Archivo por meses: noviembre 2014

Regateale al taxista y andá al Causeway de Amador: unión de 4 islas.

Uno de los lugares más pintorescos que hay para conocer en Panamá es la Calzada de Amador. El Causeway no es otra cosa que un camino que comienza en tierra firme y se adentra en la Bahía de Panamá uniendo el continente con el pequeño archipiélago conformado por las islas Naos, Culebra, Perico y Flamingo.

La Calzada de Amador, ideal para paseos en bici o caminatas.

Panamá nos tiene acostumbrados a buenas historias del pasado como la del Pirata Morgan, y el Causeway no es la excepción. Durante los tiempos de la colonia era hasta estas islas a dónde llegaban los barcos españoles cargados con los tesoros que saqueaban al imperio Inca. En esa época esta carretera no existía, sino que data de 1913 cuando las fuerzas armadas norteamericanas utilizaron materiales de las excavaciones del Canal de Panamá para construirla a fin de unir el continente con el Fuerte Grant, el complejo militar del que eran parte las cuatro islas y cuyo objetivo era repeler cualquier ataque que alemanes o japoneses pudieran organizar contra el canal. Incluso en la isla Flamingo existe un túnel secreto que contiene un puesto subterráneo de mando militar.

En la bahía los buques esperan autorización para cruzar el canal.

Varias décadas después el temor a los ataques por mar se disipó y hoy el Causeway se convirtió en un lugar turístico por excelencia. No pude encontrar la entrada al túnel para visitar el viejo comando militar, pero lo que sí podés hacer hoy es caminar tranquilamente por la Calzada disfrutando de las excelentes vistas que te ofrecen de la bahía y la entrada al canal.

En el puerto se suelen ver yates de porte imponente.

Incluso una muy buena opción será la de aprovechar una tarde de sol para bicicletear por la Calzada de amplias veredas. No hace falta que te lleves la bici desde Buenos Aires, allá mismo hay locales de alquiler dónde te podés llevar una por USD 4 la hora. Claro que si el día está lindo una hora se te va a ir volando y te vas a quedar con ganas, así que mi recomendación es que al menos alquiles 2 horitas, así podés recorrer tranquilo y sin apuros. Eso sí, no lleves billetes grandes. El cambio en Panamá es un verdadero problema: billetes mayores a USD 20 resultan de difícil colocación así que tratá siempre de andar con papeles más chicos.

Cerveza Balboa servida en frasco.

Los billetes más grandes podés reservarlos para pagar una buena cena en alguno de los restaurantes de la Calzada, cuya oferta va desde una hamburguesa clásica hasta algún elaborado plato de pescado, siempre disfrutando las vistas de la bahía, el puerto, o incluso los rascacielos de la ciudad de Panamá allá a lo lejos, cuya vista nocturna desde el Causeway es espléndida. Aprovechá a admirarla ahí, porque en la Calzada también hay mucha movida nocturna y quién sabe si vas a notar esta delicia para los ojos cuando salgas del boliche.

Vista nocturna de la ciudad desde el Causeway.

Si en cambio tenés los bolsillos repletos de monedas que te dieron a modo de vuelto porque incluso un billete de USD 20 resultó demasiado para pagar el alquiler de la bicicleta considerá que si te dieron «Balboas» en lugar de «Dólares», esas monedas sólo te sirven en Panamá, con lo cual hay 3 opciones a tu disposición: O las guardas de recuerdo, o las guardas para un próximo viaje si pensás volver pronto, o las gastas sin miramientos. Y entre esos gastos lo que podés hacer es comprar algunos snacks para convidarle a los mapaches. Sí, mapaches. No sabemos bien de dónde salieron, y hasta los lugareños no entendían la razón de que hubiera tantos, pero la noche que fuimos a cenar estaba repleto de estos animalitos que entretenían a la gente (especialmente a los niños) pidiéndoles comida y que incluso se te cruzaban sorpresivamente por la calle cuando ibas manejando el auto. Así que si alquilaste un auto mucho cuidado, no sea cosa que termines dentro de la bahía por esquivar un mapache imprudente.

