Archivo por meses: mayo 2019

Visitamos el Palacio Nacional de Guatemala.

En pleno centro histórico de la ciudad, justo frente a la Plaza de la Constitución, se alza el imponente edificio del Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala, antigua sede del gobierno del país centroamericano que funciona hoy como museo albergando en su interior distintas colecciones de artistas guatemaltecos que los visitantes pueden apreciar, además de ser utilizado para eventos protocolares por parte del Poder Ejecutivo, y ser el kilómetro 0 para todas las rutas que salen de la ciudad de Guatemala.

 

El ingreso al recinto cuesta Q40 (quetzales) para los extranjeros, mientras que para los nacionales guatemaltecos la entrada es libre y gratuita. El cronograma de la visita puede verse restringido en algunos días y horarios, de acuerdo a las actividades oficiales que se realicen en el Palacio. De hecho, durante nuestra visita se estaban desarrollando algunas reuniones, así que en principio no podríamos subir a la planta alta del edificio.

El edificio fue levantado por orden del general Jorge Ubico, en ese entonces presidente de Guatemala, e inaugurado el 10 de noviembre de 1943. Se trata de una construcción simétrica, con un cuerpo central y dos laterales exactamente iguales, tal como puede notarse fácilmente al contemplarlo desde la plaza. Además, fue el primer edificio de la ciudad en ser construido con técnicas antisísmicas. Un detalle interesante: para levantarlo se aplicó la ley de vagancia, que implicaba que quienes eran encontrados en los bares de la ciudad entre las 7 y las 16 hs. fueran detenidos y obligados a trabajar en la construcción. De hecho, así se desarrolló gran parte del urbanismo de la ciudad, y la sede gubernamental no fue una excepción.

Tal como nos indicó la guía que nos acompañó durante la visita, en su interior el palacio es ecléctico, ya que muestra una mezcla de estilos entre los que resalta el árabe ya que el general era un entusiasta de esta cultura. Esto se puede ver claramente en las fuentes del patio interior, las cuales, según se dice, debían funcionar constantemente mientras Ubico caminaba por aquellos pasillos a fin de que sus conversaciones no pudieran ser escuchadas por oídos indebidos.

Otro detalle que resalta casi permanentemente son los relojes. Hay una buena cantidad distribuidos por el edificio, todos ellos de marca Ericcson, y deben su presencia a que el general gustaba casi obsesivamente de la puntualidad.

En la planta baja del edificio puede apreciarse piezas de la arquitectura del edificio, como ser los contundentes faroles que, al estar apoyados sobre el suelo, se presentan en toda su dimensión, la cual es imposible de apreciar en los que están colgados del techo, por una cuestión de mera perspectiva. También hay una maqueta del edificio, y lo alto de las paredes se aprecian los coloridos vitrales, muchos de los cuales llevan aún las marcas de los daños producidos por el atentado de 1980, cuando el Ejército Guerrillero de los Pobres hizo explotar un auto-bomba para evitar la concentración popular en apoyo al entonces presidente Lucas García.

Asimismo, traspasando el patio con sus fuentes, el visitante llega a un ámbito separado. La Galería Kilómetro Cero cuenta con una exposición de pinturas y obras de artistas nacionales que el tour permite apreciar con tranquilidad.

Y básicamente allí se terminaba todo. Haciendo gala de la hospitalidad que caracteriza a los guatemaltecos, la guía se había realmente esmerado en las explicaciones y contestando las dudas que surgían, pero no había mucho más que mostrar y el acceso al resto del edificio estaba vedado. Pero para mi sorpresa, siendo que yo era extranjero, que probablemente no tendría otra oportunidad de hacer la visita y, por último, que había pagado 40 quetzales, la guía consiguió (sin que nadie se lo pidiera) que un colega de ella me acompañara por las escaleras para ver los murales del primer piso. Porque, además, esos murales son una de las joyas artísticas del Palacio y ninguna visita puede entenderse por «hecha» si no los incluyó.

Así fue como subimos, y acompañados de este otro funcionario traspasamos algunos salones cerrados para el resto del público, hasta llegar al descanso de las escaleras donde se podían ver tamañas obras de arte. Algunas representando la mitología maya (cultura muy presente en la vida guatemalteca), o incluso retratando al Quijote de la Mancha. El mural más impactante en mi inexperta opinión es el que representa la unión de las dos razas y el nacimiento de los mestizos, con una mano blanca que se entrelaza a una morena, protegiendo el casamiento de un soldado español con una princesa indígena.

Ahora sí, podíamos decir que la visita estaba completa. El Palacio Nacional de Cultura es un excelente lugar para adentrarse un poco más en la cultura de Guatemala, conociendo un poco de su historia y los personajes que la protagonizaron, y admirando la obra de sus artistas. Definitivamente, uno de los imperdibles cuando se visite este país centroamericano.

Pasamos por lo de Perón: El Museo Casa Natal de Lobos.

Casi sin querer, y siguiendo los pasos de otro personaje histórico que muriera en Lobos (el gaucho Juan Moreira cuyo post podés leer haciendo click aquí), en una escapada casi relámpago llegamos hasta esta ciudad del suroeste de Buenos Aires, que resulta por demás interesante porque no sólo fue tumba del gaucho de película, sino que además fue cuna de la más emblemática figura política de nuestro país. O al menos, eso dicen algunos…

Y sí, no importa a qué partido apoyes, te guste o no Juan Domingo Perón fue el político más influyente de nuestra historia, al punto que aún hoy en día sigue figurando en cartelería proselitista y hasta en las boletas electorales. Y según dice la historia oficial, nació en esta casa de la calle Presidente Perón (obvio, cómo querías que se llamara?) al 400, en la ciudad de Lobos.

Hago el comentario sobre la historia oficial porque existe una polémica al respecto del lugar de nacimiento del General, una disputa que se da con la vecina localidad de Roque Pérez y en la que no vamos a entrar en este post. Lo cierto es que esta casa de Lobos donde Perón vivió algunos años de su niñez hoy en día está convertida en un museo y biblioteca que puede visitarse.

Se exhiben allí objetos que pertenecieron a Perón, documentos entre los que se destaca el libro de bautismo de Lobos donde se deja constancia del sacramento llevado a cabo en aquella ciudad, y hasta en el patio puede observarse la higuera bajo la cual jugaba cuando niño.

Me llamó mucho la atención el afiche promocionando Perón – Perón, «la fórmula de la patria», encuadrado para protegerlo del paso del tiempo. En la habitación donde se encuentra será quizá el lugar donde más tiempo pases, ya que allí se proyecta un video bastante largo con la biografía del protagonista de la muestra.

Un cuadro muy particular es el que festejaba la vuelta de Perón a Lobos para el 150° aniversario de la localidad. Allí estuvo el General en esa fecha tan importante, e incluso hay fotos de él visitando la casa, ya convertida en museo.

La última de las salas cuenta otra etapa del personaje: su exilio en Madrid, a través del mobiliario del hall y del dormitorio de la Quinta 17 de Octubre en la capital española. Allí también la cartelería trata otra faceta de Perón: sus 3 matrimonios.

La visita a la Casa Museo y Biblioteca de Perón es totalmente gratuita. E incluye un detalle interesante: al salir podés llevarte un sobre con fotocopias de distintos documentos relativos a Perón y Evita, como ser actas de nacimiento, defunción, casamientos y documentos sobre el museo y su declaración como Monumento Histórico Nacional, entre otros.

Y tranquilo, no hace falta que seas peronista para visitarla. Únicamente te tiene que gustar la historia.