Archivo por meses: mayo 2019

Una rápida visita al Wings Over Miami Air Museum.

Estando de visita en Miami hace unos años atrás me acerqué hasta el Miami Executive Airport con un fin bien claro: visitar el único museo aeronautico que había encontrado en la ciudad. Sin embargo problemas climáticos me obligaron a cambiar el día programado para la excursión, y entonces al llegar descubrí que el objeto de mi viaje estaba cerrado. Como no hay mal que por post no venga, tal como pregona un famosísimo bloguero de viajes, de ese fallido surgieron los artículos sobre el monumento a la Bahía de Cochinos y sobre el otro museo que me fui a visitar, el Gold Cost Railroad Museum. Pero claro, me había quedado con las ganas y no estaba dispuesto a darme por vencido.

En noviembre pasado volví a pasar por Miami y, por supuesto, reincidí en el intento de conocer el museo, que esta vez fue exitoso.

Luego de pagar la entrada me indicaron la puerta que debía traspasar para comenzar la visita, y allí me metí en un ambiente más bien oscuro donde el museo homenajea a los militares y, en particular, a las mujeres que durante la Segunda Guerra Mundial conformaron las WASPs (Women Airforce Service Pilots), que no eran ni más ni menos que organizaciones civiles de mujeres piloto que durante la contienda se dedicaban a realizar vuelos de prueba, vuelos ferry de traslado de aeronaves vacías, o incluso a entrenar otro pilotos, con la misión de liberar a los varones de esas tareas para que pudieran ir a combatir al frente. Una  historia interesante para todo entusiasta de la aviación y del rol de las mujeres en nuestra sociedad, y que hasta ese momento para mi era totalmente desconocida.

 

Luego de ver algunas puestas en escena de guerra y motores y partes de avión diseminadas por aquí y allá, se llega al hangar propiamente dicho, que en sí es el plato fuerte del museo. Allí se concentra una buena cantidad de aviones, tanto militares como civiles, bajo el techo de chapa que resulta demasiado pequeño para la población que alberga. El resultado es un tanto decepcionante, en el sentido de que los aparatos están bastante amontonados, por lo que sacar una foto limpia de alguno es realmente difícil, y el rudimentario sendero armado con cuerdas no se interna entre los aviones sino que los rodea, con lo cual a algunos de ellos no se los puede apreciar de tan cerca como uno quisiera.

La estrella del museo es una muestra de los que les digo. Se trata del hermoso y enorme F-14D Tomcat que con orgullo el Wings over Miami mantiene bajo su techo. Por lejos el avión más moderno y grande que tendremos oportunidad de observar aca (y a este sí que lo tenemos bien cerquita), pero entre su tamaño y la falta de espacio en el hangar sacarle una foto exclusiva es un absoluto imposible. Es por eso que en la que elegí sale con la otra joyita del museo: una réplica del Demoiselle construido en París por Alberto Santos-Dumont.

El Demoiselle es considerado el primer avión del mundo en ser fabricado en serie y ya en 1909 se ofrecía con 3 motorizaciones diferentes (en algunos casos eso es más que las opciones que tenés hoy en día para comprar un modelo de auto). Mientras que el que se exhibe aquí es una réplica, el F-14 dista mucho de serlo. El Tomcat Bureau Number 164342 fue entregado a la Armada norteamericana en 1991, estuvo embarcado en el USS Theodore Roosvelt y combatió en la Guerra de Irak. Hoy descansa en Miami.

Un detalle interesante es que casi la totalidad de la coleccion del Wings Over Miami Museum está en condiciones de volar; y de hecho a algunos de sus ejemplares se los hace despegar de forma regular los fines de semana. Sin ir más lejos, el día que recorría el hangar cámara en mano un fuerte ruido de motor me sorprendió desde la plataforma, y al acercarme a la puerta pude ver a otro de los habitantes del museo que, luego de dar una vuelta, había regresado para aterrizar sano y salvo.

Además de crear el ámbito necesario para que los visitantes puedan apreciar los aviones, el hangar del museo funciona activamente como centro de mantenimiento, lo que puede notarse al recorrerlo ya que hay por todos lados herramientas y elementos que así lo sugieren. No será extraño entonces ver a alguien ir y venir, trabajando en los diferentes aparatos.

