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Saliendo de Canadá rumbo a Miami: Reporte del Vuelo AC1642 de Air Canada Rouge

Finalmente terminó la primer etapa de mi viaje por Norteamérica y me dispuse a volar hacia Miami, donde aún me esperaban un par de intensas jornadas laborales. Así es que llegué  con algo más de tres horas de anticipación a la Terminal 1 del Aeropuerto de Toronto con el servicio de shuttle gratuito que brinda el hotel Doble Tree donde me estaba alojando.

El Toronto Pearson tiene la particularidad de que en la Terminal 1 está el USA Transborder, dedicado exclusivamente a vuelos hacia Estados Unidos. En el hall de checkin se deben utilizar los kioskos para imprimirse uno mismo los tickets de equipaje mediante un proceso que es largo, pero bastante claro. En la máquina se puede seleccionar el idioma que uno prefiera, haciendo las cosas más simples, salvo cuando el sistema pide escanear la visa: en el caso de los argentinos, nosotros tenemos dos visas, la de Estados Unidos y la de Canadá ¿Cuál es la que me pedía el sistema? Probé con la estadounidense, que me pareció la más lógica por ser mi próximo destino, y funcionó.

Una vez que adherí los stickers a mi equipaje (tarea con la que recibí la amable ayuda del staff de tierra de Air Canada Rouge) llegó el momento de despachar la valija… con el sistema automático! En ese momento no tenía idea, pero algo similar se estará implementando próximamente en Ezeiza, así que me vino bien para comentarlo en este post, y para irme entrenando.

La cuestión es bastante simple ya que simplemente tuve que apoyar la valija en el compartimiento. La máquina la pesó, leyó el código de barras del sticker y allí mismo me identificó como pasajero y cuál era mi destino. En el lector de la máquina pude leer que habían recibido mi equipaje con destino Miami, pero aún así, un poco en broma un poco en serio, me preguntaba si realmente había salido todo bien, o si acababa de enviar mi valija a.. Tokio, quizás?

Con pasaporte y boarding pass en mano (que lo imprime el mismo kiosko del sticker para el equipaje), sólo quedaba pasar por los controles de seguridad. Aquellos que estén inscriptos en el programa Global Entry del gobierno de Estados Unidos (sistema por el cual se aceleran los trámites de ingreso al país) tienen un acceso exclusivo al final del salón. El resto de los mortales tendremos que volver hacia las puertas de entrada a la terminal, donde está el acceso normal hacia los gates.

Allí dentro se hace el control de seguridad (laptops fuera del equipaje de mano y en una bandeja exclusiva) y se pasa a un enorme hall donde se realiza migraciones, pero no de salida de Canadá, sino de ingreso a Estados Unidos. Tal como es cuando se llega a un aeropuerto estadounidense, el primer paso es pasar por las máquinas que escanean la documentación y huella digital, nos sacan la foto y donde debemos contestar el cuestionario de rigor. Luego se pasa a la entrevista con el agente de la TSA.

La cola es importante y el proceso tiene una demora considerable, así que una recomendación a tener en cuenta cuando tengan que volar desde Canadá a Estados Unidos que que vayan con tiempo suficiente al aeropuerto, respeten las 3 horas antes del vuelo. Recuerden que en este caso hacen migraciones antes de partir y no al llegar, así que mejor que sobre el tiempo después; a llegar ajustados y terminar perdiendo el vuelo.

El cuestionario del agente de la TSA fue bastante standard pero algo más detallado que los que me ha tocado contestar las veces que llegué a Miami desde Argentina. Además de las clásicas preguntas sobre mi ocupación, motivo y duración del viaje, me consultó si llevaba plantas, y si tenía dinero por más de USD 10000. Contento con mis sendas negativas me selló el pasaporte y listo. Ya estaba oficialmente en Estados Unidos sin haber despegado los pies de suelo canadiense…

Como me sobraba tiempo y necesitaba preparar algunas cosas de trabajo para el día siguiente opté por usar la Priority Pass y acceder al salón vip, cuyo post pueden leer clickeando aquí. Quince minutos antes de la hora de abordaje me dirigí a la puerta F82 donde subí al A321 en el grupo 3. Esperé durante todo el abordaje, pero los dos asientos de al lado nunca se ocuparon…

Si bien todo se realizó en horario y el abordaje fue bastante rápido, el vuelo en sí salió con un importante retraso. Algo realmente raro, que nunca antes me había pasado, pero se trataba de un problema de papeles: así lo anunció el piloto cuando se dirigió a los pasajeros para disculparse e informarnos que había un problema de documentos que estaban solucionando. Quedó claro que no eran documentos del pasaje, sino del avión en sí.

