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La majestuosa Iglesia Santa Prisca de Taxco y su virgen de plata.

Cuando uno llega a Taxco a través de un sin fin de curvas y contracurvas que se internan en las montañas, una de las primeras cosas que se distinguen por sobre los techos de las casas es la inconfundible arquitectura de su iglesia.

Ubicada en pleno centro de la ciudad, la Santa Prisca es una verdadera obra de arte, y con sus 94 metros de altura fue hasta 1806 el edificio más alto de México. Es una parada obligada cuando uno visita esta localidad de Guerrero, y es habitual encontrar en sus escalinatas guías oficiales identificados con su credencial (al menos así se presentan ellos), que te ofrecen un tour guiado por la iglesia a cambio de una propina. Aunque no acostumbres tomar este tipo de opciones, al visitar Santa Prisca te recomiendo hacerlo, ya que su historia es fascinante.

Se levantó por orden de José de la Borda, un importante y muy acaudalado empresario minero de Taxco, que además era muy devoto de la religión católica. Tanto que ofrendó a la iglesia a sus dos hijos: la mujer se convirtió en monja, y su hijo varón en sacerdote, y como tal, necesitaba una iglesia en la cual oficiar misa, nada que el dinero de papá no pudiera solucionar.

Con tanto capital disponible de por medio, se dice que la Santa Prisca se construyó en tiempo récord, quedando totalmente finalizada en 7 años, entre 1751 y 1758. El dinero lograría además algo insólito: que las autoridades eclesiásticas del momento le permitieran a de la Borda levantar el templo a su propio gusto y estilo.

El color rojizo de sus paredes se lo debe a la cantera rosa, típica piedra del lugar que no necesitó ser pintada, y el azul de la cúpula es consecuencia de los azulejos de Talavera poblana. En el interior los retablos están construidos en madera y recubiertos con láminas de oro, y las pinturas son obra del eximio Miguel Cabrera, que trabajó en la iglesia por encargo de José de la Borda.

Entre otras cosas, retrató la historia de Santa Prisca, que en tiempos de los romanos se mantuvo fiel a la creencia en Jesús, lo que le valió que el emperador enfurecido la tirara a los leones. Para su sorpresa, lejos de devorarla, las fieras le lamieron los pies, en lo que se considera un verdadero milagro. Poco duraría la alegría ya que entonces el emperador la mandó decapitar, tarea que estuvo a cargo de un soldado que también figura entre los personajes de la obra que se exhibe en la iglesia.

Santa Prisca tiene también una leyenda local mexicana. Se dice que en los comienzos de la obra, una tarde se levantó una violenta tormenta en Taxco que amenazaba con destruir la naciente iglesia. Ante el furor de los truenos, los trabajadores que estaban en la obra se hincaron a rezar, y en el momento en que los rayos iban a caer sobre el edificio, la joven Santa Prisca apareció en el cielo y los detuvo con sus manos.

La iglesia está construida en forma de una muy angosta cruz latina, contando al costado con una capilla distinta para los indígenas. Justo frente a esta capilla, en el lateral del templo, se hizo una puerta para que entraran por ella sin mezclarse con los españoles.

Hay otras dos cosas que caracterizan esta iglesia por sobre las demás. En primer lugar está su espléndido órgano, instalado en lo alto de la nave y que consta de 250 flautas con mil voces y contiene agua en su interior para que cuando se lo toca el sonido emule el cantar de los pájaros.

Y su característica más importante quizá, y sin lugar a dudas la más representativa: la imagen de la Virgen de Guadalupe, ubicada frente al altar principal, esculpida en plata taxqueña y que con sus 1,78 metros de altura es la imagen de plata más grande del mundo. En su visita a México fue incluso bendecida por el Papa Francisco.

El acceso a la zona del altar está vedado a causa de los daños causados por el último gran terremoto que sufrió México, pero en las obras dispuestas allí se cuenta la vida de María, incluyendo la anunciación, su embarazo y el nacimiento.

Rodeado de estas obras de arte, en 1758 Manuel de la Borda, hijo de José, se convirtió en el primer párroco en oficiar misa en la monumental iglesia de Taxco, tal como su padre había querido.

Considerada por muchos como la máxima expresión del barroco mexicano, la Santa Prisca es una maravilla arquitectónica que bien merece una visita cuando vayas a Taxco. A tenerla en cuenta!

