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Visita a la Torre de Londres con sus 1000 años de historia.

Ubicada a orillas del Támesis, a metros del puente al que ella misma da nombre, la Torre de Londres es uno de los castillos más famosos de Europa y suele recibir miles de visitantes por día que lo recorren para enterarse de los detalles de sus más de 1000 años de historia.

Los orígenes de esta impresionante fortaleza se remontan al 1066, año en que Guillermo el Conquistador avanzó sobre Londres para reclamar el trono que había dejado vacante Eduardo el Confesor, y que había sido tomado por su cuñado, Harold Godwinson. Una vez derrotados los ingleses, Guillermo mandó construir unas defensas en el extremo sureste de la ciudad, que pronto serían reemplazadas por una imponente torre que supo ser el edificio más alto de la ciudad.

A la Torre Blanca se accede por una imponente escalera de madera que podía retirarse en caso de ataque enemigo.

A lo largo de los años, la Torre de Londres ha funcionado como fortaleza, como palacio real y hasta como prisión. Asimismo, ha sido modificada, ampliada y adaptada a las necesidades que cada monarca le endilgó a lo largo de la historia.

Los tradicionales cambios de guardia son uno de los protocolos que los visitantes pueden presenciar en la Torre.

Hoy es una visita casi obligada para todo aquél que esté de paso por la capital del Reino Unido, para lo cual es recomendable reservarse medio día ya que son muchas las cosas por recorrer una vez en el interior.

Las Almenas son un enorme cerco de piedra que comunica las 10 torres exteriores del castillo. 9 Se pueden visitar.

La Torre Blanca es sin lugar a dudas uno de los puntos más importantes, siendo el edificio que dio origen a la fortificación que hoy en día conocemos. Debe su nombre al color con que Enrique III la hizo pintar por fuera y por dentro y consta de tres plantas que se pueden visitar. En su interior están también las Armerías Reales, donde se exponen desde armas y equipos que se utilizaron desde la década de 1590 hasta las armaduras que supo vestir Enrique VIII.

En 1235 Federico II, Emperador del Sacro Imperio Romano, regaló 3 leones a Enrique III, quién inició el zoo de la Torre.

El muro defensivo creado por Enrique III también puede recorrerse, visitando 9 torres entre las que se encuentran la Torre de Sal y otras que se utilizaron como celdas, y aún conservan en sus paredes inscripciones originales grabadas por los prisioneros. En una de ellas el visitante conocerá también una de las peculiaridades de esta fortaleza: la época en la que se la utilizó como Casa de Fieras, albergando a los exóticos animales que le eran regalados a los monarcas.

Entre los siglos XIV y XIX la Torre Blanca se utilizó como almacén militar. Hoy tiene un museo de armas y armaduras.

Otro punto a recorrer será el Museo de los Fusileros, donde se encuentra, entre otras cosas, un estandarte de águila conseguido durante las guerras napoleónicas. Y por supuesto, no hay que irse de la Torre sin pasar a visitar Las Joyas de la Corona, la colección de joyas más famosa del mundo, ubicada en una de las cámaras seguras, y donde no está permitido tomar fotografías. Entre las piezas expuestas se incluyen varias de las coronas más emblemáticas de la corona británica.

La Casa de las Joyas alberga piezas con incrustaciones de oro que fueron utilizadas en la coronación de los monarcas.

Un lugar destacado dentro de la Torre lo tienen los cuervos. Según la leyenda, el día en que los seis cuervos residentes abandonen la fortaleza marcará la caída de la Torre y del imperio británico todo. O al menos así lo creía en su momento Carlos II y desde ese momento la tradición de cuidar de estas aves se mantiene intacta. Así, el Ravensmaster cuida de los siete cuervos alojados en el castillo (sí, uno extra, por las dudas).

Los cuervos son habitantes regulares y muy importantes en La Torre. Si desaparecieran, sería el fin del imperio británico.

Recorrer esta magnífica fortificación es impactante, y en algunos puntos parece transportarte en el tiempo hacia siglos atrás, aunque la cantidad de gente que en todo momento uno tiene alrededor hace imposible perder la conciencia sobre la época en la que estamos. Pero hay lugares que te ponen la piel de gallina, como la Torre Wakefield inferior, donde se exponen los instrumentos de tortura utilizados en el pasado, o el memorial a los fallecidos que recuerda a los ejecutados, desde la famosa reina consorte Ana Bolena decapitada en los patios del castillo hasta Simon Fraser, el undécimo Lord Lovat que en 1747, a los 80 años, se convirtió en la última persona ejecutada en la lindera Tower Hill.

El Memorial a los ejecutados es una escultura de granito y vidrio que muestra una almohada de cristal sobre 2 discos.

Para visitar la Torre de Londres es necesario pagar el ticket, pero como suele suceder, lo más conveniente es no comprarlo en el lugar. Para evitarte largas colas y esperas, lo más aconsejable es comprar el ticket online y ya llevarlo impreso, o bien tenés la opción de retirarlo en las cajas asignadas «para grupos». Allí también podés comprar la audioguía en español, o incluso un libro guía que es muy útil si querés interiorizarte más en los detalles de la Torre, y ubicarme mejor durante la recorrida con el mapa incluido en el mismo.

