Volando con Gol de regreso a Aeroparque, desde San Pablo.

Mientras que a la ida había tenido tiempo de sobra en el aeropuerto hasta para saludar amigos, el vuelo de regreso fue totalmente otra historia. El vuelo salía desde Guarulhos a las 19:25 hs, y la reunión de la que estaba participando terminó sobre las 3 de la tarde. En principio no parece tan mal, pero allí no estaríamos considerando el tránsito de San Pablo. Nos quejamos de Buenos Aires, pero una vez que uno conoce lo que es manejar en las autopistas paulistas, ya no se está tan seguro de abrir la boca o twittear algo cuando la cosa se traba en la 25 de Mayo…

Para hacer un tramo que debería ser de 40 minutos estuve más de hora y media arriba del taxi, y esto sólo gracias a que el chofer tomó algún que otro atajo y a que el último tramo se liberó bastante y pudimos tomar velocidad. Durante buena parte del recorrido ibamos a paso de hombre o estábamos totalmente parados, situación que los vendedores ambulantes aprovechan para meterse entre los autos de los diferentes carriles, como si estuvieran en un semáforo de la 9 de Julio. Porque sí, en las autopistas de San Pablo hay vendedores ambulantes, algunos incluso con carritos con sombrillas y todo.

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Ya abordo, al lado de un A321 de Tam, aún con livery anterior a la fusión con la chilena Lan.

Finalmente llegué al aeropuerto con dos horas de anticipación al vuelo, así que dadas las circunstancias podemos decir que no estuvo nada mal. El check in de Gol estaba casi vacío, así que entregué el equipaje e imprimí el boarding pass sin demoras. Pasé al control de seguridad, donde tampoco había nadie: dos scanner funcionando y una persona en cada uno. Y para rematarla, la misma situación en las cabinas de migraciones. En definitiva, en menos de 15 minutos ya estaba sentado en una cafetería del área de embarque, haciendo tiempo.

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Edificios en plena construcción al costado del aeropuerto de San Pablo.

Guarulhos es un aeropuerto que debo decir, no me gusta nada. Es grande, y muy desorganizado. Viajé varias veces por trabajo y nunca me mantuvieron la puerta que me habían asignado al momento del check in. Una vez incluso, me cambiaron el gate tres veces, y casi pierdo el vuelo. Esta vez no fue tan drástico, pero nuevamente pasó lo mismo: el gate asignado era el 237, pero finalmente embarcaríamos por el 236. Al menos, esta vez no tuve que correr por todo el aeropuerto buscando la puerta nueva. Pero lo que sí costó fue llegar, ya que el pasillo de acceso a los gates estaba cerrado a la altura de las puerta 240 aproximadamente, y así permaneció hasta que se hizo casi la hora de comenzar el abordaje, juntando una inusitada cantidad de gente frente al portón de vidrio que nos separaba de nuestro destino.

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El “Chivatos paulista”, plataforma de estacionamiento de Guarulhos, llegando a la cabecera de la pista.

Igualmente eso no fue un problema ya que el embarque comenzó con 15 minutos de retraso, así que todos llegamos a tiempo. En la plataforma nos esperaba el PR-GTA, un B737-800 algo más viejo que el que me había llevado a Brasil, y que si bien estaba bien cuidado, se le notan los años en el diseño: olvidate de cargar el celular a bordo, y en cuanto a iluminación nada de azules modernosos.

Como pasó a la ida, los TCP hicieron la demo de seguridad, pero sentado en el asiento 29 casi al fondo de todo, lo que llegué a ver del tripulante que parecía estar en el pasillo kilómetros adelante fue muy poco.

Durante el taxeo tomé algunas fotos curiosas, como las construcciones que se están levantando a un costado del aeropuerto, y la plataforma de estacionamiento que dí en llamar “el Chivatos paulista”. Finalmente el capitán indicó a la tripulación que la torre había autorizado el despegue, y ocupó cabecera mientras más cerca que lejos se veían las luces de otro avión que venía en aproximación final. Era un arribo que aterrizó en la pista paralela a la nuestra.

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Un tránsito aterriza paralelo a nosotros por pista izquierda mientras los pilotos preparan la carrera de despegue.

El día estaba horrible, como se ve en las fotos, y apenas despegamos nos metimos de lleno en un manto de nubes espesas por espacio de varios minutos. La turbulencia inicial parecía indicar que iba a ser un vuelo movido, pero luego de un rato de ascenso continuo finalmente quedamos sobre las nubes, donde las cosas se calmaron y pudimos observar el atardecer en el horizonte.

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Finalmente salimos por encima de las nubes y tenemos una vista espectacular del atardecer.

Me sentía realmente cansado así que una vez en el aire intenté dormir, y aunque lo logré de forma muy entrecortada fue suficiente para perderme el refrigerio. El aterrizaje en Aeroparque se realizó por pista 13 y nos ubicamos en la posición 1, donde bajamos a plataforma para que los micros de Intercargo nos llevaran hasta la terminal.

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Llegando a Buenos Aires, así se ve nuestra ciudad desde el cielo durante la noche.

Parece que nuestro vuelo fue el primero, ya que no había gente en migraciones, pero atrás nuestro entró un enorme contingente de pasajeros en tránsito. Por suerte, tanto migraciones como el retiro del equipaje fueron rápidos, y en el scanner de aduana ni nos prestaron atención, así que no tardé mucho en subirme a un auto camino a casa.

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