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Entramos al Castillo de Montjuic y conocemos la historia negra de Barcelona.

Hacia el extremo sur de Barcelona, en la cima de la montaña que le da nombre, el Castillo de Montjuïc se alza imponente desde hace siglos. Será uno de los imperdibles de la ciudad, y no hace falta realmente que te interese la historia o la arquitectura, allí donde haya un castillo habrá que visitarlo; siempre.

Para llegar hasta el de Montjuïc hay que encaramarse en el teleférico desde el que se tienen unas hermosas vistas aéreas de Barcelona. Serán un preludio de lo que veremos más adelante desde la mole de piedra, ya que al estar estratégicamente ubicada en la cima de la montaña permite divisar (y controlar) fácilmente la ciudad de un lado, y el mar del otro.

Por supuesto, un excelente lugar para tomar fotos panorámicas, e incluso, para despuntar el vicio del spotting porque el Aeropuerto del Prat está tan cerca que se ve a simple vista desde el castillo, sobre cuya construcción pasan las aeronaves en final corta preparándose para el aterrizaje.

Dispuesto como museo militar, el castillo alberga en sus salas exposiciones temporales que uno puede apreciar cuando lo visita. Pero claro, salvo que te interese alguna en particular, el plato fuerte será recorrer cada rincón, tanto del interior como del patio de armas, e ir enterándote de lo que allí alguna vez aconteció.

Se puede decir sin temor a equivocarnos que el Castillo de Montjuïc forma parte de la historia macabra de Barcelona. El primer antecedente de esta construcción se remonta al año 1073, cuando se registró la existencia de una torre de vigía desde la que se alertaba a la ciudad de la llegada de naves enemigas a la costa, alertas que se emitían con un sistema de velas durante el día y de señas de fuego por la noche. El faro se amuralló en 1640 dando el primer paso para llegar hasta la fortaleza que se conoce hoy en día.

Sin embargo la historia verdaderamente negra del castillo no llegaría hasta muchos años después. Fue en 1842 que, en castigo por una revuelta popular en su contra, el general Espartero ordenó que se bombardeara la ciudad durante doce horas seguidas. Con más de mil bombas disparadas por los cañones, gran parte de la ciudad quedó en ruinas. La historia se repetiría al año siguiente cuando el pueblo se reveló exigiendo la redistribución de la riqueza, generando como respuesta otro bombardeo, que esta vez se extendió durante dos meses y se cobró más de 300 muertos además de numerosos heridos y destrozos. Algo más de una década después, en 1856, un tercer bombardeo fue ordenado, esta vez por el general Zapatero para terminar con otra revuelta popular. Así, la fortaleza que debía servir para proteger la ciudad se utilizó casi sistemáticamente para destruirla y doblegarla.

Ya durante el siglo XX la historia nefasta del castillo no torcería su rumbo. Durante la Guerra Civil cientos de personas fueron encarceladas en él, y unas 250 fueron ejecutadas en los fosos acusadas de alta traición y espionaje contra la República.

Hoy en día, el foso lo usan los deportistas españoles para practicar arquería…

Es increíble la cantidad y tenor de los sucesos que tuvieron lugar en el castillo a lo largo de los años, e ir descubriéndolos a medida que se avanza en la visita conlleva una sensación extraña. Una forma muy novedosa de mostrarte esas historias se da en una de las salas del castillo, donde una pantalla mezcla las imágenes tomadas en tiempo real por la cámaras del circuito cerrado de TV con fotografías de diferentes sucesos que se dieron en esa zona del castillo, fusionándolas de forma tal de dar la impresión que estás viajando en el tiempo.

Como ya dije, es un imperdible cuando visites Barcelona. Si bien podés sacar las entradas por internet (cosa en general aconsejable en esta ciudad) los cupos publicados en la web son sólo referenciales. En mi caso los horarios disponibles no cerraban con el resto de mis planes, pero en la oficina de turismo me dijeron que no me preocupara, podía ir cuando yo quisiera y sacar la entrada en el momento, en la puerta del castillo. Y así ocurrió sin ningún contratiempo.

El paseo en teleférico, los cañones en la terraza y el hecho de estar paseando por un castillo de verdad lo hacen una excelente excursión, incluso para realizar con chicos. No se te ocurra perdértela!

El Museo de la Sagrada Familia muestra la obra de Gaudí y la construcción de la basílica.

La Sagrada Familia, obra maestra de Gaudí, es además una obra monumental, tanto que aún hoy en día no ha sido finalizada. De hecho, Gaudí nunca consideró posible que la basílica se terminara durante su vida, razón por la cual se dedicó a dejar instrucciones, planos y maquetas a fin de que los que lo sucedieran en la tarea pudieran seguir los trabajos bajos sus lineamientos.

Hacia un costado de la fachada de la Pasión, casi escondida, está la entrada al Museo cuyo acceso está incluido en el ticket de ingreso para visitar la Sagrada Familia. Allí se pueden ver trabajos originales y restaurados luego del incendio del obrador de la basílica, en 1936 en el marco de la Guerra Civil Española. Mucho se perdió durante esos acontecimientos pero por suerte las maquetas necesarias para seguir con la construcción se pudieron recomponer.

En el museo se pueden apreciar tales obras, e incluso se tiene una idea del avance de la construcción y cómo Gaudí la fue pensando, paso a paso. Así una de las primeras maquetas muestra la estructura principal y cómo su peso es soportado por las columnas, para luego ir agregando elementos a medida que la obra avanzaba.

El grado de detalle de las maquetas es increíble. Hasta el diseño del subsuelo estaba previsto.

En un momento de la recorrida se tiene una visión privilegiada del taller de yeso donde se crean estos modelos que sirven no sólo para ser expuestos, sino también para guiar la construcción del templo hasta su finalización. Incluso Gaudí en su época trabajaba mucho en un taller similar ubicado muy cerca de donde se encuentra este hoy, donde producía los modelos de yeso a escala, los cuales prefería antes que los dibujos  ya que le permitían evaluar mejor los resultados de la arquitectura tan particular que él proyectaba.

Junto al acceso al taller está una de las cosas más llamativas de toda la exposición: la maqueta invertida de la iglesia de Colonia Güell, una innovación de Gaudí para el cálculo estructural.

La maqueta invertida se basa en la teoría de la reversión de la catenaria, que es la forma que adquiere de manera espontánea una cadena suspendida por sus extremos. Así, el arquitecto es capaz de conseguir un arco de piedra o ladrillo capaz de resistir de modo eficaz esfuerzos equivalentes a los de la catenaria. En la maqueta invertida la cripta se sitúa en la parte superior y la cubierta en la inferior, y analizando esto Gaudí pudo desarrollar la estructura de ladrillo y piedra necesaria para mantener el edificio en pie. La maqueta invertida de la iglesia de Colonia Güell sería un experimiento, un preámbulo necesario para poder desarrollar el concepto mucho más ambicioso de la Sagrada Familia, con por ejemplo las columnas ramificadas que sostienen el grueso de la estructura. Gracias a eso Gaudí fue capaz de construir esto.

La visita al Museo de la Sagrada Familia se torna muy interesante cuando uno se pregunta cómo es posible para un hombre idear y construir semejante obra arquitectónica. Allí abajo se explica y responde en gran parte esa pregunta.

Complementan la muestra un interesante audiovisual que cuenta la historia de la construcción, y un apartado dedicado al Papa Benedicto XVI y su visita a la basílica.

Si te interesa conocer un poco más del arquitecto y cómo se generó tamaña obra, una pasada por el Museo de la Sagrada Familia es muy recomendable.