Archivo de la etiqueta: Parques Nacionales o Estatales

Caminata por el Cañón Arco Iris hasta la Ciudad Perdida, en Talampaya.

El Parque Nacional Talampaya es enorme y existen varias opciones para conocerlo, aunque sea por partes. Si bien el zafari en camión 4×4 por el Cañón del Talampaya sea quizá la excursión más conocida del parque (link al post), el trekking por el Cañón Arco Iris fue la que más nos gustó, tanto por los increíbles paisajes que visitamos, como por la sensación de autóctono y su simpleza.

Se trata de una excursión combinada en la que se realiza una caminata de aproximadamente 2 horas de duración, que finaliza en la fabulosa Ciudad Perdida, un paisaje digno de ser visitado. Para hacer esta excursión es necesario contratar guías que conocen el terreno y evitarán que uno se pierda en el enorme parque, y que en abril de 2017 tenía un costo de $250 más la entrada al parque, que si ya la abonaste para alguna otra excursión sigue siendo válida.

Una vez realizados los trámites en el puesto ubicado sobre la ruta 76 cerca de la entrada al parque cuando uno viene desde Villa San Agustín, los visitantes abordan la camioneta que se internará en la inmensidad a campo traviesa, por lo que largos siglos atrás fuera un enorme lago. Así se llega al lecho de un río seco (que sólo tiene agua cuando llueve, pocas veces al año, momentos en los que la excursión queda suspendida) y devenido en camino para las camionetas de la cooperativa.

Durante el trayecto motorizado ya se podrán contemplar las paredes de piedra elevadas en ángulos casi rectos, producto del movimiento de placas tectónicas que serán una constante durante toda la excursión.

Al llegar al Cañón propiamente dicho, la camioneta estaciona y comienza la caminata, internándonos en las formaciones rocosas donde se pueden ver estratos tanto horizontales como verticales en ángulos de 45°. A medida que se avanza hacia el interior del cañon, uno retrocede en el tiempo, caminando por estructuras que tienen millones de años y que en esta zona del planeta han quedado al descubierto por acción de algún terremoto o suceso parecido que las ha desenterrado en algún momento de la historia.

Los diversos colores que se aprecian hacen que el paseo sea muy vistoso y entretenido, y dan nombre por supuesto al cañon. En general, los colores, que van desde rojos fuertes q hasta tonos verdes e incluso algún blanco, delatan la antigüedad de cada estrato.

La caminata llega a su fin cuando se divisan las enormes formaciones rocosas que simulan un conjunto de altos edificios que parecieran estar abandonados y percudidos por el paso de los años. Se trata de la Ciudad Perdida, el punto de destino de la excursión y el paisaje más impresionante que vi en el Parque Talampaya.

Si el grupo tiene ganas de seguir caminando, el guía podrá proponer internarse en las formaciones y recorrer sus laberintos, aunque por supuesto tendrá que conocerlos realmente porque sino será muy factible perderse. Caminar por dentro de aquellas paredes de colores rojizos dará al visitante una visión diferente del lugar, además de imprimirle un poco de aventura al paseo, al explorar esos recovecos fabricados por las aguas del río cuando corren con fuerza y cambian el paisaje año a año.

Luego habrá que volver hasta la camioneta, en una caminata relajada aunque más rápida, ya que se regresa exactamente por el mismo camino. Como las salidas desde el puesto son bien temprano hay que ir abrigado, pero luego en el cañón el calor comienza a hacerse sentir. Las cosas que sobren podrán quedar en la camioneta, o bien, si uno no está seguro, pueden ir quedando en el camino, para ser recogidas luego a la vuelta. Como en todo trekking será fundamental llevar agua para hidratarse, gorro para el sol y cámara de fotos con la tarjeta vacía.

En mi opinión, la cara más linda del Parque Nacional Talampaya. Si van a visitarlo, más que recomendado hacer este paseo, salvo que vayan con chicos que puedan aburrirse o no aguantar tanto caminar bajo el sol. Como sobran las fotos y no puedo incluirlas todas en un sólo post, en breve saldrá publicada la galería de fotos. Si les gusta el Arco Iris, los invito a verla!

Paseamos entre paredes rojas: Excursión al Cañón del Talampaya.

A unos 60 kilómetros de Villa Unión aproximadamente se encuentra uno de los parajes más lindos y famosos de la provincia de La Rioja. El Parque Nacional Talampaya fue creado originalmente a nivel provincial en 1975 con el objetivo de proteger y conservar los particulares yacimientos arquelógicos y paleontológicos que se encuentran en aquél lugar. En el ’97 pasó a ser de carácter nacional, y más recientemente desde el año 2000 ostenta la categoría de Patrimonio Mundial.

