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Free Walking Tour por Berlín.

Durante mi primer viaje a Europa descubrí la modalidad del free walking tour y desde ese momento insisto en que es una de las mejores formas de conocer una ciudad por primera vez: a pie por algunos de los principales puntos de interés, y con un guía que nos da una idea de qué se trata todo. Y encima, gratis, o mejor dicho, a cambio de una propina cuyo valor pone uno.

Si no sabés con exactitud de qué se trata, en este post al que accedés acá te lo explico en detalle.

Mi primera vez en Berlín no fue diferente, y entre la abundante oferta que había optamos por el tour gratis de Sandeman. Claro que, se trata de una ciudad grande, con muchísima historia, cultura y diversión, motivo por el cual hay más de un tour, así que deberás revisar bien el que mejor vaya con tus intereses para poder elegir. Por supuesto que, para empezar, el cititour es siempre un recomendable.

La Puerta de Brandenburgo es el ícono de la ciudad de Berlín..

Nuestro guía fue Pablo, un español de muy rápido hablar y mucha información y anécdotas, por lo que había que prestarle atención para no perder el tren de lo que nos contaba. En su facebook suele anunciar los tours que realizará, si tienen oportunidad es recomendable salir a conocer la capital alemana con él.

El punto de encuentro es nada más y nada menos que la Puerta de Brandenburgo, uno de los símbolos más importantes y reconocibles de la ciudad, ubicada al finalizar la Avenida Unter den Linden, allí donde casi funciona de frontera con el Tiergarten. Allí Pablo se explayará sobre la invasión francesa, cuando Napoleón maravillado quiso llevarse la puerta completa a París, pero ante las evidentes complicaciones logísticos terminó llevándose únicamente la cuadriga que la corona. Claro que si la imponente escultura está ahí donde debe, es porque los alemanes lograron recuperarla en una guerra posterior, y de paso bautizaron la plaza en la que se levanta la puerta como Plaza de París, como para recordarles la derrota a sus vecinos franceses.

El Memorial a los judíos asesinados en Europa es un lugar de respeto y recogimiento.

Muy cerca de allí se encuentra el Monumento a los Judíos Asesinados en Europa, el momento más solemne del tour, aunque, debo decirlo, no es el punto más inquietante de la ciudad. El memorial tendrá su post exclusivo más adelante, donde hablaremos más en detalle de él.

El monumento está estratégicamente ubicado, nada más y nada menos que casi frente al lugar donde se localizaba (a varios metros por debajo de la superficie, claro está) el bunker de Führer, el punto desde donde Hitler comandó la última parte de la guerra y donde se quitó la vida junto a su reciente esposa, Eva Braun. En aquél lugar no hay absolutamente nada que lo identifique como tal, porque de esta forma evitan cualquier tipo de manifestación.

De claro estilo nacionalsocialista, el Ministerio de Finanzas es de los pocos edificios nazis aun en pie.

Una de las particularidades de Berlín es que, a pesar de haber sido el centro del poder nazi (o mejor dicho a causa de), hay muy poca construcción que remita a la arquitectura nacionalsocialista. En síntesis, después de la guerra la ciudad quedó totalmente en ruinas, y sólo un par de edificios dan cuenta de las colosales estructuras que se construían durante el gobierno de Hitler. El Ministerio de Finanzas es uno de ellos.

En las ruinas del cuartel general de la Gestapo, Pablo nos cuenta la historia del protagonista de la célebre canción que habla sobre la libertad. No voy a decirte cuál es, porque perdería el efecto, pero lo que sí te digo es que si no lo sabías o no te habías percatado antes, escuchar la letra frente a los restos del temible Muro es impactante.

Las ruinas del cuartel de la Gestapo hoy alberga la muestra Topografía del Horror.

Luego, como en Berlín las etapas históricas se mezclan, en seguida llegamos al Checkpoint Charlie y al Museo del Muro. Por su lado, Trabi-World es una pausa entre tanta historia de la pesada, y allí nos sumergimos en un costado un poco más amigable de lo que fue la DDR (la Alemania comunista), y en el célebre modelo de auto TRABI, ese que te lo entregaba el estado y andaba por el resto de tu vida, aunque para recibirlo debías anotarte y esperar largos años.

