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Recorremos el Centro Histórico de CDMX con un Cititour hop on – hop off.

Con sus 1485 km2 de superficie y sus más de 8 millones de habitantes, Ciudad de México es realmente una urbe enorme. Si le agregamos que tiene muchos lugares interesantes por conocer recorrerla llevará una buena cantidad de tiempo. Una opción para hacerlo son los circuitos turísticos que ofrecen los servicios hop on – hop off, donde con un boleto válido por todo el día se puede subir y bajar del micro cuantas veces uno quiera, e incluso combinar entre los diferentes recorridos.

Por supuesto que el más emblemático y, por supuesto, imperdible, es el circuito del centro histórico. En nuestro caso optamos por hacerlo con Turibus, una de las dos empresas que lo ofrecen en esta modalidad, y que funciona de 9 am a 9 pm.

De pura casualidad, ya que era el punto que nos quedaba más cercano a nuestro alojamiento en Polanco, nosotros lo tomamos en el Auditorio, que es la primer parada. Por supuesto, a pesar del frío nos encaramamos en el segundo piso sin techo, desde donde pudimos tomar buenas fotos de la ciudad, como esta de la Fuente de Cibeles en Colonia Roma.

Y enseguida llegamos a un monumento icónico de CDMX, como es el Ángel de la Independencia que corona una rotonda en la Av. Reforma y está rodeado por altos edificios que muy acertadamente aprovechan a promocionarse con enormes carteles. A este punto es a donde concurren las quinceañeras en particulares limusinas Hammer para tomarse la tradicional sesión de fotos.

Una parada bastante concurrida es la de la calle Londres donde se encuentran el Museo de Cera, con figuras de celebridades talladas en este material, y el extraño Museo Ripley, donde aún sin haber entrado sabemos que se podrán encontrar las cosas más asombrosas.

Previo a llegar a la mitad del recorrido, el Hemiciclo a Juarez destaca con sus columnas erigidas en la Alameda Central, justo frente a la cual se encuentra el Palacio de Bellas Artes, del cual hablaremos en otro post más adelante.

La siguiente parada es la más importante de todo el circuito ya que se trata ni  más ni menos que del Zócalo, es decir la plaza central de Ciudad de México, frente a la Catedral y al Palacio Nacional. Allí, obviamente, hay que bajarse del micro obligadamente y recorrer un poco lo que es el centro de México.

Cuando lo hicimos nosotros estaba vallado ya que trabajaban en un escenario en medio de la Plaza de la Constitución, pero de todas formas ameritó foto, aunque no sea la más linda.

Casi frente al Palacio de Bellas Artes se levanta la Torre Latinoamericana con su mirador, desde el cual dicen que se tiene una hermosa vista aérea de la ciudad. Este lugar merece un comentario aparte ya que me decepcionó, no por la vista en sí, la cual no conozco, sino porque aunque te cobran entrada no te permiten subir con cámaras profesionales. Mi Canon Reflex no hubiera sido considerada como tal en caso de estar equipada con el lente de 55 mm, pero como yo había llevado el de 18-135 mm, no lo podía usar. Obviamente no subí ante la imposibilidad de sacar la foto que quería, y ante la insensatez de la norma en sí, así que del mirador no hay más foto que esta.

Luego de tomar la merienda en la Casa de los Azulejos como te conté en este post, emprendimos la vuelta, cuando ya caía la noche en CDMX y el frío se hacía intenso. Aunque nos refugiamos adentro del micro, el viento helado no impidió que subiera al techo para sacar algunas tomas nocturas, como la del Museo Nacional de Arte.

O la del Museo Nacional de la Revolución.

El servicio de Turibus para el cititour resulta accesible, considerando que podés aprovechar el pasaje todo el día y en todos los recorridos. Sugerencias válidas son tomarlo temprano para aprovechar a pleno el valor del pasaje paseando todo lo que se pueda, revisar con anterioridad los puntos de interés donde querrás bajarte, y por supuesto, si lo hacés en invierno llevar un abrigo porque lo ideal es hacerlo en el segundo piso.

Eso sí, aunque la empresa lo promociona en su web como disponible en todos sus coches, el wifi abordo es inexistente.

Queda mucho por recorrer de México, un país que me resultó fascinante. Te espero en los próximos posts para ir descubriéndolo juntos!

 

Una merienda en la histórica Casa de los Azulejos, en Ciudad de México.

En la esquina de la Avenida 5 de Mayo y la pequeña y peatonal calle La Condesa, en pleno centro histórico de la Ciudad de México, se alza una particular casa que con sus tonos azulados desentona con el ambiente grisáceo del resto del área céntrica de la ciudad. Se trata de la así llamada «Casa de los Azulejos», y es un lugar por el que todo turista está obligado a pasar a tomar algo cuando visita esta ciudad.

Este edificio fue célebre desde sus comienzos cuando se lo conocía como El Palacio de los Condes de Orizaba debido a que las dos casas que lo componen pasaron a manos de Luis de Vivero, quien ostentaba este título e incluso tuvo cargos gubernamentales de importancia. Luis ordenó unir ambas propiedades y quizá sea debido a esta peculiaridad que el interior de este café sea tan particular, contando con galerías y patios internos poco habituales en una casa común y corriente.

Sin embargo el concepto actual de la edificación es obra de los hermanos Sanborn, que adquirieron este lugar para establecer quizá la que sea la sucursal más peculiar de su cadena de restaurantes. Así es que en el interior de la Casa de los Azulejos, además de degustar algo en el restaurante, uno podrá recorrer las galerías y comprar algún artículo, como ser electrónicos y joyas, entre otros.

La casa es famosa por su fachada de talavera poblana azul que la distingue de cualquier otra edificación y la hace perdurar en la memoria de todos sus visitantes; pero también tiene particularidades en el interior como ser el salón pequeño donde las mesas y las barras llevan la misma estética azul que la fachada, la fuente que destaca en el salón principal rodeada de llamativos y enormes murales, y el piano, que lamentablemente cuando nosotros estuvimos permanecía cerrado sin dedos virtuosos que lo tocaran.

Una gran escalera lleva desde el salón principal hacia el primer piso, donde se ubican los baños y se tiene acceso a los balcones interiores que permiten la vista del lugar desde otra perspectiva. Desde allí se puede observar con claridad un impresionante mural pintado en 1925 por el artista José Clemente Orozco.

En la Casa de los Azulejos se puede probar comida típica mexicana, pero también hay opciones aptas para todo público, pues si bien es un lugar muy tradicional, a la vez es muy concurrido por los turistas. Así que si lo que buscas es una hamburguesa sin picante, aquí podrás encontrarla. En nuestro caso fuimos de tardecita, momento ideal para degustar un café con una estupenda y más que recomendable porción de «tentación de chocolate»

Particular es también la vestimenta de las meseras, a las que se identifica muy fácilmente por sus polleras coloridas a rayas, como así también algo que he visto en todos los locales gastronómicos de México: una mesa plegable portátil que los mozos y meseras llevan en la mano libre, y sobre la que apoyan las enormes bandejas repletas de cosas ricas al momento de servir.

Un detalle, quizá no menor: normalmente ir al baño en lugares públicos tiene costo en México. Este es el caso de la Casa de los Azulejos, salvo que lleves el ticket de lo que consumiste, ya que para los clientes es gratis.

Ahora sí, cuando andes por el centro histórico de México y te agarre hambre, ya sabés dónde parar!