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Visitamos el controvertido Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.

En pleno centro de la ciudad de Salta, al 77 de la calle Mitre, se encuentra uno de los museos más polémicos de los que se tenga noticia. Se trata del MAAM, Museo de Arqueología de Alta Montaña, y la controversia está garantizada por lo que es el centro y casi único tema de la exposición: las momias de Llullaillaco.

La recorrida comienza contando algo sobre la historia de la arqueología de montaña, y lo emparentada que está con el montañismo como deporte. De hecho, fue una expedición del Club Andino de Chile la que en este caso descubrió lo que parecían ser ruinas arqueológicas en lo alto del Volcán Llullaillaco, a más de 6000 metros de altura sobre el nivel del mar. El anuncio de los montañistas disparó las siguientes expediciones científicas que terminarían por descubrir los cuerpos momificados de tres niños, en casi perfectas condiciones.

La así llamada Niña del Rayo debe su apodo al hecho de que, luego de haber fallecido, fue alcanzada por un rayo que quemó parte de su cuerpo. Tenía al morir una edad de poco más de seis años y fue hallada en posición sentada.

La doncella. Autor: Pedro Groover.

El Niño tenía alrededor de siete años y estaba sentado sobre una túnica de color gris.  Alrededor de la cabeza lleva un adorno de plumas blancas sostenida por una honda de lana.

La mayor fue apodada La Doncella por los investigadores. Tenía alrededor de 15 años y está vestida con ropas típicamente femeninas, además de estar exquisitamente peinada con trenzas.

Las tres momias presentan el cráneo ligeramente deformado, lo que es indicativo de que se trata de miembros de la nobleza (donde esto era una costumbre habitual), especialmente elegidos para ser sometidos a los rituales de sacrificio humano. Todos estaban acompañados además por objetos que, por su lugar de procedencia y manufactura representan aspectos centrales de la vida social y religiosa de la cultura inca.

El Niño. Autor: José Fontanelli

Según se piensa, los tres niños formaron parte del ritual conocido como Capac Cocha a través del cual, las diferentes aldeas pertenecientes al Imperio Inca llevaban a los niños elegidos hasta Cuzco, donde el Inca los casaba simbólicamente. Luego, recorrían el camino de regreso hasta su hogar, en línea recta desde el centro del imperio, sorteando los obstáculos que aparecieran en medio. Una vez allí, ascendían por la montaña hasta el punto donde se realizaba el sacrificio, que lejos de ser un acto violento consistía en drogarlos con chicha o coca y dejarlos allí para que el frío hiciera su trabajo. De esta forma, los niños emisarios, especialmente elegidos entre los miembros de la nobleza, tenían el enorme honor de viajar y reunirse con los dioses, para interceder ante ellos en nombre de su pueblo.

En el MAAM las momias se conservan con técnicas de criopreservación, que se basan en la utilización de cápsulas que modifican su atmósfera reduciendo la cantidad de oxígeno del ambiente y manteniéndose a una temperatura estable de -20°C y con iluminación especialmente regulada, en un esfuerzo por recrear las condiciones de la alta montaña donde se encontraron los cuerpos. Las momias son expuestas al público de a una por vez, por lo que dependiendo del día en que hagas la visita será el niño que podrás ver con tus propios ojos, mientras las otras dos se conservan en las cápsulas.

Volcán Llullaillaco, Salta, Argentina. Autor: Lion Hirth

Toda la tecnología desplegada por el museo para la preservación de las momias no alcanza para amainar la indignación de muchos, que sostienen fervientemente que en nombre de la ciencia se han profanado tumbas humanas, y que la exhibición de los cuerpos es una falta de respeto. Esto se puede ver claramente en las firmas del libro de visitas del museo, cuyas páginas están repletas de mensajes de reprobación. Incluso el mismo museo se encarga de difundir esta postura a través de un video que explica cómo se realizó la investigación, y donde participan tanto científicos como pobladores del paraje donde se encuentra el volcán, cada uno planteando su postura al respecto.

Cada uno tendrá su opinión sobre la muestra, pero lo que puedo asegurarles es que es una experiencia dura e impactante, y que observar el cuerpo momificado de un niño no es algo apto para todos los públicos. Quienes se animen a hacerlo con el mayor de los respetos, ya saben a dónde tienen que ir.

Visita a la Bodega San Pedro de Yacochuya en Cafayate, Salta.

Más que formar parte de la Ruta del Vino del Noroeste Argentino, la ciudad de Cafayate es el corazón de la misma. Gran cantidad de bodegas se concentran en esta localidad y sus alrededores. Justamente, saliendo de la misma hacia el lado de La Banda, y desviándose hacia la izquierda de la mítica RN 40 hacia La Banda de Arriba y El Molino, el camino sube hasta desembocar en una de las más destacadas bodegas de la región: San Pedro de Yacochuya.

Ubicada a 7 kilómetros de la ciudad, en lo alto de la cuesta, esta bodega es propiedad de la reconocida familia Echart, quienes vendieron todo lo que tenían (la famosa marca incluída, que ya no les pertenece) para dedicarse a elaborar vino en mucho menor cantidad, pero de la más alta calidad.

Los viñedos de Yacochuya están distribuidos por la zona, a más de 2000 m.s.n.m., siendo una de las bodegas más altas del mundo. En las plantaciones se cosechan diversos tipos de uva, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y un clásico salteño, Torrontés. Dependiendo de su ubicación, el riego se hace por goteo, o bien por aproximación a los canales.

En el proceso de elaboración de vinos, como ya hemos visto también en otros posts, Yacochuya utiliza los tanques de acero inoxidable donde se fermenta la uva. Sin embargo algo que destacó con respecto a otras visitas que hicimos, fue la explicación de que cuando se requiere acelerar el proceso de fermentación, lo que se hace es tomar una parte de mosto  y mezclarla con levadura a fin de provocar que fermente. Luego eso se devuelve al tanque para que el proceso se extienda a todo su contenido.

Luego el ollejo de la uva se desprende y va a parar a una prensa que termina de sacar hasta el último vestigio de vino que queda. Ese producto tendrá por destino un nuevo tanque, o bien, si el enólogo así lo decide, se puede llegar a mezclar con otras uvas para generar un vino diferente. Para añejar sus vinos Yacochuya utiliza barricas de roble que se llenan hasta un máximo de cuatro veces. Pasado ese número se considera que la madera ya no tiene los taninos necesarios para nutrir al vino.

Igualmente, aquí se producen diferentes clases de vino, y los de más baja escala hasta pueden conseguirse en supermercados. En cambio los mejores sólo se distribuyen a través de vinerías, o incluso se exportan a mercados como el norteamericano o el brasileño. Entre los vinos de más nivel destaca el que lleva en la etiqueta la firma del famoso enólogo francés Michel Rolland que lo creó, y cuyo precio no es apto para un bolsillo común y corriente.

La degustación también es costosa, pero aunque no la hagas, si te llegaste hasta aquí (algo que personalmente recomiendo) no podés no llevarte alguno de estos vinos. Será cuestión de elegir el que mejor se adapte a tu presupuesto, y la cepa que más te guste.