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Qué hacer y visitar en Tilcara, Jujuy.

Ubicada en el norte argentino sobre la Ruta Nacional 9, la ciudad de Tilcara es una de las localidades más conocidas y turísticas de la hermosa Quebrada de Humahuaca, y sin dudas un punto donde habrá que detenerse cuando uno está de viaje por estas latitudes.

Con una población que supera los 6000 habitantes Tilcara es toda una ciudad y un imán para la actividad turística en el NOA. La belleza de sus paisajes, los diferentes atractivos culturales y turísticos que tiene y la importante infraestructura con la que cuenta para recibir y acomodar visitantes, la convierten en uno de los puntos preferidos para hacer base y recorrer desde allí, no sólo sus puntos de interés, sino los del resto de la zona.

Si hablamos puntualmente de qué conocer en Tilcara, la visita más importante será sin lugar a dudas su pucará, del que ya hablamos en este post al que accedés desde aquí, y que hasta podríamos decir que es más famoso que la ciudad misma. Pero no es lo único interesante para recorrer, ya que a unos 5 kilómetros se encuentra la Garganta del Diablo, una imponente formación geológica que invita a la caminata. Eso sí, lleven gorro, agua y si la hacen después del almuerzo, coman liviano. Y sino, también se pueden acercar en auto.

El centro de la ciudad también tiene un atractivo particular. La plaza es muy linda y hace referencia a una de los mayores festivales que tienen lugar en la ciudad: el Enero Tilcareño, una celebración popular típica de la quebrada donde se concentran conciertos, encuentros de copleros, ferias de artesanías y de gastronomía regional, entre otras actividades que se realizan durante el mes en que, tradicionalmente, los pobladores de la zona elegían a Tilcara para pasar sus vacaciones veraniegas.

Luego del Enero Tilcareño llega el Carnaval, fiesta tradicional en toda la puna que nada tiene que ver con lo que conocemos de Brasil o Gualeguaychu, y que se trata de una semana en la que se “desentierra al Diablo” y se dedica enteramente a festejar. Para cerrar el calendario de celebraciones, en agosto tenemos el culto a la Pachamama (o Madre Tierra).

Protegida por un portón de madera emplazado en el pintoresco arco de entrada, la iglesia Nuestra Señora del Rosario también merece una visita. Construida inicialmente en el año 1797, tan solo en el 1865 se la pudo inaugurar luego de varias refacciones. Con su doble campanario (algo inusual en aquella zona del país), la iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional y alberga en su interior importantes obras de arte entre las que destacan pinturas de la Escuela Cuzqueña, además de los restos del coronel Manuel Alvarez Prado, importante protagonista de las guerras de la independencia.

Para quienes tengan miedo de ir a Tilcara durante las festividades veraniegas les cuento que la ciudad se encuentra a 2465 m.s.n.m. y por tanto, si bien el sol durante el día se siente, se trata de un calor seco mucho más tolerable que el que hace en Buenos Aires en esas épocas; y que durante las noches suele refrescar. Así que la cosa está lejos de ser agobiante y permite una cómoda y muy disfrutable estadía, rodeados de cultura autóctona, tradiciones ancestrales y paisajes memorables. En mi opinión, un destino más que recomendable.

Visita obligada en Jujuy: La histórica Posta de Hornillos.

El Noroeste Argentino es una zona del país que, personalmente, me fascina. No solo cuenta con paisajes naturales espectaculares y lugares de ensueño, sino que además allí se respiran tradiciones y cultura autóctonas, que datan de siglos atrás y se experimentan a cada paso que uno da. Pero además de todo eso, hay un condimento más: el NOA está lleno de historia.

Este fue el tercer viaje que hice a la Quebrada de Humahuaca y no puedo explicarles mi profunda sorpresa cuando descubrí que había pasado tantas veces, yendo y viniendo en el auto, por la puerta de un escenario tan importante sin siquiera advertirlo. Sobre la Ruta Nacional 9, camino a Tilcara y a apenas unos kilómetros antes del acceso a Maimará se ubica la Posta de Hornillos, y desde ya les digo que amerita una parada.

