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Las paradisíacas playas de Tulum, en la Rivera Maya, México.

Es un hecho, cuando uno piensa en México, y puntualmente en la Rivera Maya, automáticamente piensa en playas de ensueño. Por mi parte yo no soy un hombre de playa, para nada, y mi principal motivación para viajar hasta estas latitudes era conocer las ruinas de la cultura maya, motivo por el cual visitamos Tulum y Cobá (a ambos posts accedés haciendo click en el link correspondiente), pero debo reconocer que las playas mexicanas también captaron finalmente mi atención.

Como ya les conté anteriormente, nuestra base en la Rivera Maya fue Playa del Carmen, y sinceramente debo decir que allí la playa no me gustó demasiado. El agua es azul cristalino y más bien tibia, es cierto; pero la menos Mamitas es una playa angosta donde los hoteles y bares ocupan gran parte de la superficie con sus mesas y reposeras, y el espacio público que queda es realmente pequeño y se llena de gente, casi al punto de estar uno encima de otro. Salvando las distancias, la concentración de gente me hizo recordar las playas céntricas de Mar del Plata en el pico de la temporada veraniega. Claramente no es lo que había ido a buscar.

Pero durante la excursión a las ruinas arqueológicas tuvimos oportunidad de pasar algunas horas en las playas de Tulum y ahí la cosa cambio. Lejos de la industrialización que caracteriza a Playa del Carmen y (supongo ya que no conozco) también a Cancun, en las cercanías a las ruinas arqueológicas las playas se mantienen más bien vírgenes.

De hecho cuando visitas las Ruinas de Tulum, desde las mismas se puede acceder a la playa que esta directamente abajo de las mismas, así que más que recomendable ir en short de baño a la excursión.

Y viniendo por la ruta que llega hasta las ruinas, la cual esta rodeada permanentemente por selva, a algunos cientos de metros antes de llegar a la zona arqueológica (es poca distancia, de hecho nosotros la hicimos caminando) hay un acceso que se adentra por la jungla hacia el mar, y sale a la Playa Pescadores.

En el momento en que fuimos nosotros estaba desierta y era exactamente lo que quería de una playa del caribe: arena blanca, agua azul y calentita, prácticamente nada de gente y casi ninguna infraestructura (apenas una red de voley y unas reposeras junto a un barcito donde comprar algo, pero con caminar algunos metros por la arena, ni siquiera eso). Paz total.

Detalle a tener en cuenta: enseguida se nos acercó un muchacho para ofrecernos una navegación en bote y admirar las ruinas desde el agua; e intentando convencernos nos contó una leyenda sobre el templo del Dios del Viento que luego, según descubrimos, resultó ser totalmente falsa. Así que ya saben, si quieren pasar un rato navegando en bote está bien, pero ojo con este tipo de ofertas de procedencia dudosa, porque es probable que sea simplemente tirar dinero a la basura.

Para agendarlo entonces, cuando preparen la mochila para ir a Tulum, hay que agregar traje de baño, ojotas, gorra  y anteojos de sol, porque no se pueden ir de allí sin pasar aunque sea un rato en esas playas.

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Visitamos la ciudad maya de Cobá para subir la pirámide más alta de Yucatán.

En medio de la jungla yucateca, entre altos árboles y denso follaje, se alza una mole de piedra que sobresale del resto. Con sus imponentes 42 metros, Nonoch Mul es la pirámide más alta de la península y se alza como el símbolo de la ciudad maya de Cobá.

No hay un acuerdo generalizado sobre el significado del nombre Cobá, aunque todas las traducciones indefectiblemente hacen referencia al agua. “Agua Abundante” o “Agua Agitada por los Vientos” son algunos de los equivalentes que se le atribuye a este nombre maya, que sin lugar a dudas tiene que ver con la privilegiada ubicación del emplazamiento, construido en las cercanías de cuatro lagos naturales.

Al visitar esta zona arqueológica uno no logra tomar real dimensión de lo que es, ya que los puntos a conocer son relativamente pocos y pequeños. Esto tiene que ver con el hecho de que aún falta mucho por explorar y se estima que aún hay más de 5000 puntos de importancia tapados por la jungla. La verdadera importancia que tuvo esta ciudad para la cultura maya aún está por descubrirse.

