Archivo por meses: febrero 2017

Un atardecer en el Templo Egipcio de Debod, en Madrid.

Los atardeceres que nos regala la Naturaleza suelen ser espectáculos imponentes, no importa dónde estemos. Incluso en plena ciudad, el sol escondiéndose detrás de los edificios merece una foto que seguramente será de antología, cuánto más si se está en el marco de una maravilla natural como el mar, o en un paisaje montañoso. Pero pocos lugares combinan al mismo tiempo varios factores, como lo hace el Parque de la Montaña, en Madrid. Allí se conjugan una espléndida vista de la ciudad en un lugar privilegiado para ver la puesta del sol, con lo que parecería imposible en suelo español: un templo egipcio.

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El Templo de Debod tiene más de 2200 años y proviene del Antiguo Egipto. Llegó hasta la capital española como regalo de Egipto, en agradecimiento por la ayuda que brindó el país para salvar los templos de Nubia, ante la construcción de la Gran Presa de Asuán que amenazaba con dejarlos bajo el agua.

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Sólo un par de fotos en internet me bastaron para saber que ese era uno de mis puntos imperdibles en mi viaje a Madrid, y que no iba a volverme al Nuevo Mundo sin haber pasado por allí a sacar mis propias fotos. Así fue que durante  mi última tarde en la ciudad antes de partir a Barcelona, caminé hasta el Parque de la Montaña, en el extremo oeste de la ciudad.

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Me encontré con un espacio elevado y enorme, lleno de gente que había ido a pasar el día haciendo picnic, andando en bicicleta, jugando a la pelota o incluso, disfrutando de una clase de yoga al aire libre. Hacía calor, así que no me sorprendió encontrarme con los que aprovechaban la fuente central para refrescar los pies en el agua.

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Claro que cuando comienza a caer el sol todos empiezan a levantarse y a dirigirse hacia adelante, pasando el templo, hacia la barranca que muestra la ciudad y, más allá, el antiguo dios que comienza a despedirse regalándonos un espectáculo sin igual.

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Vista a través del agua de la fuente, la puesta del sol es una verdadera obra de arte.

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Y cuando uno logra deshipnotizarse y apartarse de ese momento y lugar que tienen una energía especial que, les juro, puede sentirse, es hora de volver atrás a ver el templo, que ha cambiado drásticamente de cuando lo vimos aún con la luz del sol. Ahora, con su singular y delicada iluminación, nos hace olvidar que estamos en Madrid.

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Y mientras más anochece, más imponente se hace el templo iluminado artificialmente, dando matices totalmente diferentes a los que vimos hacía apenas un rato. Los colores del cielo, en pleno atardecer, son por supuesto impagables.

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La mejor hora para visitar el Templo de Debod es claramente el atardecer. Será cuestión de revisar cuándo se da la puesta de sol el día que se quiera ir, y estar allí una hora antes para poder disfrutar todo con tranquilidad. No se confíen, porque la puesta en sí dura unos minutos apenas, así que no vayan tan ajustados. Pero sin duda, es un lugar que no hay que dejar de visitar. Espero que les haya gustado tanto como a mi, y que saquen buenas fotos!

Visitando la Cárcel de Ushuaia: Museo del Presidio.

En un extremo del centro de la ciudad, casi como dándole la bienvenida a los viajeros, se encuentra una construcción de cinco pabellones que confluyen todos en un punto central, dándole el aspecto muy particular, como si se tratara de los rayos de una rueda de bicicleta cortada a la mitad. Se trata ni más  ni menos que del mítico Presidio de Ushuaia, aquél al que en otros tiempos fueron a cumplir condena los delincuentes más peligrosos del país, y que hoy podés visitar convertido en museo.

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La historia de esta cárcel es algo fascinante, más que nada por dónde está emplazada, los presos que supo alojar, y lo que significó para la ciudad de Ushuaia en sus comienzos, ya que fueron estos presos los que construyeron las calles, edificios públicos y otras obras. Incluso el famoso «Tren del Fin del Mundo» no es otra cosa que el tren que se utilizaba para trasladar a los presos hasta el bosque cuando iban a trabajar.

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El origen de la cárcel se remonta al presidio militar que funcionaba en la Isla de los Estados, y que fuera trasladado en 1902 al continente por cuestiones humanitarias. Así es como los mismos presos comenzaron en esa fecha con la construcción de la cárcel que hoy conocemos, trabajos que sólo finalizaron en 1920. Eran 5 pabellones de 76 celdas unipersonales cada uno, con una capacidad para 386 presos, aunque en algún momento se llegaron a alojar más de 600 condenados.

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El Petiso Orejudo con la cuerda que usaba para ahorcar sus víctimas.

Por la mítica cárcel pasaron presos famosos, a los que hoy se los puede ver incluso en sus respectivas celdas. Allí están por ejemplo Cayetano Santos Godino, más conocido como «El Petiso Orejudo», condenado a sus 16 años de edad por una serie de asesinatos de niños ocurridos en Buenos Aires; y Simón Radowitsky, el conocido anarquista que perpetró el homicidio del jefe de la policía, el comisario Ramón Falcón, al atentar contra su carruaje con una bomba (EDITADO gracias a la corrección de uno de los lectores).

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El político radical Ricardo Rojas, uno de los tantos presos políticos que recibió el penal de Ushuai tras el golpe del ’30.

Muy interesante será también visitar el pabellón histórico de la cárcel, que ha quedado intacto, tal como era cuando el presidio funcionaba. Entrar allí da una buena idea de cómo era la vida de los presos en esas celdas minúsculas, que apenas eran calentadas con una estufa dispuesta en el centro del pabellón. El frío que se siente, no es sólo por la temperatura, te lo puedo asegurar.

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Incluso se tiene acceso a los baños que utilizaban los presos para asearse, ubicados al extremo del pasillo.

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Dentro de la vieja cárcel funcionan otros tres museos más. Son el Museo Marítimo, el Antártico y el de Arte Marino, ubicados en los distintos pabellones reacondicionados, y la entrada sirve para visitarlos todos; es cuestión sólo de ir recorriendo los diferentes pasillos y frenar en aquellos que más te interesen, como por ejemplo para incluir el acostumbrado detalle #avgeek con esta foto de la maqueta del C-130 Hércules, el avión que hasta hoy en día se utiliza para comunicar la Antártida con el continente.

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Ideal para cuando el clima no te permita una actividad al aire libre, el Museo del Presidio de Ushuaia permanece abierto todo el año, con el último acceso permitido a las 19:30 hs. Los residentes Mercosur y los jubilados tienen descuentos en las entradas, cuyos precios actualizados podés chequear en la web del museo.

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Así finaliza nuestra visita a la cárcel. Sólo resta que te animes vos a conocerla.

NOTA DE EDICIÓN: Por un error en la etiqueta identificatoria de la foto, la imagen de Ricardo Rojas figuraba originalmente como perteneciente a Simón Radowitsky. Se agradece al lector que notó la equivocación y avisó.