Paseando en Trajinera: Visita a Xochimilco

«Embarcación de fondo plano fabricada con tablones e impermeabilizada con una goma de petróleo». Esa es la definición de «trajinera», y sinceramente yo la desconocía absolutamente antes de viajar a México, y puntualmente, antes de visitar la delegación de Xochimilco y sus coloridos embarcaderos, en la capital azteca.

El paseo en trajinera es una actividad bien tradicional de la Ciudad de México, así que habrá que reservarse un día para llegarse hasta la zona sur y disfrutar de esta particular experiencia.

El origen de esta tradición se remonta a la época prehispánica, tiempos en los que los indígenas construyeron en los lagos y canales del lugar porciones de tierra llamadas chinampas que utilizaban para cultivar y sembrar. Para moverse entre las chinampas y transportar los productos obtenidas en las mismas, se construían estas embarcaciones livianas que se movían impulsadas a través de una garrocha que se apoya en el fondo del canal y empuja; tal como se hace hoy en día.

Con el correr del tiempo y el avance de la economía este medio de transporte dejó de ser necesario, ya que en sí los canales comenzaron a desaparecer a medida que avanzaba la ciudad. Sin embargo en esta zona las trajineras permanecieron activas, e incluso se las potenció como atractivo turístico, para lo cual se las dotó de mesas, sillas y techos.

Actualmente se puede ir a alguno de los embarcaderos de la zona y contratar el viaje en trajinera para pasar un buen momento. El precio se negocia ahí mismo, por lo que hay que tener presente que debe ser por la trajinera entera y no por persona. Por supuesto que mientras mayor sea el grupo, más económico será el precio final per cápita, y más suculento debiera ser la propina para el timonel.

Lo que sí no está incluido en el precio son todos los adicionales que uno pueda contratar en el agua. Y es que en eso radica lo más interesante del paseo. Lejos de ser una navegación tranquila, el primer escollo será zarpar del muelle y sortear el tremendo tráfico de embarcarciones, proceso que en general incluye algún que otro choque (con los pertinentes ademanes y comentarios de los timoneles implicados).

Y en segundo lugar está la enorme y extremadamente variada oferta de servicios y productos. Lo primero es lo primero, e hidratarse es fundamental para la vida humana, así que una de las primeras trajineras proveedoras será la cervercera. El pedido se embarcará en un tacho con hielo lleno de la marca y tipo que uno haya pedido; y al volver se pagará lo efectivamente consumido.

Hay también oferta de comidas variadas, adornos, flores, entre otros. Pero quizá lo más llamativo sean las propuestas musicales, en particular la de los Mariachis, que viajan embarcados en su trajinera propia y ofrecen a los gritos tocarte una canción. En caso de aceptar y haber lugar, los músicos transbordarán a tu trajinera. Caso contrario adosarán la suya para que ambas vayan a la par, y te cantarán desde su embarcación. Un espectáculo digno de ver. Y de escuchar.

Además de lo que se puede comprar sin bajarse del bote están también las opciones en tierra. Hay por supuesto cantidad de restaurantes con terrazas que dan hacia el canal, pero también otro tipo de locales como los viveros donde se puede comprar alguna planta para el jardín de casa. Sólo es cuestión de avisarle al timonel para que estacione donde uno le pida.

Una particularidad de las trajineras son sus nombres, plasmados en vistosos e inconfundibles carteles instalados en las embarcaciones y adornados con flores y colores. Se dice que son personas a las que el dueño quería homenajear, pero la gran cantidad de nombres femeninos hace pensar que muchos tienen que ver con las chicas a las que los trajineros querían enamorar.

Al regresar a tierra firme uno tiene también la posibilidad de comprar alguna que otra artesanía en la feria del embarcadero.

Toda una aventura la navegación en Xochimilco, desde el momento en que se negocia el precio del paseo hasta que se vuelve a tierra. Allí uno se cruzará con cantidad de turistas extranjeros, pero también con familias enteras mexicanas que alquilan la embarcación completa para ellos, se llevan las viandas y las bebidas, y pasan el día disfrutando de una actividad diferente en su propia ciudad.

Hay mucho más CDMX para compartir aún, así que te invito a seguir visitando el blog para descubrirlo juntos.