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La Casa de la Aviación: el punto spotter de Ciudad de México.

No importa el lugar del mundo donde me encuentre, los aviones serán siempre algo que se llevarán mi atención. Si tengo oportunidad, no dudaré en invertir algo de tiempo en buscar un punto con vista a la pista para lograr una toma como la gente. En CDMX esa búsqueda no es necesaria, porque contigua al Benito Juarez se encuentra la terraza de la Casa de la Aviación, donde spotters, tripulaciones y simples #avgeeks se juntan a tomar algo y disfrutar de su pasión: los aviones.

Durante nuestra estadía en la Ciudad de México nos acercamos una tarde hasta Poniente 13, en Colonia Cuchilla del Tesoro, justo donde la calle se corta por el paredón perimetral del aeropuerto, para conocer la primer casa spotter del mundo, tal como ellos mismos la definen.

En ese momento aún era conocida como La Casa de Juan Juan, tomando su nombre del de su dueño, Juan Carlos Juan, cuya familia optó por aprovechar la ubicación estratégica de su propiedad para fusionarla con su pasión por los aviones y convertirla en un proyecto comercial especialmente diseñado para entusiastas de la aviación. Así, la terraza de la propiedad se transformó en el punto spotter de México, desde el que se obtiene una vista despejada de las pistas y la plataforma del Benito Juarez.

Emplazada en un extremo del aeropuerto, La Casa de la Aviación tiene una vista privilegiada de la cabeceras 23 R y L, y al despejar u ocupar la pista los aviones taxean a metros de donde uno está alzando el teleobjetivo, por lo que es habitual que los pilotos se tomen un paréntesis para saludar a los fotógrafos.

Allí nos recibieron Betzabel y Araceli, que son unas anfitrionas de lujo y hacen que las horas que pasas contemplando el constante movimiento del aeropuerto sean realmente placenteras. Se alegraron mucho de recibir visitas desde Argentina, y nos contaron que suelen tener visitantes de otros lugares del mundo como Costa Rica, Francia e Inglaterra. A todos ellos les ofrecen una carta de comidas rápidas cuyos menúes llevan nombre de aviones, como ser el 727 que remite a un sandwich de jamón y queso acompañado por fritas y gaseosa.

Si pedís un café, sale personalizado. Y las tazas son un buen recuerdo que podés comprar para llevarte a tu casa.

Especialmente acondicionada para los spotters, la Casa de la Aviación  no sólo ofrece un punto seguro desde el cual apreciar los despegues y aterrizajes, sino que le agrega valor a la experiencia muy inteligentemente: por los altoparlantes se escucha la frecuencia de la torre de control, con lo cual uno está siempre al tanto del movimiento aeroportuario; y además cuentan con una PC con Fligthradar24 para chequear la ubicación de los aviones que están aproximando.

Nuestras anfitrionas nos contaron también que suelen recibir la visita incluso de escuelas de vuelo, cuyos profesores llevan a los alumnos para enseñarles en vivo y en directo los diferentes tipos de avión que operan en la terminal aérea; al punto que estuvieron a punto de instalar un simulador de vuelo a través de un convenio con una de ellas. El proyecto por ahora está frenado, pero sigue allí latente, y ojalá algún día se pueda hacer realidad.

También es habitual que se acerquen tripulaciones, luego de hacer el aterrizaje por alguna de las dos pistas paralelas de la terminal, así que si pasás es probable que tengas oportunidad de cambiar algunas palabras con un piloto, mientras contemplás extasiado el despegue del majestuoso B747 carguero de Cargolux.

La Casa de la Aviación abre de martes a viernes de 14 a 20 hs, y los fines de semana extiende su horario a partir de las 12 del mediodía. Pero cuando hay algún evento especial en el aeropuerto, como el arribo de un avión particular, suelen invitar en horarios fuera de schedule. Para estar al tanto de las novedades, nada mejor que seguirlos en su facebook oficial al que se puede acceder en este link.

Definitivamente, es EL lugar para disfrutar de los aviones que operan en el AICM, de forma segura y con un ambiente relajado y familiar. Si estás por CDMX y son fanático de la aviación no tenés opción, tenés que visitar La Casa de la Aviación.

 

Viaje por el Noroeste Argentino: ¿Tarjeta o efectivo?

Por lo general en mi caso el tema de cómo afrontar los gastos durante un viaje, no es un tema. Tengo bien definido cómo manejarme, y la estrategia puede resumirse en llevar encima el mínimo indispensable de efectivo como para costear algunas propinas y tener un pequeño excedente para salir del paso con alguna emergencia que pudiera darse (como que se desmagnetice la tarjeta). Para todo lo demás existe… la tarjeta que más te guste.

Pero en ciertos destinos me permito dudar un poco de mi infalible estrategia, y el noroeste argentino es uno de ellos.

Sabiendo cómo son las cosas por allá, durante mi último viaje tomé algunas precauciones monetarias, que al final de la recorrida se relevaron como un tanto excesivas ya que durante los más de diez años que pasaron desde mi último viaje a aquella zona del país algunas cuestiones mejoraron. Por supuesto que en las grandes ciudades y los pueblos más turísticos no habrá grandes problemas, pero aún así todavía es aconsejable tomar recaudos cuando se visitan localidades más chicas. Y un viaje al NOA no es tal si no se visitan lugares de ese estilo, así que…

Qué tarjeta de crédito llevar.