Apto para los fanáticos de la aeronautica, el Wings Over Miami Museum está algo alejado de la ciudad, y más aún si te estás alojando en Miami Beach, pero en auto se llega con no más de 20 minutos desde el centro. Se lo puede visitar de miércoles a domingos, entre las 10 y las 17 horas. Lunes y martes permanece cerrado.

De Aeroparque a Santa Fe con Austral: Reporte del Vuelo AR2712.

Hace unos días atrás madrugué fuerte, aunque  la emoción de tomar un vuelo a un destino que  hasta el momento no conocía amortiguó un poco el malhumor de escuchar el despertador tan temprano. Tenía que tomar el AR2712 que estaba programado para decolar de Aeroparque a las 7:20 de la mañana, así que ya a las 6:15 estaba en el aeropuerto metropolitano. Para mi sorpresa (bueno, no tanto en realidad) yo no era el único levantado a esas horas…

Si bien había recibido el boarding pass por mail y lo tenia en el celuar, como en general me gusta tenerlo en papel me dirigí a las máquinas de autoservicio para imprimirlo. Tipeando el código de la reserva, en un momento ya estaba listo para dirigirme al primer piso para pasar por el control de seguridad. Aunque a esa hora de la mañana lo único que quería era un café antes de abordar, y por lo tanto no me frené a mirar, en el pasillo hacia el preembarque de cabotaje me encontré con una buena iniciativa llamada «Muestrambiente» que resalta el patrimonio faunístico argentino en obras de arte.

Pasé por los scanners de la PSA sin demoras y me dirigí de inmediato hacia el Gate 2 por donde debía abordar. Tenía tiempo suficiente así que en el local frente a la puerta me compré un café con medialunas para desayunar, y aproveché a retratar al Embraer 190 que me llevaría a destino, porque aunque el número de vuelo lleva prefijo AR en realidad es operado por Austral.

El abordaje comenzó en horario y fue bastante ágil y por manga, así que en breves instantes estábamos acomodándonos en los confortables asientos del E-190. Bajo una llovizna persistente el Austral carreteó hasta la cabecera 13 y comenzó la carrera de despegue casi sin detenerse.

Levantamos vuelo hacia un cielo totalmente encapotado que presagiaba turbulencia, pero el aparato siguió ganando pies sin descanso hasta salir de las nubes y allí la noche se convirtió en día con un sol radiante brillando a lo lejos. Para quienes hayan visto la película The Flight, la sensación es justamente esa, aunque sin tanto dramatismo. Ya nivelado, el comandante aprovechó para presentarse y augurar un vuelo tranquilo, con excelentes condiciones climáticas en la ruta.

Y cumplió. Ahí sobre las nubes el vuelo fue muy agradable y el cielo despejado incluso nos permitió ver ese punto blanco que se ve en la cielo de la foto anterior: un tránsito que por unos minutos mantuvo el mismo rumbo que nosotros hasta que viró levemente hacia la izquierda y se perdió de vista. El vuelo no tuvo más novedades ya que al ser corto ni siquiera cuenta con servicio de refrigerio, razón por la cual me autofelicité por haber desayunado en el aeropuerto.

Algo que no dijo el capitán al presentarse fue que, si bien la ruta presentaba excelentes condiciones climáticas, las reinantes en el aeropuerto de destino eran un asco. La niebla, hipercerrada, no dejó ver absolutamente nada una vez que comenzamos el descenso y nos metimos en las nubes. En medio del manto blanco sin visibilidad alguna se escuchó claramente tomar potencia a los motores para hacer alguna corrección en la maniobra de aproximación, y así se mantuvo la niebla hasta que estuvimos a escasos metros de altura.

La magia del ILS (Sistema de Aterrizaje por Instrumentos, por sus siglas en inglés) con el que cuenta el aeropuerto de Santa Fe permitió que tocáramos el suelo sin dificultades, aunque los pilotos no vieran ni lo que tenían delante de sus narices por el parabrisas del avión. La foto cuando el E-190 despeja la pista principal (para lo cual tiene que hacer un giro en 180° y volver hasta prácticamente el centro de la misma) da una idea de lo que era la niebla ese día.

Habíamos llegado entonces a Santa Fe, a horario, sanos y salvos, donde nos esperaría una intensa jornada de trabajo. Todo hecho posible gracias a las obras que permite que Sauce Viejo pueda operar con seguridad en condiciones climáticas adversas. Y por supuesto, la pericia de los pilotos de Austral Líneas Aéreas que hicieron del vuelo una travesía más que agradable.