Los alabarderos dan visitas guiadas en horarios definidos, pero sólo en inglés. En español hay disponibles audioguías.

El valor del ticket incluye el acceso a varias de las muestras dentro del castillo, y además te permite participar de la visita guiada por un alabardero, pero claro, la charla es en inglés únicamente.

Otras cuestiones a tener en cuenta a la hora de comprar el ticket es que, si estás interesado en visitar más de 2 palacios reales, es probable que te sea más económico comprar la membresía anual que te da acceso a 6 de ellos por un valor fijo; y en cambio si estás en modo turista y vas a visitar varias atracciones en la ciudad, recordá que la tarjeta London Pass incluye el acceso gratuito a la Torre de Londres.

Almuerzo de campo en El Nene de Keen.

El sábado amaneció lindo y como teníamos ganas de cambiar un poco de aire, empezamos a buscar dónde ir a comer fuera de la ciudad. Carlos Keen (polo gastronómico al norte de Buenos Aires del que podés leer en el link) es siempre un clásico, así que fue una de las opciones a revisar. Allí encontré justo lo que buscaba: un lugar donde pudiera comer parrilla al aire libre y con distancia social. Llamé, reserve para ese mismo día, y apenas una hora después estábamos ya en la ruta.

El Nene de Keen es un restaurante de campo que ofrece un menú fijo en modalidad de tenedor libre, es decir que pagás un precio fijo y comés hasta que no das más. Y cuando digo que es un restaurante de campo no es porque ellos se definan así, es porque en serio, es de campo…

Si bien tiene lugar adentro, en pandemia están utilizando el parque, donde hay un sector techado y luego mesas dispuestas a la sombra de una frondosa arboleda. Como corresponde a estas épocas, las mesas están separadas por una buena distancia, lo que evita el amontonamiento de gente. El único faltante que encontramos para  estos tiempos, fue que te provean de alcohol en la mesa, pero a esta altura del partido ya eso no nos es un problema porque voy con mi alcohol en gel portátil a todos lados.

El menú es fijo, pero super abundante. Si algo te puedo asegurar, es que no hay forma de que te vayas de este lugar con hambre. La entrada consta de una empanada de carne por persona, y una pequeña y exquisita picada. Todo acompañado con unas berenjenas en escabeche que no se quedan atrás.

Después llega la parte interesante. La parrillada no solo es sabrosa, sino que es de las más variadas que haya yo visto en cualquier restaurante. Un detalle no menor es que la sirven en brasero, por lo que la comida se mantiene siempre caliente. Y en cuanto al contenido, es realmente de lo mejor: chorizo, morcilla, chinchulín y riñones, como para ir arrancando con las achuras. Después hay una selección de carne de vaca y de cerdo. Todo en su punto. El asado se desprendía solo del hueso, que quedaba casi totalmente limpio sin esfuerzo.

Pero la cosa no termina ahí. Otro detalle de categoría: la parrillada incluye verduras: papa, calabaza y batata. Buena opción por si hay algún vegetariano sentado a la mesa, aunque conmigo está perdido porque las verduras azadas me gustan tanto como la carne. Para acompañar, elegimos papa fritas y ensalada mixta, aunque hay también otras opciones. De hecho, si sabía que el brasero iba a traerme papa, quizá hubiera cambiado las fritas por alguna de las otras alternativas.

Además de la parrillada (o como alternativa) también podés pedir pastas. Si todo esto todavía te parece poco, podés repetir. Pero dudo que puedas, porque es todo bastante abundante. Probablemente te sobre, pero tampoco por eso tenés que preocuparte: Lola se encarga.

 

El precio incluye una bebida sin alcohol grande cada dos personas, aunque también podés comprar vinos o extras pagando aparte. El postre, también incluido, tiene opciones clásicas: flan, budín de pan, casata (de 4 gustos) o, mi preferido, almendrado.

Después de comer llegará el momento de ralajarse y disfrutar del campo. Para eso hay unos livings de madera donde podés sentarte a descansar o tomar mate, amén de las sillas plegables que te hayas cargado en el auto. Los futboleros tienen a su disposición una canchita para organizar un picado si el sol no pega tan fuerte, y para los más chicos hay hamacas y algunos juegos de plaza. Si querés, también podés irte al pueblo y luego volver, porque a las 16:30 hs sale la merienda con tortas fritas.

La atención es impecable y tanto las instalaciones como el parque se mantienen muy limpios. Una excelente opción para salir de la rutina, visitar el campo y comer rico y mucho, a apenas un poco más de una hora de capital federal. Lo más recomendado es llamar y reservar, para lo que te dejo acá el link a la página web con los datos.

Y ahora sí, ya está todo listo. Buen provecho y a disfrutar!