capacidad que el E-190. Era domingo, y ese era el único vuelo del día, por lo que era mandatorio poner un avión más grande para atender el total de la demanda. De hecho, a diferencia del E-190 que nos trajo, el Boeing de vuelta voló casi full de pasajeros.

Un detalle importante a mencionar salió a relucir cuando hacíamos la entrega del equipaje en los mostradores de checkin. Allí resultó que la pareja que estaba delante nuestro se encontró con la sorpresa de que su pasaje no incluía el equipaje, por lo que debían pagar con recargo allí mismo, o bien rearmar todo a fin de poder llevarlo en cabina como equipaje acompañado, para lo cual existen restricciones en cuanto a dimensión y peso de los bultos. A pesar de que ya hace un tiempo que Aerolíneas Argentinas adoptó esta modalidad a fin de adaptarse a la nueva realidad del mercado, es evidente que hay gente que aún no tomó nota. Por eso vale la pena recordarlo en este párrafo: al emitir el pasaje revisen con atención las condiciones de equipaje incluidas en la tarifa. Es probable que se deba abonar aparte y en ese caso siempre es mejor hacerlo anticipadamente por internet, tanto porque es más barato como para evitarse dolores de cabeza al momento del embarque.

Como ya dijimos anteriormente, el Aeropuerto de San Luis es muy pequeño. Eso se ve en su hall y en la diversidad de servicios que tiene para el pasajero: apenas un bar en la punta que sólo está abierto algunas horas antes de la llegada de los vuelos. Una vez pasados los controles de seguridad no hay más nada, con excepción de los baños, así que si quieren comprar algo deben tenerlo en cuenta. (También tienen que recordar que no pueden pasar por los scanners con líquidos, así que lo que compren para tomar en el bar lo tienen que consumir antes de pasar por PSA). En cuanto a comodidad, si bien es pequeña la sala de embarque cuenta con asientos para casi la totalidad de los pasajeros de un B737, así que para el movimiento que tiene el aeropuerto está muy bien.

En el vuelo de regreso no me dormí, así que en la hora y media que dura pude disfrutar del servicio de abordo que es únicamente de bebidas. Recuerden que desde hace bastante Aerolíneas eliminó el serivicio de comidas a bordo para vuelos cortos. Al llegar a Aeroparque desembarcamos por manga, lo que hizo que nos mezcláramos con los pasajeros que aguardaban para abordar su vuelos en la sala de embarque. Siguiendo la cartelería de «Reclamo de Equipajes» se llega hasta las cintas y la salida.

Asi finalizaron las vacaciones en San Luis. Hay mucho material para compartir con todos ustedes sobre Merlo y Potrero de los Funes, las dos localidades en las que hicimos base durante 15 días. Estén atentos, que ya vendrán los posts!

El Parque Nacional Tikal: La impresionante ciudad maya de Guatemala.

Las leyendas sobre la «ciudad perdida» siempre habían estado en el saber popular guatemalteco pero fue en febrero de 1848 cuando el gobernador de Petén, Ambrosio Tut, notó lo que le parecieron cúpulas de edificios que sobresalían de la selva. Enseguida corrió a avisarle al corregidor y fue entonces que junto a Modesto Mendez descubrieron oficialmente a Tikal.

La Ciudad de las Voces (tal el significado de su nombre) había permanecido escondida por la selva durante siglos desde que los mayas la abandonaron abruptamente. Hoy sabemos que Tikal es el asentamiento preshispánico más extenso de Guatemala, y habiendo sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, es uno de los puntos turísticos más importantes del país centroamericano, y un imperdible para todo aquél viajero que lo visite.

Ubicado en el municipio de las Flores, departamento de Petén, y a algo más de 500 km desde la Ciudad de Guatemala, el viaje hasta Tikal es largo pero vale la pena. Con una superficie de unos 576 km2, de los cuales se han investigado apenas 16, se trata del sitio arqueológico más grande del continente americano y es absolutamente fascinante. Aun cuando falta mucho por descubrir en este enorme predio y recorrerlo en su totalidad en un sólo día es imposible, puedo decir que nuestra recorrida no estuvo nada mal.

Iniciamos la caminata en el Centro de Visitantes desde donde nos dirigimos hacia la Gran Plaza, el corazón de la ciudad y punto en el que se levantan sus edificios más relevantes. Allí se encuentra el Templo del Gran Jaguar, que con sus 45 metros de altura está orientado hacia el oeste, de cara a la puesta del sol. Al frente, en el extremo opuesto de la plaza, se levanta el Templo II, también conocido como Templo de las Máscaras, construido cerca del año 700 por el gobernante Jasaw Chan K’awiil I, como monumento mortuorio para su esposa. A este templo se puede subir por una escalera instalada en su parte posterior para obtener una espectacular vista aérea de la Gran Plaza.

Si uno se aventura hacia atrás de este edificio rápidamente llegará al Templo del Sacerdote Jaguar, que se supone perteneciente a la última fase de construcción de la ciudad, allá por los alrededores del año 810. Alejándonos en dirección opuesta a la Gran Plaza por la Calzada Tozzer llegaremos finalmente al más cinematográfico de los edificios de Tikal. En un extremo de la metrópoli, el Templo IV, conocido también como el de la Serpiente Bicéfala, fue escenario de la película El Ogro. Sin embargo sería en 1977 cuando le llegaría la fama mundial. Con sus 70 metros de altura, el Templo IV es el más alto de la ciudad y esto permite tener una vista fascinante del resto de las construcciones, con sus cúpulas sobresaliendo de la espesura selvática. Esa misma vista es la que fascinó a George Lucas, y es la que puede admirarse en una de las escenas de Star Wars, Episodio IV (una de las tres películas originales de la trilogía). Quienes la hayan visto, quizá recuerden este escenario.

Por supuesto que los mayas practicaban aquí también sus actividades astronómicas, como ya había quedado patente cuando visitamos la ciudad de Chichén Itza, a cuyo post accedés haciendo click aquí. En el caso de Tikal encontramos a la Gran Pirámide, de aproximadamente 32 metros de altura y fácil acceso por sus escalinatas dispuestas en los cuatro lados. Junto con la Plataforma Este formaba un conjunto de observación astronómica.

También en esta ciudad el juego de pelota era una actividad importante y tenía lugar en la Plaza de los Siete Templos, en cuyo extremo norte había tres patios para practicarlo. Este grupo de estructuras debe su nombre a los siete templos alineados uno detrás del otro, de norte a sur, donde el central es el de mayores dimensiones.

Como  ya hemos dicho, recorrer la ciudad entera llevará más de un día, en particular porque hay puntos que están muy distantes de la Gran Plaza, por lo que llegar hasta ellos requerirá una larga caminata. Por eso, para los que estén interesados y dispongan del tiempo, lo mejor será dividir la visita en dos días. De disponer de sólo uno, como era nuestro caso, lo más recomendable es restringir la recorrida a los puntos mencionados en este post, que son los más interesantes.

Claro que por más restringida que sea la visita, siempre llevará del día completo y habrá que tener algunas precausiones. Fundamental un gorro para cubrir la cabeza, lentes oscuros y protector solar porque el sol pega realmente fuerte. Tampoco hay que olvidar el repelente de insectos y, por supuesto, agua, mucho agua. Si bien hay puntos donde comprar, siempre es bueno llevar una mochila con líquido e incluso, una vianda liviana.

Las ruinas de Tikal son un lugar para disfrutar. Se las puede andar e incluso a las que están habilitadas se puede subir. Una excursión imperdible que te hace volver siglos en el tiempo. ¡A no perderselá!