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Un momento de relax: el Salón Vip del Aeropuerto Internacional de Tucumán.

El viaje de un solo día a Tucumán es muy cansador: te levantás a la madrugada para abordar el vuelo de ida y el de regreso despega recién pasadas las 20 horas, con lo cual bien amerita que quien pueda y llegue con el tiempo suficiente, pase por la sala VIP para relajarse un poco.

El Benjamín Matienzo cuenta con una sala Aeropuertos Vip Club ubicada en la zona de embarque, que aunque pequeña, logra ser muy confortable. La tarjeta Priority Pass (que algunos bancos brindan de forma gratuita como parte de sus paquetes de productos) permite el acceso al vip, incluso con un acompañante sin abonar cargo alguno. A diferencia con lo que pasa en otros aeropuertos como el de Ezeiza, donde los horarios habilitados por Priority Pass son irrisorios y no le sirven casi a ningún viajero, en el Aeropuerto Internacional de Tucumán se puede ingresar de 7 a 22:30 y permanecer un máximo de 3 horas.

Para acceder hay que anunciarse por un teléfono ubicado sobre la pared que divide la zona de mostradores de check in con la zona de embarque. De esta forma personal del Vip se acercará hasta el acceso a las puertas de embarque, donde se chequearán los boarding pass, los DNI, y la tarjeta Priority Pass en sí. Con esto en orden, nos acompañarán a realizar los controles de seguridad, y luego nos indicarán cómo llegar a la sala Vip en sí.

La sala es pequeña, pero esos sillones valen oro luego de un día arduo de mucho trabajo y poco sueño. El vip está climatizado, obviamente, y al entrar te entregan la clave del wifi para que puedas navegar tranquilo sin usar datos. Un detalle: hay algún que otro toma, donde de hecho yo aproveché a cargar mi celular, pero en sí no parecieran estar pensados para la comodidad del pasajero que necesita, por ejemplo, trabajar con su laptop, ya son pocos y están distribuidos contra las paredes, en ocasiones lejos de los sillones.

La parte de servicio gastronómico parece pequeña, pero está bien atendida. Para comer tenés disponibles alfajorcitos, medialunas, galletitas, maní y snacks; mientras que para tomar podes prepararte café con la máquina, o abrir la heladera donde hay gaseosas, cervezas, aguas, chocolatada y también yogurth.

Al personal se le puede pedir copas de vino de los que se ven en el mostrador que hay para elegir, y también sandwichitos de miga, aunque estos no están a la vista, así que dato importantísimo para tener en cuenta cuando vayan.

Para pasar el tiempo hay revistas y una televisión, y por supuesto está la pantalla con la información de los vuelos, aunque cuando fuimos nosotros eramos muy pocos y la misma chica que estaba a cargo del vip nos avisaba cuándo teníamos que embarcar. Para los #avgeeks o enfermitos de los aviones como yo, el ventanal con vista a la plataforma es glorioso, y por supuesto sirve para darte cuanta cuando llega el avión que tenés que abordar, como el BFO de Latam.

Una vez que se hace la hora, el personal del Vip te avisa y te acompaña hasta el gate en la sala de embarque. De hecho hay acceso a la plataforma directo, así que en realidad se sale por ahí y se vuelve a entrar a la terminal, por la puerta por donde minutos después, luego de haber hecho el control del boarding en el gate, saldremos para finalmente abordar el vuelo.

Es una muy buena opción para estar algo más cómodo mientras se espera el vuelo (ni hablar si este se atrasa) y para tener una visión hermosa de la plataforma. La contra: aparentemente está solamente disponible para vuelos de cabotaje. Quizá algún lector pueda confirmar o corregir esta información. De ser así, considerando que Tucumán recibe vuelos regionales y que quizá esto se vaya ampliando cada vez más por la política aerocomercial del gobierno, sería bueno ver la forma de poder brindar este servicio diferencial a pasajeros que vayan a embarcar en vuelos internacionales.

 

Viaje Relámpago a Tucumán con Latam Airlines: Reporte de vuelos.