En conjunto con Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna y del que ya hablamos en el post que podés leer haciendo click acá) se extienden por una superficie de 275300 hectáreas y albergan al conjunto continental de fósiles más completos del mundo correspondientes al Triásico, tal como indica la página web oficial.

En un clima extremo en cuanto a la amplitud térmica, Talampaya goza de muy pocas lluvias durante el año, concentradas en la primavera y el verano, donde suelen ser de intensidad tal que los ríos (habitualmente secos) saben anegarse de modo que las visitas quedan momentáneamente suspendidas hasta que vuelvan a secarse, cuestión que en definitiva no tarda mucho tampoco.

El Cañón del Talampaya es quizá la excursión más famosa y marketinera, y se puede realizar tanto en combi como en camiones 4×4 que permiten subirse al techo para vivir la experiencia al aire libre y, en todo caso, tomar mejores fotografías sin vidrios de por medio. Claro que todo esto le da un aire a parque de diversiones estilo Disney World poco autóctono que, en mi opinión estrictamente personal, le hace perder un poco la magia. Igualmente, si vas con chicos, es una excelente aventura donde la van a pasar muy bien. Si son solamente adultos, conocer el paisaje amerita abonar la excursión (que a $600 por persona es algo saladita) aunque quizá quieras optar simplemente por la combi que es unos pesos más económica. A ese valor debés agregar el ingreso al Parque Nacional, que es de $120.

La primera estación de la excursión son los petroglifos, que son ni más ni menos que dibujos grabados en la roca. En esta zona son numerosos y retrotraen a los pueblos originarios, aunque hay también reminiscencias extraterrestres, ya que algunas de las figuras son un tanto sugerentes.

Las rocas talladas, como si fueran un mapa.

Allí también se encuentran los morteros, agujeros en la roca que fueran utilizados por los indígenas para realizar sus preparaciones.

El camión seguirá luego viaje por el cauce seco del Río Talampaya para comenzar a adentrarse en el cañón propiamente dicho, es decir, entre las dos enormes y rojizas paredes que, si bien están algo alejadas unas de otras, encajonan el río y designan su curso. Así se llegará a la estación de las chimeneas, surcos casi perfectos cavados en la roca que suben hacia lo alto de la pared, y en las que el guía nos hará probar el peculiar eco que producen al gritar algo.

En esa zona destaca un pequeño bosque con abundante vegetación verde, la cual es aprovechada por el guía para indicarnos que debajo del suelo, y al ras de este, corren ríos subterráneos que alimentan las plantas. De hecho, si uno escavara apenas un poco con el talón del pie, encontraría que la humedad brota del piso.

En esta estación al volver al camión el visitante se encuentra con una abundante picada en la que sobresalen las aceitunas, autóctonas de aquella zona y carnosas como nunca antes había visto. El refrigerio está sólo incluido en la excursión del camión, no así en la de las combis, pero no hay que hacerse drama pues, a pesar de lo buenas que estaban las aceitunas, no te perdés de gran cosa si no elegiste la versión 4×4.

A partir de allí vendrán los platos más fuertes del paseo. Personalmente, la estación que más me impactó fue la de las iglesias, cuyas formas se destacan claramente contra las piedras. Pero esto es sólo unos minutos, vista desde el ángulo correcto, porque una vez pasado el mismo ya la forma se desdibuja en el fondo. Es por eso que, aunque con cabezas en el medio, la foto se imprime. La que sacara algunos metros después ya no sería lo mismo.

El final de la recorrida se da en el monje, la geoforma muy clara e impactante, justo detrás de la botella (o el termo para los argentinos amantes del mate).

Del otro lado, la tortuga.

En temporada alta será conveniente sacar la entrada de forma anticipada por internet. Para ello se compran los tickets en la web y luego habrá que presentarse en el centro de visitantes a tiempo. En ese sentido no hay que confiarse en las indicaciones del Google Maps, ya que marca el parque en el punto en que este comienza, pero el centro de visitantes está a largos kilómetros más allá. Para que les sirva de referencia, desde Valle Fértil en auto se tarda casi dos horas en llegar.

Talampaya no es solamente el cañón, sino que hay otras opciones para adentrarse en este parque y conocerlo. Pero eso es cuestión de próximos posts, así que si te gustaron estas vistas, te espero por Ahicito Nomás para seguir recorriendo La Rioja.