Igualmente, la visita a Cobá puede resultar una de las más divertidas del mundo maya. Los grupos de construcciones están bastante alejados entre sí, y de hecho la pirámide principal Nonoch Mul está a unos 2 kilómetros de distancia del acceso principal, por lo que una alternativa más que recomendable para recorrer las ruinas es alquilar una bicicleta. Encaramarse sobre las dos ruedas para transitar por los caminos en medio del bosque cambia absolutamente la experiencia, y le da un toque lúdico incomparable.

Otra característica distintiva de Cobá es que su pirámide principal puede subirse. Otra aventura más que distingue a esta visita, aunque habrá que ser muy precavido. Subir es relativamente fácil, pero lo más complicado será el descenso ya que los escalones son realmente angostos y empinados. Una soga dispuesta en el centro de la escalinata funciona como pasamanos y para algunos resulta imprescindible, aunque con mucho cuidado y pisando lento y de costado el descenso se puede hacer agazapado y sosteniéndose de los mismos escalones.

La cumbre de la pirámide ofrece una vista de la jungla alrededor, y de algunas elevaciones que con algo de esfuerzo llegan a distinguirse por sobre los árboles. Son otras pirámides del complejo.

Divisar los lagos alrededor de la ciudad también requiere esfuerzo por el denso follaje.

Por desgracia la vista no es de 360° ya que la pirámide está restaurada, pero sólo en una de sus caras (por la que se sube), lo que implica que en la cima el paso hacia el otro lado está vedado. Por eso se sube y baja también por el mismo lugar, con lo cual es recomendable tratar de llegar antes que los grandes contingentes para hacerlo tranquilos.

Cobá cuenta además con gran cantidad de sacbés o caminos conformando una extensa red que comunica a la ciudad con otros puntos mayas. Uno de los más importantes de esta civilización partía justamente de Cobá y luego de recorrer unos 100 km llegaba hasta Yaxuná, en las cercanías de Chichén Itzá, ciudad sagrada de la que ya hablamos en otro post al que accedés haciendo click acá.

Además se destaca también aquí la importancia del juego de pelota. La cancha de Cobá es más pequeña que la de Chichén Itzá pero goza de las medidas oficiales. En sus paredes inclinadas se ve claramente la simbología de hombres atados que según se cree refiere a los prisioneros de guerra que eran obligados a jugar. A diferencia de lo que se ve en la ciudad sagrada, en Cobá pareciera ser que era al capitán perdedor a quién se decapitaba.

Asimismo pueden verse estelas: piedras talladas con jeroglíficos en las que los mayas registraban cuestiones religiosas o de su forma de vida, y que son objeto de estudio de mucha importancia para conocer detalles de su cultura.

Y hasta una calavera, tallada en piedra sobresaliendo del suelo!

Para el ingreso se cobra una entrada de MXN 70, a los que habrá que sumar MXN 50 para el alquiler de la bicicleta. También están los llamados tricitaxis. Mi consejo es tomar alguna de estas opciones ya que no sólo optimizan el tiempo, sino que además hacen la visita más divertida.

En Yucatán suele hacer calor y el sol pega fuerte. Ropa cómoda, bloqueador solar, gorro y anteojos de sol son imprescindibles. Y mucha precaución para subir la pirámide y poder sacarte la bien merecida foto en la cima.

Tulum: La alucinante ciudad amurallada de los mayas.

A orillas del Mar Caribe, construida sobre la elevación más alta de la zona, y delimitada por tres paredes que la protegían de cualquier ataque por tierra, se alza la ciudad maya de Tulum. Si bien su apogeo se dió ya en el período de decadencia de la cultura maya (razón por la que no hay construcciones de gran altura y por lo tanto sus edificios no son tan imponentes), este emplazamiento resulta fascinante por el grado de planificación con que fue levantado, por lo estratégico del lugar, y por supuesto por las hermosas vistas que desde aquí se obtienen.

El sistema de control se basaba en una muralla exterior con torres vigías que restringían la entrada a la ciudad a sólo cuatro pasadizos por tierra y un único acceso por mar ubicado en la caleta; y una muralla interior que delimitaba el centro donde se desarrollaban los rituales religiosos. De esta forma Tulum lograba estar muy bien conectada, al punto de convertirse en un centro importante de comercio uniendo tierra con mar, al mismo tiempo que era una ciudad muy bien protegida.

