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Una tarde en Suipacha, Buenos Aires, la ciudad en medio de la Ruta del Queso.

Al oeste de la capital federal la ciudad de Suipacha es una buena alternativa para tomarse el día y escaparse del bullicio de Buenos Aires para bajar algún cambio y degustar cosas ricas. Cabecera del partido que lleva su mismo nombre, se accede a través del Acceso Oeste y empalmando luego con la ruta 5.

Como pasa en general con las localidades del interior de la provincia, Suipacha es una ciudad tranquila, donde seguir con el aceleramiento habitual capitalino queda francamente desubicado. En el centro la plaza es muy linda y está en excelentes condiciones, tanto de mantenimiento como de limpieza.

Una verdadera particularidad: la ubicación de las luminarias (ojo al caminar si vas whatsappeando con el celular!!)

Frente a la plaza se puede visitar la iglesia.

 Y otra curiosidad: una pequeña capilla, también frente a la plaza, pero a media cuadra de la iglesia principal.

Además de ser linda y tranquila para recorrer durante un domingo de sol, la ciudad de Suipacha tiene un atractivo puntual. La Ruta del Queso es una iniciativa que llevan adelante desde hace algunos años varios productores de la zona para crear un paseo de mini turismo de fin de semana mostrando lo que producen y cómo lo hacen.

El grupo lo integran fábricas de quesos, plantaciones de arándanos y criaderos de jabalíes principalmente, y todos ellos abren sus puertas para que los turistas puedan visitar las intalaciones, ver cómo se trabaja, degustar los productos  y, por supuesto, quién guste podrá llevarse algún rico recuerdo a su casa.

Hay varios recorridos que se pueden hacer, con diferentes opciones y precios, de acuerdo al interés y gusto de cada uno. En este link de la web de La Ruta del Queso tenés detalladas las opciones y sus precios, aunque también podés contactarte y organizar una visita guiada por diferentes establecimientos.

Por nuestro lado no hicimos la ruta del queso en sí, pero sabiendo de la fama del lugar, antes de salir de nuevo a la ruta paramos en un local regional y nos hicimos de algunos lácteos para la cena con picada entre amigos.

Una propuesta diferente para aprovechar un día soleado de fin de semana fuera de la ciudad. Para tenerla en cuenta!

Castilla: El pueblo del otro granadero homenajeado en Bolougne Sur Mer.

A unos 150 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, accediendo por la Autopista del Oeste  hasta el partido de Chacabuco y por la Ruta Provincial 43 después, uno llega hasta un pequeño y tranquilo pueblo rural que según el último censo del año 2010 cuenta con casi 700 habitantes.

El acceso, bautizado Dr. René Favarolo a pedido de los propios vecinos, es una larga recta de asfalto nuevo que se inauguró hace poco y está en perfectas condiciones. Un pequeño obelisco que se alza apenas cruzando las vías nos da la bienvenida. Lejos del frenesí que se vive al pie del monumento que une las avenidas 9 de Julio y  Corrientes, este obelisco con cada una de las calles que lo rodean transmite paz.

Al recorrer las tranquilas calles de esta localidad uno ni imagina la profunda historia de amistad y camadería que encierran. Mucho menos relaciona uno a este poblado con Don José de San Martín quién, hace siglos atrás, liberara medio continente americano. Sin embargo los habitantes de Castilla (incluso los de los pueblos vecinos) conocen los pormenores de las desventuras de un granadero a caballo hace más de 100 años atrás, y algunos de ellos seguramente hasta le han rendido homenaje.

Oriundo de esta localidad, el soldado Juan Rabuffi (alistado en el prestigioso regimiento sanmartiniano) viajó a París en 1909 para rendirle homenaje al padre de la patria, con motivo de la inauguración de un monumento en su nombre en Boulogne Sur Mer, ciudad en la que se exilió y murió en 1850.

El evento era importante, y el granadero Rabuffi no se lo quería perder por nada del mundo. Así es como ocultó a sus superiores una afección respiratoria y se embarcó en el buque junto a 119 compañeros y sus respectivos caballos, rumbo a Europa, donde participó de la fiesta y el desfile en honor a San Martín.

Sin embargo no todo fue fiesta ya que una vez finalizado el evento Rabuffi cayó enfermo y debió ser internado en el hospital de la ciudad. Su regimiento no podía retrasar el regreso, por lo que él quedó sólo en suelo europeo al cuidado de los médicos de Bolougne Sur Mer y de un soldado francés llamado Pollet, en cuyos brazos muríó finalmente el 9 de noviembre de 1909.

Lo curioso de esta historia es que, habiendo simpatizado con el joven granadero argentino, la comuna que lo vio dejar este mundo decidió rendirle homenaje a él también. Así se organizó otro desfile militar donde se hicieron presentes autoridades francesas y de la embajada argentina. Allí se le hicieron los honores y hasta se le cedió una parcela a perpetuidad en el cementerio de la ciudad.

Hasta aquí, una historia emotiva. Pero lejos está de terminar en este punto ya que casi 60 años después de esos sucesos los compañeros del granadero Rabuffi, promediando los 80 años de edad, decidieron unir esfuerzos para repatriar al camarada caído en suelo extranjero. Y lo lograron: el 31 de enero de 1968 los restos de Rabuffi arribaron a su patria natal a bordo de la mítica Fragata ARA Libertad.

Es una historia que por supuesto no figura en ningún libro de texto, pero que rescata valores que debemos tener bien presentes cada día de nuestra vida, por lo que celebro que se le de difusión. Para quienes estén interesados, les dejo el link a esta completísima nota del diario La Voz al respecto, que me sirvió de fuente e inspiración. Super recomendable hacer click y leerla.

Es el tipo de historias que me encanta encontrar y contar. De esas que te sorprenden y emocionan al mismo tiempo, y gracias a las cuales caminás de forma diferente por las calles de cierto lugar. El tipo de historias que me inspira a seguir la vía, y ver hasta qué otro destino me lleva.

¡Te espero en el próximo post de Ahicito para descubrirlo juntos!