A la hora de pagar uno en general habla de dos opciones (efectivo o tarjeta), como si todas las tarjetas fueran lo mismo, pero en la práctica están lejos de serlo. Y cuando uno no está en una gran ciudad, esas diferencias se acentúan. Por eso es recomendable que en toda billetera haya al menos una VISA o una MASTERCARD, que en general son aceptadas en prácticamente todos lados. Otras tarjetas obviamente pueden y deben llevarse también, pero hay que tener presente que puede haber lugares donde no las acepten, por lo que es necesario tener otra alternativa.

Por otro lado, siempre hay que llevar más de una tarjeta, por cualquier problema que se pudiera tener con el plástico. Aunque esto vale también para viajar a Londres, Nueva York, o donde se te ocurra.

Averiguar antes de gastar.

Y no me refiere al precio (o al menos no sólo a eso). Antes de realizar un consumo, si uno tiene pensado pagar con tarjeta hay que consultar siempre si la aceptan. Incluso cuando en la vidriera, cartel u algún otro lugar digan que sí aceptan, preguntar nunca estará de más y servirá para ahorrarse dolores de cabeza.

Si les parece que soy demasiado precavido los ilustro con un ejemplo: En Tilcara buscamos un restaurante para almorzar, y ubicamos uno bastante lindo frente a la plaza. El pizarrón en la puerta decía claramente que había wifi y se aceptaban tarjetas; pero luego resultó ser que no: no había internet y el sistema estaba caído así que sólo se podía pagar con cash. Sin embargo sólo nos enteramos de estos pequeños detalles al consultar; el mozo no nos advirtió por iniciativa propia, y de no haber tenido dinero encima podríamos haber pasado un mal momento. Algo tan incorporado en Buenos Aires como avisar de antemano que el posnet no funciona, puede que en pueblos donde lo habitual es pagar con billetes no funcione como uno está acostumbrado.

Separar el dinero para los alojamientos.

Los hospedajes suelen ser lo más costoso de un viaje, y por lo general siempre reciben tarjetas de crédito. Por lo general. En aquellos casos en que la agencia de viaje no nos haya cobrado la estadía, habrá que revisar si el establecimiento acepta el pago electrónico. Si uno duerme en un prestigioso hotel 5 estrellas es un hecho que no habrá ningún problema; pero al menos en mi caso ese no es el tipo de alojamiento que busco en un pueblo en medio de la quebrada. Por otro lado, si uno quiere dormir en una pequeña localidad colonial como pueden ser San Carlos, Molinos, Angastaco o Seclantás, simplemente no va a encontrar alojamientos así porque no existen. En estos lugares las noches se pagan en efectivo. Y entonces es recomendable tener el dinero necesario para cancelar todas esas estadías contado y separado.

¿Me llevo todos los billetes de paseo?

Bueno, eso de ir a todos lados con un fajo de billetes en la mochila es algo que odio y evito a toda costa; pero en la recorrida por los Valles Calchaquíes y la Quebrada de Humahuaca es justamente lo que hice, y es en este punto donde digo que fue una precaución excesiva.

Por mi experiencia en viajes anteriores estaba seguro de que iba a necesitar disponer de efectivo, pero además tenía muy patente el recuerdo de lo complicado que era conseguirlo fuera de las ciudades. Pocos cajeros, y muchas veces sin plata. El hacerme de un buen stock de billetes en Salta antes de empezar la recorrida rutera resultó no ser tan necesario, ya que pueblo por el que pasamos, pueblo que tenía su cajero. En particular, el Banco Macro tiene presencia en toda la zona, y por supuesto donde hay un Banco Nación hay un cajero Link. Y no solo eso, las máquienas tenían dinero, tal es así que pudimos retirar en Angastaco sin problemas. Eso sí, no fue en el pico de la temporada. En períodos de vacaciones y fines de semana largo, yo sugeriría ser precavido en este sentido.

Por supuesto que igualmente hay que administar los billetes lo mejor posible. Para eso, siempre la primer opción de pago es la tarjeta de crédito. En segundo lugar la de débito. Y el efectivo queda únicamente para aquellos casos en que es la única alternativa.

Las estaciones de servicio se tarjetean con la más complicada.

La mejor forma de recorrer estos pueblos es claramente el auto (si es alquilado mucho mejor), y entonces hay que cargarle nafta a la máquina. Quizá sea una obviedad, pero muy en línea cono lo que les comentaba en el párrafo anterior, en las estaciones de servicio se paga con tarjeta (más con lo que sale la nafta hoy en día). Igualmente es aconsejable consultar que acepten, no sea cosa que justo se les haya caído el sistema. Pero además, las estaciones suelen aceptar una amplica gama de tarjetas, así que son un buen lugar para quemar saldo de aquella menos popular. En mi caso pagué cada litro de nafta con la American Express, que en muchos establecimientos no era aceptada.

 

Estas fueron las particularidades que tuvieron los pagos de los gastos durante el viaje al noroeste, y la forma en que los afronté. Cada uno debe hacerlo a su modo, y con este post no pretendo más que alertarlos sobre la disponibilidad (o falta de la misma) que hay en aquella zona del país, y tirarles algunas ideas que pueden implementar o adaptar a gusto. El objetivo será siempre disfrutar al máximo del viaje, y no quedarse con las ganas de nada por no tener forma de hacer efectivo un desembolso.