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Conociendo Hamburgo y su fascinante historia con un Walking Tour

En el norte de Alemania, a orillas del río Elba, se encuentra la hermosa Freie und Hansestadt Hamburg, o en español, Ciudad libre y hanseática de Hamburgo, una de las más importantes urbes germanas, y de Europa.

El walking tour, como siempre caracterizado por sus clásicos paraguas de colores, comenzó puntual en la plaza principal, frente al ayuntamiento de Hamburg, que desde 1897 funciona como sede del gobierno. Se trata de un imponente edificio que, incluso cuenta con más habitaciones que el Palacio de Buckingham, cuya fachada está adornada, entre otras cosas, por estatuas que representan a los diferentes Kaisers.

Por supuesto, también reluce en el frente el escudo oficial de Hamburg, donde predomina el castillo que da origen al nombre de la ciudad, ya que allá por el año 808 Carlomagno mandó construir el Hammaburg a orillas del Elba para controlar el paso por el río, significando Burg castillo o fortaleza. Si bien al menos yo en alemán no registro el término, según nuestro guía callejero el término Hamma refería a la ciénaga sobre la cual se había levantado originalmente la ciudad, por lo que el nombre Hamburg correspondería a “fortaleza en la ciénaga”.

El castillo a orillas del río en esa época era una necesidad imperiosa porque las incursiones vikingas eran frecuentes, y entonces la ciudad necesitaba protegerse. Más teniendo en cuenta la importancia que cobró su puerto, especialmente luego de la alianza con la ciudad de Lübeck para formar la famosa y próspera Liga Hanseatica, una especie de gremio de ciudades que se unían para potenciar su comercio y, además, defenderse entre sí. La Liga le dió gran prosperidad a la ciudad de Hamburg, que obtuvo un aire de elite que aún hoy se distingue al caminar por sus calles.

Estamos en un lugar de gran tradición portuaria entonces, y que con plena vigencia ostenta el segundo puerto más grande de Europa, sólo superado por el de Rotterdam. Ya tendremos la oportunidad de navegar por estas aguas, de regreso de la fábrica de Airbus, pero eso será en un próximo post.

Se trata por supuesto de un lugar que transpira historia. Tanto es así que uno se la tropieza a cada paso, como por ejemplo con estas placas fijadas en paredes y en veredas, mostrando los nombres de las personas apresadas o asesinadas por los nazis y que vivían en aquél punto específico de la ciudad. Son placas que te hielan la sangre, como la instalada en la pared del  edificio del Deutsche Bank, que en los tiempos de la Segunda Guerra perteneciera a la firma Tesch & Stabenow, responsable de la fabricación y distribución del gas Zyklon B que se utilizaba en Auschwitz para asesinar judíos principalmente.

Hamburg tiene buena cantidad de iglesias también, y estas no quedaron exentas de las consecuencias de la Guerra. El tour pasó por supuesto por la Iglesia de San Nicolás (o mejor dicho lo que queda de ella), tristemente célebre por ser la protagonista principal de la oscura Operación Gomorra en la que los aliados bombardearon numerosos objetivos en la ciudad durante varios días, sin respiro, matando una enorme cantidad de civiles y casi destruyendo Hambirgo en su totalidad.

Actualmente la Nikolaikirche permanece en ruinas, en conmemoración y recuerdo de aquél bombardeo histórico, y el daño que causó a los hamburgueses. En su momento supo ser el edificio más alto del mundo, y aún hoy, con su aguja intacta (lo único prácticamente que quedó en pie), es la construcción más elevada de la ciudad.

Pero los nefastos acontecimientos de la Segunda Guerra no fueron los primeros en destruir la ciudad. Otro hito histórico de Hamburg es el Gran Incendio, que literalmente la consumió desde la noche del 4 de mayo de 1842 y que duró cuatro días en los que destruyó iglesias, edificios públicos y moradas particulares. Hoy en día los destrozos están reconstruidos, por supuesto, y el punto exacto en que se originó el fuego puede visitarse cuando uno va a tomarse una cerveza al local que, muy atinadamente, se llama Zum Brandanfang (Hacia el Comienzo del Incendio).

Aunque a esa hora de la mañana aún estaba cerrado, desde las ventanas pudimos ver una curiosidad característica de este bar, como son los billetes que cuelgan del techo. Según cuenta la historia, eran pegados allí por los marineros antes de partir, sabiendo entonces que cuando volvieran al frecuentado puerto de Hamburgo tendrían allí en el techo su pequeño ahorro con el que abonar la bien merecida cerveza luego de una dura jornada de trabajo.