Lo primero que se me viene a la mente al momento de describir este periplo de ida y vuelta a Tucumán con Latam Airlines es que se trata de un día largo… realmente largo. Ya en los papeles el panorama no es alentador, ya que el LA 7570 despega desde Aeroparque a las 6:15 de la mañana, y el 4M 7577 arriba desde Tucumán a las 22:30 hs.

El punto positivo de dormir tan poco es que a las 4:30 de la mañana no hay nadie en la calle y con la autopista totalmente fluida el viaje hasta Aeroparque es realmente muy rápido. Habíamos hecho el web checkin y no despachábamos equipaje, así que con el boarding pass impreso en casa nos dirigimos directamente al control de seguridad (muy concurrido a esa hora de la madrugada) y luego de alguna pequeña demora estábamos disfrutando un café doble como para ir despejándonos.

Un detalle a considerar es que en Aeroparque el ingreso al control de seguridad ahora está dividido, y hay una fila para los vuelos a la Patagonia y otra para el resto (marcados como «norte»). Esto es para el ingreso a la zona de scanners, así que habrá que prestar atención en qué fila uno se pone cuando viaje en cabotaje.

El avión que nos tocó para la ida fue el A320 LV-FUX de casi 8 años de antigüedad y que aunque en diferentes filiales, siempre voló para el grupo Latam. Al momento de abordarlo, en el gate (ya que no habíamos pasado previamente por los mostradores de check in) nos encontramos con la sorpresa: el sistema nos había cambiado los asientos elegidos. Pasamos de la fila 15 a la 10, justo la anterior a la salida de emergencia, y por tanto el peor asiento de todo el avión, ya que no se reclina.

El viaje fue bastante incómodo, sobretodo desde el momento en que el pasajero de adelante decidió reclinar su asiento al máximo, pero por suerte se pasó rápido. El servicio a Tucumán incluye una bebida de refrigerio, así que me las ingenié para tomar un jugo de naranja en el escaso espacio que me había tocado.

Luego de un día completo de trabajo, cerca de las 19 horas estábamos de regreso en el Aeropuerto Benjamín Matienzo, en horario para tomar el vuelo de regreso pero prácticamente fusilados. Afortunadamente con la Priority Pass pudimos acceder al Vip Lounge de Aeropuertos Argentina 2000 (que tendrá su post próximamente) para hacer la espera un poco más amena. Una decisión que se reveló extremadamente acertada cuando el avión se demoró media hora más de lo previsto en llegar desde Aeroparque.

 

Esta vez se trataba del LV-BFO, viejo A320 que lleva 16 años volando y que ya me ha llevado y traído a distintos puntos del país en varias oportunidades. El personal de la sala vip nos indicó que era momento de abordar, y nos acompañó hasta el gate donde nos anunció al personal de la línea aérea. Nos hicieron embarcar inmediatamente, sin hacer fila, por lo que fuimos de los primeros en salir a plataforma y subir. Pero una vez más, el sistema había hecho de las suyas y los asientos asignados no eran los planeados. Por suerte, esta vez terminamos en la fila 28 que se reclina normalmente.

Y aquí se dió un problema, ya que instantes luego de acomodarnos llegó un muchacho que tenía asignado el mismo asiento que mi compañero de viaje. Gestión mediante de la TCP, que luego de corroborar los asientos de cada uno tuvo que consultar porque evidentemente había uno duplicado, resultó que al muchacho también el sistema lo había cambiado, y tenía que sentarse casi adelante de todo. Quizá algún lector avezado pueda indicar en los comentarios el porqué sucede esto de los cambios de asientos por sistema, algo que ya me había pasado en Latam.

 

Si bien llovía, el clima no parecía estar tan malo, por lo que sorprendió el anuncio del comandante indicando que por requerimiento del control de tráfico de vuelo (en criollo, la torre de control), el despegue estaba retrasado y debíamos esperar media hora más a bordo. En total, salimos con una hora casi exacta de retraso, con bastante turbulencia al principio y los motores esforzándose a pleno para dejar atrás la tormenta.

El aterrizaje en Aeroparque se dio casi a las 23:30 hs y fue un verdadero placer pasar por las cintas de equipaje sin frenar, y caminar directo hacia el estacionamiento. A casi 24 horas de que sonara el despertador, solo quedaban algunos kilómetros más antes de llegar a casa y volver a disfrutar del sueño reparador.