El Trabi era el automóvil de la República Democrática Alemana.

El Konzerthaus, flanqueado por sendas iglesias gemelas (una alemana y la otra francesa) es un punto llamativo. Y la última estación del tour (no así de la ciudad que tiene mucho más para conocer) es en la Universidad Humboldt, en cuya plaza se dio uno de los episodios más significativos: el 10 de mayo de 1933 se dio allí la famosa quema de libros de la Bebelplatz, ejecutada por los estudiantes universitarios nacionalsocialistas, donde se lanzaron al fuego obras que se consideraban anti-alemanas.

Frente a la Humboldt Universität se produjo la famosa quema de libros de Berlín, en mayo de 1933.

A partir de allí, cada uno es libre de seguir recorriendo la ciudad por su cuenta. Sin lugar a dudas vale la pena realizar alguno de los demás tours que se ofrecen, pero también es una opción visitar los museos y puntos de interés por sí solo. En definitiva, Berlín es una ciudad para todos los gustos.

El Museo del Ferrocarril, en la Estación Chascomús.

La vieja estación ferroviaria de Chascomús quedó desafectada del servicio en diciembre de 2014, momento en que el tren comenzó a operar desde la flamante estación ferroautomotora emplazada en la nueva traza. Sin embargo, el viejo edificio de estilo inglés no quedó sin vida, sino que en la actualidad alberga al Museo del Ferrocarril de la ciudad.

 

Se trata de un muy pequeño museo que se recorre rápidamente, pero que bien vale la pena visitar para conocer un poco más sobre la historia de Chascomús y entender cómo esta ciudad comenzó a cobrar importancia en base a la llegada del tren, que se dio en 1865.

Foto que muestra la espera de los pasajeros en la Estación Chascomús cuando era punta de rieles. Año 1875.

 

El 14 de diciembre de aquél año llegó a la estación la primer formación proveniente de Buenos Aires, en un viaje que tardaba cerca de 4 horas. Era toda una mejora para aquella época en la que llegar hasta Chascomús en carreta insumía unas 24 horas desde la capital federal. Funcionaban dos frecuencias, una por la mañana y otra por la tarde, lo que implicaba que con el nuevo servicio se podía ir y venir a Buenos Aires en el mismo día.

La sala de espera, hoy convertida en museo, muestra cómo era la sociedad en la época de su inauguración.

Chascomús era además una estación de gran importancia, ya que por un tiempo fue punta de rieles, es decir que allí terminaba el recorrido del ferrocarril. Para viajar más al sur había que transbordar a carreta, y esto valía tanto para pasajeros como para las mercaderías que debían transportarse. No es de extrañar, pues, que Chascomús comenzara a adquirir una gran importancia comercial con la llegada del tren, que funcionó en esta vieja estación de forma ininterrumpida por 149 años.

El telégrafo. Detrás se llega a ver parte de la enorme taquilla de boletos. Hoy en día ninguno de los dos es de utilidad.

El museo cuenta esta historia como así también da cuenta de cómo era la sociedad de Chascomús en aquellas épocas. Se exhiben distintas herramientas ferroviarias como también elementos de comunicación, entre los que destaca el telégrafo. Pero a mi lo que más me llamó la atención es la serie de posters de 1948 dedicados a la seguridad e higiene, o, en otras palabras, a evitar en la medida de lo posible los accidentes laborales. Un concepto muy común en la teoría hoy, pero en el que aún falta trabajar fehacientemente. Y fue una grata sorpresa ver como ya en la década del ’40 algo se hacía al respecto.

Detrás de las máquinas de escribir el panel con los distintos posters de concientización sobre normas de seguridad.

La vieja estación Chascomús estuvo originalmente regenteada por el Ferrocarril Sud, que la inauguró. Desde 1947 quedó bajo la administración del Ferrocarril General Roca hasta el año 1992, en el que la tomó la empresa Ferrobaires. De todo aquél movimiento de vagones y locomotoras, hoy solo queda el recuerdo y estos testimonios pueden encontrarse al ingresar el edificio.

El andén, llamativamente en curva, hoy sin pasajeros que esperan viajar a la capital.

Un museo simple, sin lujos, y hasta un tanto desordenado, pero que nos muestra una Chascomús que ya no conocemos.