Niños y adultos alimentando a los mapaches.

Por supuesto que hay otras formas de llegar y una de las más habituales será el taxi. Algo de lo que no hablamos hasta ahora es de la experiencia de tomarse un taxi en Panamá. He conocido historias locas de taxistas muy amistosos y hasta exaltados aunque no viví ninguna de ese estilo en carne propia, nada raro más allá de la música caribeña a todo volúmen que solían escuchar mis conductores, y la constante insistencia en hablar con la central por la radio a fin comunicarle el inicio del viaje para terminarlo sin que la central se hubiera dado por enterada de nada, motivo suficiente para revolear el radio y llamar por celular mientras esquivamos autos para estacionar. Lo que sí viví es la tremenda fluctuación de precios en una especie de «inflación a la inversa». En Panamá no hay taxímetro que te vaya indicando el precio del viaje a medida que avanza como en Buenos Aires, entonces lo mejor es pactar el precio con el chofer de entrada. Y allí es donde se dan las bajas de precio más alocadas, donde un viaje desde el centro financiero de la ciudad hasta el Causeway puede arrancar en la pequeña fortuna de USD 20, para pasar luego de varias instancias de negociación a USD 8 o 6. Lo recomendado entonces es tratar de averiguar con algún lugareño de mediana confianza cuánto debería costar el viaje, antes de salir a la calle y parar un taxi. De lo contrario no tenés precio de referencia y podés llegar a pagar un disparate.

El Puente de las Américas une las dos mitades del continente.

El Causway es tambíen un muy buen lugar para observar la unión del continente americano. Es que el Canal de Panamá lo dividió literalmente en norte y sur, y es el Puente de las Américas la estructura que vincula las tierras a uno y otro lado del mismo. Sin embargo, si vas en la temporada de lluvias lo más probable es que no tengas mucho tiempo para disfrutar de las vistas e imaginar el pasado porque las nubes vaticinan tormenta y entonces será mejor apurar el paso y negociar el precio de vuelta con el taxista (al que lógicamente le ofrecerás el mismo precio que pagaste a la ida) para volver al hotel y planear cómo seguir disfrutando de Panamá.

Nota del Autor: Este post fue publicado originalmente el 21/09/14

Perón descansa en San Vicente: La Quinta 17 de Octubre.

La vida política de nuestro país estuvo siempre plagada de personajes, y de seguro lo seguirá estando. Algunos son más carismáticos y graciosos, otros no entienden bien dónde están parados ni qué hacen allí, y varios son directamente nefastos y ojalá no los volvamos a ver ni en figuritas. Pero hay algo es que innegable para cualquiera. No importa qué bandera política enarboles, estoy seguro que coincidirás conmigo que sólo hay un político contemporáneo que se convirtió en ícono al punto de marcar aún hoy en día la agenda política argentina.

Juan Domingo Perón fue tres veces presidente constitucional de la república (1946 – 1952 / 1952 – 1958 y 1973 – 1977) y aunque sólo pudo completar el primero de esos mandatos (el 16 de septiembre de 1955 fue derrocado por la «Revolución Libertadora» liderada por Lonardi y su última presidencia quedó truncada por su propio fallecimiento el 1 de julio de 1974), eso le sería suficiente para alzarse como el político argentino más influyente del siglo XX. Cuarenta años después de su muerte la política de nuestro país sigue girando en torno a su figura: en las boletas de las agrupaciones justicialistas aparecen su foto y la de Evita elección tras elección, muchos líderes políticos actuales lo señalan como su referente aún cuando en la práctica demuestren políticas absolutamente contrarias a los lineamientos de la doctrina peronista, el sindicalismo nacional que en cualquier otro lugar del mundo es netamente socialista en Argentina se declara abiertamente peronista, y la mismísima forma de hacer política impuesta en los años 50 está aún hoy vigente en nuestro día a día.

El chalet principal.

