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Picada en Navarro: Almorzamos en el Almacén Museo La Protegida.

Llega el mediodía y no importa lo interesante que esté la visita al pueblo o ciudad de que se trate, la panza obliga a hacer un alto en el itinerario y buscar un lugar donde almorzar. Sin menospreciar al resto de la oferta gastronómica, en el caso de Navarro hay un lugar que se erige como el ideal para este bloguero y su pasión por lo antiguo y la historia.

En la esquina de las calles 30 y 19, el Almacén Museo La Protegida supo ser el emplazamiento del almacén de ramos generales del turco Emilio Mustafá, de origen sirio libenés, quién lo fundó en 1926 y que funcionó hasta su cierre en la década del ’70. El actual establecimiento gastronómico toma su nombre de la compañía de diligencias que, durante el siglo XIX unía Buenos Aires con Navarro trasladando no sólo pasajeros, sino también encomienda y correos.

En cuanto al mote de «museo», este se debe a la enorme colección de antigüedades y artículos que conforman la decoración del lugar, tanto en el interior como en el exterior, y al hecho de que algunos cuartos que dan al patio sirven como salas donde se exhiben fotos de Navarro y distintas antigüedades.

Y bueno, si uno mira hacia arriba no debe extrañarse de encontrar un caballo tirando un carro…

Almorzar rodeado de una ambientación tan particular, y en un lugar con tanta historia, al menos para mi significa un condimento especial y ya vale la pena. Pero no puedo dejar de lado, por supuesto, el costado gastronómico, que en definitiva hoy en día es el corazón del lugar. El menú elegido fue tan simple como contundente: una tabla de fiambres para dos personas que no tiene desperdicio.

Obviamente en un lugar así, y con un museo a disposición, luego de almorzar fue momento de tomar la cámara y recorrer en detalle las paredes de La Protegida. Así dí con algo que me fascinó y estimuló mi curiosidad histórica un poco más: al lado del retrato de Dorrego una foto muestra la cruz en el punto exacto de su fusilamiento.

A partir de allí sería obligación identificar si aquél punto y la cruz aún existían, para lo cual consultamos al dueño del restaurante que muy gentilmente nos dio muy buen asesoramiento sobre Navarro y su historia.

Pero eso es cuestión de otro post.

 

Un té en La Casa de Piedra de Colonia San Miguel, en Olavarría.

Salir a la ruta y recorrer las colonias alemanas del partido de Olavarría, como te contamos en el post que podés leer haciendo click aquí, puede dar hambre. Por eso, lo mejor es acercarse a Colonia San Miguel a la hora de la merienda, y buscar su famosa «Casa de Piedra».

Así lo hicimos nosotros y con ayuda de Google Maps no fue difícil llegar al destino. Como su nombre lo indica, Casa de Piedra es una antigua construcción, de la época fundacional de la colonia, levantada literalmente con piedras. Su fisonomía le da un aspecto muy particular que hace pensar en lo acertados que estuvieron sus dueños al bautizar el lugar con aquél nombre.

Casa de Piedra es una casa de té de tradición netamente alemana, donde se puede degustar gastronomía de aquella zona del viejo continente. Según se indica, la especialidad del lugar es la torta rusa, pero nosotros no nos limitamos a probar esa únicamente, y nos inclinamos por un té acompañado por una buena variedad exquisitas tortas.

El interior del lugar es tan particular como su aspecto exterior. En la decoración destacan tanto las artesanías como las antigüedades, mezcladas de ese modo especial que quedan agradables a la vista y crean un lindo ambiente donde pasar un buen rato.

Casi obligadamente, mientras esperaba que llegara el té con las tortas pasé un rato caminando alrededor del salón admirando los detalles de la decoración.

Los carteles, no tienen desperdicio. Algunos de ellos merecieron su respectiva foto.

Más allá de la ironía, los precios son acordes a lo que te sirven. No porque no tengan grandes promociones donde comen 10 y paga 1 es un lugar caro. La calidad de los productos, muy buena. Un lugar de esos que hay que conocer, y donde hay que degustar cosas ricas porque no nos va a defraudar.

 

Como suele suceder en estas casas de té, la vajilla en la que te sirven es un capítulo aparte. En un rincón, una alacena era un buen resumen de lo que les digo.

En el exterior hay espacio también al aire libre, que de hecho cuando fuimos era donde estaba concentrada toda la gente. Se veía que habían estado almorzando algunas de las delicias que allí se sirven, seguramente algo de tradición alemana.

Casa de Piedra es un buen lugar donde hacer un alto en la excursión cuando estés por Colonia San Miguel. Para tenerlo en cuenta, cuando estés por los alrededores de Azul o de Olavarría.