Sobresaliente por sobre el resto y fácilmente identificable, el Castillo es el edificio más importante de la ciudad. En su templo superior se realizaban las principales ceremonias religiosas, al tiempo que a ambos costados, a nivel del suelo, dos pequeños templos servían para depositar ofrendas. Hay que remarcar aquí que Tulum era una ciudad 100% maya, a diferencia de otras zonas arqueológicas de México donde se ve una mezcla de culturas, por lo que aquí no se practicaban sacrificios humanos.

Otro punto destacado del Castillo tiene que ver con su costado práctico más que religioso. Siendo Tulum una ciudad portuaria y un importante centro de comercio, y estando flaqueada en el mar por un peligroso arrecife de coral, atracar en la caleta era una tarea muy riesgosa. El Castillo adquiría para los navegantes una importancia sin igual, porque funcionaba como un faro, y una vez divisado en lo alto la iluminación en sus ventanas les indicaba a los marineros el momento justo en que debían virar para tomar el canal de acceso evitando el arrecife.

Otro templo importante en la ciudad era el del Dios Descendente, o Dios de la Miel. Justo sobre su puerta se aprecia la escultura de una figura con alas, pero que está de cabeza como descendiendo del cielo. Lleva un tocado sobre la cabeza y con las manos sostiene un objeto que podría ser un panal de abejas.

La miel era un elemento importantísimo para los mayas ya que le daban múltiples usos, desde utilizarla en las comidas como endulzante hasta usarla como medicina. Se entiende entonces que le rindieran culto dedicándole un dios puntual.

Algo que llama la atención del Templo al Dios Descendente es que ni las puertas ni la paredes son totalmente verticales, sino que se encuentran inclinadas; pero no esto fue construido así originalmente. Se levantó sobre otro antiguo templo al que se rellenó para que funcionara como base.

Tulum era una ciudad independiente y su gobierno tenía el control sobre otras áreas portuarias cercanas. Sin embargo no todos los habitantes vivían dentro de las murallas, sino que el recinto protegido estaba reservado para la elite de la sociedad, mientras que el resto del pueblo quedaba fuera de las paredes. Así es que en la zona arqueológica pueden verse algunas que otras casas, entre las que se encuentra la del gobernante.

Otro de los templos que pueden apreciarse en Tulum es el de las pinturas, llamado así por la gran cantidad de elementos decorativos que se encuentran en su interior. Consta de dos niveles y es en el inferior donde se concentra la decoración. Se destacan las figuras de estuco en relieve y la pintura mural que tenía varios colores como protagonistas. El rojo y el negro provenían de tierras y minerales, mientras que el verde y el azul se obtenían de las plantas.

Aún hoy en día se pueden encontrar vestigios de las pinturas y los colores en las edificaciones, especialmente en los interiores. Sin embargo, para resguardar y preservar estas reliquias, el acceso a los edificios está prohibido para el público.

No así para las iguanas.

Tal como pasaba en Chichén Itza, a cuyo post podés acceder desde acá, los mayas de Tulum también le daban gran importancia a la astronomía. Estratégicamente ubicada en una elevación del terreno, la ciudad era un punto ideal para la observación del cielo, ya fuera de día o de noche. Así los edificios están intencionalmente orientados para registrar el paso de los solsticios y equinoccios, ambos fechas importantes en la actividad agrícola.

A diferencia de otras zonas arqueológicas, Tulum tiene mucho espacio verde. Esto, y las espectaculares vistas hacia el mar, crean una sensación de libertad que no se obtiene en otros lugares. Imprescindible caminar hasta el acantilado, para apreciar la vista de las playas, y sacarse una foto con el solitario Templo del Dios del Viento detrás.

Entre la humedad y la fuerza del sol la excursión puede volverse bastante calurosa y por tanto, pesada. No hay que olvidarse por nada del mundo un gorro para proteger la cabeza, agua para hidratarse, lentes de sol y en caso de que se animen, el traje de baño para aprovechar el acceso a la playa, que ahí es casi paradisíaca. Pero así y todo, aunque se esté preparado para el sol, si hay algunas nubes en el cielo se agradecen.

Un paseo imperdible para todo aquél que esté visitando la Rivera Maya. Historia y paisajes naturales en el mismo lugar, sin desperdicio.