Archivo por meses: noviembre 2014

El Canal de Panamá: Un camino hacia el otro océano.

A lo largo de la historia, el hombre ha sabido construir obras monumentales, verdaderas maravillas de ingeniería. Si algún día viajás al istmo centroamericano no podés dejar de visitar una de ellas: el Canal de Panamá. Para aquellos cuyo objetivo del viaje sea experimentar la noche panameña o conocer lo paradisíaco de las playas caribeñas podrá parecer algo aburrido, pero el hecho es que el significado de semejante obra es mayúsculo y amerita una visita. Por supuesto, para los amantes de las megaestructuras de ingeniería y los que trabajamos en logística, será una experiencia por demás interesante.

Buque 5 Pasando

El buque atraviesa las exclusas de Miraflores.

 

El canal es una vía acuática de 80 kilómetros de largo que atraviesa el angosto país centroamericano a fin de unir dos océanos, el Pacífico y el Atlántico, permitiendo entonces que los buques puedan pasar de uno a otro sin tener que costear todo el subcontinente sudamericano para cruzar por el Cabo de Hornos, lo que les insumiría unos 10 días más de tiempo de tránsito. Hoy, el tiempo promedio para cruzar el canal es de entre 8 y 10 horas, aunque el 22 de junio de 1979 el Hydrofoil Pegasus lo hizo en apenas 2 horas y 41 minutos, convirtiéndose hasta el momento en el tránsito más rápido.

Mapa del trayecto del canal. Fuente: http://www.bbc.co.uk

 

El hecho de evitar el tránsito por el extremo sur del continente no sólo ahorra tiempo a los buques, sino que también se traduce en beneficios económicos para las empresas navieras ya que el paso a través del Canal, aún cuando tenga peajes elevados, les ahorra unas buenas sumas en combustible, entre otros factores. Y esto nos lleva a otro punto, por el cual el Canal de Panamá es conocido como la «Ruta Verde», ya que el ahorro de combustible significa a su vez menos contaminación para el ambiente. Así que, como se puede ver, el canal cierra por todos lados.

El «Centras Demeter» espera que el agua baje.

 

A los que no les cerró el proyecto es a los franceses, los primeros en embarcarse en la monumental tarea de construir esta obra, pero que como luego les contaré en otro post dedicado a la apasionante historia del canal, no pudieron llevarla a cabo. Las enfermedades, la falta de elementos adecuados y especialmente la errónea decisión de construir un canal a nivel llevaron a los europeos al inevitable fracaso. Así es que fueron los norteamericanos quienes terminaron optando por el canal de esclusas que funciona hoy en día, y desde 1914, cuando el vapor Ancón lo inauguró oficialmente.

Las compuertas de las esclusas de Miraflores abriéndose.

 

El proyecto utilizaba desde un principio las aguas del Lago Gatún como ruta de los buques, el cual se encuentra a 26 metros sobre el nivel del mar, por lo que la opción de elevar las embarcaciones hasta ese nivel y luego volver a bajarlas fue la que finalmente tuvo éxito. Si bien la obra es algo titánico, y todavía más si se tiene en cuenta la época en la que fue construida, el funcionamiento en sí del canal es muy simple, y con verlo una vez será suficiente ya que luego el procedimiento es siempre el mismo.

El buque atraviesa de una esclusa a otra.

 

En total tiene 3 juegos de esclusas que vienen a ser ascensores a base de agua. Cada una tiene una serie de alcantarillas que se distribuyen por debajo y en los muros contenedores, y el agua se vierte através de ellas por efecto de la gravedad, siendo el punto de inicio el Lago Gatún, en lo alto del complejo. De esta forma al llegar, el barco espera fuera de la esclusa hasta que esta vierte el agua necesaria para emparejar el nivel con el del exterior. A partir de allí se abren las compuertas y el buque entra en la esclusa por sus propios medios, ayudado por las locomotoras que guian su avance desde los costados con sogas bien tensas para evitar que choque contra las paredes. Este procedimiento se repite hasta llegar al nivel del lago, el cual es atravesado por el buque hasta las esclusas del otro lado donde el proceso es el inverso, a fin de bajarlo al nivel del mar. En este link podés ver una representación muy didáctica que te ayudará a entender el funcionamiento. Y en este video podés ver la apertura de las compuertas en las esclusas de Miraflores, y si prestás atención notarás cómo el agua ya fue nivelada.

Durante el cruce se requiere tener conocimientos específicos, por lo que el buque no es comandado por su capitán, sino que éste le cede el mando al práctico del canal quién se hace responsable de la nave. Seguramente sea por eso que se los ve tan relajados a los marineros mientras atraviesan las compuertas.

La tripulación descansa mientras el práctico comanda el buque.

