Archivo por meses: abril 2020

La Bodega Cabernet de los Andes y su Cosecha de Luna Llena.

Caía la tarde del 9 de marzo cuando entramos en el predio de la Bodega Cabernet de los Andes, en Fiambalá, y estacionamos el auto frente a la sala de ventas. No sabíamos si estábamos a tiempo, así que le consultamos al hombre que se acercaba a nosotros si se podía visitar las instalaciones.

Ese hombre de movimientos tan tranquilos y carácter amistoso resultó ser nada más y nada menos que Carlos Arizu, el dueño de la bodega, y miembro de una familia histórica en la actividad vitivinícola argentina. Carlos mismo se dedicó toda su vida a este negocio y luego de años de trabajo en su Mendoza natal, un día decidió mudarse a Fiambalá, provincia de Catamarca. ¿La razón para semejante cambio? Desarrollar lo que en aquél momento era algo casi desconocido en la Argentina: los vinos de altura.

Así Carlos se instaló en la Finca La Retama, antigua propiedad de otra familia ligada a los vinos: los Graffigna. En un lugar con clima y terreno propicios se embarcó en el proyecto de cultivar uvas al pie de la montaña y producir vinos de calidad, que en un principio tenían una cuota de exportación del 80% de la producción. En la actualidad han logrado un delicado e ideal equilibrio entre el mercado externo y el nacional, colocando aproximadamente un 50% en cada uno, lo que les permite sortear de mejor forma los vaivenes económicos.

Muy amablemente Carlos nos guió en una visita personalizada por la pequeña bodega que en aquél momento estaba en plena actividad: los tanques de acero inoxidable estaban repletos de líquido en fermentación destinado a ser próximamente alguno de los exquisitos productos de la casa, y el enólogo italiano Loris Tartaglia, a quién incluso pudimos saludar, iba y venía concentrado en su tarea: crear vinos de excelencia.

En su finca de Fiambalá, donde se encuentran los viñedos que finalizan allá sobre el cerro, donde ya las dunas les cortan el paso, la bodega Tizac produce vinos orgánicos de altura, lo que significa que no se utilizan pesticidas. Conseguir y mantener esta categoría a la que pocos vinos argentinos tienen el honor de pertenecer, implica esfuerzos extras, pero también obliga a repensar el negocio y a innovar. Así, Carlos nos contó sobre el proyecto de incorporar ovejas a la explotación, para que estas se coman las malezas.

Una ocasión especial para Carlos y para la ciudad de Fiambalá es la llegada de la primer luna llena de abril, que en este 2020 se da justamente hoy, viernes 10. Se trata de una noche particular en la que lugareños y turistas tienen las puertas de la finca abiertas para acercarse con sus antorchas y realizar la cosecha nocturna de las uvas que más tarde se convertirán en el vino insignia de la bodega: el Plenilunio.

Según nos han comentado, es realmente una fiesta que comienza recorriendo los viñedos y sigue luego cuando a la medianoche se dejan los cajones llenos de uva y se disfruta de comidas típicas de la región, música en vivo y, por supuesto, buen vino. Un evento que este año no pudo ser, suspendido por la cuarentena decretada para luchar contra el coronavirus, que privó a los catamarqueños de una noche especial donde iban a presentarse artistas de primer nivel, como es el caso de Patricia Sosa, entre otros. Una verdadera lástima, pero de seguro habrá nuevas ediciones de la tradicional cosecha de luna llena, y por qué no, ojalá podamos participar en alguna de ellas.

Claro que si estás por Fiambalá en otras fechas igualmente podés pasar por la bodega como hicimos nosotros, y llevarte algún vino orgánico (o varios) a precios de fábrica. Porque si te gusta el vino, y estás en Catamarca, probar este producto de altura es una experiencia que no te podés perder.

Conocida también por el nombre de Tizac, uno de sus productos más populares, la bodega se ubica sobre el ripio de la Ruta 34, en el Barrio Pampa Blanca, casi saliendo de Fiambalá en dirección a Saujil.

La industria aérea en terapia intensiva: Números de febrero y previsiones para el futuro.

Las nubes se ciernen sobre la aviación.

Eso es más o menos lo que se concluye de los informes que IATA (International Air Transport Association) publicó la semana pasada sobre la performance de la industria durante el mes de febrero 2020. En todas las áreas, los números se muestran a la baja, y el futuro, incierto.

