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Una noche en el Howard Johnson La Cañada, Córdoba.

Hace unas semanas atrás viajé por trabajo a la ciudad de Córdoba. En ocasiones estos suelen ser viajes relámpago, donde se vuela a primerísima hora de la mañana y se vuelve en el último vuelo de la noche, luego de haber asistido a alguna reunión puntual. Esto implica, por supuesto, terminar el día verdaderamente fusilado. En esta ocasión, afortunadamente, pude hacer un alto en la capital cordobesa y repartir la agenda en dos jornadas, haciendo noche en el Howard Johnson ubicado en La Cañada.

En líneas generales es un hotel cómodo, sin grandes lujos, típico para cualquier viajero de negocios. Sin ser enormes, las habitaciones son amplias, y a pesar de estar yo solo tenía a mi disposición dos imponentes camas matrimoniales, algo que aunque es bastante habitual, no termino de entender bien.

Como servicios adicionales en la habitación podemos nombrar la caja fuerte, la cual tiene capacidad para guardar la laptop (cuestión escencial en todo hotel que se precie de recibir gente de negocios) y frigobar, que si bien se puede considerar un detalle, puede llegar a ser importante, y por supuesto es un infaltable en todo hotel de categoría que se precie de tal.

En contraste el baño tiene algunas deficiencias. Comenzando con el único portatoallas disponible (inadmisible cuando la habitación cuenta con dos camas), el mayor detalle negativo (importante error de diseño) es la ubicación de la puerta de acceso a la ducha. La misma abre hacia adentro y está ubicada en el centro, justo debajo de la regadera.

Cualquier persona normal abre la ducha y deja correr el agua antes de entrar. En este caso la maniobra se complicará bastante, ya que una vez adentro no hay espacio suficiente para volver a cerrar la puerta, y además, durante el preceso el agua que cae sobre uno, con la puerta abierta, salpica todo mojando el exterior. Si a eso le agregamos que la puerta no traba y se abre hacia afuera hasta hacer tope con el inodoro, estamos en un problema: lo más probable es que luego de ducharnos tengamos que tomarnos un tiempo para secar el despelote que armamos gracias a un arquitecto que poca idea tiene de cómo funcionan las cosas en un baño.

Punto destacable para elogiar: el jabón en pan, como corresponde. Nada de jabón líquido. Y un pan para el labatorio, y otro aparte para la ducha. Nada de estar picoteando un mísero jabón y obligando al huésped a racionarlo para que alcance para todo.

Otro punto a favor es el desayuno, que se sirve en el salón de la planta baja. Muy completo, hay varias opciones de bebidas que hasta incluyen yogurth, además de tener fiambres, panificados, cereales y frutas.

Finalmente, el Howard Johnson está muy bien ubicado. Sin localizarse en pleno centro de la ciudad (que es muy ruidoso y complicado por el tránsito) está a un par de cuadras del mismo, con lo cual si uno quiere pasear por la noche o bien, llegarse hasta una oficina céntrica de día, podrá hacerlo a pie sin inconvenientes.

Así finaliza la reseña de este hotel cordobés, una opción a tener en cuenta cuando se visita la ciudad del fernet.

Alojamiento en Valle Fértil, San Juan: El Hotel Rural Luna del Valle.

Al planear el viaje a San Juan y mirar el mapa de la provincia uno nota al instante que, de querer visitar los Parques Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna y del que ya hablamos en el post al que podés acceder haciendo click aquí) y el Parque Talampaya, será recomendable alojarse en un punto cercano a ambos.

En nuestro caso, optamos por parar en Valle Fértil, y dentro de esta ciudad, en el Hotel Rural Luna del Valle.

Ubicado camino al dique, el Hotel Rural está atendido por su dueño Daniel, que es muy cordial y está siempre predispuesto a brindar consejo sobre actividades a realizar en la zona, como así también para solucionar cualquier inconveniente que se te presente durante la estadía.

Las habitaciones están ubicadas al fondo del establecimiento, flanqueando una galería y un pequeño parque que le da un aire realmente rural al lugar. Los cuartos son pequeños, pero no por eso dejan de ser cómodos. Suficiente para descansar un poco entre excursión y excursión, las que suelen ser cansadoras por lo extensas de las distancias que hay que recorrer para llegar.

La limpieza en general es un punto a favor, que compensa lo pequeño del baño.

El Hotel Rural cuenta con un pequeño estacionamiento al que se accede por el pasillo del costado, y tiene también wifi en las habitaciones, algo muy raro de encontrar en la zona. De hecho durante nuestra estadía tuvimos algunos inconvenientes en este sentido, que terminamos solucionando avisándole a Daniel para que reseteara el modem, o bien, aprovechando el wifi del salón delantero, donde funcionaba bastante bien.

En el salón del frente es donde se toma el desayuno también. No estoy seguro de si fue por alojarnos fuera de temporada, o si lo tienen como algo habitual, pero el desayuno tuvo la particularidad de que lo pedíamos el día anterior, para la hora en que lo quisiéramos. Algo muy práctico considerando que a veces para llegar a alguna excursión hay que levantarse bien temprano.

La curiosidad del desayuno era la mermelada de alcayota, que resultó rica aunque fibrosa, como así también el pan con chicharrón. Además había la tradicional manteca para untar al pan, y algo de fiambre para armar sandwichitos. Todo servido individualmente en la mesa correspondiente.

Sin lujos, el Hotel Rural Luna del Valle hace honor a su nombre y es una buena opción para alojarse en esta zona.