 

Si bien el avance al principio es muy lento, con el correr de los minutos el proceso se hace más rápido. No debe ser nada fácil poner en movimiento estas tremendas bestias marítimas cuando están cargadas con toneladas de mercadería, y mucho menos considerando la precisión que deben tener a la hora de avanzar por el estrecho canal. En este otro video se aprecia cómo es la operación y el desnivel que balancean una y otra esclusa.

Como ya les comenté, cruzar el Canal de Panamá no es nada barato, pero aún así es muy conveniente. Prueba de esto son los 38 buques diarios que en promedio hacen este periplo, y que ya suman más de un millón de cruces desde que la obra se inauguró, siendo el día de más tráfico hasta ahora el 26 de febrero de 1968 cuando se registró el paso de 65 embarcaciones. El costo promedio para cruzar es de USD 100.000 por buque, aunque el paso más caro hasta ahora triplicó esa cifra. En cambio, el peaje más barato fue de apenas USD 0,68 y lo pagó el norteamericano Richard Halliburton que en 1928 atravesó el canal, pero no a bordo de una embarcación, sino nadando.

Las locomotoras son esenciales para evitar colisiones contra las paredes.

 

Hoy en día el canal ha quedado muy limitado por sus dimensiones. Las esclusas permiten el paso de buques que como máximo tengan 294,13 metros de eslora y 32,31 metros de manga, es decir largo y ancho, respectivamente. A su vez, el calado máximo que acepta la profundidad de las esclusas es de 12,04 metros. Estas dimensiones han quedado relegadas con respecto al tamaño de los buques portacontenedores que en la actualidad salen de los astilleros y esto hace que el Canal enfrente la certera posibilidad de quedar obsoleto. Por eso mismo se está construyendo un nuevo juego de esclusas en paralelo a las actuales, que no sólo incrementará la cantidad de buques que podrán cruzar de un océano al otro en forma diaria, sino que además posibilitará que la vía pueda ser utilizada por buques post-panamax.

Este video muestra los avances de la ampliación hasta junio pasado, y da cuenta de que, una vez terminadas las obras, bien valdrá la pena volver a visitar el canal para ser testigos de la magnificencia de la nueva vía que permitirá el paso de buques de hasta 14500 TEUs, equivalentes a esa misma cantidad de contenedores de 20 pies, mucho mayor a la capacidad actual del canal de 4000 TEUs por buque. Será cuestión entonces de esperar algunos años para volver a organizar un viaje a Centroamérica.

Nota del Autor: Este post fue publicado originalmente el 19/10/14

Con todos sus lujos, el tren presidencial descansa en San Vicente.

«El que no corre, vuela» dice el refrán, y en el caso de los primeros mandatarios se ajusta bastante a la realidad. Hoy en día es normal que los presidentes tengan a su disposición al menos un avión para trasladarse. No es justamente el caso de la presidenta argentina, realmente una privilegiada en la materia, ya que puede elegir entre cinco aviones que componen la flota presidencial. El quinto se incorporó hace unos meses y se trata de un Boeing 737-500 desprogramado por Aerolíneas Argentinas en el proceso de renovación de flota por las series 700 y 800 del mismo modelo (como bien explicó Sir Chandler en el post que podés leer haciendo click acá) y que pasó a matricularse como T-04, y en la práctica, a funcionar como alternativa al famoso Tango 01, el Boeing 757 que se compró «Carlos» a puro lujo.

El tren oficial transportó presidentes constitucionales y de facto.

 

Pero hace varias décadas atrás, a los presidentes, sus emisarios y comitivas no les quedaba otra más que correr. Así también lo entendió en el año 1908 el presidente Figueroa Alcorta, quién autorizó a Ferrocarriles del Estado a construir un tren para uso exclusivo de la Presidencia de la Nación. Así nacería, luego de un proceso de tres años de duración, el tren presidencial de trocha angosta.

La locomotora exhibida fue donada por Laguna Paiva para completar el tren.

 

Como te conté en este post al que podés acceder haciendo click hoy podés visitar el tren en el Museo 17 de Octubre. A los fondos de la quinta hay una réplica de estación ferroviaria donde se encuentra exhibida la formación presidencial desde que Eduardo Duhalde dispusiera su traslado hasta allí en el 2002. Afortunadamente, y a diferencia del auto de Perón que se puede ver sin vidrios y con varios golpes en su estructura, el tren no fue dañado durante los desmanes del 17 de octubre de 2006, y es una verdadera pieza de historia.

El auto de Perón visiblemente dañado en los incidentes de 2006.

 

Los trabajos de construcción se iniciaron en los talleres ferroviarios que la compañía alemana Streniz tenía en San Miguel de Tucumán, pero una vez que se inauguraron los de Tafí Viejo las operaciones se mudaron de locación hasta la finalización del proyecto, en el año 1912.

Las puertas están decoradas con hojas de laurel hechas en bronce.

