Archivo por meses: diciembre 2016

Memorial a la Invasión de Bahía de Cochinos, en Miami.

La última vez que viajé a Miami por cuestiones laborales me tomé el fin de semana para hacer un poco de turismo y despuntar el vicio aeronaútico en un escenario totalmente diferente al que estoy acostumbrado. La intención era visitar el Wings over Miami Museum, y a pesar de la reprogramación de mi itinerario por mal tiempo, que derivó en que el único día que podía ir a visitarlo el museo figurara en el web como «cerrado», me dirigí al Miami Executive Airport para probar suerte. El museo estaba efectivamente cerrado, pero pasé un rato viendo el movimiento de los aviones y cuando ya estaba emprendiendo el regreso, esto me llamó tanto la atención que estacioné y bajé a mirar de qué se trataba.

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Era ni más ni menos que un viejo bombardero B-26 emplazado en el Bay of Pigs Memorial, dedicado a recordar uno de los eventos armados resultantes de la Guerra Fría que se dieron en suelo americano: la  invasión de Bahía de Cochinos.

A consecuencia de la declaración de Fidel Castro como comunista y el alineamiento de Cuba con la Unión Soviética a pocos kilómetros de Estados Unidos, el presidente Eisenhower decidió intervenir militarmente para resolver la situación, por lo que ordenó a la CIA que diseñara una acción encubierta para derrocar al régimen socialista.

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Así es como en abril de 1960 agentes de la CIA viajaron a Miami para reclutar exiliados cubanos que estuvieran dispuestos a realizar tal aventura, y los entrenaron secretamente en una isla de la zona a fin de formar la Brigada 2506. El plan consistía en llevar a cabo una serie de bombardeos para destruir el poder aéreo cubano y asimismo cubrir el desembarco de la brigada en Trinidad. Sin embargo la operación no se realizó antes del cambio de presidencia y fue John F. Kennedy el encargado de dar la orden, aunque con algunas variantes que condenaron la invasión al fracaso.

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La mayor preocupación de Kennedy era mantenerse fiel al estilo norteamericano de intervención en Latinoamérica y cubrir todo rastro de participación de los Estados Unidos en la agresión armada contra la isla. En ese sentido, se cambió el punto de desembarco a uno mucho más alejado: la Bahía de Cochinos que le da nombre histórico al evento. Además, a último momento se cancelaron los bombardeos, cuestión primordial para argumentar que los norteamericanos no habían tenido nada que ver, ya que el involucrar a la U.S. Air Force en forma directa echaba por tierra todo intento de lavarse las manos. Sólo la primer tanda de ataques aéreos se efectuó con pilotos de la Brigada, los cuales fueron insuficientes para desactivar el sistema defensivo de Castro, y además, lo alertó sobre lo que se venía, poniendo en marcha el plan de defensa, incluida las acciones diplomáticas en el seno de la ONU.

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Lo que curiosamente no se canceló fue la invasión por tierra, que sin el apoyo aéreo de los bombardeos quedó aislada y condenada al fracaso.

Lo que quedó de aquellas tristes acciones militares estadounidenses en tierra latinoamericana fue este monumento, que recuerda y honra a los valerosos pilotos cubanos que perdieron la vida atacando a su propio país en lo que pensaban era una acción heroica para liberar a su tierra de las garras de un dictador comunista, pero que en la práctica fueron manipulados por el poder político de turno (y librados a su suerte por el del turno que le siguió), en pos de sus propios intereses que poco tienen que ver con el bienestar del pueblo cubano. En fin, un recuerdo de la nefasta intervención norteamericana en Latinoamérica, cuyo resultado fue miles de muertos y desaparecidos a lo largo de todo el continente.

Madrid desde arriba. Subimos al Mirador del Palacio de Cibeles.

Las vistas aéreas de una ciudad, como de cualquier otro paisaje, son siempre una atracción especial. Madrid no es diferente, y entre las varias opciones de miradores que tiene, nosotros optamos por conocer el del Palacio de Cibeles, camino a la Puerta de Alcalá.

El antiguo palacio de comunicaciones inaugurado en 1909 es hoy sede del Ayuntamiento de la ciudad, y cuenta entre otras cosas con un mirador que permite tener una vista de Madrid con una perspectiva diferente.

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Subir a la terraza cuesta EUR 2 por persona y se hace por turno. Habrá que utilizar el ascensor para llegar hasta el piso 6, y desde allí se sigue por escaleras dos plantas más. Las mochilas y bolsos no están permitidas, así que se dejan en los lockers dispuestos en el sexto piso.

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En el mirador se puede permanecer 25 minutos, tiempo que es tomado por la persona de control en la entrada, que una vez pasado el lapso te indica que tenés que bajar. Igualmente, el tiempo es más que suficiente para dar una vuelta de 360° por toda la terraza, apreciar las vistas hacia los cuatro puntos cardinales y hacer fotos como estas.

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Desde allí se tiene una impresionante vista de la Torrespaña, la torra de comunicaciones que transmite las señales de televisión a los principales puntos del país.

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Si bien no es tan impresionante porque se pierde contra el verde follaje de los árboles, desde el mirador también se puede divisar la estatua del rey Alfonso II, ubicada en el estanque del Parque El Retiro.

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Mucho más cerca (casi enfrente podríamos decir) se tiene una perspectiva especial del emblemático Edificio Metrópolis, que siendo hoy propiedad de la compañía de seguros homónima, fue hasta 1921 el edificio más alto de la ciudad.

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El mirador del Palacio de Cibeles no es demasiado alto, pero con sus 8 pisos sirve para apreciar la ciudad de una forma diferente. Una ciudad muy marcada por la religión católica y las cruzadas, en la que no es nada raro ver cúpulas de iglesias y edificios coronados con la cruz.

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Por otro lado, la visita servirá para apreciar la arquitectura en el interior del histórico edificio, donde incluso uno puede pasar a tomar algo en la cafetería junto al hall principal.

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Así finaliza nuestra visita a este mirador madrileño. Espero que les haya gustado, y que cuando vayan, hagan buenas fotos!