Archivo de la categoría: México

Visitamos la ciudad maya de Cobá para subir la pirámide más alta de Yucatán.

En medio de la jungla yucateca, entre altos árboles y denso follaje, se alza una mole de piedra que sobresale del resto. Con sus imponentes 42 metros, Nonoch Mul es la pirámide más alta de la península y se alza como el símbolo de la ciudad maya de Cobá.

No hay un acuerdo generalizado sobre el significado del nombre Cobá, aunque todas las traducciones indefectiblemente hacen referencia al agua. «Agua Abundante» o «Agua Agitada por los Vientos» son algunos de los equivalentes que se le atribuye a este nombre maya, que sin lugar a dudas tiene que ver con la privilegiada ubicación del emplazamiento, construido en las cercanías de cuatro lagos naturales.

Al visitar esta zona arqueológica uno no logra tomar real dimensión de lo que es, ya que los puntos a conocer son relativamente pocos y pequeños. Esto tiene que ver con el hecho de que aún falta mucho por explorar y se estima que aún hay más de 5000 puntos de importancia tapados por la jungla. La verdadera importancia que tuvo esta ciudad para la cultura maya aún está por descubrirse.

Igualmente, la visita a Cobá puede resultar una de las más divertidas del mundo maya. Los grupos de construcciones están bastante alejados entre sí, y de hecho la pirámide principal Nonoch Mul está a unos 2 kilómetros de distancia del acceso principal, por lo que una alternativa más que recomendable para recorrer las ruinas es alquilar una bicicleta. Encaramarse sobre las dos ruedas para transitar por los caminos en medio del bosque cambia absolutamente la experiencia, y le da un toque lúdico incomparable.

Otra característica distintiva de Cobá es que su pirámide principal puede subirse. Otra aventura más que distingue a esta visita, aunque habrá que ser muy precavido. Subir es relativamente fácil, pero lo más complicado será el descenso ya que los escalones son realmente angostos y empinados. Una soga dispuesta en el centro de la escalinata funciona como pasamanos y para algunos resulta imprescindible, aunque con mucho cuidado y pisando lento y de costado el descenso se puede hacer agazapado y sosteniéndose de los mismos escalones.

La cumbre de la pirámide ofrece una vista de la jungla alrededor, y de algunas elevaciones que con algo de esfuerzo llegan a distinguirse por sobre los árboles. Son otras pirámides del complejo.

Divisar los lagos alrededor de la ciudad también requiere esfuerzo por el denso follaje.

Por desgracia la vista no es de 360° ya que la pirámide está restaurada, pero sólo en una de sus caras (por la que se sube), lo que implica que en la cima el paso hacia el otro lado está vedado. Por eso se sube y baja también por el mismo lugar, con lo cual es recomendable tratar de llegar antes que los grandes contingentes para hacerlo tranquilos.

Cobá cuenta además con gran cantidad de sacbés o caminos conformando una extensa red que comunica a la ciudad con otros puntos mayas. Uno de los más importantes de esta civilización partía justamente de Cobá y luego de recorrer unos 100 km llegaba hasta Yaxuná, en las cercanías de Chichén Itzá, ciudad sagrada de la que ya hablamos en otro post al que accedés haciendo click acá.

Además se destaca también aquí la importancia del juego de pelota. La cancha de Cobá es más pequeña que la de Chichén Itzá pero goza de las medidas oficiales. En sus paredes inclinadas se ve claramente la simbología de hombres atados que según se cree refiere a los prisioneros de guerra que eran obligados a jugar. A diferencia de lo que se ve en la ciudad sagrada, en Cobá pareciera ser que era al capitán perdedor a quién se decapitaba.

Asimismo pueden verse estelas: piedras talladas con jeroglíficos en las que los mayas registraban cuestiones religiosas o de su forma de vida, y que son objeto de estudio de mucha importancia para conocer detalles de su cultura.

Y hasta una calavera, tallada en piedra sobresaliendo del suelo!

Para el ingreso se cobra una entrada de MXN 70, a los que habrá que sumar MXN 50 para el alquiler de la bicicleta. También están los llamados tricitaxis. Mi consejo es tomar alguna de estas opciones ya que no sólo optimizan el tiempo, sino que además hacen la visita más divertida.

En Yucatán suele hacer calor y el sol pega fuerte. Ropa cómoda, bloqueador solar, gorro y anteojos de sol son imprescindibles. Y mucha precaución para subir la pirámide y poder sacarte la bien merecida foto en la cima.

