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Castilla: El pueblo del otro granadero homenajeado en Bolougne Sur Mer.

A unos 150 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, accediendo por la Autopista del Oeste  hasta el partido de Chacabuco y por la Ruta Provincial 43 después, uno llega hasta un pequeño y tranquilo pueblo rural que según el último censo del año 2010 cuenta con casi 700 habitantes.

El acceso, bautizado Dr. René Favarolo a pedido de los propios vecinos, es una larga recta de asfalto nuevo que se inauguró hace poco y está en perfectas condiciones. Un pequeño obelisco que se alza apenas cruzando las vías nos da la bienvenida. Lejos del frenesí que se vive al pie del monumento que une las avenidas 9 de Julio y  Corrientes, este obelisco con cada una de las calles que lo rodean transmite paz.

Al recorrer las tranquilas calles de esta localidad uno ni imagina la profunda historia de amistad y camadería que encierran. Mucho menos relaciona uno a este poblado con Don José de San Martín quién, hace siglos atrás, liberara medio continente americano. Sin embargo los habitantes de Castilla (incluso los de los pueblos vecinos) conocen los pormenores de las desventuras de un granadero a caballo hace más de 100 años atrás, y algunos de ellos seguramente hasta le han rendido homenaje.

Oriundo de esta localidad, el soldado Juan Rabuffi (alistado en el prestigioso regimiento sanmartiniano) viajó a París en 1909 para rendirle homenaje al padre de la patria, con motivo de la inauguración de un monumento en su nombre en Boulogne Sur Mer, ciudad en la que se exilió y murió en 1850.

El evento era importante, y el granadero Rabuffi no se lo quería perder por nada del mundo. Así es como ocultó a sus superiores una afección respiratoria y se embarcó en el buque junto a 119 compañeros y sus respectivos caballos, rumbo a Europa, donde participó de la fiesta y el desfile en honor a San Martín.

Sin embargo no todo fue fiesta ya que una vez finalizado el evento Rabuffi cayó enfermo y debió ser internado en el hospital de la ciudad. Su regimiento no podía retrasar el regreso, por lo que él quedó sólo en suelo europeo al cuidado de los médicos de Bolougne Sur Mer y de un soldado francés llamado Pollet, en cuyos brazos muríó finalmente el 9 de noviembre de 1909.

Lo curioso de esta historia es que, habiendo simpatizado con el joven granadero argentino, la comuna que lo vio dejar este mundo decidió rendirle homenaje a él también. Así se organizó otro desfile militar donde se hicieron presentes autoridades francesas y de la embajada argentina. Allí se le hicieron los honores y hasta se le cedió una parcela a perpetuidad en el cementerio de la ciudad.

Hasta aquí, una historia emotiva. Pero lejos está de terminar en este punto ya que casi 60 años después de esos sucesos los compañeros del granadero Rabuffi, promediando los 80 años de edad, decidieron unir esfuerzos para repatriar al camarada caído en suelo extranjero. Y lo lograron: el 31 de enero de 1968 los restos de Rabuffi arribaron a su patria natal a bordo de la mítica Fragata ARA Libertad.

Es una historia que por supuesto no figura en ningún libro de texto, pero que rescata valores que debemos tener bien presentes cada día de nuestra vida, por lo que celebro que se le de difusión. Para quienes estén interesados, les dejo el link a esta completísima nota del diario La Voz al respecto, que me sirvió de fuente e inspiración. Super recomendable hacer click y leerla.

Es el tipo de historias que me encanta encontrar y contar. De esas que te sorprenden y emocionan al mismo tiempo, y gracias a las cuales caminás de forma diferente por las calles de cierto lugar. El tipo de historias que me inspira a seguir la vía, y ver hasta qué otro destino me lleva.

¡Te espero en el próximo post de Ahicito para descubrirlo juntos!

 

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Una escapada al otro Rawson, en el partido de Chacabuco.

Si bien el nombre puede inducirnos a error y trasladarnos a cientos de kilómetros al sur hasta la Patagonia Argentina, Rawson está acá, a apenas unas dos horas en auto desde la capital federal. Hablamos de la localidad del partido de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires: el otro Rawson.

Se trata de una pequeña y muy tranquila ciudad a la que se accede por el Acceso Oeste primero, desviándose luego por la Ruta 51 después. Con un nombre que hace honor al Dr. Guillermo Rawson, la localidad fue fundada el 1 de marzo de 1885 con la llegada del ferrocarril, aunque ya existía con anterioridad, incluso con otros nombres según he leído.

La principal actividad económica es, por supuesto, la agropecuaria, a la que se agregan los servicios afines a la misma como ser los molinos y las plantas de acopio, según puede verse en su perfil de facebook.

Como fuimos en pleno invierno no encontramos ni el menor rastro, pero el evento más destacado de la ciudad es la Fiesta Provincial de la Primavera, que incluye desfile de carrozas, shows y hasta la correspondiente elección de la reina. Ya tenemos una buena excusa, pues, para reincidir por estos lugares.

Rawson cuenta con una estación del ferrocarril General San Martín, y por supuesto allí estuvimos para gatillar nuestra Canon.

Un graffitti en la pared recuerda el año de la fundación, y la llegada del primer tren.

El puente peatonal que cruza de un lado al otro de la vía es algo que enseguida llama la atención en sí mismo.

Y por supuesto que nos subimos hasta allí arriba para tomar una buena vista aérea de la ciudad. Sin embargo, y aunque vimos cruzar gente, los tablones degastados y medio rotos del piso no invitan a aventurarse demasiado por la estructura.

Lo que sí constituye una invitación a la aventura es la formación abandonada a un costado de la estación, ideal para una buena sesión fotográfica.

Los vagones están abiertos, así que con cuidado uno puede subirse e investigar un poco el interior del tren, del cual, como puede verse, no queda mucho.

Un lindo destino para escaparse de la gran ciudad y respirar algo de tranquilidad en el aire, con ritmos diferentes a los que vivimos durante la semana laboral.

Estos días anduvimos por esta zona de la provincia de Buenos Aires, así que próximamente habrá más posts. ¡Hasta entonces!