Como su nombre lo indica, las “postas” fueron puestos de relevo de las caballadas en las rutas de tránsito, que por supuesto en un país tan extenso como el nuestro tuvieron mucho protagonismo. Incluso antes de la llegada de los europeos, los Incas habían construido importantes vías de comunicación que incluían territorios de nuestro país, y en ellas habían instalado los “tampus” o “tamberías” donde sus mensajeros (llamados Chasquis) podían recuperar fuerzas y hacerse de víveres.

La Posta de Hornillos fue creada por el Visitador de Correos y Postas Alonso Carrio de la Vandera en el año 1772 sobre la ruta que unía el Alto Perú (y su puerto de El Callao, en Lima) con el Virreinato del Río de la Plata (y su puerto de Buenos Aires); y a partir de 1810 se convirtió en destacamento militar ocupado intermitente tanto por el Ejército del Norte como por los ejércitos realistas.

La Quebrada de Humahuaca fue el escenario central de las guerras por la independencia que se extendieron durante 15 años entre 1810 y 1825. Numerosos enfrentamientos se dieron en esta zona del país que cambiaba constantemente de manos, a medida que los españoles avanzaban y los patriotas los repelían y recuperaban territorios. Así es como en estas instalaciones de estilo colonial descansaron realistas como José Manuel Goyeneche, Pedro de Olañeta o José de la Serna; y argentinos de renombre como Juan Jose Castelli, Jose Paz y Martín de Güemes (cuyo museo interactivo visitamos en la ciudad de Salta).

Sin embargo, la figura de mayor importancia que pasó por estas habitaciones fue sin dudas el general Manuel Belgrano, creador del pabellón nacional y líder del Ejército del Norte que defendió la independencia en aquellos parajes recónditos. En la Posta se conserva claramente identificada la cama en la que, se supone, descansó el prócer luego de las victorias obtenidas en Salta y Tucumán.

Hoy La Posta funciona como museo histórico donde uno puede conocer un poco más profundamente las raices de nuestro país, imaginarse un poco más concretamente cómo vivían aquellos hombres que peleaban por nuestra libertad, y observar detalles como la cocina, los muebles de época (muchos traídos desde la Estancia Los Molinos) y los armamentos que utilizaban en las batallas.

Al tratarse de un museo instalado en una posta resulta casi obvio que alguna carreta tiene que haber. De hecho, en tiempos de paz, Jujuy era el punto terminal en donde se reemplazaban las carretas por mulas para el transporte de cargas que se dirigían hacia el Alto Perú. Sin embargo no solo de carretas se habla en este lugar, sino que también se hace referencia al ferrocarril y cómo su llegada hasta La Quiaca en 1908 cambiará la vida en estas zonas alejadas, determinando la creación de nuevos pueblos y asentamientos a lo largo de la quebrada.

Separada unos cuantos metros de la construcción principal (tanto que no es visible detrás del denso follaje, aunque sí se ve desde la ruta) dentro del predio de la Posta se halla la Iglesia de Hornillos, que aunque permanece cerrada si uno mira por la rendija que queda en la puerta puede notar que aún está amoblada y equipada con las imágenes correspondientes. Estando allí uno no puede no preguntarse si Belgrano, o cualquier otro soldado de la época, no se habrá arrodillado ante ese altar para agradecer un triunfo, o incluso, para pedir la bendición de la virgen ante la inminencia de un combate.

Al momento de nuestra visita, en julio de 2018, la entrada al museo costaba $20 por persona. Incluso en aquél momento era NADA. Y está muy bien cuidado, con cartelería que te va ilustrando a medida que avanzás. Así que no hay excusa válida, cuando pases por la puerta, una parada en la Posta de Hornillos es obligada.