El Palacio de Bellas Artes de México: Hogar de los murales mexicanos.

Ubicado a unas cuadras del Zócalo, en pleno centro histórico de la Ciudad de México, el Palacio de Bellas Artes se alza imponente con su arquitectura art nouveau. Está allí desde el año 1934 en el que se lo inauguró bajo el nombre de Museo de Artes Plásticas, y fue el primer edificio dedicado a la exposición de piezas de arte en México.

Por este espacio rotan constantemente muestras temporales de diferente temáticas. Al momento en que lo visitamos nosotros la exposición que se presentaba era la de Rojo Mexicano, dedicada a la utilización de grana de conchilla en el arte. Acotada a un ambiente especialmente controlado en cuanto a temperatura y humedad, la entrada general al Palacio daba acceso a esta muestra también donde predominaba, obviamente, el color rojo.

Interesante fue, más allá de la posibilidad de contemplar las obras de arte, enterarnos de cómo se obtiene y se utiliza la grana de conchilla, tanto en el arte como en otros ámbitos; y que se trate de un colorante natural utilizado desde muy antigua época, como surge del hecho que se hayan encontrado rastos de conchilla en códices prehispánicos.

Pero de seguro lo más interesante del museo reside en su muestra permanente de muralismo. Allí se exhiben 17 murales de artistas mexicanos que datan de entre 1928 y 1963. El más importante e imponente es, sin lugar a dudas, «El Hombre controlador del Universo», de Diego Rivera, al que seguramente le dedique un post en particular, pero los otros 16 no dejan de ser obras impresionantes también.

Las paredes de la planta alta del museo están «adornadas» con lo mejor de lo mejor, como ser esta serie también perteneciente al famoso Rivera.

Son obras realmente enormes, tanto que a algunas se hacen muy difíciles de fotografiar, como La Katharsis de José Clemente Orozco. Habrá que tratar de tomarla en diagonal para que entre en el plano…

O sino directamente fotografiarla desde el otro lado de la sala, como a esta señorita semidesnuda que sufre con sus manos encadenadas mientras intenta liberarse, que representa nada más y nada menos que a la nueva democracia, obra de David Siqueiros.

El movimiento del muralismo mexicano estuvo sumamente politizado, y se caracteriza por su gran preocupación social y política. Son una especie de metáfora gráfica y buscan significar algo muy puntual, y dar un mensaje concreto. Adentrarse en las explicaciones y detalles, puede ser algo apasionante, y muy cultivador. Una buena forma de estudiar historia mexicana por medios no tradicionales.

Además de los ya mencionados, el museo cuenta con obras murales de Jorge Camarena, Rufino Tamayo, Manuel Rodriguez Lozano y Roberto Montenegro.

Este te lo dejo en tamaño «grande», para que lo aprecies bien. ¡Casi como si estuvieras ahí en el Palacio de Bellas Artes! Bueno, no… nada que ver…

Hay murales que incluso están relacionados unos con otros, y en realidad es imposible apreciarlos como se debe (y entenderlos) por separado. Es necesario considerarlos prácticamente una misma obra, e interpretarlos de tal forma.

Es el caso del «Tormento de Cuauhtémoc» y «Apoteosis de Cuauhtemoc».

El museo está abierto al público de martes a domingo en el horario de 10 a 18 horas. Hay que considerar al planificar la visita que suele haber cola para ingresar, así que seguramente haya alguna demora en la puerta. Importante destacar que las fotografías no están permitidas (ni tampoco los videos), salvo que se abone un arancel adicional por la autorización de uso de las cámaras. En ese caso, (como el nuestro ya que necesitábamos ilustrar el post) les entregarán un sticker con la inscripción «FOTOGRAFO» que deben colocarse en un lugar visible.

Un lindo paseo, incluso para quienes no sean fanáticos de las artes o entendidos en las mismas. La exposición de los murales no tiene desperdicio, y en mi opinión cualquiera es capaz de apreciarla.

Para cerrar este post, y de algún modo crear un preámbulo para el que en algún futuro cercano publicaré, los dejo con una foto del maravilloso mural que acapara todas las miradas del Bellas Artes. Pasaría horas mirándolo, intentando descubrir cada uno de sus detalles, y lo que representan…

Próximamente, en Ahicito Nomás.