Y ya que estamos hablando de tradiciones alegres y cuestiones características raras, podemos nombrar a esta altura a la Chilehaus, con su peculiar forma de proa de buque que se combina muy bien con su estilo típicamente neoyorkino. Actualmente sede de diferentes oficinas, el edificio debe su nombre a su dueño original, un comerciante inglés que hizo su fortuna comerciando salitre chileno. Tan cercano al río, y en una zona propensa a las inundaciones al momento de su construcción, la Chilehaus cuenta con un sótano especialmente sellado donde los equipos de calefacción están dispuestos en un dispositivo especial capaz de flotar, para evitar que se arruinaran en caso de filtraciones de agua.

El tour finaliza en la pintoresca Speicherstadt, o Ciudad de Depósitos según su traducción literal al castellano, y que tiene mucho que ver con sus orígenes. Al mejor estilo del Puerto Madero porteño, estas construcciones se levantaron a principios del 1900 a modo de zona franca en la que se podían transferir bienes sin pagar impuestos a la aduana.

Actualmente se trata de un barrio en pleno crecimiento donde los viejos depósitos han devenido en oficinas e incluso residencias particulares. Aquí mismo se encuentra el famoso y apasionante Miniatur Wunderland que, por supuesto, tendra su post (sino sus posts) más adelante en este mismo blog. Pero antaño hasta aquí llegaban las mercaderías descargadas de los buques de ultramar, a través de los canales que también le dan un aire muy característico a la ciudad.

Seguramente el edificio más emblemático del barrio sea la flamante Filarmónica de Hamburgo, que cuando yo estuve allí seguía en construcción y que finalmente se inauguró en enero del 2017, luego de seis años de retraso y escándalo por la enorme cifra por encima del presupuesto que costó su finalización (aproximadamente 10 veces más de lo planificado). Sin embargo, según se dice, especialmente diseñado, este edificio ha de poseer una de las mejores acústicas del mundo, aunque claro, este dato no basta para evitar que los pelos se le pongan de punta a cualquier hamburgues al que se le pregunte por el precio de la obra.

Así finaliza nuestro paseo por la hermosa ciudad de Hamburgo, uno de los lugares más caros para vivir en Alemania. Una ciudad que, por supuesto, no puede faltar en tu recorrida por el país germano.

Si tenés la oportunidad, no te la pierdas. ¡Andá y conocela con tus propios ojos! Eso sí, el ingreso al puente privado es bajo tu propio riesgo…

Conocemos el hermoso pueblo de Brujas con un Walking Tour.

Es increíble cómo una película puede enamorarte de ciertos lugares sin que hayas siquiera pasado cerca nunca en tu vida. Pasa por ejemplo en Medianoche en París con todo el manto histórico-cultural que te muestra, y en particular a mi me pasó con Escondidos en Brujas, que más allá de la buena historia que cuenta, me fascinó con sus escenarios de otra época. Desde ese momento quise conocer este pequeña ciudad belga, y finalmente el año pasado pude cumplir ese anhelo.

Viajé desde Bruselas en tren con una pareja de argentinos que conocí durante el viaje y recorrimos Brujas por un día, o mejor dicho, por unas horas. En estos casos, como ya conté en otro post, una de las mejores alternativas es la de los Walking Tour gratuitos, así que sin data previa nos dirigimos directamente hacia la plaza principal y miramos alrededor: allí estaba el paraguas azul, que incluso marcaba el tour en español, en este caso en las manos de Laura.

Luego de aprovisionarnos con agua y algo para ir picando por el camino nos sumamos al grupo que se iba juntando momentos antes de que el tour diera comienzo, allí mismo en la Grote Markt como se conoce a la plaza principal. Así Laura nos contó que en la antigüedad Brujas fue un importantísimo centro de comercio de telas, y que el edificio que teníamos frente a nosotros, el campanario, en aquellos remotos tiempos había servido como almacén para las mercaderías.

En realidad no hablamos de un edificio, sino de tres. El que funcionó como almacén fue el primero y más viejo, luego se levantaría la torre cuando Brujas alcanzó la categoría de “villa”, y finalmente se agregó la última parte, que en lugar de ser cuadrada es octogonal. Pagando la entrada uno puede subir a la cúpula para tener una de las mejores vistas del pueblo, aunque claro, no hay ascensor, así que habrá que aguantarse la enorme cantidad de escalones en espiral.