 

La formación contaba con tres coches (G1, G2 y G3) diseñados con todo el lujo del que se disponía en aquella época (quizá más que hoy ya que estoy seguro que hay cosas que no se consiguen más), como era de esperarse considerando quién sería el usuario final y exclusivo de esa máquina. Así, en su construcción se utilizaron las mejores maderas,que fueron talladas a mano, los vitraux de las ventanillas laterales se importaron de Gran Bretaña (y artesanos cordobeses los replicaron para hacer frente a posibles roturas), y los cortinados tienen flejes de oro, por sólo dar algunos ejemplos.

Los picaportes de bronce con el Escudo Nacional tallado.

 

El Escudo Nacional está también presente en todos lados. Se lo puede ver en los picaportes de las puertas, en la parte inferior de las ventanas y en el mobiliario interior del tren donde está tallado en la madera. Incluso se lo puede observar en la vajilla y en la platería, que se importaron desde Inglaterra, y aún así lucen el escudo y los colores celeste y blanco.

El baño está provisto de agua caliente y suelo de goma.

 

El G1 es el coche dormitorio donde se encuentran las habitaciones del presidente (con cama de bronce, sábanas de hilo italiano y fundas bordadas por las Carmelitas Descalzas), y la del edecán, además del escritorio presidencial, la sala de estar y los baños. El G1 es además el último coche, y su particularidad  es el balcón que tiene en el extremo posterior y que fuera muy utilizado por Perón para saludar al público a su paso, pero que no se sabe bien a ciencia cierta si es original o un agregado instruido por alguno de los presidentes que lo usaron, ya que no forma parte de los planos originales del tren. El G2 no es otra cosa que el comedor, con espacio para 32 comensales, además de un comedor privado para cinco personas y el infaltable bar para que el presidente de turno pueda degustar unos buenos Camparis con naranja. Pegado a la locomotora encontramos el G3 donde está la cocina junto con dos camarotes de 4 catres cada uno.

El comedor general cuenta con 8 mesas y está recubierto en roble.

 

Durante los viajes otros vagones se agregaban y completaban el convoy que era atendido por un total de 22 personas de las cuales más de la mitad estaba dedicada a la cocina. Así, para albergar a semejante cantidad de gente, se hacía necesario agregar otros coches dormitorio, comedor y baño para el personal, sin excluir el que prestaba servicios especiales de peluquería y de sala de costura y planchado. Por supuesto que además del bienestar de los viajantes, ya en esa época era importante la seguridad,  por lo que antes de partir el tren presidencial era exhaustivamente controlado, y ya en viaje era precedido por un tren donde viajaba la custodia presidencial y mantenía las luces prendidas las 24 horas. Incluso el silbato de la locomotora original, que no es la que se exhibe hoy en el museo, era más agudo que el del resto, para diferenciarse claramente.

Estaba equipado con un moderno sistema de frenos automático doble.

 

El tren presidencial fue inaugurado en 1912 con un viaje desde Tucumán hasta los cuarteles del ejército, aunque no se sabe bien si fue el presidente Roque Saenz Peña, o su vice Victorino de la Plaza quien participó en aquella ocasión. Más allá de eso, el primer viaje de larga distancia se realizó un año más tarde en una recorrida que hizo por el noroeste argentino Carlos Pellegrini como ministro de obras públicas. A partir de ese momento, y hasta su retiro oficial en 1977, el tren presidencial hizo varios viajes, transportando diferentes personalidades de la política argentina, varios presidentes incluidos, a diferentes destinos y por diversos motivos. Sin embargo, su último viaje (sin considerar el que hizo hasta la Quinta de San Vicente, claro está) lo realizó en 1982 a manos del Dr. Raúl Alfonsín, sin ser aún presidente de los argentinos, con motivo del apoyo que éste hizo en aquella época de la causa por la reactivación de los Talleres Tafí Viejo que habían sido cerrados en 1980 por el gobierno militar.

El balcón no está incluido en los planos originales del tren.

 

Hoy en día los tiempos de nuestra sociedad son muy diferentes a los del 1900 y ya no parece factible que un presidente o cualquier otro funcionario pueda tomar el tren en misión oficial; y aunque quisieran seguramente el estado actual de nuestro tendido de vías no se lo permitiría, pero más allá de eso nos queda esperanza de que en algún momento algún presidente pueda volver hacer rodar el convoy, aunque sea en un viaje simbólico como el que hacía el trencito histórico que salía desde Federico Lacroze, y del que no se que le pasó pero hace rato ya no escucho pasar. Mientras tanto, y por ahora, los primeros mandatarios no van en tren, van en avión.

El Boeing 757 matriculado T-01 capturado en pleno despegue.

 

 Nota del Autor: Este post fue publicado originalmente el 27/09/14