Media hora más tarde de lo previsto comenzó el push back y nos dirigimos hacia la cabecera, donde hubo que esperar.

Estaba concurrida la cosa…

Mientras nos movíamos por la calle de rodaje los TCP aprovechaban el tiempo realizando la demo de seguridad, que se hace dos veces, en inglés primero y en francés después. Me llamó la atención (y causó gracia) la forma en que el jefe de servicio abordo anunció la repetición: “Bueno, ahora una vez más en francés y estamos listos para irnos”.

Al despegar se activa el servicio de internet y entretenimiento al que se puede acceder con los dispositivos personales (ya que el A321 no cuenta con pantallas propias). En el caso del celular hay que bajar previamente una app y cabe destacar que el entretenimiento es gratis e incluye películas argentinas. En el caso de internet hay que abonar extra. Yo igualmente aproveché para fotografiar a Toronto desde el aire (la imagen de arriba).

El viaje fue muy tranquilo, y el toque en Miami super suave. Eso sí, la media hora de retraso en el despegue la arrastramos y nunca la recuperamos. En Miami, como ya habíamos hecho migraciones en Toronto, desembarcamos diferente a lo que estoy acostumbrado: salimos por manga y nos mezclamos con la gente que esperaba para abordar en preembarque. Siguiendo los carteles llegamos al área de las cintas, donde me entró la tranquilidad al encontrar mi valija.

No había ido a parar a Tokio. Había llegado sana y salva al destino correcto…

Probamos carne canadiense en Montana’s BBQ & Bar.

La noche que pasé alojado en el Double Tree by Hilton Toronto Airport West tenía que apropicuarme una cena rápida y a no mucha distancia del hotel, por lo que revisando Google Maps encontré que en la esquina siguiente estaba Montana’s con bastantes buenos comentarios.

Se trata de una cadena canadiense de comidas que se especializa en costillas de cerdo a la barbacoa y hamburguesas, con una fachada exterior que luce típicamente norteamericana tanto en diseño como en iluminación. En el interior el ambiente es relajado y la decoración un tanto loca (con por ejemplo un auto colgado del techo) pero sin perder el buen gusto.

Y por supuesto, te dejan claro que acá se come cerdo, así que mejor…

Por mi parte dejé de lado el cerdo y fui con un medallón de carne 100% canadiense acompañado con puré de papas, frijoles y aros de cebolla. La verdad que impecable, excepto los frijoles que con su sabor un tanto dulce no me gustaron, el plato resultó exquisito y muy bien preparado. El punto de la carne, medium, no tenía nada que envidarle a alguna parrilla porteña. La tierno de la carne tampoco.

Con semejante cena no quedó resto para ningún postre, en particular porque se los veía potentes. Lo que sí hay que considerar es que no se trata de un lugar económico, pero tampoco resulta excesivamente caro. Para que tengan una referencia el plato que ves en la foto y una cerveza costaron el equivalmente a USD 39.

Otro punto fuerte de Montana’s tiene que ver con su ambiente familiar y el servicio. Las mesas están muy ingeniosamente cubiertas por un papel madera que hace las veces de mantel, y sobre cada una hay un vacito con crayones. Con ellos el mesero que te toca escribe su nombre, cosa de que no se te olvide, y si fuiste con niños se pueden dedicar a matar el tiempo mientras esperan dibujando a diestra y siniestra sobre la mesa, sin temor a que tengas que pagar por el pulido de la madera.

En mi caso Vid se portó espectacular, siempre muy amable y atento. Lo mismo que el resto de los meseros que rodearon la mesa de al lado y le cantaron un sonoro Feliz Cumpleaños a uno de los comensales, a la vez que le traían una torta para que apagara la velita y lo identificaban claramente como el “homenajeado” poniéndole un ridículo gorro con cuernos de ciervo.

Muy rica la comida, cuando vuelva a Canadá seguramente pase de nuevo, pero dejen que mi cumpleaños lo festejo en casa…