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Alojamiento en Miami: El excelente Provident Doral at the Blue.

Para el fin de semana que pasé en Miami por mi cuenta tuve que buscar hotel por mi mismo, tarea poco fácil por la gran cantidad de oferta. Lo primero fue definir un tope para el presupuesto que quería gastar y luego, con ese filtro ya realizado, decidir la zona y el tipo de alojamiento que quería: algo céntrico o cercano a las áreas turísticas que me interesaban, o algo más tranquilo, como para relajarme y disfrutar la estadía a pleno, aunque fuera algo más alejado.

Como había decidido alquilar auto no me preocupó para nada el tema de la distancia y opté por buscar un alojamiento tranquilo. Doral es una zona residencial de Miami, con mucho verde y canchas de golf. La oferta del Provident Doral at the Blue me parecía muy buena, y en cuanto a precio había una oferta que lo hacía imbatible.

Más que de un hotel se trata de un barrio privado, lindero a un campo de golf. Estos dos factores le dan una amplitud y tranquilidad increíbles. Si lo que buscas es relajarte, indudablemente este lugar en una excelente opción. Para ingresar al predio habrá que pasar por el control de seguridad, como en cualquier country, donde el guardia deja registro de las visitas. Una vez hecho el checkin, en la recepción te entregan un letrero para mantener a la vista dentro del auto, indicando que tenés permitido circular y estacionar en el predio, y las fechas de tu estadía. Luego, cada vez que necesites entrar al complejo, solamente con mostrar el cartel basta.

El primer edificio que se ve al entrar corresponde a la recepción, y más al fondo está el bar donde se puede desayunar, cenar, o incluso tomar algo. Las habitaciones están en los demás edificios, a los que se llega avanzando por la calle interna. Es importante destacar que la mayoría de los cuartos están alejados, así que lo mejor es no olvidar nada en la recepción, y consultar todo lo que se necesite. De última, siempre se podrá llamar por el interno para evitar tener que caminar varias cuadras para saldar una simple duda.

Justo después del edificio central está la piscina. La verdad que se la ve muy bien, pero durante mi estadía estaba clausurada por mantenimiento. Igual le saqué foto, aunque tuviera la faja de peligro, porque la iluminación a la noche bien valía la pena. Pero el Provident Doral no iba a dejar un huesped a gamba, así que en reemplazo de la piscina propia al hacer el check in me entregaron un voucher para hacer uso de la de un hotel cercano.

Pero vamos ahora a lo que nos interesa. Cada uno de los edificios tiene varias habitaciones distribuidas en sus dos pisos. A no preocuparse que están equipados con ascensor para subir y bajar el equipaje, pero luego para el uso diario es más rápido usar las escaleras. Las habitaciones son ENORMES y super amplias. (Sí, tiene que escribirse con mayúsculas). A lo largo se ingresa a un muy pequeño recibidor, al que le sigue la cocina. Luego viene el cuarto en sí y en el mismo ambiente hay un living con comodísimos sillones para tirarte a mirar tele, y una mesita con sillas como para sentarte a comer algo. Por último un muy amplio balcón, dotado también de su mobiliario.

El Provident Doral funciona como una especie de apart hotel, y está equipado por completo. La cocina cuenta con una heladera que debe ser el doble de la que tengo en casa, vajilla, cafetera, microondas y hasta lavavajilla. Los armarios cubren gran parte de la pared, son enormes y dentro uno encuentra tabla de planchar y caja fuerte apta para guardar la laptop. Para el confort hay una tele que es coherente con el tamaño de la habitación y equipo de audio. El wifi es gratis, y funciona de maravilla.

Pasando al baño nos encontramos con dos lavabos en lugar de uno (todavía no entiendo para qué). De un lado está la bañera con hidromasaje, del otro el inodoro y la ducha, ambos cerrados con mampara de vidrio. La ducha es complicada y me llevó un buen rato entender el funcionamiento: no había caso, el agua salía por la manguera en vez de la regadera, hasta que de tanto probar dí con que hay que darla a la canilla sin asco ni temor, casi que parece que la vas a desenroscar y caerá al piso. Y ahí si, una ducha de lujo con semejante regadera. El único problema que le encontré es la incomodidad de no tener dónde colgar el toallón, por lo que termina tirado sobre la puerta de vidrio.

