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El enorme Bosque de Chapultepec, en Ciudad de México.

Enclavado en plena Ciudad de México, con una impresionante superficie de 678 hectáreas que la convierte en la más importante de América Latina, el Bosque de Chapultepec es una de las áreas verdes urbanas más extensas que existen.

Son tales sus dimensiones que está dividido en 3 secciones diferentes y recorrerlo en su totalidad será una tarea que demandará una buena cantidad de tiempo. Por eso si uno está con los días contados en la capital azteca lo más conveniente será identificar qué es lo que quiere conocer y programar la excursión para arrancar por allí. Luego si los tiempos y el clima lo permiten, se puede ir visitando las otras secciones.

La oferta del bosque es realmente amplia. Por supuesto lo primero que viene a la mente es la realización de actividades al aire libre y para ello hay lugares especialmente preparados para la práctica de deportes, tanto para hacer caminatas, correr o andar en bicicleta. Pero quizá lo más llamativo sea la estructura de cemento del Parque Constituyentes, especialmente diseñada para practicar con skates.

Distribuidas por sus diferentes secciones el bosque cuenta con gran cantidad de monumentos y fuentes, y por supuesto están los lagos, tanto en la primera como en la segunda sección, en alguno de los cuales se puede alquilar una lancha para pasear por el agua.

Y para quienes se interesen por la cultura, dentro de los límites del bosque hay una buena cantidad de museos que se pueden visitar, entre los que se destacan el Museo de Antropología (link al post), el Museo del Papalote (o niño), el Museo Tamayo y, por supuesto, el Castillo de Chapultepec que aloja al Museo Nacional de Historia, que tendrá su post exclusivo próximamente.

Además, el bosque es escenario de diferentes actividades que se ofrecen especialmente, como ser clases para andar en patineta, talleres, espectáculos y el Lanchacinema, que no es otra cosa que un autocine, pero en el lago y encaramado en una lancha para disfrutar de un buen film en pantalla gigante.

Aunque parezca raro, la visita al bosque de Chapultepec hay que planificarla, pues no es ir simplemente a visitar un parque. Tanto es así que tiene una página web propia, en donde uno puede averiguar todas las alternativas y así elegir lo que más le interese. Así que es solo cuestión de hacer click en el link, revisar el calendario para marcar los días de sol, y disfrutar de este increíble espacio verde en plena ciudad.

Probamos las deliciosas empanadas de Doña Salta.

Era sabido desde antes que abordáramos el avión ya que un viaje a Salta no es tal si no hay empanadas. Y a la ciudad del caudillo Güemes llegamos con una recomendación que contaba con todos los diplomas: tanto por venir de un salteño, como por tratarse de alguien que sabe de cocina y conoce los secretos de la gastronomía de su tierra. Así que teníamos la consigna de pasar por Doña Salta. Lo hicimos, y Doña Salta no falló.

Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, a la vuelta de la plaza principal, al 46 de la calle Córdoba, este restaurant se especializa en platos regionales, los cuales son servidos en un ambiente muy cálido, y con una atención bien cuidada por sus mozos. En nuestro caso llegamos temprano, apenas después de las 20 horas, con lo cual pudimos elegir dónde sentarnos sin problemas, pero con el correr de los minutos el lugar se llenó. Día de semana y aun fuera de temporada (las vacaciones de  invierno recién comenzaban la semana siguiente) daba muestras de lo concurrido del lugar.

Muy buenos comentarios habíamos recibido de sus clásicas empanadas salteñas, así que esa fue nuestra entrada. Se pueden elegir de carne y jamón y queso, pero la oferta tiene algunas variantes interesantes, como ser las de charqui de los Valles Calchaquíes (caracterizadas por su «carne deshilachada», y las de queso, que son simplemente increíbles. No podés dejar de pedirlas, porque no se parecen a ninguna otra empanada de queso que hayas probado antes. Pero para ser justos, no importa el sabor que elijas, pequeñas pero muy ricas, las empanadas de Doña Salta no defraudan. Perfectamente el programa podría ser cenar una docena de ellas.

Los platos fuertes fueron una cazuela de cabrito y un guiso de mondongo. Ambos excelentes (el guiso para los que les guste el mondongo, por supuesto, lo cual no es mi caso). Claro que la cazuela resulta algo difícil de comer, ya que con tanto líquido se dificulta pelar los huesitos del cabrito. Por suerte el mozo me había dejado un plato para ir depositando los huesos, que además de cumplir su función sirvió para maniobrar con el cuchillo de forma más efectiva (y menos peligrosa para el resto de los comensales).

Para el postre también optamos por un clásico local. El turrón salteño es  una especie de milhojas con poco dulce de leche y merengue, hecho con miel de caña, y es delicioso.

Doña Salta es un excelente lugar para comer. Y los precios son accesibles. En nuestro caso, por una cena con entrada, postre y vino, para dos personas gastamos $800, a valores de julio 2018. El único detalle negativo es que no ofrecen cafetería, así que si pensabas pedirte un cortado para bajar todo lo que comiste, vas a tener que tomarlo en otro lugar.