Archivo de la categoría: Latinoamérica

Visitamos Chichén Itza: La Imponente Ciudad Sagrada Maya.

Sin lugar a dudas, cuando uno visita la Rivera Maya hay un lugar al que no se puede dejar de ir, por nada del mundo. Ubicada a unas 3 horas de manejo desde Playa del Carmen, la ciudad maya de Chichén Itzá es un imperdible del Yucatán.

Pudiéndose traducir como «Boca del Pozo de los Brujos del Agua», Chichén Itzá alguna vez fue una de las ciudades más importantes de la cultura maya, levantada en sus épocas de esplendor, lo que aún puede apreciarse hoy en día en las ruinas que luego de cientos de años siguen tan imponentes como habrán sido cuando estaban habitadas.

En nuestro caso hicimos la visita con una excursión contratada en el hotel Fiesta Inn de Playa del Carmen, cuyo post podés ver haciendo click aquí. El servicio fue muy bueno, incluyendo traslado, entradas, almuerzo y bebidas, con lo cual se lo disfruta. Único detalle es que, como en toda excursión, los horarios están atados a un itinerario y por supuesto durante el paseo surgirán cuestiones que a uno le interesan más y querría quedarse más tiempo, cosa que no va a poder ser. De todas formas está bien organizada y permite conocer bastante bien la ciudad, y luego hay un tiempo libre para recorrer por cuenta propia lo que más haya gustado.

Por supuesto parte de ese tiempo se lo llevará El Castillo, la pirámide principal y símbolo por excelencia de Chichén Itzá, que con sus 24 metros de alto tiene varias particularidades.  En cada una de sus cuatro caras cuenta con una escalinata de 91 escalones, que sumados al último peldaño por el que se accede al templo de la cima, dan un total de 365 escalones: los días del año. Además, construido a 17° con respecto al sol, El Castillo se encuentra torcido en referencia al resto de las edificaciones de la ciudad, y así logra que a las 17 hs de los días de solsticio el reflejo del sol dé la sensación de una serpiente que baja desde lo alto de la pirámide.

La serpiente emplumada fue una de las principales deidades, compartida por varias de las culturas de la región, y evidentemente tenía gran importancia ya que se la puede ver incluso en las casas de la ciudad, donde flanquea las escaleras de ingreso, una serpiente subiendo y la del otro lado bajando, para finalmente entrelazarse. De esta forma los mayas representaban el apareamiento del animal como símbolo de prosperidad y fertilidad. Aunque se trata de serpientes de cascabel y por tanto extremadamente peligrosas, no eran un símbolo de muerte, sino todo lo contrario.

Frente al Castillo se ubica el palco real desde el cual el rey dirigía los discursos a su pueblo, que lograba escucharlo con total claridad por la extraordinaria acústica que genera su posición con respecto a El Castillo. No te asustes si ves un grupo de personas gritando o haciendo palmas; no se volvieron locos sino que el guía los está instruyendo a probar el sonido, que ingresa por la pirámide, rebota en las paredes interiores y vuelve a salir multiplicado sin necesidad de enchufar un sólo micrófono. Increíble.

También alineado con el sol, otro de los edificios emblemáticos de la ciudad es el Observatorio. No hará falta que durante tu visita a Chichén Itzá ningún arqueólogo experto te señale la cúpula indicándote que «es ese». El Observatorio es inconfundible.

Desde allí los sacerdotes mayas estudiaban el cielo y lograron descubrir el ciclo de Venus alrededor del sol, observando todos los días a las 5:30 de la mañana el punto exacto del cielo donde aparecía la «primer estrella de la mañana». Según nuestro guía, el Observatorio también tiene su efecto particular durante el equinoccio, momento en que parándose en la puerta uno podría ver una línea de sol perfecta que atraviesa el interior del recinto.

En Chichén Itzá hay una tercer construcción famosa: la cancha de pelota. Si bien hay varias en la zona, la de Chichén Itzá es la más grande de Mesoamérica y cuenta con un palco desde el que el rey observaba el juego, que más que un deporte era un ritual. Aparentemente el juego tenía lugar en épocas de sequía y enfrentaba a dos equipos. El capitán del ganador sería el que tendría el honor de morir decapitado, ofrendando su vida a los dioses para el bienestar de su pueblo.

De excelente acústica también, la cancha permitía escucharse entre ellos a los jugadores que desarrollaban las mejores estrategias para vencer al oponente. En la paredes perfectamente conservadas aún se aprecian los aros por los que debía pasar la pelota para marcar los tantos.

Otras construcciones impresionantes son el Templo de los Guerreros, con su gran cantidad de columnas, y el Tzomplantli, la plataforma de piedra donde se clavaban las cabezas de los enemigos, adornada de forma acorde con figuras de tenebrosas calaveras.