Como el tour sería interminable si nos dejaran subir en ese momento, seguimos camino y para eso dimos media vuelta, con lo cual divisamos en el centro de la plaza las estatuas de Jan Breydel y Pieter De Koninck, dos héroes locales que se destacaron en la defensa de la ciudad a las órdenes del duque de Flandes contra las tropas francesas que los habían invadido, allá por el 1300.

Algo más allá, cruzando la plaza, está el histórico Café Craenenburg, donde el pueblo mantuvo cautivo a Maximiliano de Austria cuando estaba aún en ejercicio del título de Conde de Flandes que pertenecía a su hijo Felipe el Hermoso, pero que por aquellos años era apenas un niño y no podía ejercer. Pero para enteder por qué Maximiliano terminó preso por su propio pueblo debemos remontarnos aún más en el tiempo, al punto en que Brujas era uno de los centros de comercio mundiales más importantes, y a cuyo puerto llegaban embarcaciones de todas las nacionalidades.

 

El negocio de las telas era muy redituable y el Conde quiso tener un mayor control sobre el mismo, lo que provocó la rebelión del pueblo que contestó apresándolo y cortándole la cabeza a su hombre de confianza y gobernador de Brujas: Pieter Lanchals. El apellido de este último buen hombre puede traducirse como “cuello largo” y por ello, en venganza por lo sucedido, Maximiliano terminó ordenando que el puerto de Brujas desapareciera y fuera reemplazado por cisnes, a los cuales la ciudad quedaba obligada a alimentar y cuidar. Sin puerto, no hubo más barcos, y por lo tanto, terminó el comercio y el esplendor de este lugar.

Hoy en día Brujas es muy turística y no sólo pueden verse aún los cisnes que según la leyenda instaló el Conde, sino que además hay mucha actividad cultural, por lo que no es nada raro ver escenarios montados constantemente en la plaza principal.

Por supuesto, también se puede encontrar chocolate belga, y del mejor. Los locales que venden el chocolate original están marcados con el sello distintivo correspondiente, por lo que te recomiendo buscarlo en caso de que andes por aquellas latitudes en busca de un buen chocolate.

Laura se encargó de guiarnos por pasadizos realmente estrechos, de esos en los que no te meterías en ningún lugar desconocido de Argentina u cualquier otro país del mundo.

Y finalmente gracias a ella salimos indemnes, con las manos llenas del chocolate más rico que haya yo probado, y con algunos euros menos en el bolsilli, claro…

Otro dato de importancia que nos dio Laura durante el tour fue el inicio de la bolsa de valores. Alejándonos de la Grote Markt se llega en un momento a la casa Ter Beurze, una taberna donde en el siglo XIII los mercaderes se juntaban y comerciaban sus títulos de propiedad. Ese fue el comienzo de lo que hoy en día se conoce como “La Bolsa”, y por supuesto, si alguna vez te preguntaste por qué carajo se llama así, ahora ya te habrás dado cuenta de dónde viene el nombre.

Nada que ver con el Museo de la Papa Frita, que es lo que funciona hoy en ese mismo edificio histórico. No podía ser diferente ya que la papa frita es un invento belga.

Si seguimos caminando llegaremos en algún momento a la plaza del Ayuntamiento, donde está ubicada también la Iglesia de la Sangre de Jesús, que si viste la película que te mencionaba al principio del post sabrás de qué se trata, pero que aún así amerita un post exclusivo que ya publicaré próximamente.

Por el mercado actual pasamos rápidamente mientras hacíamos el tour, pero no se lo ve tan esplendoroso como suponemos habrá sido la Grote Markt de antaño. Eso sí, menos mal que no estaban vendiendo pescado en ese momento, porque según Laura cuando es así uno lo nota simplemente al respirar.

Al teatro de la ciudad, por su parte, se lo reconoce fácilmente porque frente a él está emplazada la estatua del Papageno, o Pajarero, mítico personaje de la obra “La Flauta Mágica” de Mozart.

Donde estaba el puerto antes de que el Conde de Flandes se lo llevara a otra localidad, hoy queda un pintoresco paisaje de canales y puentes que lo cruzan. Ideal para disfrutar de un buen “cuelgue” contemplando la escena sin más preocupaciones.

Así va terminando el walking tour por esta hermosa ciudad belga. Recomendable visitarla, y también recorrerla bajo esta modalidad. Pero antes de irnos, por supuesto no podía faltar la postal de Brujas, la foto del punto más fotografiado de la ciudad.

Ahora sí, terminamos el recorrido. Hay mucho más material sobre Brujas y Bélgica en general, así que si te gustó este paseo, te invito a pasar por los próximos posts para seguir conociendo estos lugares increíbles.