Archivo por meses: julio 2018

Volvemos en el tiempo: Una vuelta en el Tranvía Histórico de Buenos Aires.

En la esquina de José Bonifacio y Emilio Mitre, barrio de Caballito, se levanta el Taller Polvorín, que debe su nombre al antiguo nombre de la calle. Lejos de ser un establecimiento militar, el Taller es el centro de operaciones de una peculiar entidad: La Asociación Amigos del Tranvía, quienes te invitan todos los fines de semana a volver atrás en el tiempo y como si estuvieras en la década del 30, hacer un paseo en tranvía.

Justo en esa esquina, frente al taller y en diagonal al portón de ingreso, tiene su parada el pintoresco Tranvía Histórico de Buenos Aires. Desde allí comienza un recorrido de 2 kilómetros en el que se podrá viajar como hicieran nuestros abuelos cuando eran niños. Una experiencia, justamente, ideal para hacer con chicos.

En nuestro caso fuimos el feriado del 20 de junio, por lo que en su día, ameritaba el izamiento de la celeste y blanca.

La Asociación fue fundada en 1976 por un grupo de aficionados al tranvía que buscaban reivindicarlo como medio de transporte. Así se dieron a la tarea de buscar antiguos coches para restaurarlos y ponerlos en funcionamiento, pero se encontraron con una dificultad mayúscula. El lugar estaba, ya que la empresa Subterráneos de Buenos Aires había comprometido ceder el taller donde hoy todavía operan, pero los cochesno: en todo el país no había uno solo en condiciones de ser restaurado; eran todos prácticamente chatarra.

Sin embargo los integrantes de la Asociación no se dieron por vencidos e hicieron frente a las adversidades, hasta que al fin llegaron a buen puerto (o, en este caso, a buena estación). Luego de buscar por los países limítrofes donde los tranvías aún cumplían servicios regulares, dieron con la empresa portuguesa Servico de Transportes Colectivos de Porto, que utilizaba coches construidos por la misma fábrica que producía los que habían funcionado en Buenos Aires.

Así llegó al país un coche modelo Brill-32, que se remodeló en el Taller Polvorín para reconvertirlo a lo que había sido el servicio porteño de antaño. El 15 de noviembre de 1980 la unidad renovada salío por ese portón y realizó el primer recorrido de tranvía luego de largos años de ausencia en la ciudad.

Desde ese momento los tranvías recorren el barrio de Caballito todos los fines de semana, y lo pongo el plural porque la Asociación se ocupó de seguir ampliando la flota de coches restaurados. Hoy tienen 21 unidades que se alternan para realizar los paseos.

Una vez que estamos todos a bordo, dos campanadas del guarda ubicado en la parte posterior dan comienzo al viaje. La tripulación se completa con el conductor y un tercer integrante de la Asociación que nos va explicando la historia de la misma, los detalles del coche y las actividades que realizan.

Aunque te dan un boleto al subir, el viaje es gratis. Los amigos del tranvía no cobran nada por llevarte a pasear, ni tampoco reciben ningún tipo de subsidio del estado, a no ser el préstamo del taller, la electricidad que utilizan para hacer andar los coches, y la mera autorización para circular por parte del Gobierno de la Ciudad. El financiamiento lo obtienen de la venta de distintos recuerdos que realizan abordo, y que uno compra con gusto.

El paseo en tranvía es una salida diferente, que nos muestra cómo eran las cosas hace 50 años atrás, y a bordo de los coches se ve la mano de estos apasionados del tranvía que los restauran con una calidad envidiable.

Los ruidos, los olores, los tapizados, las maderas y, por supuesto, las publicidades te retrotraen a décadas atrás.

Este año la Asociación cumple 42 años y lo van a festejar con todo. El domingo que viene, 22 de julio, realizarán un gran evento donde saldrán con varios coches distintos, por lo que uno podrá abordarlos todos el mismo día, algo que no se da en un fin de semana convencional. donde sale una unidad por día solamente. Además participarán de la jornada bandas de música y habrá una exposición de autos clásicos. Si te interesa, una fecha para agendar y acercarse por Caballito.

Y si ese día no podés, a no preocuparse. El Tranvía Histórico funciona todas las semanas, y los horarios los podés consultar en su página web oficial a la que accedés haciendo click acá.