Si uno logra abstraerse de la gran cantidad de gente, y en particular de los vendedores, la visita a esta ciudad sagrada maya parece transportarte a otra época. El tema de los vendedores le saca mucha magia, es verdad, ya que no solamente están al ingreso del predio, sino dentro de él. Rodeando los caminos que llevan de una ruina a la otra hay puestos de ambos lados cual feria artesanal en la plaza del barrio, con vendedores al constante acecho empecinados en que les compres algo, ya sea por MX$ 5 o por USD 5. El sonido de los jaguares (unos adornos que emulan el animal salvaje al soplar) será constante y por momentos, intolerable. Pero aún así, Chichén Itzá es imponente, una parte de la historia prehispánica aún en pie, que no se puede dejar de visitar.

Aunque tengas que esquivar vendedores, no te vas a arrepentir. No lo pienses dos veces, andá.

 

 

El tradicional Café de Tacuba y la historia de su fantasma.

Si bien la idea de visitarlo estaba desde el comienzo, durante el viaje en taxi del aeropuerto Merino Benitez hasta el departamento donde nos alojábamos se consolidó y se convirtió en un imperdible de la ciudad. Estoy hablando del centenario Café de Tacuba, uno de los restaurantes más tradicionales y reconocidos de México, que además de servir los más ricos platos, le diera nombre a la famosa banda de rock homónima (aunque con v en lugar de u tradicional).

Pero no es por las canciones de Café Tacvba que queríamos ir sí o sí al Café de Tacuba (valgan todas las redundancias), o al menos no solamente por eso. Es que durante ese recorrido el taxista nos habló de platos, aromas y sabores mexicanos que deberíamos probar, y en particular nos contó de este lugar, que fundado en 1912 tiene una historia propia (sino muchas) que contar.

A apenas unas cuadras del Zócalo, sobre la calle que a su vez le da nombre, se emplaza este mítico local desde tiempos inmemoriales en los que don Dionisio Mollinedo lo instaló en aquél lugar. Lleva más de cien años agasajando a sus clientes con los mejores platos de la ciudad, entre los que se cuentan tanto comida mexicana como internacional.

Pasaron por allí cantidad de personalidades, como ser artista el mexicano Diego Rivera quien anduvo con motivo de su casamiento, o Anthony Quinn que fue a filmar una película basada en un libro inspirado por uno de los empleados del antiguo café. Pero seguramente la más impactante haya sido del arco político, ya que Manlio Altamirano, hombre fuerte del PNR, fue asesinado allí cuando cenaba con su familia en junio de 1936.

Sin embargo, la historia sobre el café que nos decidió a visitarlo sí o sí no tuvo que ver con políticos ni con bandas de rock, y es incluso anterior al restaurante en sí. Se trata de la historia del lugar propiamente dicho, de esa vieja casona que desde hace un siglo alberga el local pero que anteriormente fuera parte del hospital psiquiátrico de la ciudad, a cargo de las monjas Clarisas.

Una de esas monjas era Sor María del Sacramento, hija del acaudalado que había donado la propiedad para instalar el hospital; y que incluso había cedido a su propia hija a favor de la Iglesia, convirtiéndola en monja. Según cuenta la leyenda, Sor María era dulce y hermosa, y uno de los internos estaba locamente enamorado de ella. Pero a pesar de haberse iniciado en la vida religiosa contra su voluntad, la joven rechazó a su pretendiente explicándole que ella se debía a Dios.

En un rapto de furia, amor y locura, el interno un día perdió el control y mató a su amada. Desde ese momento el fantasma de la monja clarisa vaga por los pasillos del Café de Tacuba, erizándole los pelos a los comensales que ocasionalmente la ven pasar, y ayudando a los cocineros en sus preparaciones, tanto que se dice que los más ricos platos saben así por el toque especial que el fantasma de Sor María les da.

Lamentablemente no puedo decir que yo haya visto ni sentido el fantasma, aunque alguna expectativa llevaba. Lo que sí sentí fueron a los Mariachis que tocaron un par de temas en la mesa de al lado. Y lo que ví es la hermosa ambientación que tiene el café, diferente en cada uno de los salones, y llamativa hasta en los baños, como se puede ver en las fotos que ilustran esta entrada.

El Café de Tacuba es un lugar diferente, donde es realmente un placer sentarse a degustar un plato en esos salones decorados con tanto esmero y rodeados por tanta historia. Más que aconsejable no ir apurado, y tomarse un momento para recorrer los detalles de cada salón con la mirada. Sin lugar a dudas, hay que incluirlo en la lista de puntos a visitar en CDMX.