Cuando hablo del baño me gusta aprovechar para comentar algo sobre la limpieza, algo que me parece fundamental, y es lo primero que me fijo en un alojamiento. En el Provident Doral es un 10 felicitado.

Me di el lujo de probar suerte en el bar restaurante del complejo, The Chophouse 5300. Cuando te chequeas como parte de la bienvenida te dan una tarjeta con descuento del 20% para cenar, así que había que aprovechar a ver cómo era. Si bien me tentaba cenar en las mesas de afuera, con vista a la piscina, el calor y el hecho de que el aire acondicionado estuviera a una temperatura coherente me decidieron por sentarme en el salón. La atención fue excelente, ágil y atenta. La comida muy buena, y se la puede ver en la foto. Y el precio, aún si no tuviera el descuento, para una comida rápida es aceptable considerando el hotel donde estamos alojados.

Otro factor interesante para optar por este hotel es su ubicación: si bien está en una zona residencial, se encuentra muy cerca del Dolphin Mall. Quizá si tu idea es hacer vida de playa te convenga buscar algo más cercano a la arena, pero si lo que querés es relajarte, aprovechá un de los cómodos sillones y disfrutá la estadía.

Una noche en el Rancho de Manolo: Alojamiento en Molinos.

Cuando organizamos cómo realizar el circuito de los Valles Calchaquíes en la provincia de Salta decidimos hacer noche en un punto intermedio entre Cafayate y Cachi, las dos localidades más famosas del recorrido. La intención era hacer el paseo lo más relajadamente posible, disfrutarlo al máximo y conocer pueblos y lugares nuevos. Así es como decidimos pasar una noche en el pueblo de Molinos, que pronto tendrá su post en el blog y en el que recomiendo ampliamente que se alojen si buscan tranquilidad y aire colonial mezclado con historia.

Y en Molinos encontramos el Rancho de Manolo, un modesto pero muy acogedor alojamiento ubicado en el extremo del pueblo, casi ahí donde termina. Si el pueblo en sí es extremadamente tranquilo, la paz en aquél rincón es absoluta.

Sin ningún lujo, la habitación es amplia y bien fresca gracias a sus techos altos. Tanto que, en invierno como fuimos nosotros, es necesario que Manolo pase y encienda la estufa a la tardecita, cuestión que el ambiente se caliente para pasar la noche. La cama es amplia y cómoda, y en una de las mesas de luz hay dos frazadas extras, por si la calefacción no da abasto.

El baño es pequeño, pero aunque ajustado cuenta con el espacio suficiente. La ducha funcionó de forma excelente y el agua caliente sale enseguida. Lo único un tanto raro es la disposición del bidet, que por evidentes cuestiones de falta de espacio queda dentro del área de la ducha.

Además de alojamiento, el Rancho de Manolo es también restaurante. Tuvimos oportunidad de probar los sandwiches de lomito y milanesa, y podemos decir que son excelentes y se venden a muy buen precio. Allí mismo, en los salones del restaurante se sirve el desayuno, en el horario en que uno le pida a Manolo. No son muchas las opciones en cuanto a variedad pero la calidad está más que bien. Se puede elegir entre café o té a los que se le puede agregar leche, y para comer hay pan y facturas con manteca y mermelada. El detalle: acompañan un vacito de jugo de naranja y soda.

El punto en contra del lugar tiene que ver con la escasez de mobiliario ya que no tiene placard ni cajoneras donde guardar la ropa, con lo cual habrá que mantenerla en las mismas valijas, o bien utilizar el generoso perchero a la entrada. Por otro lado los que quieran ver TV se la pierden o tendrán que ir al salón restaurante, ya que en los cuartos no hay.

Todas incomodidades que quedan más que olvidadas por la amabilidad de Manolo y la calidad con que te atienden. Además, el wifi es excelente, incluso de subida, así que no vas a tener problema alguno en compartir tus fotos en las redes sociales ni para comunicarte con tu familia. Y por último, la puerta trasera del alojamiento da a un pequeño parque que se puede utilizar como cochera.

Nada mal para pasar una noche y conocer este alucinante pueblo, que en mi opinión, es una parada tan olvidada como obligada. De todo eso, ya hablaremos más adelante.