El mercado de pasajeros.

A nivel global, el flujo de pasajeros medido en RPKs (Revenue Passanger Kilometers) se contrajo un 14.4% interanual, marcando la peor performance de la industria desde el colapso del 2001 provocado por el atentado de las Torres Gemelas. Todo esto, incluso, en un año bisiesto donde febrero tuvo un día más de operación con respecto al año pasado con el que se lo compara.

Si bien la mayor caída se registró en el mercado doméstico chino y en los vuelos internacionales de la región Asia-Pacífico desde el comienzo de la pandemia del Coronavirus, el resto de las regiones durante el mes de febrero se vieron impactadas por la caída de la demanda en los viajes desde y hacia la región más afectada (hasta ese momento) del planeta.

En cuanto a la oferta de asientos la crisis desatada por el COVID-19 también mostró su efecto ante la cancelación de numerosos vuelos, provocando una caída de casi el 9% de kilómetros de asientos disponibles que es la unidad de medida utilizada por IATA para sus reportes. En consecuencia, con la demanda cayendo casi el doble que la oferta, el factor de ocupación de la industria de pasajeros también disminuyó hasta alcanzar el 75.9%. En otras palabras, durante febrero hubo casi un cuarto de los asientos disponibles que salieron vacíos.

Lejos de mejorar, el panorama para marzo es realmente malo, ya que a los vuelos cancelados por falta de pasajeros en Asia se agregaron los cierres de fronteras de muchos países del mundo, lo que determinó que actualmente la mayor parte de la flota mundial de pasajeros esté estacionada en diferentes aeropuertos alrededor del globo. Sin dudas, cuando estén listos los números del mes pasado, mostrarán un panorama desolador.

La situación de la carga aérea.

Aunque la actividad de cargas resulta esencial durante la emergencia sanitaria mundial para la lucha contra el virus, tal como lo comentamos en este post al que accedés desde acá, «la parte de abajo del avión» también sufrió un golpe duro. La desaceleración de los flujos comerciales internacionales, sumados a los cierres de fábricas en las zonas afectadas como China e Italia (que comenzó a sentirse fuerte la última semana del mes) determinaron que, ajustada estacionalmente para quitar el efecto del Año Nuevo chino principalmente, las tonaladas-kilómetro cayeran un 9.1% durante febrero.

Sin embargo, si no consideramos el factor estacional, lo realmente embarcado fue apenas un 1.4% menos que en febrero 2019; mientras que por el lado de la oferta, la cancelación de vuelos de pasajeros (en cuyas panzas viaja la carga) determinó una caída en la capacidad de bodega de un 4.4% interanual. El resultado fue que el factor de ocupación mundial subió en 1.5 puntos porcentuales, con la consecuente presión sobre la tarifa aérea.

El panorama para la carga en marzo es similar al del mercado de pasajeros en cuanto a la oferta, ya que la casi nula operación de vuelos de pasajeros provocó que desplomara la capacidad de carga, quedando casi exclusivamente concentrada en los vuelos cargueros. Sin embargo no sucede lo mismo con la demanda, porque si bien gran parte de la industria mundial se ha frenado, el avión se ha convertido en el medio de transporte ideal para el transporte de medicamentos, insumos y equipos médicos, con lo cual la demanda no ha caído en la misma medida que la oferta, y en las últimas semanas los precios se han disparado realmente por las nubes.

En líneas generales, la capacidad de bodega no alcanza para transportar la cantidad de carga existente, al punto que se ha visto algo de lo más inusual: operadores de carga transportando mercadería en aviones de pasajeros, utilizando incluso la cabina de pasajeros para maximizar la capacidad del avión. Algo que, si bien está permitido por IATA, requiere de que se tomen medidas de seguridad adicionales, y de que haya autorizaciones de parte de las autoridades aeronáuticas de los países involucrados.

El futuro de los aviones.

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que lo peor no pasó, y que el reporte de marzo mostrará una situación mucho peor que el de febrero. La aviación vive una verdadera paradoja: Si bien se la reconoce como una actividad esencial para el transporte rápido y efectivo de mercadería crítica durante la emergencia, en sí hoy en día está a punto de convertirse en una industria agonizante. Sin signos claros de cuándo comenzará a normalizarse la situación, el panorama actual para muchas de las compañías aéreas es bastante sombrío, y se podría resumir en que sin ayuda de los estados, no hay futuro.