 

Ahora, como toda figura, Perón también tenía una vida personal y sus momentos de descanso eligió pasarlos en una quinta que compró poco antes de asumir la primer presidencia, en San Vicente. El evaluar sus acciones de gobierno y declararte peronista o antiperonista te lo dejo a vos. Lo que sí te digo es que no hace falta ser peronista para visitar el Museo 17 de Octubre, porque en realidad es un pedazo de historia argentina que cualquiera de nosotros debería ir a conocer.

El porche de la casa, lugar en el que Perón fue retratado más de una vez.

 

Encontrar la quinta es muy fácil. Siguiendo las instrucciones de este post llegás a San Vicente, y una vez allí tenés que ubicar la calle Lavalle (la segunda que se te cruza en el camino) y girar hacia la izquierda. El paredón de ladrillos te va a indicar que estás en el lugar correcto y el ingreso es por la misma Lavalle, así que no podés perderte.

La pileta de natación a mitad del parque.

 

A raíz de los golpes militares que derrocaron sucesivamente a los gobiernos de nuestro país la historia de la quinta en manos de Perón es un ir y venir, ya que tanto en 1955 como en 1976 les fue expropiada, primero a él, y luego a sus herederos. Más tarde por orden de la justicia la propiedad le sería restituida a las hermanas de Evita quienes la sumieron en un estado de abandono que perduró hasta que en 1990 la Provincia de Buenos Aires la expropió para construir el museo que hoy podés visitar.

El verde del enorme parque transmite tranquilidad.

 

Apenas entrás a la Quinta te encontrás con mucho verde. El parque tiene 18 hectáreas donde se ven árboles de diferentes especies además de un lago artificial (seco en el momento de nuestra visita) por encima del cual pasas al andar en dirección a la casa principal. En medio del parque hay dos moles de piedra que llaman la atención: son las estatuas del trabajador y Perón acompañados por Evita, los dos últimos decapitados. La obra de arte es del escultor italiano Leone Tommasi y la aberración fue obra de la «Revolución Libertadora» que cortó la cabezas de piedra de sus enemigos y tiró las esculturas al Riachuelo, de donde fueron recuperadas y trasladadas hasta este museo.

Las estatuas descabezadas de Perón y Evita son un símbolo de la intolerancia.

 

La otra construcción que llama la atención, además del chalet principal por supuesto, es el torreón, que no es otra cosa que un tanque de agua. De construcción circular y revestido en piedra, esta estructura se erige como el símbolo de la quinta, y según se sabe desde allí Perón transmitió varios de sus discursos. Provisto incluso de un balcón los ventanales de la parte alta del torreón de seguro han de brindar una espléndida vista del parque.

El torreón es el símbolo de la quinta.

 

Igualmente, lo más interesante del museo está por venir, y se trata del tren presidencial que podés encontrar al fondo de la propiedad en una réplica de estación ferroviaria, y del cual hablaremos en breve en un próximo post.

El tren presidencial.

 

La quinta no es sólo un museo, sino que también es el lugar de descanso de los restos del ex presidente. En sus instalaciones se construyó el mausoleo, un panteón de 400 metros cuadrados muy austero, y a mi criterio, poco atractivo arquitectónicamente. Más allá de eso, un detalle que sí han tenido en cuenta sus arquitectos es el efecto de las voces al pararse y hablar debajo de la alta estructura, donde se tiene la sensación interna de estar en un lugar solemne. Allí, detrás de un vidrio, descansa solitario Perón, ya que la idea original era que compartiera ese lecho con su amada Evita, pero la familia de esta última se negó a que así fuera.

Tumba de Juan D. Perón en la Quinta de San Vicente.

 

Lo que no fue nada solemne fue el traslado hasta aquí de su cuerpo, el 17 de octubre de 2006, en un evento que prometía ser un homenaje al líder fallecido y un festejo histórico del día de la lealtad peronista, y que terminó de la peor forma: a los tiros y con varias decenas de heridos, en una jornada cuyas huellas aún se pueden ver en la puerta de entrada al museo donde se notan claramente los impactos de bala en las paredes. Lejos estuvieron de homenajearlo y difícilmente esa gente sea el tipo de herederos que Perón quizo dejar.

«Mi único heredero es el pueblo»

 

Nota del Autor: Este post fue publicado originalmente el 17/09/14