La majestuosa Iglesia Santa Prisca de Taxco y su virgen de plata.

Cuando uno llega a Taxco a través de un sin fin de curvas y contracurvas que se internan en las montañas, una de las primeras cosas que se distinguen por sobre los techos de las casas es la inconfundible arquitectura de su iglesia.

Ubicada en pleno centro de la ciudad, la Santa Prisca es una verdadera obra de arte, y con sus 94 metros de altura fue hasta 1806 el edificio más alto de México. Es una parada obligada cuando uno visita esta localidad de Guerrero, y es habitual encontrar en sus escalinatas guías oficiales identificados con su credencial (al menos así se presentan ellos), que te ofrecen un tour guiado por la iglesia a cambio de una propina. Aunque no acostumbres tomar este tipo de opciones, al visitar Santa Prisca te recomiendo hacerlo, ya que su historia es fascinante.

Se levantó por orden de José de la Borda, un importante y muy acaudalado empresario minero de Taxco, que además era muy devoto de la religión católica. Tanto que ofrendó a la iglesia a sus dos hijos: la mujer se convirtió en monja, y su hijo varón en sacerdote, y como tal, necesitaba una iglesia en la cual oficiar misa, nada que el dinero de papá no pudiera solucionar.

Con tanto capital disponible de por medio, se dice que la Santa Prisca se construyó en tiempo récord, quedando totalmente finalizada en 7 años, entre 1751 y 1758. El dinero lograría además algo insólito: que las autoridades eclesiásticas del momento le permitieran a de la Borda levantar el templo a su propio gusto y estilo.

El color rojizo de sus paredes se lo debe a la cantera rosa, típica piedra del lugar que no necesitó ser pintada, y el azul de la cúpula es consecuencia de los azulejos de Talavera poblana. En el interior los retablos están construidos en madera y recubiertos con láminas de oro, y las pinturas son obra del eximio Miguel Cabrera, que trabajó en la iglesia por encargo de José de la Borda.

Entre otras cosas, retrató la historia de Santa Prisca, que en tiempos de los romanos se mantuvo fiel a la creencia en Jesús, lo que le valió que el emperador enfurecido la tirara a los leones. Para su sorpresa, lejos de devorarla, las fieras le lamieron los pies, en lo que se considera un verdadero milagro. Poco duraría la alegría ya que entonces el emperador la mandó decapitar, tarea que estuvo a cargo de un soldado que también figura entre los personajes de la obra que se exhibe en la iglesia.

Santa Prisca tiene también una leyenda local mexicana. Se dice que en los comienzos de la obra, una tarde se levantó una violenta tormenta en Taxco que amenazaba con destruir la naciente iglesia. Ante el furor de los truenos, los trabajadores que estaban en la obra se hincaron a rezar, y en el momento en que los rayos iban a caer sobre el edificio, la joven Santa Prisca apareció en el cielo y los detuvo con sus manos.

La iglesia está construida en forma de una muy angosta cruz latina, contando al costado con una capilla distinta para los indígenas. Justo frente a esta capilla, en el lateral del templo, se hizo una puerta para que entraran por ella sin mezclarse con los españoles.

Hay otras dos cosas que caracterizan esta iglesia por sobre las demás. En primer lugar está su espléndido órgano, instalado en lo alto de la nave y que consta de 250 flautas con mil voces y contiene agua en su interior para que cuando se lo toca el sonido emule el cantar de los pájaros.

Y su característica más importante quizá, y sin lugar a dudas la más representativa: la imagen de la Virgen de Guadalupe, ubicada frente al altar principal, esculpida en plata taxqueña y que con sus 1,78 metros de altura es la imagen de plata más grande del mundo. En su visita a México fue incluso bendecida por el Papa Francisco.

El acceso a la zona del altar está vedado a causa de los daños causados por el último gran terremoto que sufrió México, pero en las obras dispuestas allí se cuenta la vida de María, incluyendo la anunciación, su embarazo y el nacimiento.

Rodeado de estas obras de arte, en 1758 Manuel de la Borda, hijo de José, se convirtió en el primer párroco en oficiar misa en la monumental iglesia de Taxco, tal como su padre había querido.

Considerada por muchos como la máxima expresión del barroco mexicano, la Santa Prisca es una maravilla arquitectónica que bien merece una visita cuando vayas a Taxco. A tenerla en cuenta!